domingo, 1 de agosto de 2010

FLECHAZO

Nueve años, para diez. Niño único, algo solitario, se me encapricha ir a un campamento. He oído hablar a algún compañero del colegio de los campamentos de verano. Y mi antojo es ir en las vacaciones de Semana Santa. Como en esta época no están programados campamentos ordinarios, mis padres remueven Roma con Santiago para acceder a mi afán. Y consiguen, gracias a su amistad con Vitín, que me cuelen de clavo en el campamento provincial del curso de jefes de escuadra. Yo que, por no ser, ni soy todavía de la OJE, naturalmente no me integro en el curso, pero asisto como un acampado más.

Comparezco a la concentración, en la estación de Atocha. Me acompaña sólo mamá, que papá está de viaje. Entro en formación, como quien se incorpora a otro mundo. Me olvido de mamá, a la que ni digo adiós. Los del curso de jefes de centuria, que también van al mismo campamento, cantan canciones divertidas. Desde mi niñez, les veo muy mayores: «Yo conozco una chica muy formal, que se llama, que se llama Carolina…», «Era un rayito de luna, olé…».

El tren, de marcha parsimoniosa e incómodos asientos de madera, nos arrastra hasta Málaga. Desde allí hasta Marbella, en autocar. Y luego, hasta el campamento, andandito. El campamento, en homenaje al héroe marbellí de Filipinas, se llama Vigil de Quiñones. Nadie me lo cuenta entonces.

El campamento es un espacio ampliamente circular, que se abre en un pinar alto y magnífico, para dar asiento a las tiendas de lona. Apartados, las letrinas y el comedor, obligan a un pequeño paseo. También están algo retiradas las vaguadas que se usan como anfiteatro natural para las charlas, clases y ensayos de canciones. Y, algo más alejado, el pequeño monumento a los caídos: una cruz en granito, sola, sin crucificado, que se abre entre la arboleda, buscando un telón final de cielo que la recorta en majestad.

Mi jefe de escuadra se llama Míguel, así, con acento en la í. Es un chaval de barrio, nada refinado, pero tiene aplomo. Y es naturalmente líder. Mayor que yo en tres o cuatro años, hace gala de una gran preocupación política, lo que resulta una enorme novedad para mí.

Nuestra escuadra se titula «La Conquista del Estado». Yo no sé qué significa eso, pero suena verdaderamente fiero. A algunos mandos, por lo visto, no les acaba de gustar el nombre, pero Míguel lo mantiene contra viento y marea. Como también mantiene un banderín de escuadra que, si en el haz luce el león de la OJE, en el envés, los colores de la bandera roja y negra de la Falange y una garra que, andando el tiempo, sabré que es el primer distintivo que usó Ramiro Ledesma.

Sufro las novatadas clásicas y amables: voy a por la máquina de cuadrar petates a la zona de los cadetes, que me mandan atentamente de una tienda a otra, sin encontrarla. También busco sin éxito la piedra de afilar machetes.

Las tiendas son más que veteranas. Llueve, y las lonas están picadas. Me enseñan a aplicar jabón, para paliar las goteras, pero el agua de esta primavera del 61 es rumbosa, y los charcos interiores, inevitables. Dormimos envueltos en unas mantas marrones, que pesan mucho y calientan poco. Nos dan de comer aproximadamente bien. Al menos, el postre, que frecuentemente es arroz con leche, me parece una maravilla.

Al volver de una marcha, pasamos por la zona residencial de Marbella. En las cercanías de los elegantes chalets nos afanamos en cantar ingenuidades revolucionarias, subiendo el tono e irguiendo el cuello. Somos la peste azul. Y a mí me está gustando serlo. Hay canciones solemnes, para romper el silencio en la congregación marcial, en la pradera. Las hay de marcha, para acompasar el caminar. Las hay de jarana, de relajada camaradería en torno al fuego de la noche. Y hay también éstas de candorosa ferocidad.

Míguel, al enterarse de que mi padre había formado entre los vencedores de la guerra civil, insinúa una mueca que me desconcierta. Él presume, con toda naturalidad, de ser hijo de rojo, como si ello fuera marchamo de pureza falangista. Me ofusca, no comprendo nada, aunque algo vislumbro.

En la oración se reza por todos los caídos de España. El pater nos explica, en alguna charla, que nuestro dolor ha de ser por todos los muertos de la guerra, no sólo por los del bando victorioso. Con los años, tendré oportunidad de copiar del oracional de campamentos las preces que entonces oigo: Por todos los muertos de todos los colores, de todos los bandos y de todas las políticas de España; por los que hicieron de su vida una ascética carrera hacia la patria eterna; por los que llegaron a la última hora como las vírgenes necias; por los que recibieron la muerte con un grito cristiano en los labios; por los que murieron en aras de un ideal, cualquiera que éste fuera; por aquellos que a consecuencia de la guerra han muerto en la cárcel, en el exilio o bajo el rigor de la pena capital; por los responsables directos o indirectos, por los verdugos físicos o morales de todos los muertos de nuestra guerra; para que todos los muertos de nuestra guerra hayan sido la última sangre vertida en discordias civiles entre españoles; para que la justicia y el amor, entre todos los hombres de España, hagan imposible una nueva guerra fratricida. Esta plegaria de paz, tan lejana del empecinamiento en la revancha que luego me tocará vivir, es lo que aquí aprendo.

