viernes, 2 de abril de 2010

Soneto a Cristo crucificado


No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

jueves, 1 de abril de 2010

1º de Abril


El día que España venció al comunismo


lunes, 29 de marzo de 2010

Así escribe el Ministro de Defensa de Canadá a una pacifista: "El lunes le enviaremos un terrorista a su casa"


Una canadiense pacifista escribió a las autoridades de su país quejándose del trato que se da a los "insurgentes presos" (terroristas) detenidos en Afganistán. Le contesta el ministro de Defensa en los siguientes términos:

Estimada ciudadana comprometida:

Gracias por su carta en la que expresa la preocupación por el trato que damos a los terroristas talibánes y de Al Qaeda en manos de las Fuerzas Armadas Canadienses. Se los transferimos al Gobierno de Afganistán que los mantiene presos en su sistema carcelario. Pero, en atención a las quejas que recibimos de ciudadanos comprometidos como usted, hemos creado un nuevo programa LARK [iniciales en inglés para Responsabilidad Aceptada de los Liberales para con los Asesinos].

De acuerdo con ese programa, hemos decidido seleccionar un terrorista y colocarlo bajo la dependencia de la familia de usted. El próximo lunes tendrá usted en su casa a Alí Mohamed Amé Ben Mahmud (puede llamarlo simplemente Amé). Espero que puedan tratarlo amablemente tal como exigía usted en su carta de protesta. Lo más probable es que necesite usted contratar a algunos ayudantes para esa misión.

Cada semana nuestro departamento le va a hacer una visita de inspección para comprobar que se tienen en cuenta los principios de buen trato que exigía usted en su carta. Debo advertirle que Amé es un psicópata extremadamente violento, pero confiamos en que, con la sensibilidad que usted manifestaba en su carta, logrará superar ese inconveniente.

Seguramente tiene usted razón al describir esos problemas como meras diferencias culturales. Pero insistimos en que su huésped resulta extremadamente eficiente en el combate cuerpo a cuerpo y que puede matar con un lápiz o un cortaúñas. Le rogamos que no le pidan a Amé que demuestre esas habilidades en el grupo de yoga al que usted asiste.
Además, Amé es un experto en fabricar artefactos explosivos con productos caseros; así que tenga bien guardados esos productos a menos que en su opinión esa decisión pueda ofender a Amé.

El terrorista no querrá relacionarse con usted o con sus hijas (excepto sexualmente) puesto que él considera a las mujeres como meros objetos. Ese es un aspecto muy sensible, puesto que se le han observado tendencias violentas respecto a las mujeres que no cumplen con el atuendo prescrito en las costumbres islámicas. Así pues, confío en que a usted no le moleste llevar el burka; de ese modo contribuirá usted a respetar la cultura y las creencias que manifestaba en su carta.
Gracias otra vez por su preocupación. Estamos muy reconocidos a las personas como usted e informaremos a nuestros conciudadanos de su cooperación. Buena suerte y que Dios le bendiga.

Atentamente, Gordon O’Connor, ministro de Defensa

http://www.diarioya.es/

sábado, 27 de marzo de 2010

viernes, 26 de marzo de 2010

Editorial de LGE al programa 37: Crisis de valores y educación temprana


Cada mañana, desde hace un par de años, nos desayunamos los periódicos y programas de radio y televisión con una misma noticia: estamos atravesando la peor crisis de la historia.
Y es cierto. Pero – con ser terrible – nosotros al menos no nos referimos a la crisis económica. Nos referimos a una mucho más salvaje, premeditada, buscada con ahínco por los enemigos de España y la Civilización Occidental; orquestada desde todos los frentes simultáneamente y creada para que perdure generación tras generación. Nosotros nos referimos a la crisis de valores.

Las generaciones actuales observan con desinterés cómo la profesión más lucrativa del mundo y la que menos problemas conlleva es la de político. Observa curioso, cómo se exige al español de a pié que apechugue con nuevos impuestos, con recortes en sus prestaciones sociales, con períodos más largos de trabajo... mientras cuenta por millones las estafas, los abusos, las corrupciones de todo signo, especialmente las ligadas al urbanismo, los requisitos para que un ministro se jubile con el 100% de su remuneración.


Mira con curiosidad cómo los presupuestos del estado se dedican incansables a abrir tumbas, a buscar cadáveres a reescribir la historia, a borrar los signos y los vestigios de cualquier pasado heroico, nacional y unitario.


Observan cómo en Andalucía e impone el árabe como segundo idioma, para garantizar la integración – dicen - mientras los docentes amenazan con la huelga por la nueva ley de educación andaluza que convierte en comisarios políticos a los directores de colegio.


Aprenden a marchas forzadas a chapurrear otros idiomas regionales, no por amor a lo propio, sino porque lo contrario cuesta multas, persecución, desempleo, falta de oportunidades...


