domingo, 31 de mayo de 2009

Desmemoriados


Con esto de la listita proetarra que tanto cariño ha recibido del Tribunal Constitucional encabezada por el dramaturgo Alfonso Sastre, algunos medios de comunicación han resumido la trayectoria del peculiar calzonazos olvidando pasajes fundamentales de su vida. Amnistías que sólo disfrutan algunos. Ninguno de sus desmemoriados biógrafos ha recordado que con anterioridad a su antifranquismo, a su antiespañolismo, a su abrazo a Batasuna y su constante justificación del terrorismo, Alfonso Sastre, Premio Nacional de Teatro, fue falangista. Eso, la desmemoria.

Miguel Gila, el gran humorista de corto repertorio, se presentó en los últimos años como un luchador contra el franquismo. Incluso se inventó que sobrevivió a un fusilamiento, farsa que fue desmontada con facilidad por tratarse de una descomunal mentira. Gila escribió y manifestó que había sido víctima de la persecución franquista. A Gila sólo le persiguió el franquismo para que actuara en las cenas del 18 de julio que Franco convocaba en La Granja de San Ildefonso, y en las que Gila le hizo sonreír en varias ediciones. Un día desapareció. Y puso como excusa que se exiliaba voluntariamente para huir de Franco, el que tanto reía sus gracias. Se exilió para huir de su primera mujer y de las deudas que había contraído con ella, y eligió para su exilio la Argentina de la dictadura militar, la de Videla, Massera, Galtieri y los desaparecidos. Y estuvo bien allí, y mejor tratado. De vuelta a España, se vistió de rojo, ganó muchos millones en las televisiones públicas y falleció sin pagar a Hacienda. Pero fue presentado como un combatiente intelectual contra las dictaduras.

Tengo para mí, que de existir un Instituto Nacional de Biografía, trabajan en él unos señores con enormes tijeras que deciden a quién sí y a quién no se les puede perdonar su pasado de manifiesta cooperación o mansedumbre con el franquismo. Sastre y Gila pertenecen a la relación de beneficiados. Y un bastante José Luis Coll, Juan Luis Cebrián, Concha Velasco, Javier Arzallus, el obispo Setién, y no sigo porque la relación se presenta interminable. Pero más que los políticos, los religiosos o los académicos, me interesan estas figuras de la intelectualidad y el espectáculo –Sastre, indudablemente, es un escritor culto–, que han conseguido el maravilloso regalo del olvido. Coll se hizo socialista de toda la vida cuando conoció a Felipe González. Concha Velasco saltó a la fama gracias a José Luis Sáenz de Heredia, director de cine, y primo hermano de José Antonio Primo de Rivera. Sara Montiel recordó que no era franquista unos pocos días después de la muerte de Franco. Pero la Dirección General de la Desmemoria funciona perfectamente, y a unos les borran el pasado y a otros se lo adornan. El gran escritor Rafael García Serrano, navarro, requeté, pendenciero y siempre nostálgico de batallas, murió en el olvido y el desprecio porque nunca ocultó sus ideas. Pero fue el autor de una de las obras fundamentales de nuestra terrible Guerra, escrita sin rencor y con humor muy largo, el «Diccionario para un macuto». Lo hizo cuando uno de sus compañeros de Falange, Alfonso Sastre, aún cantaba la vuelta de las banderas victoriosas al paso alegre de la paz. Por si a Otegui le interesa.


Alfonso Ussía.
La Razón - Opinión

jueves, 28 de mayo de 2009

IZQUIERDAS Y DERECHAS Cartas a mis hijos (III)




Queridos capitanes:

Ojalá cuando estas líneas lleguen a vosotros esos conceptos decimonónicos y periclitados de "izquierda" y "derecha" estén ya largo tiempo enterrados y olvidados. Pero lo dudo, y a no ser que me traicione el subconsciente dentro de pocas líneas os explicaré el porqué.
Una de las primeras preguntas que cualquiera se hace cuando conoce a alguien es, más allá de cómo piensa, cuál es su color político. Craso error del que ya os he hablado, pero al que no me resisto a volver a condenar. Aun más, con un criterio pervertido por la manipulación de los medios de descomunicación, que otra cosa no son, se tiende a polarizarlo todo en dos poses únicas y diferenciadas: izquierda o derecha. O, con ese neoidioma para idiotas, socialistas y liberales, produciendo la cacofonía perversa con lo social y la libertad, cuando no hay nada más alejado de lo social que el socialismo ni nadie que dé menos grados de libertad que un liberal.
Izquierdas y derechas, me vais a permitir que sea directo, no tienen sentido hoy. Escasamente lo tenían los términos cuando se parieron en ese frontón francés que separaba así geográficamente a Girondinos, Jacobinos y otros más de trescientos semovientes sin adscripción reconocida. Desde entonces, del siglo XVIII, parece que mucho ha llovido pero aparentemente no lo bastante como para limpiar toda esa porquería, desde entonces nos viene este falso andamiaje intelectual.
Os dirán que cuando alguien niega ser de izquierda o de derecha en realidad es porque es de extrema derecha, y yo niego la mayor. No se puede ser extremo de algo que uno repudia. Generalmente quien entona esa tontería suele ser alguien muy bien parapetado en el sistema, o, en todo caso, un tonto útil de este: alguien engañado por la nueva cloaca máxima del imperio, la televisión, que se convierte en defensor de aquello que le oprime y castiga. Y es que lo que no es sano, nunca, es dejarse oprimir... y eso es lo que hacen las llamadas izquierdas y derechas.