Las glorias del pasado como exigencia, poner en solfa las diferencias sociales inicuas, el afán de un mañana mejor, la justicia, la hermandad, la oración, entran más por los gestos y los silencios que por las explicaciones, y prenden.

Habrá quien mantenga lo contrario, pero tengo para mí que aquélla no fue mala pedagogía.

Artículo que nos envía Carmelo García Franco, escrito hace unos años para la Hermandad del Valle de los Caídos.

FUENTE: http://hispaniainfo.wordpress.com/

viernes, 30 de julio de 2010

NOSOTROS NO OLVIDAMOS

ASESINADOS POR LA BANDA TERRORISTA-SEPARATISTA ETA HACE UN AÑO.



NI OLVIDO, NI PERDÓN

jueves, 29 de julio de 2010

Editorial y programa LGE nº 45: Estalinismo o la libertad de prohibir


En Libertad; así es cómo nos sentimos hace ahora un año. En Libertad para pensar, en libertad para decir, en libertad para trabajar y para pelear por un mundo nuevo, desde nuestra humilde tribuna. Han pasado ya 20 programas de La Gran Esperanza desde entonces y 45 desde el inicio; 20 sesiones de televisión y de radio en Libertad, con nuestros propios medios y sin apoyo ni espacio libre que no provenga de nuestros camaradas.


20 entrevistas, 20 “Verdades como Puños” y decenas de “Genios de España” que, en Libertad, decidieron acompañarnos durante todo este curso político que hoy terminamos, en total y absoluta Libertad e independencia.


Nada ha podido el silencio, el desánimo, el cerco de los poderosos, porque en nuestro proyecto había y sigue habiendo, un deseo incontenible de Libertad y un espíritu de lucha que no ha fallado en todo el año. Hoy nos hemos consolidado como un medio serio, comprometido, amplio, abierto; radical en los conceptos y en las ideas, pero educado, imparcial, atrevido y sobre todo Libre en los modos y en las formas.


Por eso hoy nos sentimos especialmente orgullosos de haber comenzado aquella andadura y haberla traído hasta aquí, entre el respeto de los más, la indiferencia de algunos, y los insultos de los menos.


Hoy, apenas a unas horas del Santo Patrón de España, seguimos fieles a nuestro estilo y hablaremos de ayer, de hoy y de mañana.


Hoy, una vez más, impediremos que la mentira y la falacia que algunos llaman Memoria Histórica, avance sin oposición entre las nuevas generaciones. Y que quienes se presentan ante el mundo como “verdaderos” demócratas, muestren sus aristas más ocultas, sus pecados más profundos, su inexistente arrepentimiento, su negación de la verdad.


Estos que se llenan la boca de “reparación”, de “reconciliación” y de “restitución”; estos que pasean sus nauseabundos huesos por emisoras de radio y televisión y que lucen sobre sus frentes los distintivos de la más alta magistratura universitaria, están podridos por dentro, llenos de rencor, quizá porque no pueden olvidar que no han sido decentes y fieles ni consigo mismos.


Y es que quien traiciona a su propio padre, vende a sus propios compañeros, hace asesinar a sus camaradas siguiendo las directrices soviéticas a las que prestó servidumbre, ¿qué impedimento puede encontrar en mandar asesinar a miles de víctimas inocentes? ¿Quién le puede impedir mentir, reinventar, negar y volver a escribir su vida y su obra?


Nosotros, de la mano de nuestro invitado, una vez más mostraremos a Santiago Carrillo como lo que es. Y una vez más retaremos a las instituciones de la Memoria Histórica a que se enfrenten, con nosotros, cada uno con nuestros fantasmas. Porque a nosotros ya no nos queda rencor, pero sí una inmensa sed de Justicia.


Pero si de hoy hemos de hablar, sin duda hablaremos, de nuevo, de Libertad con mayúsculas; hablaremos de ejemplo, de dignidad, de valentía, de constancia, de lucha, de exilio, de pasión, de prisión y de destierro.


Porque cuanto más adentro, más abajo, más lejos han sido encerrados, más libres han sido por dentro; más ejemplo para un mundo enajenado, tibio, cobarde, silencioso y de mirada esquiva.


Ellos son la resistencia, la libertad y la admiración del mundo. Hoy, ahora, en el siglo XXI, las mismas doctrinas, los mismos miserables que inspiraron el terror rojo en España, lo hacen hoy, con los mismos métodos, en otro lugar del mundo hispano.


