martes, 9 de junio de 2009

EL RAPTO DE EUROPA


Con los resultados oficiales provisionales en la mano, en las elecciones al Parlamento Europeo celebradas el domingo, en España no ha ganado el PartidoPopular sino la abstención. El 54% de las personas con derecho a voto no han hecho uso de ese derecho. No seré yo quien les alabe. La democracia liberal tiene a mi juicio muchas objeciones pero si pone en nuestras manos la capacidad de abatir Gobiernos metiendo un papel en una urna de cristal y no lo hacemos, la responsabilidad es nuestra, no del sistema por muy corrupto que sea. Ahora bien, la otra constatación no es menos demoledora: España sigue apostando abiertamente por el bipartidismo representado por dos partidos, PSOE y PP que se llevan más del 80% de los votos y que coinciden en su visión del hombre y de la política aunque discrepen en cuanto al nombre de las personas que han de gestionar la cosa pública. El porcentaje restante se lo reparten de forma significativa separatistas, de estos que viven a costa del presupuesto del Estado español y radicales de izquierdas, de esos a quienes los cien millones de muertos causados por el comunismo les parecen pocos. La sociedad española está podrida y el resultado electoral es la mejor radiografía.La parcial victoria del PP es una garantía de la próxima victoria socialista en las Elecciones Generales. Si con la crisis brutal que padecemos, ZP suscita entusiasmos rayanos en el misticismo, dentro de tres años, con una candidatura de perfil bajo como la de Mariano ahora revalidada, estos barren. Un poco más de arbitrismo, de ingeniería social, de control de los medios de comunicación, de subvenciones gestionadas desde los ayuntamientos afines y la cosa está hecha. Rosa Díez podrá ser la segunda edición de Ruiz Mateos pero el electorado de izquierdas español ha demostrado que prefiere el mesianismo de ZP, el matonismo de Blanco y las simplezas de Pajín a una alternativa dura, pseudo-españolista en el discurso y radical en lo social como la propuesta por UPyD. Un diputado en los más de 700 de la jaula de grillos europea equivale a la nada.Estas elecciones han demostrado una vez más (¿Cuántas van desde 1976?) que en España no existe nada ni remotamente parecido a lo que pudiéramos llamar un voto de identidad católica reconocida. Ni siquiera identificando el voto católico —y es mucho conceder— con las formaciones pro-vida y pro-familia que se mueven en el ámbito de las opciones que respetan el común marco liberal, alcanzamos una representatividad significativa. Los católicos españoles siguen optando mayoritariamente por el PP y el PSOE, fieles a las consignas oficiales que se les han hecho llegar sin viraje constatable durante los pontificados de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI: “nada de partidos católicos, católicos en los partidos”. Y el resultado aquí lo tenemos: gobiernos sostenidos en las urnas por presuntos católicos implantan desde el poder el laicismo más agresivo al tiempo que los obispos se convierten en los palmeros del sistema que se lamentan sistemáticamente de las consecuencias condenando los "avances sociales" a que nos conducen irremediablemente los políticos y apareciendo siempre como los malos de la película. Los que no se enteran por dónde va el mundo ¿Será que les va esto de ser los tontos útiles?A mí me parece que el mejor análisis de estas elecciones, y de todas, ya se pronunció el 29 de octubre de 1933:
«En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos, nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que (¿para qué os lo voy a decir?), no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad todos lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí nuestra España, ni está ahí nuestro marco. Eso es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros, fuera, en vigilia tensa, fervorosa y segura, ya sentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas».
¿Y qué hacemos ante este panorama? Ya lo hemos dicho otras veces: los torpes intentos de reconciliar al liberalismo con el Catolicismo ponen de relieve la licitud y necesidad de una resistencia en el terreno cultural y político fundamentada religiosamente a pesar de la oposición de algunos eclesiásticos, por muy arriba que éstos se sitúen. En la línea que ya apuntaba Vázquez de Mella:
«Cuando no se puede gobernar desde el Estado, con el deber, se gobierna desde fuera, desde la sociedad, con el derecho ¿Y cuando no se puede, porque el poder no lo reconoce? Se apela a la fuerza de mantener el derecho y para imponerlo. ¿Y cuando no existe la fuerza? ¿Transigir y ceder? No, no, entonces se va a las catacumbas y al circo, pero no se cae de rodillas, porqué estén los ídolos en el capitolio»

domingo, 7 de junio de 2009

El “bautizo” de Leo


De las cosas que más vergüenza ajena provocan en la España de hoy es el orgullo inconsciente e infantil de cierta clase de personajes elevados al Club de la Farándula por la estulticia general. Los encontrarán por todas partes: elevan el mentón, relajan el buche, miran por encima del hombro para demostrar que sí, que no caben de gozo por ir “contracorriente”, por romper con la norma, por golpear la tradición con su comportamiento diario.

Cayetana Guillén Cuervo, que dicen que es actriz, ha usado a su hijo para escenificar un acto sustitutivo del bautismo, y “oficiado” por Pedro Zerolo. Bautizarlo por el rito católico hubiera sido normal, e incluso bueno, lo cual es profundamente fascista. Se cambia el agua bendita por perfume del top manta, sustituimos al sacerdote por un sodomita y lejos de que un buen organista se atreva a interpretar el “Ave María” de Schubert, suena imponente, a todo trapo, la melodía de la serie “David, el Gnomo”. Porque el progresismo no tiene por qué reñirse con lo hortera.