Porque la realidad, queridos, no os engañéis, es clara: aquí mandan los de siempre y si nosotros, la gente de la calle, los españolitos de infantería, no hacemos nada para remediarlo, seguirá así. Y ése era el motivo que al principio de esta carta me hacía dudar de la desaparición de esta gran y doble mentira. Partidos políticos y sindicatos mamporreros esconden su verdadera función: apuntalar un sistema que sigue apretando a la gente de bajo, que sigue engordando las arcas del capital mientras que la fuerza de trabajo es cada vez más pobre y tiene menos poder de gestión en lo público. Si a eso sumamos que tanto a izquierdas como a derechas parece importarles una higa que la formación, la educación de sus ciudadanos se degrade cada vez más, vemos que vamos hacia una nueva edad media, aunque esta vez intencionada y sin conventos donde se pueda refugiar la cultura clásica para sobrevivir. Hacia una gran masa de la población inculta y sin poder hacer más que sobrevivir, mientras unos pocos viven del sudor de la frente de los demás con unos privilegios ofensivos para el sentido común. Y dicen, que esto es progreso: vivir con el sudor del de enfrente.
Claro que ese progreso que defienden tanto los progresistas profesionales de "la hoz y el martini", en afortunada expresión de mi amigo Eduardo García Serrano (si os suenan sus apellidos es porque las obras de su padre reposan en mis anaqueles), como los liberales que sueñan con que nada cambie, al menos a mejor... es un falso progreso, es cartón piedra, una ficción del establishment.
Para que sirva de pantalla de humo que oculte la tragedia de la situación real. Y no interesa que cambie, ya os lo anticipaba, para que los ricos sigan siendo cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Vaya pues mi condena por delante para ambos, aunque más dura y directa para las izquierdas que, a sabiendas en muchos casos, luchan en contra de lo que dicen defender.

Y es que... ¿qué son las izquierdas, o qué son las derechas? ¿Fue de izquierdas Mussolini por su política social? ¿Fue de derechas Stalin por su demoníaca represión? Con esta idea en la cabeza, un día imprimí dos textos en dos caras distintas de un folio y lo repartí a mis alumnos preguntándoles que texto era de izquierdas y cual era de derechas, aprovechando el Pisuerga de una asignatura de marketing y la relación con el marketing político. El texto que salió mayoritariamente de izquierdas era parte de la Carta del Lavoro, de la Italia fascista de 1927, y el que salió como indudablemente de derechas procedía de la constitución soviética de 1936. Esclarecedor.
No quiero extenderme. Creo que me basta con acudir a Ortega y decir con él que ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Y es que los problemas no se pueden atajar por la derecha o por la izquierda, sino mirándolos de frente.

No puedo dejar esta carta sin traer al recuerdo una anécdota que Juan quizá recuerde. Juan, quizá comido por su entorno, apuesta más por una de las marionetas del sistema que por la otra. Y me preguntó si me gustaba más el PSOE o el PP. Como colecciono monedas, se me ocurrió una idea para dejárselo claro de forma gráfica: saqué una pieza, un as romano de Jano Bifronte, con su mítica figura con dos caras, una mirando a izquierda, otra mirando a derecha. Recordarás, Juan, que te dije que en realidad me preguntabas cuál de esas dos caras me gustaba más, y yo le di la vuelta a la moneda y te dije "yo, siempre me quedo con la cruz". Y te amplio, os amplio... que la luz, termina viniendo siempre de Roma.

Os quiere:
Papá.


http://bitacorapi.blogia.com/



Juan V. OLTRA

martes, 26 de mayo de 2009

Hasta Bibiana es un ser humano


Editorial del programa “Sencillamente Radio”