Cuando ellos padecen prisión, cuando ellos durante décadas, generación tras generación se plantan, sus mujeres, sus damas se visten de blanco y luchan, luchan y luchan sin descanso por la dignidad de su patria, de sus hombres y por la Libertad de Cuba.


Hoy viviremos y beberemos su ejemplo. Y quizá oyéndoles, podamos entender mejor porqué el proyecto de ingeniería social que, lenta pero inexorablemente, lleva adelante Zapatero, es tan perverso y tan peligroso. Porque Zapatero, que inocula su plan desde la Educación para la Ciudadanía, que dinamitó la familia tradicional con las leyes de matrimonio homosexual, que acaba de aprobar la ley de asesinato infantil más perversa de la historia de España aún no se ha dado por satisfecho y viene ahora a por la libertad religiosa.


Parafraseando a Albert Leo Schlageter en su célebre frase “Cuando oigo hablar de cultura quito el seguro a mi Browning”, cabrá decir aquí, “Cuando oigo a Zapatero hablar de Libertad, otro cerrojo se cierra sobre nuestras celdas”.


Ni los Carrillo de ayer, ni los Castro de hoy, ni los Zapatero de mañana, doblegarán nunca nuestra enorme sed de justicia y nuestra lucha en libertad y por la libertad. Acomódense y escúchennos.


martes, 27 de julio de 2010

Editorial 43 de La Gran Esperanza: El Estatuto de Cataluña




El Estatuto de Cataluña ha sido refrendado por el Tribunal Constitucional. O no. No ha sido refrendado por el Tribunal Constitucional. Todo depende de a quién le escuchemos la versión. Porque lo cierto y verdad es que del Estatuto como tal, de su constitucionalidad o inconstitucionalidad, los Magistrados no han discutido ni cinco minutos. Todos saben que es una aberración del preámbulo a la coda.


De lo que han discutido cuatro años es de cómo salvaguardar su cuota de poder, su maltrecha imagen y su propia subsistencia. Porque de lo que se trataba no era de hacer un análisis jurídico - que eso en cuatro años lo han podido traducir a 20 idiomas y escribirlo en redondilla a mano alzada – sino de justificar ante los respectivos partidos del aparato de poder, PP y PSOE, la función que les ha sido encomendada por ellos, por la famosa separación de poderes de Alfonso Guerra.


Y los políticos tampoco estaban interesados en resolver las graves consecuencias de la aprobación del Estatuto. Su problema, era simplemente saber quién se apuntaba la victoria política y electoralista de uno u otro fallo. Y como en toda campaña electoral, han ganado todos.


Como no podía ser de otra manera, el fallo - y suponemos que la sentencia entera - ni ha servido para establecer la paz institucional, ni para calmar los ánimos independentistas, ni para acabar con la imposición catalanista al resto de la sociedad – catalana y no catalana - ni para zanjar el asunto.


Muy astutamente, para lo único que le ha servido a Zapatero, una vez más y tras cursar los oportunos avisos e instrucciones durante todo el fin de semana, es para desviar la insoportable presión que está recibiendo, como consecuencia de su nefasta política, desde todos los ámbitos de la vida pública y privada.


De esta manera, ahora es Montilla quien tiene que faenar. Y con él o contra él, los Roviras, los Mases, los Duranes, los Pujoles desenterrados y los Maragalles reconstruidos. De esta manera, las huelgas previstas, la subida del IVA, la crisis galopante, la subida de precios de las energéticas, el aumento del paro y tantas otras cosas, pasan a segundo plano, debatiéndose entre los triunfos de la selección – que él bautizó como roja y por cuyas victorias debe rezar cada noche al dios pagano al que rece el inquilino de la Moncloa, con tal de mantener la atención en Sudáfrica y el ánimo popular positivo – y las consecuencias de la aprobación parcial del criminal estatuto. De paso, las elecciones que Montilla parecía tener perdidas, reciben un nuevo impulso y, a la llamada de “a mi Catalunya”, todos, como un solo hombre, se ponen a sus órdenes para luchar por la “dignidad perdida”, dicen ellos, y quizá pueda liderar en octubre un tercer mandato con el Estatuto adulterado por bandera.


Todo ello bien aderezado con otro cántico nocturno a la negociación con ETA y al denominado fin de la violencia que - estima el susodicho - serán suficientes para paliar los efectos de su devastadora política económica, social, nacional e internacional.


El Estatuto es, de un lado, la consagración de la ruptura de España; La ruptura física, ideológica y social, y la consagración, igualmente, de que pueblo soberano y poder político caminan por diferentes vías creyendo inocentemente, que estamos en una democracia en la que es el pueblo el que decide. Incluso han llegado a creer que cualquier cosa es válida si es decidida por mayoría.