Al parecer, esta costumbre significa “dar la bienvenida democrática” al nuevo “ciudadano”, cosa que aleja a cualquier persona decente de la democracia como de la bicha. Si para ser un demócrata hay que estar en brazos de Zerolo, no lo duden: quiero un buen caudillaje. Si la condición para que a uno le acepten en el exclusivo club de la progresía universal es cambiar el día del bautizo (el día en que los cristianos recibimos al Espíritu Santo) por esta paranoia de zumbados e invertidos, reniego del progreso y lo aborrezco enteramente. Pero a este pobre niño no le han dejado elegir.

Ese es el problema. Leo, que así han llamado a la criatura, no tiene culpa de tener los padres que tiene; es demasiado pequeño para comprender lo que le han hecho. Y no sólo le han privado del derecho que tenía a ser bautizado como Dios manda, sino que le han metido a empellones en una secta de la que ya no podrá salir, la del izquierdismo furibundo, la del ateísmo porque sí, la de la rebeldía sin causa contra el capitalismo universal y a favor de la “extensión de los derechos”. Vamos, que le han fastidiado la vida.

Ellos, sus padres y allegados, dirán que no, claro. Dirán que un niño, lo que de verdad necesita, es “el amor de sus padres”. Que eso de echar agua bendita por la cabeza no significa nada. Que así, recibiendo la “bendición democrática” de quien ha hecho de su extravagante condición sexual un medio de vida, será “mejor persona” y aprenderá pronto a “respetar a los demás”. Y, en efecto, así será. Hasta que cumpla la edad suficiente para que nadie pueda manipularlo, y pueda leer, pensar y meditar lo suficiente para comprender que ha estado metido en una enorme mentira. Porque Dios no deja abandonado a ninguno de sus hijos, y menos aún a aquellos no tuvieron forma de defenderse de la dictadura del relativismo.

Rafael Nieto

http://www.diarioya.es/

miércoles, 3 de junio de 2009

EUROPA


¿Qué es Europa? No, no es una pregunta retórica y aún menos formulada al sur de los Pirineos, donde millones de españoles que ni siquiera saben qué es España, qué significa España ni qué ha representado España en la configuración de Europa ni en la fragua y la expansión de su civilización y de su cultura, se disponen a votar en las elecciones al Parlamento Europeo el próximo domingo.
Europa, el murmullo de una palabra que desliza por nuestros labios el susurro de las memorias compartidas desde las murallas de Troya hasta nuestros días. Europa, todo lo que a los europeos nos viene dado de la leche materna, todo lo que ha pasado a formar parte del tejido de nuestro modus vivendi y de nuestro modus operandi, incorporando a un marco de propósito y significado el pasado y el futuro a través del pensamiento y de la acción europea, el aliento de la Historia arremolinándose en torno a nosotros en términos de siglos.
Atenas, Roma y Jerusalén. Sócrates, Julio César y el Cristianismo. La filosofía griega que enseña al hombre a pensar y a buscar, la geometría de la lógica y de la razón, la ciencia y el análisis. Grecia, la democracia y la aparición del hombre libre, ni aristócrata ni plebeyo: el ciudadano.
Roma, el Estado, el Derecho y el Imperio. Roma, las leyes para vivir fuera de la humillación, para vivir con respeto. Las leyes por encima de la espada y del dinero. Roma no sólo gobernaba, también transformaba. El poder de sus ideas se imponía no sólo con la espada sino con la toga y el Derecho, con la ingeniería, la arquitectura y la agronomía. Tan es así que cuando Roma cayó toda la Europa togada se sometió al gobierno de los bárbaros, pero los bárbaros se sometieron al Derecho Romano. Alboreó entonces la Edad Media, fecunda fusión de la energía de los pueblos del norte del Rin y de la brillantez intelectual del sur de Europa.
Jerusalén, desde donde la Cruz del Gólgota surca el Mediterraneo universalizándose a través de Europa. El Cristianismo como hilo conductor y eje vertebrador del hombre nuevo y de la nueva Europa desde el Edicto de Milán hasta nuestros días.
Atenas, Roma y Jerusalén, los principios, tanto cronológicos como morales de Europa. Europa como el Muro de Adriano, que marcaba y anunciaba el orden romano como una fortificación de piedra, de leyes, de principios y de valores.
Algunos quieren una Europa dividida en fragmentos lo suficientemente pequeños como para que no puedan dañar a nadie salvo a ella misma. Por eso la libertad de la que disfrutamos contiene las semillas de su propia destrucción y cuando esas semillas germinan por falta de autoridad moral, de autoridad intelectual y de autoridad política, el liderazgo desciende hasta los más necios. Por eso el próximo domingo, sin miedo y con la conciencia limpia como un cielo sin trampas, votaré por el bien posible en contra del mal menor, votaré Alternativa Española (AES).



Eduardo García Serrano.


Editorial del programa “Sencillamente Radio”

domingo, 31 de mayo de 2009

Desmemoriados


Con esto de la listita proetarra que tanto cariño ha recibido del Tribunal Constitucional encabezada por el dramaturgo Alfonso Sastre, algunos medios de comunicación han resumido la trayectoria del peculiar calzonazos olvidando pasajes fundamentales de su vida. Amnistías que sólo disfrutan algunos. Ninguno de sus desmemoriados biógrafos ha recordado que con anterioridad a su antifranquismo, a su antiespañolismo, a su abrazo a Batasuna y su constante justificación del terrorismo, Alfonso Sastre, Premio Nacional de Teatro, fue falangista. Eso, la desmemoria.

