viernes, 2 de septiembre de 2011

Una comida diferente

PAGÓ la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia, de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta. Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.

Entró en un local que le pareció un restaurante modesto pero con encanto, iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad no era un restaurante, sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte povera. De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que quien le servía la comida en la bandeja era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres.

Quiso retirarse pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que de segundo había filete empanado, que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor y bien vestido comía en silencio sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida, había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía adónde ir, menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo, «al final he tenido suerte en la vida, compañero, así que no te agobies, que de todo se sale…»

No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos. Al salir no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve. «Vuelve cuando lo necesites y si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza».

FRANCISCO ROBLES

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miércoles, 24 de agosto de 2011

Sobre imbéciles y malvados


 


No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

XLSemanal - 22/8/2011

domingo, 21 de agosto de 2011

SOBRE LA "RECEPTIVIDAD" DEL VATICANO.

Ya días antes había comentado la prensa -mi camarada Lobo_Ibero me puso sobre la pista antes que nadie, con la fecunda combatividad que acostumbra-, que el Gobierno pediría -véase El País- ayuda al Vaticano sobre el Valle de los Caídos, para transformarlo en un lugar de memoria reconciliada y que deje de ser un espacio de lo que fue el viejo nacional-catolicismo franquista.
 
Pongo en cuarentena esa pretendida receptividad del Vaticano con respecto a las intenciones socialistas hacia el Valle de los Caídos, porque estos sociatas giliprogres mienten más que hablan. Ya ha trascendido -aunque la prensa lo ha ocultado generosamente, salvo 20 Minutos- que vuestros representantes no han respondido al Gobierno, porque el tema merece mayor estudio. Pero, por si acaso, Santidad, quiero deciros las verdades que vuestros pastores no os dirán, demasiado preocupados en ponerse a bien con el poder terrenal. Ya decía El País que Rouco evita criticar al Gobierno en su homilía ante miles de jóvenes, y para que esto lo diga El País la cosa no debe ofrecer duda.

 
Quiero deciros, Santidad, que el Valle de los Caídos es -ha sido siempre- un monumento de reconciliación. Que el ataque al Valle de los Caídos es una ofensiva de los que no admiten reconciliación; de los que ni olvidan ni perdonan; de los que quieren volver a torturar, a fusilar, a asesinar, a los católicos; de los que viven en el rencor, en la venganza, en un pasado que quieren retornar.
Quiero deciros, Santidad, que el ataque al Valle de los Caídos no es una transformación de virtuoso perdón, sino una manifestación de odio revanchista, cuya máxima aspiración es desenterrar los muertos, asaltar las tumbas y profanar los cadáveres que allí yacen.
Quiero deciros, Santidad, que las hordas de salteadores de tumbas no pararán hasta -cual talibanes- volar la Santa Cruz que bajo sus brazos acoge, en ejemplar muestra de -esta si, verdadera- reconciliación, a caídos de ambos bandos.
Quiero deciros, Santidad, que este mismo Monseñor Rouco Varela que hace unos días os daba la bienvenida, ha dejado a su suerte tanto a la Basílica como a la comunidad benedictina que la sirve, y ha despreciado la posibilidad de ofreceros una visita a uno de los más hermosos monumentos erigidos en honor al Creador.
Quiero deciros, Santidad, que los mismos que os solicitan ayuda para "transformar" el Valle de los Caídos, son los que dan alas, protegen y miman a los que han gritado a los peregrinos de la JMJ que «os vamos a quemar como en el 36».
Quiero deciros, Santidad, que en España no existen los laicos. Ni siquiera los anticlericales. Son -neta y claramente- anticatólicos. No piden la aconfesionalidad del Estado -cosa que el propio Vaticano impuso en su día-; no van contra la Iglesia ni los sacerdotes. Van contra todos y cada uno de los que nos atrevemos a llamarnos católicos. De los que tenemos a gala dar testimonio de nuestra fe, en contra de la recomendación episcopal de guardarla en el ámbito de lo privado.
No soy buen católico, Santidad, y decir lo contrario sería mentir a conciencia. Intento serlo, pero poner la otra mejilla me cuesta mucho en lo personal, y no lo concibo en lo público. No tengo derecho, como español, a poner la otra mejilla de mi Patria hasta que la cara de España esté llena de bofetadas, y si -con considerable esfuerzo- podría acaso tolerar la ofensa personal, jamás podré admitir la injuria a mi Patria.
Y el abandono del Valle de los Caídos en manos de las hordas marxistas, revanchistas, llenas de odio y de mediocridad, de soberbia y estupidez, supone, Santidad, una bofetada en la cara de España. Esa España que nació del catolicismo, y que dejará de ser España si el catolicismo se pierde en estas tierras.
Pero acordaos, Santidad, de que España dió a la Iglesia de Cristo un Nuevo Mundo, y la salvó del Islam en la mas alta ocasión que vieron los siglos. Acordaos de cuántos mártires del Siglo XX en España ha beatificado la Iglesia en los últimos tiempos, a impulsos de vuestro antecesor Juan Pablo II.
Y sabed, Santidad, que estos que hoy piden la ayuda del Vaticano para "transformar" el Valle de los Caídos -esto es, para que vos, Santidad, déis vuestro beneplácito a la profanación de las tumbas de quienes allí descansan- son los mismos que hace unos días amenazaban a los católicos, y -fuera ya caretas que no necesitan- afirmaban: «es que nos están provocando», «es que están rezando», «porque están aquí, porque existen, porque les vamos a prender fuego otra vez, como en el 36».
Esto es así, Santidad. En España se libra una nueva batalla, y si bien vuestro deber pastoral es recomendar la radicalidad evangélica de la mansedumbre, el respeto y el perdón, nuestro deber de españoles es sacar de paseo la espada si no queda otro remedio.