De otro lado, el Estatuto es la garantía de continuidad del bucle melancólico que con tanto acierto describiera hace ya años nada menos que Jon Juaristi: La permanente y supuesta idea de luchar por recuperar algo que nunca existió pero que consideran perdido. Porque recuperar algo que nunca existió es, sencillamente, imposible. Es, de hecho, el combustible necesario para cualquier nacionalismo disgregador: mantener siempre vivo el anhelo; tener algo más que pedir, para sostener la cara compungida, el gesto agrio y sus huestes enfadadas en torno al falso ideal de la libertad perdida.


Entretanto, una comunidad que históricamente destacó por su cristianismo, que se levantó siempre que fue preciso en defensa de los valores tradicionales y en defensa de nuestra civilización, ha colado al resto de España, con la anuencia de Zapatero y la colaboración necesaria del Tribunal Constitucional, de infausto nombre, un Estatuto que nos entretiene discutiendo si el preámbulo es o no vinculante – como si no bastase verles y oírles predicar la independencia - pero que en su contenido ha consagrado el triunfo de la cultura de la muerte, tanto al inicio como al final de la vida; que impone su política lingüística disgregadora y aberrante, que promueve la escuela laica y diferenciada del resto de España, las familias de distinta composición, el fin del sistema de redistribución económica para con el resto de España, la independencia “nacional” como objetivo y la persecución, por tierra mar y aire de todo aquel que discrepe.


Y lo hace, naturalmente, en nombre de un supuesto pueblo catalán atormentado que, como el resto de España por lo único que está atormentado es por su casta política de corrupción, mentira y poder y que disfruta tanto como el resto de los españoles con los triunfos de la selección.


Hablaremos de todo ello hoy, y de cómo los incautos españoles nos hemos llegado a creer que esto que nosotros hacemos y tenemos, se llama Democracia. Acomódense y escúchennos.




lunes, 26 de julio de 2010

sábado, 24 de julio de 2010

En el 74 aniversario del asesinato del Caudillo de Castilla


No hay amapola en Castilla

mejor que su herida abierta

¡Cómo lloraban los árboles

y el agua de las acequias

el panal sobre la roca

y el redil de las ovejas!

¡Que a Onésimo le han matado!

grita el pastor y contestan

¡Presente! todos los campos

desde Segovia a Palencia.



AGUSTÍN DE FOXÁ

viernes, 23 de julio de 2010

LA FIEL INFANTERIA




El domingo 25 de julio a las 16.00 horas en Intereconomia, podremos disfrutar de la excelente película "LA FIEL INFANTERIA" basada en el libro, del mismo nombre, escrito por el Maestro RAFAEL GARCÍA SERRANO.

Que la disfruten.-

miércoles, 21 de julio de 2010

La noche triste de Carrillo



Para que éste impagable video no se pierda por los vericuetos de la red os invito a entrar en la página de mi CAMARADA Rafael



Para muestra un botón:


En este video, salvo una parte inicial previa al enfrentamiento con el genocida, sólo hemos seleccionado la parte central de dicha polémica. Cualquiera puede darse cuenta de que en mi intervención me equivoqué al acusar a Carrilo de crímenes cometidos entre septiembre y diciembre, cuando la parte principal de sus crímnes, "sólo" ocurrieron en noviembre, pero el efecto venía a ser el mismo, la cara de perplejidad de Carrillo al oir aquella acusación y al ver el dedo que le acusaba de criminal. No es este video gran cosa, pero tiene ese matiz que lo hace único: no ha habido nadie que en televisión, y en directo, haya podido acusar a Carrillo de criminal. No deja de ser un récord.

Este es el VIDEO.





Y que Dios reparta suerte.

Jesús Flores Thies

martes, 20 de julio de 2010

En torno a la leyenda negra


En cierta ocasión me han hecho la pregunta de si la Leyenda Negra sigue existiendo. Esta demanda me hizo reflexionar un poco sobre este tema que tanto nos preocupa a los historiadores: constantemente nos encontramos, en ensayistas y novelistas, un reflejo de la misma. Y todavía hoy son muchos los españoles que siguen creyendo en ella. Pues, como señala con acierto Carmen Iglesias, no es necesario que una noticia sea verdadera para que sea creída. La leyenda se gestó de una manera especial en el siglo XVII como vehículo de propaganda en un momento en que Europa se debatía en medio de un conflicto cuyas raíces se hallaban en lo más hondo del pensamiento, ya que se trataba de demostrar que España, parte de la Casa de Habsburgo, no tenía razón. Y las cosas fueron tan lejos que en la Enciclopedia, en el artículo referido a España, parecía llegarse a la conclusión de que Europa hubiera sido más feliz en el caso de que España no hubiera existido. Ésta es la causa, y no otra, de que el Gobierno español tuviera que poner el veto sobre esta magna obra.