Miguel Gila, el gran humorista de corto repertorio, se presentó en los últimos años como un luchador contra el franquismo. Incluso se inventó que sobrevivió a un fusilamiento, farsa que fue desmontada con facilidad por tratarse de una descomunal mentira. Gila escribió y manifestó que había sido víctima de la persecución franquista. A Gila sólo le persiguió el franquismo para que actuara en las cenas del 18 de julio que Franco convocaba en La Granja de San Ildefonso, y en las que Gila le hizo sonreír en varias ediciones. Un día desapareció. Y puso como excusa que se exiliaba voluntariamente para huir de Franco, el que tanto reía sus gracias. Se exilió para huir de su primera mujer y de las deudas que había contraído con ella, y eligió para su exilio la Argentina de la dictadura militar, la de Videla, Massera, Galtieri y los desaparecidos. Y estuvo bien allí, y mejor tratado. De vuelta a España, se vistió de rojo, ganó muchos millones en las televisiones públicas y falleció sin pagar a Hacienda. Pero fue presentado como un combatiente intelectual contra las dictaduras.

Tengo para mí, que de existir un Instituto Nacional de Biografía, trabajan en él unos señores con enormes tijeras que deciden a quién sí y a quién no se les puede perdonar su pasado de manifiesta cooperación o mansedumbre con el franquismo. Sastre y Gila pertenecen a la relación de beneficiados. Y un bastante José Luis Coll, Juan Luis Cebrián, Concha Velasco, Javier Arzallus, el obispo Setién, y no sigo porque la relación se presenta interminable. Pero más que los políticos, los religiosos o los académicos, me interesan estas figuras de la intelectualidad y el espectáculo –Sastre, indudablemente, es un escritor culto–, que han conseguido el maravilloso regalo del olvido. Coll se hizo socialista de toda la vida cuando conoció a Felipe González. Concha Velasco saltó a la fama gracias a José Luis Sáenz de Heredia, director de cine, y primo hermano de José Antonio Primo de Rivera. Sara Montiel recordó que no era franquista unos pocos días después de la muerte de Franco. Pero la Dirección General de la Desmemoria funciona perfectamente, y a unos les borran el pasado y a otros se lo adornan. El gran escritor Rafael García Serrano, navarro, requeté, pendenciero y siempre nostálgico de batallas, murió en el olvido y el desprecio porque nunca ocultó sus ideas. Pero fue el autor de una de las obras fundamentales de nuestra terrible Guerra, escrita sin rencor y con humor muy largo, el «Diccionario para un macuto». Lo hizo cuando uno de sus compañeros de Falange, Alfonso Sastre, aún cantaba la vuelta de las banderas victoriosas al paso alegre de la paz. Por si a Otegui le interesa.


Alfonso Ussía.
La Razón - Opinión

jueves, 28 de mayo de 2009

IZQUIERDAS Y DERECHAS Cartas a mis hijos (III)




Queridos capitanes:

Ojalá cuando estas líneas lleguen a vosotros esos conceptos decimonónicos y periclitados de "izquierda" y "derecha" estén ya largo tiempo enterrados y olvidados. Pero lo dudo, y a no ser que me traicione el subconsciente dentro de pocas líneas os explicaré el porqué.
Una de las primeras preguntas que cualquiera se hace cuando conoce a alguien es, más allá de cómo piensa, cuál es su color político. Craso error del que ya os he hablado, pero al que no me resisto a volver a condenar. Aun más, con un criterio pervertido por la manipulación de los medios de descomunicación, que otra cosa no son, se tiende a polarizarlo todo en dos poses únicas y diferenciadas: izquierda o derecha. O, con ese neoidioma para idiotas, socialistas y liberales, produciendo la cacofonía perversa con lo social y la libertad, cuando no hay nada más alejado de lo social que el socialismo ni nadie que dé menos grados de libertad que un liberal.
Izquierdas y derechas, me vais a permitir que sea directo, no tienen sentido hoy. Escasamente lo tenían los términos cuando se parieron en ese frontón francés que separaba así geográficamente a Girondinos, Jacobinos y otros más de trescientos semovientes sin adscripción reconocida. Desde entonces, del siglo XVIII, parece que mucho ha llovido pero aparentemente no lo bastante como para limpiar toda esa porquería, desde entonces nos viene este falso andamiaje intelectual.
Os dirán que cuando alguien niega ser de izquierda o de derecha en realidad es porque es de extrema derecha, y yo niego la mayor. No se puede ser extremo de algo que uno repudia. Generalmente quien entona esa tontería suele ser alguien muy bien parapetado en el sistema, o, en todo caso, un tonto útil de este: alguien engañado por la nueva cloaca máxima del imperio, la televisión, que se convierte en defensor de aquello que le oprime y castiga. Y es que lo que no es sano, nunca, es dejarse oprimir... y eso es lo que hacen las llamadas izquierdas y derechas.

Porque la realidad, queridos, no os engañéis, es clara: aquí mandan los de siempre y si nosotros, la gente de la calle, los españolitos de infantería, no hacemos nada para remediarlo, seguirá así. Y ése era el motivo que al principio de esta carta me hacía dudar de la desaparición de esta gran y doble mentira. Partidos políticos y sindicatos mamporreros esconden su verdadera función: apuntalar un sistema que sigue apretando a la gente de bajo, que sigue engordando las arcas del capital mientras que la fuerza de trabajo es cada vez más pobre y tiene menos poder de gestión en lo público. Si a eso sumamos que tanto a izquierdas como a derechas parece importarles una higa que la formación, la educación de sus ciudadanos se degrade cada vez más, vemos que vamos hacia una nueva edad media, aunque esta vez intencionada y sin conventos donde se pueda refugiar la cultura clásica para sobrevivir. Hacia una gran masa de la población inculta y sin poder hacer más que sobrevivir, mientras unos pocos viven del sudor de la frente de los demás con unos privilegios ofensivos para el sentido común. Y dicen, que esto es progreso: vivir con el sudor del de enfrente.
Claro que ese progreso que defienden tanto los progresistas profesionales de "la hoz y el martini", en afortunada expresión de mi amigo Eduardo García Serrano (si os suenan sus apellidos es porque las obras de su padre reposan en mis anaqueles), como los liberales que sueñan con que nada cambie, al menos a mejor... es un falso progreso, es cartón piedra, una ficción del establishment.
Para que sirva de pantalla de humo que oculte la tragedia de la situación real. Y no interesa que cambie, ya os lo anticipaba, para que los ricos sigan siendo cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Vaya pues mi condena por delante para ambos, aunque más dura y directa para las izquierdas que, a sabiendas en muchos casos, luchan en contra de lo que dicen defender.