Quedan atrapados en enormes nevadas porque los servicios meteorológicos nacionales (los de la nación y los de la nacionalidad) ofrecen datos contradictorios, fruto, naturalmente de la inquina que el estado opresor central tiene hacia las “naciones periféricas” obsequiándolas con todos los males deseables y tratando de atribuir nevadas imperiales a zonas donde lo lógico son las nevadas nacionalistas.


Ignoran dónde nacen los ríos, que regiones atraviesan, cuales son las razones porque las que gallegos, colombianos y catalanes hablamos el mismo idioma y rezamos al mismo Dios. Creen que los Almogávares son una fuerza mercenaria catalana a las órdenes de imperios vecinos, y que existió alguna vez un reino catalano-aragonés, unos paísos catalans, una Euskadi del norte y otra del sur, una rebelión catalana contra España...


Creen que la Cruz que alumbró nuestra civilización es un invento opresor de Franco, que las parejas naturales se constituyen por cualquier cosa menos por hombres y mujeres. Necesitan un “mapa de excitación del clítoris” y saben que “el placer está en sus manos” cuando acuden a los seminarios de masturbación juvenil subvencionados por la administración.


Y lo hacen, aunque saben que pueden abortar – asesinar a sus hijos - desde los 16 años sin pedir permiso a nadie y como método anticonceptivo legal.


Se lo enseñan en Educación para la Ciudadanía, que ha sustituido toda formación en valores por la formación en la muerte, la destrucción, la corrupción. Elevan a valores supremos la tolerancia y la democracia y eluden, destruyen, aplastan otros como Bien, Verdad y Justicia.


Y por supuesto nada saben del Cid, de los Reyes Católicos, del 2 de mayo - que es una cosa de la nación madrileña que a nadie interesa – de Don Pelayo, del Santuario de la Virgen de Covadonga, de Guadalete, del descubrimiento y evangelización de América.


Sencillamente porque no se lo han enseñado. Porque se lo ocultan, porque patriotismo, valor, heroísmo, compromiso, ciencia, literatura, pensamiento, trabajo son palabras que han sido borradas de sus lenguajes hedonistas donde sólo importa cada uno de nosotros. Donde el bien personal está por encima del de la comunidad. Donde la misma palabra comunidad se restringe al terruño donde uno nace o que a uno le acoge.


Pero como en Covadonga, algunos resistimos. Algunos creemos que ni está todo perdido ni se lo vamos a poner fácil. En este programa no nos resignamos a morir. No sin luchar. Lo van a ver y oír nuestros oyentes. Porque hay quienes con sencillez, con amor, con cariño, con la pasión de quienes aman lo propio por lo que significa en el mundo, han levantado barricadas y blocaos y están dispuestos a contar la verdad. Y en esta casa, estarán los altavoces para ello. Nuestros invitados de hoy tienen la palabra. Acomódense y escúchennos.
Martín Ynestrillas



http://lagranesperanza.espacioblog.com/

miércoles, 24 de marzo de 2010

"Celibato y pederastia"


Si mañana se declarase una plaga que asolase un continente entero y se descubriera que en una región determinada cuyos pobladores practican la dieta vegetariana tal plaga también se ha declarado, aunque con mucha menor virulencia, a nadie en su sano juicio se le ocurriría deducir que si la plaga no ha respetado a los pobladores de dicha región es precisamente porque son vegetarianos. Por el contrario, se deduciría que la dieta vegetariana, aunque no inmunice contra el contagio, lo hace mucho más improbable; y se concluiría que, si unos pocos pobladores de dicha región han caído víctimas de la plaga que devasta el continente entero, es más bien porque los hábitos alimenticios menos saludables de regiones limítrofes han corrompido la dieta tradicional que los pobladores de dicha región habían mantenido inalterada durante siglos. Y, para combatir la plaga, no se condenaría la dieta vegetariana, sino que, por el contrario, se trataría de deslindar cuáles son los hábitos alimenticios menos saludables que fomentan su propagación.
A nadie se le escapa que nuestra época padece una plaga de magnitud creciente llamada pederastia. No hay semana en que no leamos en la prensa que se ha desarticulado una red de pornografía infantil; no hay semana en que no sepamos de niños que han sufrido abusos perpetrados por adultos sin escrúpulos, con frecuencia familiares suyos. Y, mientras la plaga arrecia, descubrimos que también se ha extendido, aunque con mucha menor virulencia, entre los sacerdotes católicos: así, por ejemplo, en Alemania, de las 200.000 denuncias de abusos infantiles realizadas desde 1995, sólo 94 afectan a ministros de la Iglesia. De lo cual habría de deducirse, en estricta lógica, que el celibato, si no inmuniza contra la pederastia, la hace mucho más improbable; y también que si unos pocos sacerdotes han incurrido en tan aberrante crimen es más bien porque la plaga que padece nuestra época se ha infiltrado en la Iglesia, corrompiendo con sus hábitos perniciosos lo que estaba más sano que el resto. Y, en nuestra lucha contra la pederastia, lejos de condenar el celibato, trataríamos de deslindar cuáles son esos hábitos perniciosos que se enseñorean de nuestra época.