Las palabras pueden ser como el fuego el iluminar el mundo. Pueden ser como el oro y enriquecerlo. Poe ejemplo, esas palabras de Las Escrituras en las que se nos dice que “para escuchar la alabanza perfecta hay que escuchar la risa de un bebé y el parloteo de los niños”. Pero las palabras también pueden ser como el estiércol y ensuciar el mundo. Por ejemplo, las palabras pronunciadas por la ministra Bibiana Aído en el Senado en las que asegura que el nasciturus (el que está por nacer) “es un ser vivo, pero no es un ser humano”.
Al escucharla me llenó una sorda, lóbrega e impotente tristeza. La absoluta falta de piedad explícita en la negación de la condición y de la cualidad humana del nasciturus causa pánico, pues ningún ser humano, ni siquiera Bibiana Aído, merece que le dejen sin dignidad alguna.
Lo que ha dicho la ministra de Igualdad es una vileza que va más allá de todo crédito. En su negación de la condición humana del nasciturus se articulan el espíritu de la locura y la resaca de las checas y de los nazis. Chequistas y nazis, todos ellos socialistas, despojaron en la Europa de principios del siglo XX de la condición humana a los que ellos consideraban sus enemigos políticos por razones de credo, ideología o raza. Siendo horrible lo que hicieron, el mayor espanto de su carnicería consistió en que, a través de un odio atroz revestido de patriotismo, de grandeza y de justicia y magistralmente jaleado por un impecable aparato de agitación y propaganda, consiguieron convencer a más de media Europa de que todo aquel que no fuese un auténtico revolucionario socialcomunista o nacionalsocialista era, como clasificaron a los judíos, un subhombre o un ser infrahumano.
Lo que ha dicho Bibiana Aído sobre el nasciturus es aún más peligroso que lo que hicieron los nazis y los socialcomunistas agitando el odio a los judíos y al enemigo político. Para Bibiana Aído es mucho más estimulante persuadir al amor para que sea el agente de la muerte del que está por nacer, del nasciturus, porque a través de un falso amor a esas mujeres o a esas chiquillas que se han quedado embarazadas sin desearlo y en situación personal difícil, se las estimula para que maten el “problema” convenciéndolas de que el “problema”, efectivamente, es un ser vivo pero no un ser humano.
A partir de ahí basta con agitar con el magistral aparato de prensa y propaganda que, al igual que ayer, también hoy manejan los socialistas, ese amoroso sentimiento de protección y de solidaridad para con las mujeres y las chiquillas que se quedan embarazadas sin desearloy en una situación personal difícil, y el holocausto de nascituri, de los que están por nacer, será un hecho tan incontestable como que tú, Bibiana, y los que piensan como tú, también sois seres humanos.
Eres, Bibiana, genuinamente humana ya que sólo en el ser humano la estupidez y la crueldad son infinitas pues, como Ortega nos enseñó, “el tigre no se puede destigrar, pero el hombre sí se puede deshumanizar”.


Eduardo García Serrano.

lunes, 25 de mayo de 2009

MEMORIA Y OLVIDO DE RAFAEL GARCÍA SERRANO


Lo conocí por otros escritos que me lo nombraban, y en el ardor de los dieciocho años lo busqué para leerlo. A mí es que los títulos siempre me han podido, y un heptasílabo tal, levemente aliterativo y sobradamente heroico como La fiel infantería, no podía sino atraerme.


Era bronca la novela, y escrita con la premura del hombre de acción que condesciende a hacer líneas que una detrás de otra componen un artículo, un libro. Pero tenía prosa y estilo vigorosos, algo que no quiso ver Antonio Muñoz Molina en una columna suya publicada en El País hace meses. De las muchas opiniones que sobre García Serrano se puedan emitir, ninguna que afirmase su tibieza podría sostenerse. De muchos hierros salen muchos yerros, y él participó mucho en el vivir y en las armas de su época. Tomó una bandera y luchó por ella, primero con el ahínco del joven enamorado, tiempo después con la fidelidad del adulto al amor de juventud. Violencia hubo, y refrendada por el autor de La fiel, pero también generosidad, ideal y altruismo.

Ya a su primer libro, Eugenio o proclamación de la primavera (1938), asoma su falangismo militante, que se hace tan omnipresente que asfixia a quien no comulgue con el movimiento político que fundara José Antonio Primo de Rivera (precisamente a él está dedicada la breve obra o novella). El rojo y el negro teñirán ya para siempre su prosa, que cuando no está claramente mediatizada por el mensaje político brilla como pocas: es apasionada y de una riqueza formidable, y al mismo tiempo sencilla, nada barroca, o al menos de un lujo nada versallesco. La de un joven que se estrenaba en la hombría y que, si no la sangre, sí tiene azul el corazón, y de ahí su tinta.


Yo no sé si por vallisoletano (allí nacieron las JONS), por culto o respondón ante unos y otros, Francisco Umbral es, desde presupuestos políticos opuestos, uno de los escritores españoles que mejor ha sabido ver qué cosa fue la Falange y quién José Antonio, al margen de la conversión de ambos en apoyaturas y símbolos del Régimen del 18 de Julio. Y Umbral ha tenido palabras elogiosas para nuestro escritor. García Serrano fue, como he dicho, una de las voces de la Falange, pero por muchos motivos diferente a otras con las que se podría comparar.