Y es que... ¿qué son las izquierdas, o qué son las derechas? ¿Fue de izquierdas Mussolini por su política social? ¿Fue de derechas Stalin por su demoníaca represión? Con esta idea en la cabeza, un día imprimí dos textos en dos caras distintas de un folio y lo repartí a mis alumnos preguntándoles que texto era de izquierdas y cual era de derechas, aprovechando el Pisuerga de una asignatura de marketing y la relación con el marketing político. El texto que salió mayoritariamente de izquierdas era parte de la Carta del Lavoro, de la Italia fascista de 1927, y el que salió como indudablemente de derechas procedía de la constitución soviética de 1936. Esclarecedor.
No quiero extenderme. Creo que me basta con acudir a Ortega y decir con él que ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Y es que los problemas no se pueden atajar por la derecha o por la izquierda, sino mirándolos de frente.

No puedo dejar esta carta sin traer al recuerdo una anécdota que Juan quizá recuerde. Juan, quizá comido por su entorno, apuesta más por una de las marionetas del sistema que por la otra. Y me preguntó si me gustaba más el PSOE o el PP. Como colecciono monedas, se me ocurrió una idea para dejárselo claro de forma gráfica: saqué una pieza, un as romano de Jano Bifronte, con su mítica figura con dos caras, una mirando a izquierda, otra mirando a derecha. Recordarás, Juan, que te dije que en realidad me preguntabas cuál de esas dos caras me gustaba más, y yo le di la vuelta a la moneda y te dije "yo, siempre me quedo con la cruz". Y te amplio, os amplio... que la luz, termina viniendo siempre de Roma.

Os quiere:
Papá.


http://bitacorapi.blogia.com/



Juan V. OLTRA

martes, 26 de mayo de 2009

Hasta Bibiana es un ser humano


Editorial del programa “Sencillamente Radio”


Las palabras pueden ser como el fuego el iluminar el mundo. Pueden ser como el oro y enriquecerlo. Poe ejemplo, esas palabras de Las Escrituras en las que se nos dice que “para escuchar la alabanza perfecta hay que escuchar la risa de un bebé y el parloteo de los niños”. Pero las palabras también pueden ser como el estiércol y ensuciar el mundo. Por ejemplo, las palabras pronunciadas por la ministra Bibiana Aído en el Senado en las que asegura que el nasciturus (el que está por nacer) “es un ser vivo, pero no es un ser humano”.
Al escucharla me llenó una sorda, lóbrega e impotente tristeza. La absoluta falta de piedad explícita en la negación de la condición y de la cualidad humana del nasciturus causa pánico, pues ningún ser humano, ni siquiera Bibiana Aído, merece que le dejen sin dignidad alguna.
Lo que ha dicho la ministra de Igualdad es una vileza que va más allá de todo crédito. En su negación de la condición humana del nasciturus se articulan el espíritu de la locura y la resaca de las checas y de los nazis. Chequistas y nazis, todos ellos socialistas, despojaron en la Europa de principios del siglo XX de la condición humana a los que ellos consideraban sus enemigos políticos por razones de credo, ideología o raza. Siendo horrible lo que hicieron, el mayor espanto de su carnicería consistió en que, a través de un odio atroz revestido de patriotismo, de grandeza y de justicia y magistralmente jaleado por un impecable aparato de agitación y propaganda, consiguieron convencer a más de media Europa de que todo aquel que no fuese un auténtico revolucionario socialcomunista o nacionalsocialista era, como clasificaron a los judíos, un subhombre o un ser infrahumano.
Lo que ha dicho Bibiana Aído sobre el nasciturus es aún más peligroso que lo que hicieron los nazis y los socialcomunistas agitando el odio a los judíos y al enemigo político. Para Bibiana Aído es mucho más estimulante persuadir al amor para que sea el agente de la muerte del que está por nacer, del nasciturus, porque a través de un falso amor a esas mujeres o a esas chiquillas que se han quedado embarazadas sin desearlo y en situación personal difícil, se las estimula para que maten el “problema” convenciéndolas de que el “problema”, efectivamente, es un ser vivo pero no un ser humano.
A partir de ahí basta con agitar con el magistral aparato de prensa y propaganda que, al igual que ayer, también hoy manejan los socialistas, ese amoroso sentimiento de protección y de solidaridad para con las mujeres y las chiquillas que se quedan embarazadas sin desearloy en una situación personal difícil, y el holocausto de nascituri, de los que están por nacer, será un hecho tan incontestable como que tú, Bibiana, y los que piensan como tú, también sois seres humanos.
Eres, Bibiana, genuinamente humana ya que sólo en el ser humano la estupidez y la crueldad son infinitas pues, como Ortega nos enseñó, “el tigre no se puede destigrar, pero el hombre sí se puede deshumanizar”.