Pues bien, las leyendas negras, que se repiten en muchos casos a lo largo de la Historia – piénsese en lo que se ha dicho de Alemania en el siglo XX– no son otra cosa que modos de formular una memoria histórica, capaz de desvirtuar la conciencia. Basta con ello: hacemos una selección y aislamos los males, daños o errores que nos conviene destacar fabricando de este modo un argumento que permita desvirtuar absolutamente al enemigo. Olvido que los alemanes evitaron la destrucción de París y Roma, y de este modo puedo borrar también de la memoria los terribles bombardeos de Hamburgo o de Leipzig. En el caso español se atribuyen a nuestro país tres defectos sustanciales: la recluta de mercenarios con daño para las poblaciones afectadas por la guerra, la inquisición, que ahora se falsea como si fuese una especie de Gestapo o KGB, y el sometimiento de poblaciones, ignorando que España es la creadora de casi veinte naciones que hoy forman un orgullo en el mundo.

No se trata únicamente de deshacer calumnias ni de reiterar errores; la tarea de un historiador consiste en exponer las cosas exactamente como fueron. Pero uno de los defectos de las últimas generaciones consiste sobre todo en reincidir en esas tendencias suplantando la verdad por el error en la manera que a las ideologías políticas conviene. No cabe duda de que la Inquisición, que partía de un deseo correcto, impedir que los poderes políticos se valiesen de los delitos de herejía para eliminar a sus enemigos políticos, incurría en un defecto, que no sería corregido hasta mediados del siglo XVII: la Iglesia es un instrumento de perdón y reconciliación; no puede desviarse hacia la represión sin causarse daño a sí misma. Pero esto no nos autoriza a abrazar con calor las negras tintas de las que ahora pretendemos servirnos.

Veamos el caso de dos grandes científicos, Miguel Server y Galileo Galilei. Server, importante descubridor de la circulación de la sangre, fue denunciado ante la Inquisición de Lyon, en Francia. Mientras esperaba que pudiera incoarse el proceso recordó que había tenido estrecha amistad con Juan Calvino, el hugonote que ahora gobernaba en Ginebra como un auténtico dictador, sometiéndolo todo a su voluntad política, y a esta ciudad se trasladó esperando para él una adecuada protección. Pero Calvino decidió declararle heresiarca enviándole a la hoguera sin que tuviera, como el obispo Carranza y tantos otros, una posibilidad de apelación. El poder político se cierra sobre sí mismo.

La Iglesia ha reconocido recientemente el «error» cometido con Galileo, a quien se acusaba de pretender someter la fe a la ciencia, olvidando que ésta consigue evidencias ciertas pero debe estar humildemente preparada para que sus descubrimientos pudieran revisarse. Los jueces cometieron el error de pretender intervenir en un tema que escapaba a su grado de conocimiento científico. Pero a Galileo se exigió solamente una especie de vago arrepentimiento y pudo acabar sus días en una villa que poseía en las afueras de Florencia, rodeado de sus instrumentos y consolándose a sí mismo con la frase que conocemos: «y sin embargo se mueve». Claro es que hoy ya no aceptamos otro de los supuestos de entonces, ya que el Universo es finito y el tiempo tiene su nacimiento en ese big bang del que nos separan unos cuantos millones de años.

La peor de las consecuencias, en el caso español, es que somos nosotros, los hispanos, los que parecemos mejor dispuestos a creer todas aquellas difamaciones y calumnias que en la mayor parte de los casos nada tienen que ver con la realidad. Vemos una película y estamos dispuestos a aceptar como buenos todos los tejidos que forman el claroscuro de la leyenda. No hemos pensado por ejemplo que en el siglo XVII, caracterizado en Europa por guerras terribles en las que se llegó a grados de crueldad inimaginables, en los virreinatos americanos predominaba la paz, excepto en lo que se refería a los corsarios y bucaneros venidos de lejos. No recomiendo en modo alguno que prescindamos del conocimiento de daños: pero hemos de situarlos también en paralelo con los beneficios. Y sólo Roma, con su Imperio, puede llegar a compararse con España en la labor de educación y fomento de una nueva sociedad a la que ahora aguarda un futuro importante.

Corremos el riesgo de sustituir la conciencia histórica –que trata de aprender con lo bueno y lo malo– por una memoria que insiste únicamente en marcar los rasgos negros de aquellos que considera contrarios a la meta que a sí misma se ha propuesto su ideología. Durante algunos años pareció que Europa iba a librarse de algunos de los peores daños que sufriera por causa de aquello que laudatoriamente Lenin definiera como totalitarismo, es decir, sometimiento «total» de la persona del Estado y de éste a su vez al partido dominante. La Unión Europea, que sus grandes creadores imaginaron como un modo de ser y de perdonar, buscando la reconciliación entre las naciones, sin resentimientos a causa de un pasado que debe servir de lección pero no de rencor, parece absorberse únicamente en las preocupaciones económicas. No es que éstas carezcan de importancia, pero es imprescindible invertir los términos volviendo a la doctrina moralizante del cristianismo. La célula social por excelencia es la familia, no el Estado, y los bienes materiales, sin dejar de ser bienes, son únicamente medios al servicio del hombre. Ahora presentamos como un gran logro la consolidación de una empresa que garantiza grandes ganancias pero deja sin trabajo, es decir, sin la propiedad mínima que permite sostener a una familia, a miles de personas. Y a esto lo llamamos progreso.