Pero en la campaña feroz que en estos días se promueve contra la Iglesia nada se rige por el «sano juicio». Y, así, se establece una relación directa entre celibato y pederastia que la estricta lógica repudia; pero ya se sabe que cuando el misterio de iniquidad anda suelto, la estricta lógica es vituperada, escarnecida y sepultada por el odio. Establecer una asociación entre celibato y pederastia es tan desquiciado como establecerla entre ayuno y triquinosis. De una persona que infringe el ayuno que a sí misma se ha impuesto podremos predicar que carece de fuerza de voluntad, o de convicción; pero si esa persona que infringe el ayuno enferma de triquinosis habremos de concluir, inevitablemente, que le gusta comer cerdo. De un sacerdote que infringe el celibato podremos predicar que las debilidades de la carne ejercen sobre él un imperio más fuerte que la lealtad a sus votos; pero si un sacerdote abusa de un niño habremos de concluir, inevitablemente, que padece una desviación sexual. Sacerdotes débiles, infractores del celibato, los ha habido siempre, como queda testimoniado en la obra de Lope de Vega o del Arcipreste de Hita; pero su debilidad la han satisfecho con mujeres. Los escasos sacerdotes que abusan de niños no lo hacen porque su sexualidad esté reprimida por el celibato, como desquiciadamente pretenden los promotores de esta campaña feroz, sino porque su sexualidad está desviada. En la misma dirección, por cierto, que nuestra época aplaude y estimula y promueve, aunque luego se rasgue farisaicamente las vestiduras cuando tal desviación se ensaña con la infancia.

Juan Manuel de Prada, "Celibato y pederastia", ABC, 20.III.10

jueves, 18 de marzo de 2010

martes, 16 de marzo de 2010

Los plantados saben morir de pie


Cuando hace unas fechas, el miserable, cobarde, despreciable "Gili" Toledo se ganaba, por esta semana, el premio al Imbécil Internacional del año - que generalmente ostenta Zapatero y que concede virtualmente este programa – cuando hablaba de Cuba y de la muerte de Orlando Zapata, al que definió como un delincuente común, y se refirió al perfil de los presos políticos cubanos tildándolos de terroristas, no sabía - seguramente - hasta qué punto su baba, su putrefacto planteamiento, lo dejaba en evidencia.
No, no me refiero al sindicato de la ceja. Ese que, con sorprendentes excepciones, ha acudido en defensa del excremento cinematográfico como un solo hombre – ahí tenemos sin ir más lejos a Miguel Bosé que, por alguna razón desconocida no se ha trasladado a vivir todavía al paraíso cubano – nos referimos a sus propios planteamientos. Y es que resulta que según sus propias declaraciones, si uno atenta gravemente contra la patria, si uno comete actos de terrorismo y se le niega, por supuesto, el derecho a ser considerado preso político; si uno es, en definitiva, un preso común “como todos los disidentes cubanos” - "gili tolerdo" dixit – no tiene nada de particular pasarte 30 años encerrado en una democrática prisión y dejarte morir de hambre.

Ello implica, claro, creer en el concepto de patria, reconocer que existe el terrorismo, negar que el terrorismo sea una causa política y despreocuparte de si se mueren o no semejantes seres. El problema es que esta escoria ha caído en su propia trampa, porque en Cuba los que los que pelean con la sola fuerza de su voluntad y de sus hechos, los que están dispuestos a dejarse morir – y lo hacen - por principios tales como la Libertad y la Patria, son precisamente los disidentes, mientras que en España, donde descerebrados como este afirman que los “barcos españoles van a robar a Somalia” o que “en España también han muerto decenas de presos en las cárceles”, son los terroristas, los asesinos, los apátridas y los canallas los que se convierten en santos de su devoción atea y marxista.

Así, sindicalistas cejudos como el fallecido en buena hora Pepe Rubianes – aquel que ”se cagaba en España y le sudaba los cojones...” recibía el aplauso de todos estos canallas que apelaban a la libertad de expresión mientras le dedican calles previamente arrancadas al “Almirante Cervera”; aquellos otros que llevaban al teatro obras con tan sugerente título como “Me cago en Dios”, merecían la solidaridad de todos ellos; El multi asesino psicópata De Juana Chaos, era considerado un "soldado" y despertaba la solidaridad ante la, por otra parte imposible, muerte de dieta de jamón serrano y sexo que se daba en los hospitales españoles y Aminatur Haidar – esta sí con nuestra comprensión – llevaba a todos a la protesta y la movilización por su inminente muerte.

Están trazadas las fronteras y es necesario alinearse. De un lado están los liberticidas, los canallas, los asesinos activos o pasivos, los marxistas de siempre y toda su cohorte de ricos subvencionados para vivir como dioses en el paraíso capitalista e ir de vacaciones a buscar “jineteras” y fumarse puros a costa de la sangre cubana; de la otra estamos quienes creemos de verdad en la Patria, en la Justicia, en la Libertad, en los valores por los que merece la pena entregar la vida al servicio de una gran empresa. Y con este estado de cosas sólo podemos estar con los Orlando Zapata, con los Guillermo Fariñas y con tantos otros que han demostrado que su concepto de una Cuba Libre merece ser vivido, hasta morir por ello.