Eduardo García Serrano.

lunes, 25 de mayo de 2009

MEMORIA Y OLVIDO DE RAFAEL GARCÍA SERRANO


Lo conocí por otros escritos que me lo nombraban, y en el ardor de los dieciocho años lo busqué para leerlo. A mí es que los títulos siempre me han podido, y un heptasílabo tal, levemente aliterativo y sobradamente heroico como La fiel infantería, no podía sino atraerme.


Era bronca la novela, y escrita con la premura del hombre de acción que condesciende a hacer líneas que una detrás de otra componen un artículo, un libro. Pero tenía prosa y estilo vigorosos, algo que no quiso ver Antonio Muñoz Molina en una columna suya publicada en El País hace meses. De las muchas opiniones que sobre García Serrano se puedan emitir, ninguna que afirmase su tibieza podría sostenerse. De muchos hierros salen muchos yerros, y él participó mucho en el vivir y en las armas de su época. Tomó una bandera y luchó por ella, primero con el ahínco del joven enamorado, tiempo después con la fidelidad del adulto al amor de juventud. Violencia hubo, y refrendada por el autor de La fiel, pero también generosidad, ideal y altruismo.

Ya a su primer libro, Eugenio o proclamación de la primavera (1938), asoma su falangismo militante, que se hace tan omnipresente que asfixia a quien no comulgue con el movimiento político que fundara José Antonio Primo de Rivera (precisamente a él está dedicada la breve obra o novella). El rojo y el negro teñirán ya para siempre su prosa, que cuando no está claramente mediatizada por el mensaje político brilla como pocas: es apasionada y de una riqueza formidable, y al mismo tiempo sencilla, nada barroca, o al menos de un lujo nada versallesco. La de un joven que se estrenaba en la hombría y que, si no la sangre, sí tiene azul el corazón, y de ahí su tinta.


Yo no sé si por vallisoletano (allí nacieron las JONS), por culto o respondón ante unos y otros, Francisco Umbral es, desde presupuestos políticos opuestos, uno de los escritores españoles que mejor ha sabido ver qué cosa fue la Falange y quién José Antonio, al margen de la conversión de ambos en apoyaturas y símbolos del Régimen del 18 de Julio. Y Umbral ha tenido palabras elogiosas para nuestro escritor. García Serrano fue, como he dicho, una de las voces de la Falange, pero por muchos motivos diferente a otras con las que se podría comparar.


Más joven que Foxá, Sánchez Mazas y el propio José Antonio, no aportó nada al ideario o estilo del movimiento político en el que se encuadró a una edad demasiado escasa para ello. Pero luchó, sí, y fue herido en la contienda, y desde entonces ésta quedó como una fijación, sobre la que gravitaron el resto de sus años y muchas de sus innumerables páginas.


Por ejemplo, las de la ya citada La fiel infantería (1943), que obtuvo el Premio Nacional de Literatura (en aquel momento se llamaba Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera) y que fue inmediatamente secuestrada, según el autor “gracias a la denuncia del arzobispo primado de Toledo y a la pasión eclesial de Gabriel Arias Salgado”. De alguna forma, este hecho llevado a la categoría de emblema es el acta de defunción de lo que de nacionalsindicalista o revolucionario y juvenil tuviera el Régimen, y su sustitución por un modelo nacionalcatólico y ñoño. Eran también los días en que se desmantelaba la Divisón Azul. Para mí que en la cuenta del debe de García Serrano está el no haberse opuesto con mayor afán a esta conversión forzada. Pero lo que es indudable es que fue fiel a sus ideas hasta el final, y sin voces revolucionarias y de genuino patriotismo como la suya el Movimiento, con ese aluvión de recién llegados de la CEDA y otros cuerpos extraños, hubiese sido algo más como una derecha torpe, miope y timorata.


Tal vez por su procedencia navarra (nació en Pamplona el año de la revolución rusa), García Serrano no vio como un hecho antinatural la unificación de falangistas y requetés en ese engendro híbrido —mulo que tiraba del carro triunfal de Franco— que fue Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Camaradas suyos evolucionaron: Ridruejo se hizo socialdemócrata, Foxá escéptico y gordo, a Sánchez Mazas se le fue yendo la combatividad con las nostalgias de sus Pedritos de Andía y Tarines. Sólo él quedó apegado a ese verano perpetuo de 1936, mas con una particularidad que lo ennoblece: como el púgil que se parte la cara y al sonar la campana abraza al contrincante, siempre estuvo más cerca del enemigo corajudo que del espectador que se apoltrona en su almohadilla y todo lo más apuesta.


Publicó mucho: Plaza del Castillo, Los ojos perdidos, Diccionario para un macuto... y tantos y tantos títulos que aquí se omiten. En los últimos años redobló sus esfuerzos en el artículo y llevó su “Dietario personal” a las páginas de El Alcázar. Escribía muy bien —nadie de ese periódico le llegaba al final de sus días a la altura del zapato, con excepción de Vintila Horia, otro olvidado—, y yo alternaba su lectura con el hojeo del “rojo” y efímero diario Liberación.


Tantos años después sigue siendo víctima de otra censura, esta vez tácita (no tanto por razones políticas como por el adocenamiento del público). Hoy echo en falta una reedición de sus escritos menos circunstanciales. Era orgulloso y combativo, y, aunque yo creo que a él se le daría una higa, por placer, por egoísmo, alguien debería plantearse antologarlo.


Publicado en La mirada, 121 (El Correo de Andalucía, 23-5-97)


domingo, 24 de mayo de 2009

Cuento para mayores, sin receta


Catalina está un poco embarazada, casi nada en realidad. Su embarazo es tan pequeñito que casi no es embarazo. En un embarazo a lápiz, en papel borrador, que se va como ha venido. Además tampoco lo sabe seguro, porque la cosa fue ayer mismo.