Luis Suárez es miembro de la Real Academia de la Historia.

Publicado en La Razón

sábado, 17 de julio de 2010

18 de Julio





Tal día como hoy "17 a las 17". Por gentileza de Rafa España

viernes, 16 de julio de 2010

Conmemoramos la victoria sobre los islamistas en las Navas de Tolosa en el 1212


Las tropas musulmanas provenían de los territorios que denominaban como Al-Andalus y soldados bereberes del norte de África, reunidas para formar una yihad que expulsara definitivamente a los cristianos de la Península Ibérica.

La batalla de las Navas de Tolosa marca un hito en la historia de España: alejó el peligro de una invasión musulmana de los reinos cristianos y contribuyó al desmembramiento del imperio almohade.

Como consecuencia de esta batalla, el poder musulmán en la Península Ibérica comenzó su declive definitivo y la Reconquista tomó un nuevo impulso que produjo en los siguientes cuarenta años un avance significativo de los reinos cristianos, que tomaron casi todos los territorios del sur bajo poder musulmán.

En la primavera de 1212, los caminos de la Cristiandad se llenaron de cruzados cuya meta era Toledo. Los pobres iban a pie, mendigando por los caminos; los nobles, a caballo, seguidos de sus mesnadas

El 20 de junio, el ejército cristiano partió de Toledo camino del sur. En el cuerpo de vanguardia iban tropas guiadas por don Diego López de Haro, Señor de Vizcaya.

El día 11, los cristianos acamparon en las Fresnedas. Don Diego López de Haro envío a su hijo don Lope con un destacamento a las alturas del puerto del Muradal, hoy Despeñaperros, para que reconociese el terreno y ocupase la pequeña meseta que allí existe. Los expedicionarios ganaron rápidamente las alturas y avistaron el castillo de Ferral, adelantado de Sierra Morena, donde se había instalado la avanzada almohade que vigilaba el desfiladero de la Losa. En cuanto descubrieron a los cristianos, los almohades salieron a hostigarlos.

Al día siguiente, 12 de julio llegó el ejército cristiano al pie de Sierra Morena y nuevas tropas reforzaron a la vanguardia instalada en la meseta del Muradal. Al amanecer del día 13, el resto del ejército se les unió y acampó en la llanada.



La situación de los cristianos era delicada. Sus enemigos podrían hacer, sin dificultad, una carnicería de cualquier ejército que se aventurase por aquellas angosturas. Por otra parte, el paraje donde habían acampado los cruzados era áspero e inhóspito.

Los cristianos necesitaban un milagro y el milagro ocurrió. Ante Alfonso VIII se presentó un pastor que decía conocer un paso seguro que los almohades no vigilaban. Nada se perdía con probar. El Señor de Vizcaya, Don Diego López de Haro y un destacamento de exploradores, acompañaron al pastor que los llevó primero hacia el oeste y luego hacia el sur, a través de los actuales parajes del Puerto del Rey y Salto del Fraile. Así fueron a salir, esquivando los relieves más comprometidos de aquellas montañas, a la explanada de la Mesa del Rey, donde se establecieron. Don Diego López de Haro comunicó al rey que el paso del pastor era perfecto, justamente lo que necesitaban. En cuanto amaneció el día siguiente, el grueso del ejército levantó el campamento y fue a acampar en la Mesa del Rey.

LA BATALLA

Las tropas almohades, provenían de los territorios que denominaban como Al-Andalus y soldados bereberes del norte de África, reunidas para formar una yihad que expulsara definitivamente a los cristianos de la Península Ibérica. Habían estado retardando el choque frontal con el fin de conseguir debilitar la unión de las tropas cristianas y agotar las fuerzas de éstas por agotamiento de los suministros.