Vendrán otros tiempos, acabado el castrismo, en los que quizá tengamos que juzgar con dureza a quienes sustituyan al dictador, pero todo eso vendrá después de que el pueblo cubano reciba hoy nuestro apoyo y nuestra mayor consideración.

Hoy le vamos a explicar a "Gili Tolerdo", a Miguel Bosé, a Moratinos, a Zapatero - tan remisos ellos a realizar condenas - lo que hay de verdad detrás de la disidencia. Será en la tertulia, donde también dedicaremos nuestro particular homenaje a las víctimas del 11-M - de cuyo atentado hoy se cumple el sexto aniversario - de la única forma que sabemos hacerlo los falangistas: exigiendo la Verdad, pero sobre todo, exigiendo Justicia.

Pero será después de nuestro ya casi habitual recorrido por la Memoria Histórica, pues hoy traemos a examen a un personaje controvertido que, como todos los vinculados al régimen anterior – y en muchos casos aunque no lo fueran – ya ha sido desprovisto de sus reconocimientos, y su estatua ignominiosamente arrancada de su lugar. Hoy, con su biógrafo más reciente, nos acompañará, de alguna manera, el general Yagüe, el general falangista de Franco. Acomódense y escúchennos.
Martín Ynestrillas

lunes, 15 de marzo de 2010

ME ACUSO DE NOSTALGIA


Hoy tengo la absoluta necesidad de escribir a un camarada. Podría escribir a muchos. Pongamos, por no exagerar, que a unos cuantos. Pero como el corazón no es un fichero, sin necesidad de revolver la memoria mecanizada me encuentro con que la carta va dirigida a ti, camarada casi desconocido, camarada de un doloroso momento o de un alegre instante. Camarada que ahora vienes hasta mí para que desahogue esta necesidad epistolar.
Me acuso de nostalgia, camarada, y por este pecado solamente a él le pido perdón. Solamente a José Antonio. Nuestro tiempo no da cuartel a ningún sentimiento que adormezca el sentido de la acción, y, sin embargo, cada año, en este día, es preciso confesar a las claras la tristeza imborrable que llevamos en el alma. Somos una generación condenada, por la muerte de nuestro capitán, a enlutar el júbilo. Podremos coger el triunfo con las manos y atarlo a nuestro destino y domarlo como a un potro salvaje, y siempre tropezaremos con este pensamiento que nos aguijonea constantemente: ¿Qué diría él?, ¿Qué haría él? ¿Qué palabras nos enviaría él? Nos mataron la sonrisa y andamos por el mundo en una orfandad decidida y vengativa. ¿Recuerdas? «Los nuestros no cayeron por odio; sino por amor», y a pesar de ello, cada año, en este día, se remueven los posos del odio en el corazón, aun sabiendo que la mejor venganza de su muerte, que la derrota más completa de los que le asesinaron, está precisamente en llenarles alma y cuerpo con el ejemplo que él nos legó, con sus palabras luminosas, que aún nos mueven y todavía levantan —frente al mundo hostil— banderas de esperanza.
¿Recuerdas?. ¿Eras tú el que estaba junto a mí aquella tardada roja de Somosierra? Sí, debías de ser tú; llevabas la camisa azul, ya con un leve color desteñido por el polvo de la carretera de Burgo de Osma, por el solazo valentón de fin de julio o comienzos de agosto, por el roce con la tierra dura, por la festiva inclemencia de aquella guerra que queríamos voluntariamente por España. Eras tú, con tu camisa azul, tus dieciocho años, tu pinta desgarbada, tus cartucheras dando las boqueadas y tu barba incipiente y rojiza, mezcla de barba de pirata adolescente y de barba de San Francisco del Greco. Solamente que tú amabas los pájaros fritos y llamabas a tus hermanos, camaradas. Se caía una tarde de guerra con el primer avión abatido, y un piloto contrario, flamenco él, arrojaba periódicos sobre nuestras elementales posiciones. Nos defendía la roca, la pura naturaleza. Todavía no habíamos inventado el ingeniero. Fortificar nos parecía inútil y para una vez que nos mandaron cavar trincheras, casi nos sublevamos. Cantábamos los enlaces:

«Ay, enlace, ay enlace,
cómo te van a joder
con el pico, con el pico
y con la pala, y el capote
del teniente coronel. »