Más joven que Foxá, Sánchez Mazas y el propio José Antonio, no aportó nada al ideario o estilo del movimiento político en el que se encuadró a una edad demasiado escasa para ello. Pero luchó, sí, y fue herido en la contienda, y desde entonces ésta quedó como una fijación, sobre la que gravitaron el resto de sus años y muchas de sus innumerables páginas.


Por ejemplo, las de la ya citada La fiel infantería (1943), que obtuvo el Premio Nacional de Literatura (en aquel momento se llamaba Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera) y que fue inmediatamente secuestrada, según el autor “gracias a la denuncia del arzobispo primado de Toledo y a la pasión eclesial de Gabriel Arias Salgado”. De alguna forma, este hecho llevado a la categoría de emblema es el acta de defunción de lo que de nacionalsindicalista o revolucionario y juvenil tuviera el Régimen, y su sustitución por un modelo nacionalcatólico y ñoño. Eran también los días en que se desmantelaba la Divisón Azul. Para mí que en la cuenta del debe de García Serrano está el no haberse opuesto con mayor afán a esta conversión forzada. Pero lo que es indudable es que fue fiel a sus ideas hasta el final, y sin voces revolucionarias y de genuino patriotismo como la suya el Movimiento, con ese aluvión de recién llegados de la CEDA y otros cuerpos extraños, hubiese sido algo más como una derecha torpe, miope y timorata.


Tal vez por su procedencia navarra (nació en Pamplona el año de la revolución rusa), García Serrano no vio como un hecho antinatural la unificación de falangistas y requetés en ese engendro híbrido —mulo que tiraba del carro triunfal de Franco— que fue Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Camaradas suyos evolucionaron: Ridruejo se hizo socialdemócrata, Foxá escéptico y gordo, a Sánchez Mazas se le fue yendo la combatividad con las nostalgias de sus Pedritos de Andía y Tarines. Sólo él quedó apegado a ese verano perpetuo de 1936, mas con una particularidad que lo ennoblece: como el púgil que se parte la cara y al sonar la campana abraza al contrincante, siempre estuvo más cerca del enemigo corajudo que del espectador que se apoltrona en su almohadilla y todo lo más apuesta.


Publicó mucho: Plaza del Castillo, Los ojos perdidos, Diccionario para un macuto... y tantos y tantos títulos que aquí se omiten. En los últimos años redobló sus esfuerzos en el artículo y llevó su “Dietario personal” a las páginas de El Alcázar. Escribía muy bien —nadie de ese periódico le llegaba al final de sus días a la altura del zapato, con excepción de Vintila Horia, otro olvidado—, y yo alternaba su lectura con el hojeo del “rojo” y efímero diario Liberación.


Tantos años después sigue siendo víctima de otra censura, esta vez tácita (no tanto por razones políticas como por el adocenamiento del público). Hoy echo en falta una reedición de sus escritos menos circunstanciales. Era orgulloso y combativo, y, aunque yo creo que a él se le daría una higa, por placer, por egoísmo, alguien debería plantearse antologarlo.


Publicado en La mirada, 121 (El Correo de Andalucía, 23-5-97)


domingo, 24 de mayo de 2009

Cuento para mayores, sin receta


Catalina está un poco embarazada, casi nada en realidad. Su embarazo es tan pequeñito que casi no es embarazo. En un embarazo a lápiz, en papel borrador, que se va como ha venido. Además tampoco lo sabe seguro, porque la cosa fue ayer mismo.




Catalina tiene 15 años y va a la farmacia con frecuencia. Antes compraba regaliz y clerasil para los granos. Hoy comprará un antiácido, que no necesita receta, porque la lógica ansiedad del evento le ha generado un poquito de hiperclorhidria, y pedirá también un antibiótico para el flemón. El flemón es casi tan pequeño como su embarazo, pero para ése sí que lleva una receta que le dio el dentista.
Luego pedirá la píldora “porsiacaso” —así la llama su amiga Loli—, que vale 20 euros (Loli no, la píldora). Loli vale mucho más, porque su padre tiene pasta por un tubo y ha comprado varias píldoras (su padre no, Loli) para no tener que ir a la farmacia después de estar con Manolo. Catalina supone que “porsiacaso” no es el nombre auténtico del medicamento, pero Nieves, que es una farmacéutica superguay, se lo aclarará.
Catalina está nerviosa pero contenta. Gracias a la nueva píldora será más libre cuando esté con su primo Borja. Además le han explicado en el cole que mientras el embrión no anide te lo puedes quitar, porque es como si no existiera. Y la anidación sólo ocurre unos días más tarde.
Cuando la profe lo dijo en clase, Richi, que es un bocazas medio tonto, contestó: “Eso es como decir que hasta que el niño no esté en la cuna no es niño y te lo puedes cepillar”. Catalina se mosqueó y dijo que “no es lo mismo Richi, qué bruto eres”; pero todos se rieron porque ya sabían lo de ella y Borja.
Catalina llega a la farmacia, pero como hay una vieja (lo menos tiene 40 años) comprando, pide primero el almax para la acidez y el augmentine que le ha recetado el dentista. La farmacéutica se lo trae todo y le pregunta: “¿quieres algo más, guapa?”.
Más miedo que vergüenza
Como la vieja no se acaba de ir, Catalina aprovecha para pesarse y comprobar que los tres helados que se tomó con los coleguis le han engordado casi medio kilo. Se va la vieja, y entonces dice: “ah, se me olvidaba. También quiero…, la píldora esa… pa después, ¿mentiendes…?