Catalina tiene 15 años y va a la farmacia con frecuencia. Antes compraba regaliz y clerasil para los granos. Hoy comprará un antiácido, que no necesita receta, porque la lógica ansiedad del evento le ha generado un poquito de hiperclorhidria, y pedirá también un antibiótico para el flemón. El flemón es casi tan pequeño como su embarazo, pero para ése sí que lleva una receta que le dio el dentista.
Luego pedirá la píldora “porsiacaso” —así la llama su amiga Loli—, que vale 20 euros (Loli no, la píldora). Loli vale mucho más, porque su padre tiene pasta por un tubo y ha comprado varias píldoras (su padre no, Loli) para no tener que ir a la farmacia después de estar con Manolo. Catalina supone que “porsiacaso” no es el nombre auténtico del medicamento, pero Nieves, que es una farmacéutica superguay, se lo aclarará.
Catalina está nerviosa pero contenta. Gracias a la nueva píldora será más libre cuando esté con su primo Borja. Además le han explicado en el cole que mientras el embrión no anide te lo puedes quitar, porque es como si no existiera. Y la anidación sólo ocurre unos días más tarde.
Cuando la profe lo dijo en clase, Richi, que es un bocazas medio tonto, contestó: “Eso es como decir que hasta que el niño no esté en la cuna no es niño y te lo puedes cepillar”. Catalina se mosqueó y dijo que “no es lo mismo Richi, qué bruto eres”; pero todos se rieron porque ya sabían lo de ella y Borja.
Catalina llega a la farmacia, pero como hay una vieja (lo menos tiene 40 años) comprando, pide primero el almax para la acidez y el augmentine que le ha recetado el dentista. La farmacéutica se lo trae todo y le pregunta: “¿quieres algo más, guapa?”.
Más miedo que vergüenza
Como la vieja no se acaba de ir, Catalina aprovecha para pesarse y comprobar que los tres helados que se tomó con los coleguis le han engordado casi medio kilo. Se va la vieja, y entonces dice: “ah, se me olvidaba. También quiero…, la píldora esa… pa después, ¿mentiendes…?

Nieves la mira de arriba a abajo y le pregunta si es para después de comer o para después de ponerse ciega de cocacola con güisqui. Catalina se mosquea y le dice que ya sabe ella de qué está hablando y que tiene derecho a la píldora comosellame. Entonces Nieves le responde que en su farmacia no se despachan abortivos aunque venga la ministra con una pistola; que a lo hecho pecho, y que se lo piensa decir a su padre (al de Nieves no, al de Catalina) para que se entere de lo que hace la niña.
Catalina se marcha con un mosqueo considerable y va en busca de otra farmacia alejada de su casa donde no la conozcan. Al fin la encuentra y le dan la famosa píldora. ¿Sólo una?, pregunta la niña. El boticario se le ríe a la cara y le dice que para qué quiere más. “¿Es que te dedicas a eso? ¿Eres una profesional?”

Catalina se ha tomado la píldora con un vaso de Coca-cola light. Ella habría preferido una copa de Baylis, que es dulce como un caramelo y, con un poco de hielo, te pones la mar de contenta, pero es que el alcohol no se lo venden ni con receta.
Por la noche piensa que ya puede estar tranquila; que la cosa no ha tenido importancia, porque además lo más probable es que no estuviera embarazada. Y si lo estaba era un embarazo muy pequeñito, y el embrión no había tenido tiempo de anidar. O sea que Nieves es una exagerada, pero no le dirá nada a papá. Y si se lo dice, que se lo diga. Porque ella tiene sus derechos, que se lo ha oído a una ministra muy mona que hay ahora.
Catalina se mete en la cama. Siempre ha rezado tres avemarías, pero hoy le da cosa y no reza nada.
Apaga la luz y se pone a llorar como cuando era muy pequeña y no podía dormir sola.



Enrique Monasterio
pensarporlibre.blogspot.com

miércoles, 20 de mayo de 2009

martes, 19 de mayo de 2009

El Estado de la Nación


Editorial del programa “Sencillamente Radio”