Todos los días organizábamos nuestra risa a base de los periódicos rojos, y aquel día brotó el júbilo, como la llama primera de la primera hoguera nocturna, con la noticia de un periodiquillo provinciano, humilde: «José Antonio, al frente de una columna de falangistas, marcha sobre Madrid desde Alicante.» Saltábamos encima de los parapetos que hace miles de años hizo Dios pensando ya en nosotros. Alguna bala escocida, adivinadora del contento, nos zumbaba en los oídos. Veíamos a José Antonio en cabeza, entonando el rabioso «Cara al sol» del cine Europa, el «Cara al sol» del 2 de febrero, ordenando las guerrillas, cercando Madrid con ese dificil amor que nos lanzó al combate. Lo veíamos triunfador, pisando las calles de la capital en son de guerra, ordenando la paz, y nos mordíamos las manos de impaciencia porque él iba a tomar Madrid antes que nosotros y nosotros no llegaríamos a verlo.
Por los pueblos navarros, por la tierra encendida de la Rioja, por la Castilla inmensa habíamos gritado «¡Viva José Antonio!», y mirábamos con desprecio a los pocos que no entendían el grito. Alguno les explicaba quién era José Antonio, y entonces las pobres gentes se sumaban al clamor falangista diciendo: «¡Ah, Primo de Rivera!».
¿Recuerdas? Perdóname si uso con demasiada frecuencia esta detestable palabra. Por nada del mundo quisiera ser un coleccionista de recuerdos. Es mejor ser un coleccionista de motivos que fabrican recuerdos. Pero... ¿Recuerdas?. Tú estabas a mi lado, y los dos juntos conocimos al humilde falangista que llamó César por vez primera a José Antonio. Fue en la aventura del primer diario de la Falange. En la cueva del periódico, que tenía algo de catacumba, algo de bodega y algo de orfeón, se montaban las planas con un exquisito gusto geométrico. Que jamás las buenas formas estuvieron reñidas con la necesaria violencia. Y a las tres de la mañana, la hora de los grandes éxitos o los grandes fracasos, en una de las páginas había una carie feroz por falta de original. Se discutió, todo lo ampliamente que dejaba la prisa, sobre la conveniencia de colocar allí alguno de los numerosos entrefiletes explosivos que dormían, compuestos y sin sitio, sobre una larga mesa de madera. Y fue entonces cuando este camarada escribió en una cuartilla de posteta: «José Antonio»; y debajo un triple grito: «Cesar. César. César». Acababa de llegar del frente y olía a frente, y su manta vieja esperaba entre los papeles viejos la ocasión de cubrir su sueño. Se compuso su propuesta, y con un rito sencillo —el del silencio— se encajó el paquete en la página. Después cantamos, y nuestra canción no estorbó ni un poco el hermoso roncar de aquel camarada que dormía entre los papeles de desecho. Al fondo las bobinas amontonadas daban a la catacumba un aire de bodega. Era un licor fuerte el que se destilaba en Pamplona, en el cuartel Martínez de Espronceda, en la casa de Arriba España, primer diario de la Falange. Por la mañana, nadie extrañó el que a José Antonio se le hubiese llamado César. Y tú, y yo, camarada, conocemos al falangista anónimo que tuvo la idea. Y tú y yo hemos esperado junto a Fermín Yzurdiaga la vuelta de José Antonio. Un tan seguro y próximo retorno que ya estaba diseñada la tribuna desde la que había de hablar a los falangistas navarros.
¿Recuerdas? Un pintor no vendía su retrato de José Antonio esperando a que volviera para regalárselo. Una novela, casi terminada, aguardaba la suprema aprobación de José Antonio. Un resentido, con razón o sin ella, dejaba su resentimiento en el último escondrijo del alma y combatía limpiamente esperando que José Antonio aventase el motivo de su amargura. Si una cosa no se alcanzaba en toda su plenitud, cuando volviese José Antonio se alcanzaría. Si un dolor o una desesperanza o un desaliento socavaban la fe, se sacudían los hombros diciendo: «¡Bah! Cuando vuelva José Antonio...».
Todos tenían noticias de él. Todos sabían de una carta que nadie había visto. Las gentes esperaban de él la madurez de la buena nueva. Las gentes hablaban con sus palabras, y en los escaparates de las tiendas estaba su retrato y en las chabolas del frente de Vizcaya, y en las casas destruidas de Huesca, y en la andariega mochila y en el bolsillo de la camisa azul estaba su retrato. Los que podían exhibir un carnet firmado por José Antonio lo hacían con el orgullo del que puede mostrar, sobre el pecho, una laureada. Los que no podían se excusaban diciendo: «mi carnet quedó en Madrid y lo habrán quemado mis tíos, o quién sabe si los mismos rojos.» Fue el tiempo en que había falangistas del año veintiocho y escoltas de José Antonio por millares y gentes que tomaban café en «La Ballena Alegre» por centenares. Se comulga en José Antonio y en su recuerdo, en su noticia, en su futuro. Octubre acababa de caer y nacía noviembre junto a Madrid.