Nieves la mira de arriba a abajo y le pregunta si es para después de comer o para después de ponerse ciega de cocacola con güisqui. Catalina se mosquea y le dice que ya sabe ella de qué está hablando y que tiene derecho a la píldora comosellame. Entonces Nieves le responde que en su farmacia no se despachan abortivos aunque venga la ministra con una pistola; que a lo hecho pecho, y que se lo piensa decir a su padre (al de Nieves no, al de Catalina) para que se entere de lo que hace la niña.
Catalina se marcha con un mosqueo considerable y va en busca de otra farmacia alejada de su casa donde no la conozcan. Al fin la encuentra y le dan la famosa píldora. ¿Sólo una?, pregunta la niña. El boticario se le ríe a la cara y le dice que para qué quiere más. “¿Es que te dedicas a eso? ¿Eres una profesional?”

Catalina se ha tomado la píldora con un vaso de Coca-cola light. Ella habría preferido una copa de Baylis, que es dulce como un caramelo y, con un poco de hielo, te pones la mar de contenta, pero es que el alcohol no se lo venden ni con receta.
Por la noche piensa que ya puede estar tranquila; que la cosa no ha tenido importancia, porque además lo más probable es que no estuviera embarazada. Y si lo estaba era un embarazo muy pequeñito, y el embrión no había tenido tiempo de anidar. O sea que Nieves es una exagerada, pero no le dirá nada a papá. Y si se lo dice, que se lo diga. Porque ella tiene sus derechos, que se lo ha oído a una ministra muy mona que hay ahora.
Catalina se mete en la cama. Siempre ha rezado tres avemarías, pero hoy le da cosa y no reza nada.
Apaga la luz y se pone a llorar como cuando era muy pequeña y no podía dormir sola.



Enrique Monasterio
pensarporlibre.blogspot.com

miércoles, 20 de mayo de 2009

martes, 19 de mayo de 2009

El Estado de la Nación


Editorial del programa “Sencillamente Radio”


El “Estado de la Nación” es una percepción subjetiva que toma cuerpo de opinión pública a través de la arquitectura de nuestras circunstancias personales partiendo de unas condiciones generales objetivas, que son las que crea y fomenta la buena o mala gestión de los poderes del Estado. El debate sobre el “Estado de la Nación” ha cumplido su rito y su liturgia un año más, con la cuota de expectación añadida por la crisis y los más de cuatro millones de parados.
Pues bien, ante el espectáculo que no ha brindado nuestra casta política en el debate del “Estado de la Nación” no he podido evitar recordar a Ciro el Grande, el padre del imperio aqueménida, quien dijo de los griegos y de la ineficacia de las diversas ligas de las ciudades/estado que el origen de su desastre estaba en que eran hombres que tenían un lugar señalado en sus ciudades (La Asamblea) para reunirse, engañarse e insultarse unos a otros bajo juramento. Eso es exactamente lo que han hecho los que enfáticamente dicen ser los representantes del pueblo en el debate sobre el “Estado de la Nación”, pues en una situación desesperada de dimensiones catastróficas ellos se han entregado, una vez más, a ese gozo pequeño, sordo y maligno del insulto parlamentario que alimenta las portadas de los periódicos pero que no crea un puesto de trabajo mientras la rueca parlamentaria sólo teje telarañas sofisticadas en un intercambio estéril de promesas sin futuro.
En definitiva, la abismal diferencia que separa las palabras de la exigencia de la acción y que, como una constante histórica, demuestra que la política abstracta no es suficiente para servir al pueblo ni a la Nación ni al Estado, y que no da frutos verdaderos hasta que se hace herramienta de unidad, de progreso y de producción. De eso es de lo que carecemos y, a cambio, le ofrecemos una veneración talmúdica a un Estado autonómico/tribal que nos desintegra como Nación y a una casta política cuya avaricia es infinitamente mayor que su patriotismo y que sólo utiliza el nombre de España como desodorante.
¿El Estado de la Nación?: El Rey asistiendo sonriente al akelarre separatista de Mestalla y la tv ninguneándonos las imágenes y poniéndole sordina al rugido de decenas de miles de cabestros pretaporté que se cagaban en España mientras sonaba el Himno Nacional. ¿Estamos más civilizados porque tenemos menos dignidad, o tenemos menos dignidad porque estamos más civilizados? Esa es la cuestión, Majestad.
¿El Estado de la Nación? Bendito sea el pan de los trabajadores porque es el pan de la Justicia. Más de cuatro millones de parados contemplaron el debate sin más horizonte que las colas de los comedores y los roperos sociales, que no socialistas, de Cáritas Diocesanas.
¿El Estado de la Nación? Una niña de quince años no puede comprar un paquete de tabaco en un estanco. A una niña de quince años no le pueden servir un cubata en un bar. Una niña de quince años no puede votar, pero sí puede comprar libremente y sin permiso paterno una píldora abortiva en una farmacia.
¿El Estado de la Nación? Tolerantes en el celo y celosos en la tolerancia otorgamos nuestra confianza política a unas instituciones que están todas cargadas de mentiras; tan es así que no hay ni una de ellas que no merezca el más enconado desdén de un hombre decente.
¿El Estado de España?: Una Nación sometida permanentemente a la presión chantajista de las minorías sobre la inmensa mayoría, la mayoría soberana, la mayoría absoluta extraparlamentaria, la que paga, vota y calla, ese pueblo que ha perdido la palabra, la voz y la memoria.
Eduardo García Serrano. 19 de mayo.