El “Estado de la Nación” es una percepción subjetiva que toma cuerpo de opinión pública a través de la arquitectura de nuestras circunstancias personales partiendo de unas condiciones generales objetivas, que son las que crea y fomenta la buena o mala gestión de los poderes del Estado. El debate sobre el “Estado de la Nación” ha cumplido su rito y su liturgia un año más, con la cuota de expectación añadida por la crisis y los más de cuatro millones de parados.
Pues bien, ante el espectáculo que no ha brindado nuestra casta política en el debate del “Estado de la Nación” no he podido evitar recordar a Ciro el Grande, el padre del imperio aqueménida, quien dijo de los griegos y de la ineficacia de las diversas ligas de las ciudades/estado que el origen de su desastre estaba en que eran hombres que tenían un lugar señalado en sus ciudades (La Asamblea) para reunirse, engañarse e insultarse unos a otros bajo juramento. Eso es exactamente lo que han hecho los que enfáticamente dicen ser los representantes del pueblo en el debate sobre el “Estado de la Nación”, pues en una situación desesperada de dimensiones catastróficas ellos se han entregado, una vez más, a ese gozo pequeño, sordo y maligno del insulto parlamentario que alimenta las portadas de los periódicos pero que no crea un puesto de trabajo mientras la rueca parlamentaria sólo teje telarañas sofisticadas en un intercambio estéril de promesas sin futuro.
En definitiva, la abismal diferencia que separa las palabras de la exigencia de la acción y que, como una constante histórica, demuestra que la política abstracta no es suficiente para servir al pueblo ni a la Nación ni al Estado, y que no da frutos verdaderos hasta que se hace herramienta de unidad, de progreso y de producción. De eso es de lo que carecemos y, a cambio, le ofrecemos una veneración talmúdica a un Estado autonómico/tribal que nos desintegra como Nación y a una casta política cuya avaricia es infinitamente mayor que su patriotismo y que sólo utiliza el nombre de España como desodorante.
¿El Estado de la Nación?: El Rey asistiendo sonriente al akelarre separatista de Mestalla y la tv ninguneándonos las imágenes y poniéndole sordina al rugido de decenas de miles de cabestros pretaporté que se cagaban en España mientras sonaba el Himno Nacional. ¿Estamos más civilizados porque tenemos menos dignidad, o tenemos menos dignidad porque estamos más civilizados? Esa es la cuestión, Majestad.
¿El Estado de la Nación? Bendito sea el pan de los trabajadores porque es el pan de la Justicia. Más de cuatro millones de parados contemplaron el debate sin más horizonte que las colas de los comedores y los roperos sociales, que no socialistas, de Cáritas Diocesanas.
¿El Estado de la Nación? Una niña de quince años no puede comprar un paquete de tabaco en un estanco. A una niña de quince años no le pueden servir un cubata en un bar. Una niña de quince años no puede votar, pero sí puede comprar libremente y sin permiso paterno una píldora abortiva en una farmacia.
¿El Estado de la Nación? Tolerantes en el celo y celosos en la tolerancia otorgamos nuestra confianza política a unas instituciones que están todas cargadas de mentiras; tan es así que no hay ni una de ellas que no merezca el más enconado desdén de un hombre decente.
¿El Estado de España?: Una Nación sometida permanentemente a la presión chantajista de las minorías sobre la inmensa mayoría, la mayoría soberana, la mayoría absoluta extraparlamentaria, la que paga, vota y calla, ese pueblo que ha perdido la palabra, la voz y la memoria.
Eduardo García Serrano. 19 de mayo.

Europeas 2009: FE JONS hace público su programa


Soberanía, trabajo, derechos, valores, solidaridad. Estos son los conceptos sobre los que FE JONS ha construido su propuesta para las Elecciones al Parlamento Europeo. Un programa ambicioso que, de hecho, supone un proyecto global de reforma de las instituciones europeas. Tenemos otra idea de Europa.


Porque queremos una Europa de naciones soberanas


Los falangistas valoramos negativamente tanto el aislamiento internacional como la mediatización extranjera en los asuntos españoles, por eso queremos que España forme parte de los proyectos de colaboración europea, pero no según el modelo del actual diseño de la Unión Europea. Queremos que España recupere su soberanía política y económica. Queremos que las decisiones que afectan a nuestra patria se tomen de acuerdo a los intereses de los españoles y no por imposición de las instituciones europeas..


Nuestra apuesta por la Europa de los trabajadores


A estas alturas no es un secreto para nadie que la Unión Europea patrocina y ampara un modelo social abiertamente liberal-capitalista. Tanto el fallido proyecto de constitución europea como el Tratado de Lisboa pretenden imponer a todos los miembros de la Unión un marco de relaciones laborales basado en la supremacía del dinero por encima de las personas. Frente a este modelo, España debería impulsar políticas laborales que hagan del esfuerzo de los trabajadores un valor superior al de la inversión de capital y, por supuesto, medidas conducentes a la entrega de los medios de producción a quienes verdaderamente producen. Tampoco creemos válido, tal y cómo la crisis ha puesto de relieve, el modelo de financiación existente. El crédito debe ser un servicio público, no un negocio. Por ello, si siempre hemos apostado por la nacionalización de las entidades bancarias, en estos momentos esta alternativa se ha convertido en una imperiosa necesidad


Por una Europa autónoma


Pese a la caída del Muro de Berlín y al irreversible hundimiento del comunismo en la Europa del Este, nuestro continente aún no se ha podido desembarazar completamente de los dictados de Yalta; esto es, de las potencias vencedoras en la segunda guerra mundial y, especialmente, Estados Unidos. Mientras los habitantes del antiguo telón de acero han tenido los arrestos de liquidar su dependencia de Moscú, los europeos occidentales, maniatados por esa institución servil a los apetitos de Washington que es la OTAN, hemos sido incapaces hasta aquí de poseer una política exterior independiente. Para los falangistas, pues, cualquier construcción continental que no pase por la expulsión de la OTAN de nuestro continente no será otra cosa que una pérdida de tiempo.


La Europa de los valores


España debe condicionar cualquier proyecto de colaboración internacional al respeto de los valores que los falangistas consideramos innegociables: la vida, la libertad y la justicia. Del mismo modo que no se entendería nuestra colaboración con los países que fomentan el terrorismo internacional, que amparan la esclavitud o aplican una vejatoria desigualdad de sexos, España no puede relacionarse con aquellas naciones que no respetan la vida, desde su concepción y hasta su muerte natural. Mientras la Unión Europea no condene el aborto, la eutanasia y la clonación, no consideraremos a esta institución digna de ser respetada. España compromete su legitimidad como proyecto histórico en la defensa de la vida, una defensa que nuestra nación debe asumir primero en su propio territorio para después exportarla al resto del mundo.