¿Recuerdas? Fue un dolor unánime, como más tarde su traslado a Alicante, ya muerto y victorioso, fue el unánime plebiscito de una voluntad española que empujaba con fuerza. Los que le oyeron y los que no le oyeron; los que le siguieron y los que le persiguieron; los que le vieron y los que no le vieron y los que cerraron los ojos a su luz; los campesinos, los soldados, los marineros, los viejos, los combatientes, los estudiantes, las mujeres, los obreros, los burgueses, las muchachas, los aristócratas, las gentes del Norte y las del Sur, las del Este y el Oeste; toda la España conforme y disconforme, toda la España nuestra, la irrenunciable, la amiga y la enemiga, sintió un momento de unidad en la amargura, paso primero hacia la unidad que afanosamente buscábamos por una simple necesidad de existencia y de grandeza. Porque si en España estaba pasando algo, era que volvía el tiempo en que los españoles, recobrada su casta, necesitaban existir con la vieja amplitud a que les daba derecho —a que les da derecho y obligación— su historia y su rabia, su hambre de justicia y concordia. Y si entonces no pasaba nada, si ahora que te escribo a ti, camarada, resulta que todo fue vano, que Dios nos maldiga.
¿Recuerdas? En el frente y en la ciudad, en los hospitales y en las aldeas alejadas cayó como un cielo de silencio, como una losa de estupor, como una gran águila derribada. Fue una noche triste —la segunda noche triste de España— y, al leer los periódicos que dieron la noticia, una especie de fe sobrenatural nos soplaba en el corazón que aquello era mentira y que Dios no podía consentirlo. Exactamente así. Por eso, al amanecer, con el silencio oficial comenzó a izarse la esperanza, y un olvido y un deseo de los que nadie puede hablar con precisión científica, nos trajeron la resurrección del ánimo. José Antonio volvería a nosotros. José Antonio no había sido asesinado. No fue un caso de sebastianismo porque nuestro pueblo es demasiado realista para agarrarse a ese género de clavos ardientes. Fue el resultado de un razonamiento frío y lógico. Nadie podía creer aquello porque el mundo seguía dando vueltas y porque la tierra no crujía y porque el sol como siempre, también había salido aquella mañana.
¿Recuerdas? Ahora sabemos que entonces comenzó la leyenda. Había cruceros misteriosos en torno a la cárcel de José Antonio; ó bien, José Antonio estaba herido, pero a salvo; o bien, en una tierra extraña, a veces amiga y a veces enemiga, guardaban a José Antonio para el tiempo de la paz. Cada día una nueva noticia alentaba nuestra esperanza. Cada día se doblegaba el desaliento hablando de José Antonio. Los que venían de zona roja sabían la pura verdad y en dos días la olvidaban, ganados por la increíble temperatura de la zona nacional. Se rezaba por la vuelta del ausente, se escribían poemas al ausente, se analizaba la doctrina del ausente, y, sobre todo, la mejor juventud de España moría por él. «Su figura cobra todas las condiciones del héroe político y corona de todas ellas, preforma el ideal masculino popular, y muchos niños que nacen se llaman como él, José Antonio», anota agudamente Gonzalo Torrente Ballester.
Es verdad, y tú y yo hemos asistido a un bautizo semejante. Dos nombres caían sobre la frente de los recién nacidos: José Antonio y María Victoria. La fe en José Antonio y la fe en el triunfo. Las dos grandes fuerzas que ganaron la batalla. Un gigantesco amor unía a los españoles: le amaban, por fin, los que pudiendo entender su mensaje no habían querido hacerlo, y le amaban los que le habían odiado sin conocerlo: unos, porque en las filas nacionales se habían contagiado de la pasión falangista; otros, porque en las filas rojas comenzaban a saber que sólo un hombre capaz de morir como él podía dar la señal que pusiese en marcha a todos los españoles. Porque sólo él era capaz de perdonar y unimos en el mismo coro.
Era José Antonio el héroe popular, el jefe soñado, la voz que cada cual hubiera querido escuchar, el hombre por el que se puede morir a los veinte años. Desde los romances del Cid hasta los de José Antonio ningún mito había calado más profundamente en el alma colectiva de España.
Decíamos entonces, ¿lo recuerdas? igual que decimos ahora. Lo decíamos en las noches de guerra, en los amaneceres de guerra, en los descansos de la guerra, en los hospitales de la guerra: el mejor hombre de España. Y aquella tarde de noviembre, junto al aparato de radio de la sala de oficiales, mientras llovía con terquedad norteña y brillaba el asfalto de la carretera y ya estaba la victoria en la mano, oímos las palabras definitivas: «Ha muerto José Antonio.»
Fue el mejor hombre de España y habló para nosotros. Habló de la Revolución Nacionalsindicalista, no de otra. Habló de la Unidad, de la Grandeza y la Libertad. Habló de la Patria, el Pan y la Justicia. Habló de los campos y de las ciudades. De todo esto habló para nosotros. Habló para los hijos de los que vengan tras nosotros. Habló para los siglos de los siglos de España.
Que su voz. hecha ya aire divino, llegue a nosotros como llegaba entonces: como sangre, como fe, como voluntad, como inteligencia, como valor. Así sea.
Y en este instante en que me acuso de nostalgia, confiesa, camarada. que tú también sientes, renovado, el dolor de aquellas horas en que el mundo era una cosa tan increíble como la noticia. Confiesa tu nostalgia y en la memoria de José Antonio sigamos adelante. En el campo, en la fábrica, en la escuela. En el hogar, a veces escindido. En nuestra intimidad, a veces desorientada por poderosos vientos circunstanciales. Recuerda, camarada. que José Antonio es nuestro más sagrado y tremendo juramento.