Europeas 2009: FE JONS hace público su programa


Soberanía, trabajo, derechos, valores, solidaridad. Estos son los conceptos sobre los que FE JONS ha construido su propuesta para las Elecciones al Parlamento Europeo. Un programa ambicioso que, de hecho, supone un proyecto global de reforma de las instituciones europeas. Tenemos otra idea de Europa.


Porque queremos una Europa de naciones soberanas


Los falangistas valoramos negativamente tanto el aislamiento internacional como la mediatización extranjera en los asuntos españoles, por eso queremos que España forme parte de los proyectos de colaboración europea, pero no según el modelo del actual diseño de la Unión Europea. Queremos que España recupere su soberanía política y económica. Queremos que las decisiones que afectan a nuestra patria se tomen de acuerdo a los intereses de los españoles y no por imposición de las instituciones europeas..


Nuestra apuesta por la Europa de los trabajadores


A estas alturas no es un secreto para nadie que la Unión Europea patrocina y ampara un modelo social abiertamente liberal-capitalista. Tanto el fallido proyecto de constitución europea como el Tratado de Lisboa pretenden imponer a todos los miembros de la Unión un marco de relaciones laborales basado en la supremacía del dinero por encima de las personas. Frente a este modelo, España debería impulsar políticas laborales que hagan del esfuerzo de los trabajadores un valor superior al de la inversión de capital y, por supuesto, medidas conducentes a la entrega de los medios de producción a quienes verdaderamente producen. Tampoco creemos válido, tal y cómo la crisis ha puesto de relieve, el modelo de financiación existente. El crédito debe ser un servicio público, no un negocio. Por ello, si siempre hemos apostado por la nacionalización de las entidades bancarias, en estos momentos esta alternativa se ha convertido en una imperiosa necesidad


Por una Europa autónoma


Pese a la caída del Muro de Berlín y al irreversible hundimiento del comunismo en la Europa del Este, nuestro continente aún no se ha podido desembarazar completamente de los dictados de Yalta; esto es, de las potencias vencedoras en la segunda guerra mundial y, especialmente, Estados Unidos. Mientras los habitantes del antiguo telón de acero han tenido los arrestos de liquidar su dependencia de Moscú, los europeos occidentales, maniatados por esa institución servil a los apetitos de Washington que es la OTAN, hemos sido incapaces hasta aquí de poseer una política exterior independiente. Para los falangistas, pues, cualquier construcción continental que no pase por la expulsión de la OTAN de nuestro continente no será otra cosa que una pérdida de tiempo.


La Europa de los valores


España debe condicionar cualquier proyecto de colaboración internacional al respeto de los valores que los falangistas consideramos innegociables: la vida, la libertad y la justicia. Del mismo modo que no se entendería nuestra colaboración con los países que fomentan el terrorismo internacional, que amparan la esclavitud o aplican una vejatoria desigualdad de sexos, España no puede relacionarse con aquellas naciones que no respetan la vida, desde su concepción y hasta su muerte natural. Mientras la Unión Europea no condene el aborto, la eutanasia y la clonación, no consideraremos a esta institución digna de ser respetada. España compromete su legitimidad como proyecto histórico en la defensa de la vida, una defensa que nuestra nación debe asumir primero en su propio territorio para después exportarla al resto del mundo.


