lunes, 27 de febrero de 2012

NOSOTROS...

A nosotros no nos dieron una bandera prolijamente doblada. A nosotros no nos dieron ninguna pensión. A nosotros nos desprecia la izquierda y la derecha. A nosotros nos soñaron los dioses encendidos solitarios señores de la muerte y del exilio. A nosotros no nos dieron la bandera dobladita, de los marines porque nosotros... somos los abanderados de los jirones negros del último infierno un minuto antes, del Apocalipsis.
Nosotros perdimos todas las guerras y entregamos hasta la última gota de sangre sin embargo el sol conservó para nosotros sus rayos invictos, y su alegría. Nosotros somos los culpables de todo lo que dice el noticiero la suma maldad, el origen mismo de todos los males. Es curioso el temor que nos profesan si todas las guerras hemos perdido. Es curioso que quieran perseguirnos de nuevo. Ahora que sólo somos la sangre sobre la nieve la memoria de niños con uniforme las espesas cenizas de la guerra civil la luz cegadora del vacío. Ahora que somos el olvido del olvido inofensivos héroes del pasado Hoplitas desnudos, obreros Poetas, agricultores. Ahora que somos la sombra del acero el eco del silencio el azotar de las olas en los desembarcos la espada dormida del exilio la desazón de la derrota la raza extinta de los lobos el cóndor despeñado el suicidio ritual la última rosa cultivada antes de subir al tren de los fusiles. Ahora es curioso que el mundo esté como está si fueron los buenos, los vencedores los que salvaron el mundo los que doblan las banderas prolijamente cada vez que un pueblo sometido mata a un invasor.
Porque no son los nuestros los que arrasaron el mundo no son las hondas cruces en la nieve no son las ruinas de Montecassino no es Mussolini colgado de los pies ni su amante Claretta Petacci no es la División Azul ni la Falange no es la impunidad de la posguerra no son los trabajadores ni los que se mantuvieron Fieles a su bandera en la derrota. A nosotros nos perdió la lealtad y la sangre la antigua tradición de los guerreros la fe en el sol y en la semilla la honradez del trabajo y del cultivo. Por eso a nosotros nadie nos entregará una bandera de sangre y de vacío doblada de vergüenza de ser desplegada. Por eso nuestra bandera Es roja como la sangre y negra como la última noche del mundo cuando los dioses, preparan el amanecer.
  Juan Pablo Vitali

viernes, 17 de febrero de 2012

Trabajo

Hace casi un siglo, Chesterton, analizando la obra de Aldous Huxley Un mundo feliz, donde se nos describe una sociedad futura sometida a un feroz proceso de alienación, escribía:

—Pero esta misma obra se está realizando en nuestro mundo. Son gente de otra clase quienes la llevan a cabo, en una conspiración de cobardes. (...) Nunca se dirá lo suficiente que lo que ha destruido a la familia en el mundo moderno ha sido el capitalismo. Sin duda podría haberlo hecho el comunismo, si hubiera tenido una oportunidad fuera de esa tierra salvaje y semimongólica en la que florece actualmente. Pero, en cuanto a lo que nos concierne, lo que ha destruido hogares, alentado divorcios y tratado las viejas virtudes domésticas cada vez con mayor deprecio, han sido la época y el poder del capitalismo. Es el capitalismo el que ha provocado una lucha moral y una competencia comercial entre los sexos; el que ha destruido la influencia de los padres a favor de la del empresario; el que ha sacado a los hombres de sus casas a la busca de trabajo; el que los ha forzado a vivir cerca de sus fábricas o de sus empresas en lugar de hacerlo cerca de sus familias; el que ha alentado por razones comerciales un desfile de publicidad y chillonas novedades que es por naturaleza la muerte de todo lo que nuestras madres y nuestros padres llamaban dignidad y modestia.

Chesterton definía el capitalismo como una «conspiración de cobardes», porque tal proceso de alienación social no lo desarrolla a las bravas, al modo del gélido cientifismo comunista, sino envolviéndolo en coartadas justificativas más o menos merengosas (pero con un parejo desprecio de la dignidad humana). Lo vemos en estos días, en los que se nos trata de convencer de que una reforma laboral que limita las garantías que asisten al trabajador en caso de despido o negociación de sus condiciones laborales... ¡favorece la contratación! Es algo tan ilógico (o cínicamente perverso) como afirmar que el divorcio exprés favorece el matrimonio, o que la retirada de vallas favorece la propiedad; pero el martilleo de la propaganda y la ofuscación ideológica pueden lograr que tales insensateces sean aceptadas como dogmas económicos. Lo que tal reforma laboral favorece es la conversión del trabajador en un instrumento del que se puede prescindir fácilmente, para ser sustituido por otro que esté dispuesto a trabajar —a modo de pieza de recambio más rentable— en condiciones más indignas, a cambio de un salario más miserable. Pero toda afirmación ilógica encierra una perversión cínica: del mismo modo que de un divorcio se pueden sacar dos matrimonios, de un despido también se pueden sacar dos puestos de trabajo (y hasta tres o cuatro); basta con desnaturalizar y rebajar la dignidad de la relación laboral que se ha roto, sustituyéndola por dos (y hasta tres o cuatro) relaciones degradadas, en las que el trabajador es defraudado en su jornal. Y defraudar al trabajador en su jornal es un pecado que clama al cielo; lo recordaba todavía Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens.

Lo que subyace en esta reforma laboral es la conversión del trabajo en un mero «instrumento de producción»; en donde se quiebra el principio medular de la justicia social, que establece que «el trabajo es siempre causa eficiente primaria, mientras el capital, siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o causa instrumental» (Laborem exercens, 12). La quiebra del orden social del trabajo, la «conspiración de los cobardes» que avizorase Chesterton hace casi un siglo, prosigue implacable sus estrategias. Y llegará, más pronto que tarde, la venganza del cielo.

www.juanmanueldeprada.com

jueves, 9 de febrero de 2012

9 de febrero


‎9 febrero, Palabras y gesto de Ramiro Ledesma Ramos hacia un camarada caido.

Matías Montero

El día nueve hizo justamente un año que murió asesinado por los marxistas este joven camarada. Lo recordamos aquí con especial mención porque al fundarse LA CONQUISTA DEL ESTADO, en 1931, la primera carta de adhesión que recibimos, y que conservamos ahora como documento precioso, fue la de Matías Montero ..., que entonces contaba apenas dieciocho años.

Pertenecía, pues, a los primeros grupos de jóvenes españoles que enarbolaron la bandera nacional y revolucionaria frente a la reacción y frente al marxismo. ¡Honor a su memoria, camaradas!

Siguió las peripecias de las diversas organizaciones que surgieron. Estuvo en las J.O.N. S. Estuvo en F.E., pero podemos asegurar que era un jonsista auténtico, y que en estas horas por que atravesamos, de depuración y de reencuentro de nosotros mismos, estaría aquí, en las filas de las J. O. N. S., sin vacilación alguna.

¡Tu muerte, Matías Montero, es de las que obligan! ¡Y no debía volver el sueño a los ojos ni la sonrisa a los labios de quien no sea capaz de permanecer con honor, capacidad y limpieza en las filas mismas donde tú estuviste!

(«La Patria Libre», n. 1, 16 - Febrero - 1935)