La solidaridad por bandera


Por su historia y por su identidad, España debe tender a la unificación cultural, económica y política con las naciones de la Hispanidad. Ante Europa, nuestra nación ha de constituirse en embajadora de la comunidad hispanoamericana, fomentando políticas de colaboración que ayuden a los países más desfavorecidos del otro lado del Atlántico a salir de la indigencia a las que el orden internacional les condena, forzando a sus habitantes a la emigración. Europa deberá ver en Hispanoamérica un aliado privilegiado, para evitar, al mismo tiempo, la irresponsable y criminal acción del imperialismo en una región que ha sufrido durante décadas imposiciones humillantes y políticas de rapiña.

domingo, 17 de mayo de 2009

SACERDOTE VALIENTE

Mientras la universidad "Católica" de Notre Dame condecoraba al abortista Barack Obama, a las afueras de la universidad, la policía detiene y arresta al Padre Norman Weslin quién con un grupo de fieles protestan por tan nefasto hecho. Es indignante ver a los buenos católicos pasar por estos atropellos, pero sin duda que el Padre Weslin recibirá en el Cielo su merecida recompensa por su valentía y fidelidad a Cristo.



Video extraido del exclente blog, que desde aquí recomendamos su lectura,

http://lascrucesdelasespadas.blogspot.com/

viernes, 15 de mayo de 2009

La nueva Covadonga


«Hoy la nueva Covadonga insurgente no está en valles inaccesibles o en comunidades rurales arraigadas; todo eso lo ha aplastado ya la modernidad. Hoy la nueva Covadonga insurgente está dentro de todos y cada uno de nosotros, también dentro de esa gente que está ahí fuera. Es como la cuerda dormida de un instrumento mudo; cuerda, sin embargo, que volverá a vibrar cuando reciba un sonido modulado en la tonalidad precisa. Hay que encontrar esa nota»

José Javier Esparza.

martes, 12 de mayo de 2009

Cervantes expulsado de Cataluña


Además de otras muchas la Lengua Española tiene una joya de concreción conceptual que la hace sencillamente sublime en la elasticidad de su expresión y en el perfil de los matices. Esa joya es la perfecta diferenciación entre los verbos SER y ESTAR, de la que carecen el inglés, francés y alemán. De tal suerte que no es lo mismo SER tonto que ESTAR tonto. El que ES tonto lo es a perpetuidad; y el que ESTÁ tonto lo es sólo de una manera transitoria. Es digamos, un tonto temporal y no un tonto con contrato indefinido.
Pues bien, los imbéciles con contrato indefinido del separatismo catalán acaban de legislar en su parlamentito aldeano la expulsión de la Lengua Española de todos los colegios, institutos y universidades de Cataluña. Platón, que era bastante más inteligente que cualquiera de los majaderos del separatismo español, identificaba imbecilidad con maldad. Así, todo tonto, según Platón es necesariamente un malvado. No hay más que verles la jeta a los líderes del separatismo para certificar que Platón tenía razón.
Los ayatolás del separatismo, cuya miseria moral e intelectual es lo único grande que albergan sus corazones, llevan años legislando para que la Lengua Española se use en las escuelas de sus aldeas como una lengua extranjera para reforzar las leyes del catalán, del vascuence y del gallego que, en esencia, no son más que leyes contra el español, una lengua milenaria que iguala y hermana a cientos de millones de hombres en todo el mundo desde la Junquera hasta la Patagonia, pasando por las hirvientes arenas del norte de África, allá donde los tuaregs perpetúan el idioma del escritor más grande que vieran los siglos: el Manco de Lepanto.
Desde los minaretes de las mezquitas de Marruecos y las sinagogas sefarditas de Tierra Santa y desde los templos cristianos de todo el orbe hasta los arrozales de Filipinas y las plantaciones de cacao de Guinea Ecuatorial, cientos de millones de hombres rezan y maldicen, aman y odian, hablan y escriben en español, la hermosa lengua que nace literariamente en las Glosas Emilianenses y las Glosas Silenses, aquellas anotaciones marginales en castellano a los textos latinos que servían a los monjes de Silos y de San Millán de la Cogolla para enseñar latín a los novicios. Aquellos laboriosos monjes de más de mil años que, con su afanoso Mester de Clerecía, convirtieron el latín en castellano no sospechaban que la lengua que ellos cincelaban en sus claustros y refertorios se universalizaría quinientos años después, convirtiéndose en El Español, cuando las naves de Castilla cambiaron el rumbo de la historia y el curso de la Humanidad al dar con sus proas en las costas del Nuevo Mundo.
Pues bien, en el año 2009, cuando El Español se ha convertido en el segundo idioma del mundo y su enseñanza es, por necesario, obligatoria en casi todas las escuelas y opcional en el resto, aquí, en tres regiones de España, cuatro políticos catetos, cuatro mandarines del separatismo más cutre, rancio y trasnochado, cuatro fanáticos que han perdido la perspectiva a fuerza de contemplarse el ombligo, le están robando a los españoles que nacen, viven o trabajan en Galicia, Vascongadas y Cataluña la posibilidad de aprender, como se aprende a caminar, sin guardar memoria del esfuerzo, a hablar una lengua universal con la que poder comunicarse con cientos de millones de hombres en todo el mundo.
Evidentemente, ni la vileza de los sacristanes del separatismo ni la cobarde complicidad del PSOE y del PP mermarán, en absoluto, el vigoroso crecimiento de la lengua de Cervantes en todo el mundo donde, más que les pese, se expande como un rocío de palabras con mil acentos distintos desde “un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” hasta los hielos eternos de la Antártida, donde Neruda y Borges perpetúan, en la cintura cósmica del sur, la lengua que hace más de mil años nació acunada por el latín y mecida por la paciente laboriosidad de unos monjes riojanos, navarros y vascones en el belén de San Millán de la Cogolla.


Editorial del programa “Sencillamente Radio”
Eduardo García Serrano