martes, 14 de agosto de 2012

Sobre la huelga de hambre de estos hijos de puta

Este articulo de Mª del Pilar Díaz, fue publicado en la revista Voces Contra el Terrorismo, hace pocos meses. Es un homenaje a Mario Leal Baquero, asesinado por el etarra Uribetxebarria Bolinaga. quiero hacer extensivo este homenaje a los Guardias Civiles Antonio López y Pedro Galnares, asesinados también por este terrorista.


Mi papá siempre me dice que ser el hermano mayor es algo muy importante. Mi papá lo sabe muy bien porque él es el mayor de seis hermanos. El hermano mayor siempre cuida de sus hermanos pequeños.  Ser el hermano mayor es un  cargo de mucha responsabilidad. Así como el Capitán cuida a sus soldados, el  hermano mayor cuida a sus hermanos pequeños.

 Yo soy la mayor de tres hermanos y cuando eta asesinó a papá, yo que en  casa era el Capitán, tuve que ocupar el puesto de papá, por lo que a mis casi  recién cumplidos ocho años ascendí a General.
Mi amigo Rubén era el segundo de tres hermanos y cuando tenía dieciocho  años ascendió al puesto de hermano mayor por “cortesía” de los de la ETA, que  asesinaron a su hermano el Guardia Civil Mario Leal Baquero.

 Hoy voy a honrar la Memoria, a ensalzar la Dignidad y a contribuir a que  se le haga Justicia a Mario Leal Baquero, un honorable Guardia Civil y un hombre  bueno, y hermano, de mi amigo Rubén.
La familia de mi amigo Rubén es originaria de Pontevedra y está formada  por seis miembros:
Manuel Leal Pereira, es el papá.
María Jesús Baquero Moreira, es la mamá.
Mario Leal Baquero, es Guardia Civil y el hermano mayor.
María Jesús Leal Baquero, es la única niña y todos la llamaban Susi. Susi  falleció con ocho años como consecuencia de una enfermedad.
 
 Rubén Leal Baquero, mi amigo. Y Álvaro Leal Baquero, el benjamín de la familia.
Mario Leal Baquero es Guardia Civil. Hace tres años que ha ingresado en la  Benemérita. Le encantaba el Ejercito. Era nieto de militar y además tiene varios  familiares que son Guardias Civiles. Cuando Mario hizo la mili pidió voluntariamente que le destinaran en las C.O.E.S.
Mario siempre ha sido una persona muy divertida, siempre cuenta chistes.  Le encanta hacer pesca submarina con su padre, y también le gustan los grupos  de rock de los setenta: Leño, Asfalto…
Mario ha tenido que cuidar de sus hermanos pequeños en muchas ocasiones. Ya sabéis, en una familia todos tienen que arrimar el hombro y Mario siempre  fue fiel cumplidor de su cargo de hermano mayor. Como todos los hermanos mayores, sobre todo si se trata de chicos, vacila y chincha a sus hermanos pequeños.

Los hermanos pequeños de Mario le adoran. Mario es el espejo donde se miran y cuando sean mayores quieren ser iguales que él. Los  dos quieren ser Guardias Civiles.
Mario Leal Baquero tiene veintiocho años, está casado y tiene una  niña de seis años que se llama Beatriz.

 Mario llevaba dos años destinado en el Puesto de Arechavaleta  desde donde servía a España y velaba por la seguridad y la vida de los  españoles de bien.
El seis de diciembre de mil novecientos ochenta y cinco, mientras  Mario estaba en el interior de su coche, se le acercaron dos etarras que  pertenecían al comando bellotxa y vaciaron los cargadores de sus armas  sobre el cuerpo de Mario. Y, como las ratas de alcantarilla que son, huyeron hacía Vitoria en un vehículo en el que les esperaba otro etarra.
Algunos de los etarras que asesinaron a Mario también participaron en el secuestro de José Antonio Ortega Lara.

 Seis meses antes ya habían intentado asesinar a Mario y a otros tres de sus compañeros mientras iban en un Land Rover patrulla. En  aquella ocasión todos salieron ilesos de la bomba que los etarras habían
preparado, menos uno de los Guardias Civiles que perdió un ojo.
Cuando sacaron el féretro del Guardia Civil Mario Leal Baquero del  Cuartel de Arechavaleta, su madre, María Jesús, recuerda la frialdad de  la indiferencia de la gente del pueblo.
Mario entregó su vida mientras salvaba muchas otras. Entre las  vidas que Mario protegió con la suya también estaban las vidas de esa  gente indigna del pueblo de Arechavaleta que, en agradecimiento a los  servicios prestados cerró sus puertas y ventanas al paso del cuerpo asesinado de un honorable y valiente Guardia Civil.

 Yo no estuve en el funeral de Mario Leal Baquero pero sé muy bien  lo que ocurrió allí y lo que sintió mi amigo Rubén y su familia, porque  ocho meses antes de que ETA asesinara a Mario, ETA asesinó a mi papá y  con mis casi recién cumplidos ocho años había tenido que enterrar a mi  papá a las nueve y media de la noche, mientras los coches patrulla de la  Guardia Civil alumbraban con sus focos en el cementerio.

 Te invade una soledad infame, una desolación infinita, una injusticia perpetua y todos esos sentimientos van arropados por un silencio  tan atronador que sientes, en tu propia carne, como se parte el cielo por  la mitad al mismo tiempo que tu corazón se desgarra lentamente, para  siempre en dos mitades, dejándote una herida que te acompañará toda  la eternidad y que unos días sangra más y otros no tanto.
María Jesús, la mamá de Mario, es una mujer que a sus setenta y  cinco años viene desde Asturias en autobús para defender la memoria,  dignidad y justicia de su hijo asesinado. Y mi amigo Rubén siempre la  acompaña en tan ardua tarea.
Mario Leal Baquero, tengo que decirte que tu niña, Beatriz, te ha dado un nieto que ahora tiene once años y que en tu honor lleva tu mismo  nombre.
¡Que tengas buen servicio!, Mario Leal Baquero, aunque te hayan  obligado a hacerlo desde el cielo.
 
Mario Leal