La solidaridad por bandera


Por su historia y por su identidad, España debe tender a la unificación cultural, económica y política con las naciones de la Hispanidad. Ante Europa, nuestra nación ha de constituirse en embajadora de la comunidad hispanoamericana, fomentando políticas de colaboración que ayuden a los países más desfavorecidos del otro lado del Atlántico a salir de la indigencia a las que el orden internacional les condena, forzando a sus habitantes a la emigración. Europa deberá ver en Hispanoamérica un aliado privilegiado, para evitar, al mismo tiempo, la irresponsable y criminal acción del imperialismo en una región que ha sufrido durante décadas imposiciones humillantes y políticas de rapiña.

domingo, 17 de mayo de 2009

SACERDOTE VALIENTE

Mientras la universidad "Católica" de Notre Dame condecoraba al abortista Barack Obama, a las afueras de la universidad, la policía detiene y arresta al Padre Norman Weslin quién con un grupo de fieles protestan por tan nefasto hecho. Es indignante ver a los buenos católicos pasar por estos atropellos, pero sin duda que el Padre Weslin recibirá en el Cielo su merecida recompensa por su valentía y fidelidad a Cristo.



Video extraido del exclente blog, que desde aquí recomendamos su lectura,

http://lascrucesdelasespadas.blogspot.com/

viernes, 15 de mayo de 2009

La nueva Covadonga


«Hoy la nueva Covadonga insurgente no está en valles inaccesibles o en comunidades rurales arraigadas; todo eso lo ha aplastado ya la modernidad. Hoy la nueva Covadonga insurgente está dentro de todos y cada uno de nosotros, también dentro de esa gente que está ahí fuera. Es como la cuerda dormida de un instrumento mudo; cuerda, sin embargo, que volverá a vibrar cuando reciba un sonido modulado en la tonalidad precisa. Hay que encontrar esa nota»

José Javier Esparza.

martes, 12 de mayo de 2009

Cervantes expulsado de Cataluña


Además de otras muchas la Lengua Española tiene una joya de concreción conceptual que la hace sencillamente sublime en la elasticidad de su expresión y en el perfil de los matices. Esa joya es la perfecta diferenciación entre los verbos SER y ESTAR, de la que carecen el inglés, francés y alemán. De tal suerte que no es lo mismo SER tonto que ESTAR tonto. El que ES tonto lo es a perpetuidad; y el que ESTÁ tonto lo es sólo de una manera transitoria. Es digamos, un tonto temporal y no un tonto con contrato indefinido.
Pues bien, los imbéciles con contrato indefinido del separatismo catalán acaban de legislar en su parlamentito aldeano la expulsión de la Lengua Española de todos los colegios, institutos y universidades de Cataluña. Platón, que era bastante más inteligente que cualquiera de los majaderos del separatismo español, identificaba imbecilidad con maldad. Así, todo tonto, según Platón es necesariamente un malvado. No hay más que verles la jeta a los líderes del separatismo para certificar que Platón tenía razón.
Los ayatolás del separatismo, cuya miseria moral e intelectual es lo único grande que albergan sus corazones, llevan años legislando para que la Lengua Española se use en las escuelas de sus aldeas como una lengua extranjera para reforzar las leyes del catalán, del vascuence y del gallego que, en esencia, no son más que leyes contra el español, una lengua milenaria que iguala y hermana a cientos de millones de hombres en todo el mundo desde la Junquera hasta la Patagonia, pasando por las hirvientes arenas del norte de África, allá donde los tuaregs perpetúan el idioma del escritor más grande que vieran los siglos: el Manco de Lepanto.
Desde los minaretes de las mezquitas de Marruecos y las sinagogas sefarditas de Tierra Santa y desde los templos cristianos de todo el orbe hasta los arrozales de Filipinas y las plantaciones de cacao de Guinea Ecuatorial, cientos de millones de hombres rezan y maldicen, aman y odian, hablan y escriben en español, la hermosa lengua que nace literariamente en las Glosas Emilianenses y las Glosas Silenses, aquellas anotaciones marginales en castellano a los textos latinos que servían a los monjes de Silos y de San Millán de la Cogolla para enseñar latín a los novicios. Aquellos laboriosos monjes de más de mil años que, con su afanoso Mester de Clerecía, convirtieron el latín en castellano no sospechaban que la lengua que ellos cincelaban en sus claustros y refertorios se universalizaría quinientos años después, convirtiéndose en El Español, cuando las naves de Castilla cambiaron el rumbo de la historia y el curso de la Humanidad al dar con sus proas en las costas del Nuevo Mundo.
Pues bien, en el año 2009, cuando El Español se ha convertido en el segundo idioma del mundo y su enseñanza es, por necesario, obligatoria en casi todas las escuelas y opcional en el resto, aquí, en tres regiones de España, cuatro políticos catetos, cuatro mandarines del separatismo más cutre, rancio y trasnochado, cuatro fanáticos que han perdido la perspectiva a fuerza de contemplarse el ombligo, le están robando a los españoles que nacen, viven o trabajan en Galicia, Vascongadas y Cataluña la posibilidad de aprender, como se aprende a caminar, sin guardar memoria del esfuerzo, a hablar una lengua universal con la que poder comunicarse con cientos de millones de hombres en todo el mundo.
Evidentemente, ni la vileza de los sacristanes del separatismo ni la cobarde complicidad del PSOE y del PP mermarán, en absoluto, el vigoroso crecimiento de la lengua de Cervantes en todo el mundo donde, más que les pese, se expande como un rocío de palabras con mil acentos distintos desde “un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” hasta los hielos eternos de la Antártida, donde Neruda y Borges perpetúan, en la cintura cósmica del sur, la lengua que hace más de mil años nació acunada por el latín y mecida por la paciente laboriosidad de unos monjes riojanos, navarros y vascones en el belén de San Millán de la Cogolla.