RAFAEL GARCÍA SERRANO

sábado, 13 de marzo de 2010

30 años sin Félix Rodríguez de la Fuente


Hemos de hacer todo cuanto esté en nuestras manos, hemos de luchar juntos, unidos, tenazmente, para que, como ha muerto la roca de los halcones, no muera también una roca mucho mas grande, una roca redonda, inmensa, una roca con corazón de hierro y basalto, una roca con piel de agua y nubes, una roca con voz de trinos de pájaros y rumor de brisa, en la que se está mezclando con demasiada fuerza el estruendo de las máquinas inventadas por los hombres; una roca que viaja por el espacio tripulada por la especie humana y por todos los animales vivientes; una roca que a mi me gusta llamar planeta azul.
Félix Rodríguez de la Fuente

miércoles, 10 de marzo de 2010

LOOR DE EXPAÑA.


En la vejez, la España sin dientes y con ojos ciegos no mira ya la curva del horizonte: ni lo futuro ni lo pasado pueden aliviar a quien los ha olvidado. Vuelta Expaña, la anciana es barragana del invasor inútil y le dedican estos loores mientra se piensa en aquella novia faldicorta, hermosa y divertida que fue alguna vez antes de acogerse a las sombras.
Expaña, brindis al sol que más calienta, verano de nieves, reunión de rabadanes, propósito sin enmienda, crónica lesión, riñón sin forro, bandera gris, huevo marchito.
Expaña, distancia ambigua, verdad negada, hormona sin Patria, boca con zapato, alma de vapor, kilovatio sin calambre. Expaña, Nóbel del sueño, pesadilla sin noche, cielo sin lucero, fango sin alfarero, furia sin Polar. Capital del sordo, voz del mudo.
Expaña, horror del vacío, castillo moro, soledad de perro. Venezuela sin gorila, banco sin crédito, peseta del euro. Hambre de mañana. Alpargata de pasado. Guadalete del milenio. Tumba excavada, hueso común. Aborto de la luz. Vagancia del seso.
Expaña, marejada de olvido, viento dormido, gloria sin corona. Sur de Marruecos. Ojo ciego, apéndice gusano. Satélite trasatlántico, terremoto de agujero. Expaña, izquierda a la derecha, gravedad sin centro, maricón casado. Tierra sin surcos. Espiga sin grano. Hogaza sin pan. Tripa sin vello.
Expaña, seso indiscreto, cántaro sin alma, mosca de cadáver. Pueblo con dueño, demo sin pueblo, acueducto imposible, espina sin pétalo, rosa de desierto, loba sin mamas, sangre sin hierro. Infarto del tiempo.
Expaña en cuadro; Expaña en círculo; Expaña en braga. Ramillete de cardos. Pozo de promesas, polvo de cementerio. Torre de necios. Marejada codiciosa, ola sin espuma, tiburón cansado.
Expaña, tizona sin filo, cuajarón antiguo, alcazaba de vergüenzas, espino sin flor, nube sin cielo. Expaña, lágrima a solas, rezo invertido, vaso sin agua, bota sin vino.
A ti te digo, Expaña, bozal del libre, candado del esclavo, labor sin tierra, cañón dormido. Pólvora de agua, clavel de ceniza, libro sin profeta, verso sin poeta.
A ti te digo: te comerán despacio. Desván de arañas, sótano de hienas, vieja con espejos, jota sin voz, guitarra sin bordón. Música perdida.
Tizón oscuro.
...
Arturo Robsy
Extraído del blog de mi camarada Rafael

lunes, 8 de marzo de 2010

Cuatro minutos


Me llegan, por amigo interpuesto, los comentarios de uno de los infantes de marina que estaban en el Índico durante el secuestro del Alakrana -del que, por cierto, nadie explicó de modo satisfactorio qué bandera llevaba izada, o no, cuando le dijeron buenos días-. El citado mílite es uno de los que intervinieron en la persecución de los piratas somalíes cuando éstos, después de trincar la pasta, salieron a toda leche para refugiarse en la costa. Viniendo de donde vienen, no es raro que los comentarios revelen insatisfacción por las órdenes recibidas y por el grotesco desenlace. Desde su comprensible anonimato, el infante de marina se desahoga, contando que los malevos estuvieron a tiro, pero las órdenes eran no disparar bajo ningún concepto, pues nadie estaba dispuesto a admitir muertos ni heridos en aquel sainete.