Los castellanos de segunda línea, al mando de Nuñez de Lara, y las Órdenes Militares formaban en el centro flanqueados a la derecha por los navarros y las milicias urbanas de Ávila, Segovia y Medina del Campo; y a la izquierda por los aragoneses. Tras una carga de la primera línea de las tropas cristianas capitaneadas por el vizcaíno Diego López de Haro, los almohades, que doblaban ampliamente en número a los cristianos, realizan la misma táctica que años antes les había dado tanta gloria. Los voluntarios y arqueros de la vanguardia, mal equipados pero ligeros, simulan una retirada inicial frente a la carga para contraatacar luego con el grueso de sus fuerzas de élite en el centro. A su vez los flancos de caballería ligera almohade, equipada con arco, tratan de envolver a los atacantes realizando una excelente labor de desgaste. Recordando la batalla de Alarcos era de esperar esa táctica por parte de los almohades. Al verse rodeados por el enorme ejército almohade, acude la segunda línea de combate cristiana pero no es suficiente. La tropa de López de Haro comienza a retirarse pues sus bajas son muy elevadas no así el propio capitán el cual, junto a su hijo, se mantiene estoicamente en combate cerrado junto a Nuñez de Lara y las Ordenes militares.

Al notar el retroceso de muchos de los villanos cristianos, los reyes cristianos al frente de sus caballeros e infantes inician una carga crítica con la última línea del ejército. Este acto de los reyes y caballeros cristianos infunde nuevos bríos en el resto de las tropas y es decisivo para el resultado de la contienda. Los flancos de milicia cargan contra los flancos del ejército almohade y los reyes marchan en una carga imparable. Según fuentes tardías el rey Sancho VII de Navarra aprovechó que la milicia había trabado en combate a su flanco para dirigirse directamente hacia Al-Nasir. Los doscientos caballeros navarros junto con parte de su flanco atravesaron su última defensa: los im-esebelen, una tropa escogida especialmente por su bravura que se enterraban en el suelo o se anclaban con cadenas para mostrar que no iban a huir. Sea como fuere lo más probable es que la unidad navarra fuera la primera en romper las cadenas y pasar la empalizada, lo que justifica la incorporación de cadenas al escudo de Navarra. Mientras la guardia personal del califa sucumbía fiel a su promesa en sus puestos, el propio Al-Nasir se mantenía en el combate dentro del campamento.

No existía en aquella época ninguna forma humana de detener una carga de caballería pesada cuando se abatía sobre un objetivo fijo y lograba el cuerpo a cuerpo. En las Navas, los arqueros musulmanes, principal y temible enemigo de los caballeros, principalmente por la vulnerabilidad de sus caballos, no podrían actuar debidamente cogidos ellos mismos en medio del tumulto. El ejército de Al-Nasir se desintegró.

jueves, 15 de julio de 2010

Carta al general Núñez Martínez sobre el Museo de Toledo por Jesús Flores Thies


Carta del General Núñez Martínez

Respuesta de Flores Thíes:

Mi General:

He leído tus comentarios en ATENEA sobre el Museo Militar de Toledo, y al hilo de tus palabras, quiero comentarte lo siguiente:

Escribes que “(..) y conseguir que el resultado final de tan discutida decisión como fue el traslado del Museo resultase en un beneficio para el patrimonio cultural español. Beneficio que conviene recordar que tenía dos vertientes: de un lado ampliar los espacios destinados al Museo del Prado y del otro dotar al Museo del Ejército de unas instalaciones que hasta el momento eran insuficientes”.

Lo de las dos vertientes no es del todo cierto, porque cuando se decidió desahuciar el Museo del Ejército de Madrid (idea de la socialista Alborch), se hizo con la insana intención de hacer sitio para el Prado, sin que se dijera nada de mejorar el museo expulsado (posteriormente por el “popular” Aznar). Lo que se sacó del Palacio del Buen Retiro, no tenía sitio previo para reinstalarse cuando ya se iniciaba el desalojo. Se empezó a hablar de meterlo, entre otros lugares posibles, en el cuartel de Conde Duque o en el del Infante don Juan, y parte se empezó a almacenar en los sótanos de la Escuela Superior del Ejército; unas piezas de artillería se enviaron a “Baterías” en Segovia, donde se morían de herrumbre y abandono, etc.

No es admisible lo de la “nostálgica visión”, porque somos muchos los que seguimos considerando aquel Museo desahuciado, como algo más que una continuada exposición de trofeos y cuadros, cerámica.., al estilo “Moneo”, especialmente en todo lo expuesto anterior al siglo XX. Durante muchos años, ese museo se ha visitado así y se consideraba, tal como estaba, como uno de los mejores del mundo. No nos imaginamos a “Los Inválidos” modificado por las “nuevas ideas museísticas”.

Otras zonas del antiguo museo sí necesitaban un menor amontonamiento, que se hubiera solucionado perfectamente enviado a Toledo todo lo referente a los siglos XX y XXI, con lo que los sectarios políticos se habrían quedado más tranquilos al no ver en Madrid la maqueta del Alcázar destruido, la paloma mensajera del capitán Cortés o el excepcional cuadro del artista cubano Izquierdo sobre “Paracuellos”, donde fueron asesinados varios miles de militares que con toda seguridad conocerían este museo que entonces se llamaba “Museo de Artillería”. Aquello de “Virgencita, déjame como estoy” o lo de “los ensayos con gaseosa”, viene perfectamente a esta situación artificialmente creada.