Editorial del programa “Sencillamente Radio”
Eduardo García Serrano


jueves, 7 de mayo de 2009

Carta del Jefe Indio Seattle


El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.

¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.
Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. "Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.
No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.
Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas ente sí.
Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.
Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.
Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con el -de amigo a amigo no puede estar exento del destino común-. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueño de nuestras tierras; pero no podéis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza la supervivencia....

martes, 5 de mayo de 2009

Chicago, 1 de mayo de 1886


El 1 de mayo de 1886 fueron ejecutados en Chicago los mártires sindicales que organizaron la revuelta reivindicativa de las ocho horas laborales. Con su lucha insobornable, llevada hasta el sacrificio de sus propias vidas, Spies, Fielden, Neeb, Fischer, Lingg, Engel y Albert Parsons le arrancaron al Capitalismo la usura de las interminables jornadas de trabajo a cambio de unos salarios de miseria.
No merecían morir y el jurado que los sentenció a la hora lo sabía. Hasta tal punto eran conscientes de la atroz injusticia que iban a perpetrar, que uno de los comparsas del Capitalismo que formaban parte del jurado justificó las sentencias de muerte alegando que había que ahorcarlos “por que son hombres demasiado sacrificados, demasiado peligrosos y demasiado inteligentes”. Desde entonces , el 1 de mayo es la Fiesta Internacional del Trabajo.
Y lo cierto es que cuando uno evoca la lucha de los mártires de Chicago y le echa la vista encima a la UGT, la marea de asco hace naufragar cualquier razonamiento lógico y ahoga la comprensión y hasta la piedad. Cuando uno evoca a aquellos sindicalistas de coraje y de pana, de pólvora y testosterona que con su impagable valor y con la firmeza de su lucha sacaron a los niños de los pozos de las minas y redimieron a los trabajadores de la infamante condición de animales de carga a la que el Capitalismo los había condenado, y le echa la vista encima a los ejecutivos horteras de CCOO, que viven de los Presupuestos Generales del Estado, la náusea se hace incontenible y la certeza de la estafa, incontestable:
El 1 de mayo de 2009, como todos los años estos petimetres sindicales nuestros que no son “ni demasiado sacrificado, ni demasiado peligrosos ni demasiado inteligentes” y que cobran de la teta del Estado porque no tienen el coraje suficiente para vivir a la intemperie de la independencia, montaron el pic-nic de siempre para mancillar con esas lenguas suyas tan acostumbradas a lamer el culo del Poder, palabras tan hermosas como TRABAJO Y SINDICALISMO.


Editorial del programa "Sencillamente radio"


Eduardo García Serrano.


domingo, 3 de mayo de 2009

Gracias MAMÁ




Mas no, que también velando
en su triste soledad,
con el alma dolorida
un hijo infeliz está;


y en medio de la amargura
de su mísera aflicción
al suspirar por su madre
calma un tanto su dolor.


¡Ay! suspiro, que en mi pecho
el amor hizo nacer,
parte veloz, ahora mismo,
adonde mi alma se fue;


y dile a mi dulce madre,
ocultando tu aflicción,
que eres consuelo en su ausencia,
que eres prenda de su amor.


Y dile, si acaso llora,
proscrito al verme infeliz,
por Dios, que enjugue su llanto,
que no lo vierta por mí.


Tal vez sus lágrimas pías,
agravando su pesar
haranme víctima triste
de inconsolable orfandad.



Que ella es la luz de mis ojos,
el remedio en mi dolor,
el sostén de mi esperanza,
la vida del corazón.


Que guarde su tierno llanto
para otro cercano mal...
¡Quizá las puertas se me abren
de la inmensa eternidad!


Que una lágrima en mi tumba
debo a sus ojos pedir;
pero esa lágrima sólo
por el tiempo que viví.


Entre tanto, madre mía,
calme el cielo tu aflicción,
recordando que padezco
por mi patria y por mi honor.


Todo harán mis enemigos
con la fuerza y su maldad;
pero no impedir que te ame,
eso no, jamás podrán:


Y a que conozcas te envío
desde extranjera mansión
«Un recuerdo», a tu memoria
y a tus caricias, mi amor.
( Rafael Carvajal )

sábado, 2 de mayo de 2009