Todo es conocido de sobra, y no merece volver sobre ello. Pero hay una frase que tengo por significativa, porque explica no sólo lo delAlakrana, sino muchas otras cosas: «Tuvimos de tres a cuatro minutos para detenerlos. Pedimos órdenes y hubo silencio». Con esas interesantes palabras en el aire, les invito a un bonito e instructivo ejercicio. Cierren los ojos e imaginen. Lo han visto veinte veces en el cine o la tele: las lanchas de los piratas zumbando hacia la playa, los infantes de marina teniéndolos en el punto de mira y con la posibilidad de bloquearles el paso, y el jefe del operativo pidiendo por radio instrucciones a sus superiores. «Permiso para intervenir», o algo así. Dice. Y ahora trasládense a Madrid, al gabinete de crisis o como se llame lo que montaron allí. También, en este caso, las películas nos facilitan el asunto: un mapa del Índico en una pantalla en la pared, pantallas de ordenador, la ministra de Defensa con las gafas puestas, el JEMAD ese de la barba que siempre va de azul, el resto de la plana mayor y toda la parafernalia. Con el pesquero liberado previo pago de su importe, todos más pendientes ya del telediario que de otra cosa. Y la voz que viene del Índico sonando en el altavoz: «Tenemos tres o cuatro minutos y solicitamos órdenes. Repito: solicitamos órdenes». El reloj en la pared haciendo tictac, o lo que hagan los relojes de los gabinetes de crisis, y la ministra, y el de la barba, y el resto de artistas, mirándose unos a otros, callados como putas. Y más tictac. Nadie dice «bloquéenlos», ni nadie dice «déjenlos escapar». Sería mojarse demasiado en uno u otro sentido, y las palabras las carga el diablo. Tanto el «sí» como el «no» pueden causar problemas en las tertulias radiofónicas y los titulares de los periódicos, según vayan éstos a favor o en contra del Gobierno. Así que punto en boca. Silencio administrativo, cuatro minutos, uno detrás de otro, mientras allá abajo, en el mar, los infantes de marina, el dedo en el gatillo y locos por la música, que para eso están, blasfeman en arameo, por lo bajini, mientras ven cómo se escapan los flacos con la pasta. Y al cabo, la desolada frase final: «Han llegado a la playa». Suspiro de alivio en el gabinete de crisis. Fin de la historia.

Les cuento la escena -imaginaria, aunque no tanto- por si ustedes llegan a la misma conclusión que yo. Esos cuatro minutos de silencio no son los del Alakrana. Son todo un síntoma, una marca de fábrica. Una manera de entender la vida en este pintoresco lugar llamado España porque de alguna manera hay que llamarlo. Esos cuatro minutos de silencio se dan a cada instante, en cualquiera de las diarias manifestaciones de nuestra estupidez, nuestra mala baba y nuestra impotencia. Calla siempre, los cuatro minutos precisos, el político de turno, y el policía, y el juez, y el periodista, y el vecino del quinto. Callamos todos ante lo que vemos y oímos, pendientes del tictac del reloj, esperando que el tiempo aplace, resuelva, permita olvidar el problema. Una cosa es la teoría, las declaraciones oficiales, la España virtual. Qué ligeros de lengua somos legislando para un mundo perfecto, con nuestra inquebrantable fe en el hombre -y en la mujer, que diría Bibiana-. Y qué callados nos quedamos, como la otra ministra y el de la barba, cuando la realidad se impone sobre nuestra imbecilidad endémica. Cuando el maltratador defendido por la maltratada, el corrupto reelegido para alcalde, el violador reincidente, el terrorista que apenas paga su crimen, el hijo de puta menor de edad, la tía marrana que aprovecha la ley para vengarse del marido inocente, el pirata somalí que rompe el tópico del buen negrito, nos meten el Kalashnikov por el ojete. Entonces nos quedamos callados, no sea que la vida real nos reviente la teoría obligándonos a señalar al rey desnudo. Y así, de cuatro en cuatro, pasan los minutos de nuestra cobardía.



sábado, 6 de marzo de 2010

Crimen real



Juan Carlos de Borbón ha desoído las voces que le pedían que no firmase la nueva ley del aborto y ha firmado ya el documento. Según recogen distintos medios, La Zarzuela se ha apresurado a filtrar la idea de que, con su rúbrica, el Rey "ni aprueba ni rechaza la norma", sino que se limita a "certificar que se trata de una norma que ha sido aprobada de acuerdo con lo que marcan las leyes y la Constitución".

No creemos que entre las escasas funciones de SM esté la de suplantar al Tribunal Constitucional. Sin embargo, sí resulta creíble que el sucesor de Franco ni apruebe ni rechace el aborto. Esto es, que le de igual.

La indolencia mostrada hasta ahora por el Jefe del Estado ante la suerte d elos asesinados antes de nacer no hacía esperar otra cosa, pese al clamor popular. Con la firma de quien ostenta el título de Rey de Jerusalén (quizá emparentado con Herodes), el aborto es ahora, más que nunca, un crimen real. De esta manera, con la definitiva aprobación de la reforma de la ley del aborto y la conversión de este delito en un derecho, la democracia española y sus más altas instituciones se situan al nivel de las alcantarillas a las que se vierten los restos mutilados de los bebes abortados.


Escrito por Norberto Pico

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