Escribes sobre “la acusación de la dispersión de las colecciones”. Es indudable que la desinformación ha permitido todo tipo de elucubraciones y temores, y gracias a la prensa, que cuenta las noticias como quiere, puede o según la secta política que paga, hemos ido siguiendo las vicisitudes de aquel inaudito desahucio. Aunque también gracias a la amistad personal con algún compañero metido en la operación, hemos tenido acceso a los diferentes proyectos, ideas, planes.., que iban cambiando con los años, al igual que los presupuestos y al igual las comisiones, patronatos etc. Pero lo de la dispersión es real, aunque se diga que ha sido en un porcentaje mínimo, lo que no quiere decir que en el futuro se disperse más. Cinco sextas partes de fondos almacenados son carne de exposiciones itinerantes o de cesiones “temporales” que se pueden eternizar, que la eternidad también es tiempo.

Apoya tristemente nuestros temores el triste ejemplo de la pasión, agonía y muerte del Museo Militar de Montjuich del que, aparte el vergonzoso abandono de Defensa, en algunas ocasiones se nos dieron toda clase de seguridades sobre su continuidad, incluida alguna carta de un Ministro de Defensa que conservo para la Antología del Disparate. Resulta estremecedor el hecho de que los mismos que eliminaron sin contemplaciones aquel Museo, son los que hoy quieren darnos lecciones de cómo ha de ser un Museo Militar. Hasta ahora, la única lección perfecta es cómo se destruye impunemente un Museo Militar, y sin que los militares chisten.

Los esfuerzos para quitar importancia a “los políticos” (¿por qué entre comillas?) caen en saco roto, porque la importancia de estos a la hora de decidir, incluso si un Museo Militar ha de sobrevivir, es indudable. Volvamos a repetir lo de la falta de información al no haber investigado de “primera mano”. Eso quisimos hacer en el ya reiterado caso del Museo de Montjuich con resultados desoladores.

Los propios responsables militares del Museo de Toledo son los que deberían haber hecho lo imposible para salir al paso de esas informaciones de prensa que al parecer eran falsas. No, mi general, no le quites importancia a las imposiciones de los políticos, esta vez sin comillas, que ellos van a lo suyo, y en lo suyo está la reacción sectaria contra la Historia de España reciente, cuya consecuencia más inmediata es la destrucción u ocultación de nuestro Patrimonio Histórico más reciente. Ahí tenemos a la ministra Chacón haciendo propaganda en Barcelona, de la mano del señor Montilla, el President(e) de la Generalidad, en apoyo de la reacción nacionalista contra el Tribunal Constitucional sobre el Estatut(o). No olvidemos que ella, como ministra, fue la responsable de la eliminación de un museo militar en Cataluña.

En cuanto a lo de la División Azul, no somos nosotros responsables de vuestra desinformación. Hace algún tiempo apareció en la prensa la noticia de que nada de la División Azul iría al “nuevo” museo ¿dónde está el desmentido de Defensa que, lógicamente debería haber sido inmediato? En cuanto al despacho de Moscardó, y nos imaginamos que otras muchas cosas relacionados con el sitio ¿has leído lo que dice ese señor llamado Constantino Méndez? Lo ha dicho la prensa ¿lo habéis desmentido?

Podría seguir hablando de este tema, pero, mi general, no nos engañemos, quienes imponen cómo y dónde se ha de instalar el museo desahuciado de Madrid son los políticos, y los actuales se consideran enemigos de todo lo referente al alzamiento nacional, considerándose, además, herederos políticos y morales de aquel criminal Frente Popular. Ellos llevan las riendas con puño firme. Vosotros sólo podéis ir paliando sus odios tratando de conservar lo esencial en espera de mejores vientos y tiempos, no os quitamos estos posibles méritos, pero, por favor, no quieras ocultarnos lo que a la vista está cada día y cada hora: el odio y el rencor a una parte de la Historia de España, de nuestra Historia de España.

Un día nos acercaremos a Toledo a visitar el museo, apretaremos los dientes y pasaremos por la puerta de esa pétrea y funcional fachada. Hemos visitado tantas veces el museo de Ejército madrileño, que sabremos comprobar sin dificultad qué es lo que se expone, qué es lo que falta y, en definitiva, observar en directo eso tan emblemático de la “moderna idea museística”.

Hemos perdido. Es indudable que quienes luchábamos por la conservación de nuestro museo, hemos perdido, y al final el rencor político ha ganado, pero lo peor de esta derrota es que han conseguido, después de muchos esfuerzos, dividirnos, han dividido al Ejército. Por un lado los “nostálgicos”, ¿y por el otro?

martes, 13 de julio de 2010

La carga de los tres reyes


Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el , cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.




XLSemanal - 12/7/2010
Arturo Pérez-Reverte

lunes, 12 de julio de 2010

jueves, 8 de julio de 2010