No soy buen católico, Santidad. Pero no voy a guardar mi fe en la intimidad, ni voy a ocultar que soy católico. Soy, Santidad, español por la Gracia de Dios y católico por la gracia de España. No provoco a nadie por decir que soy lo que soy, y si alguien se siente provocado, que ejerza la mansedumbre él.
Lo siento, Santidad, pero este es el catolicismo español. Sin paños calientes, sin guardar la ropa mientras nada, sin medias tintas y sin prudentes silencios. Es el catolicismo que hace el milagro de meter a un comunista bajo un paso de Semana Santa, ese espectáculo de la fe viva que os mostraron de lejos y sin la sustancia profunda, porque en nada se semeja ver obras de arte varadas a ver los pasos en movimiento, llevados a hombros y a pulso. En nada se parece ese Cristo de la Buena Muerte, yaciendo sobre el asfalto, y ese Cristo levantado a pulso por los legionarios que le cantan.

Os han hurtado eso, Santidad, como os quieren hurtar la realidad de esta España que se desangra en tolerancia, en correcciones políticas, en mansedumbre cobarde.
No soy buen católico, Santidad. Pero a mi, ni por católico ni por español, me van a cazar sin que me defienda.
También, Santidad, vuestro primer antecesor, Pedro, sacó la espada aún a riesgo de morir por el hierro. No abandonéis el Valle de los Caídos, Santidad. No cedáis a los engaños, a las mentiras, a las tibiezas de los mansos por cobardía, que se aprestan a escupir sobre la memoria de todos aquellos mártires, ni dejéis que os hagan cómplice de los martirios que, si Dios no lo impide, vendrán.
 

sábado, 13 de agosto de 2011

NO SABEMOS LO QUE NOS PASA (por Arturo Robsy).


Decía D. José Ortega y Gasset, admirado maestro de España -unas veces roja y otras alba, impresionado por aquel momento de tanto catalán o ébrio momento vasco con la boca llena de mejillones y un pico de chacolí agrio poco presentable por la color, dijeron como mucho relacionado con los españoles con boina, con casco y con gorro frigio.Y crucifijo y rosario. O sea, dijeron, digamos lo que se menos verdades. "No es Eso", escribía don José Ortega y Gasset ante el panorama en explosión por gentileza de la NKVD.
"No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa." Añado yo: no saber es no vivir. Hombre inteligentísimo, Don José, se lucía en los contrasentidos, porque el hombre andaba en huída de lo que creyó solución y sólo fue bajada a los infiernos.

No saber lo que nos pasa -que es precisamente lo que hay-, es una conclusión algo derrotista. Muchos de los que intervinieron en el experiemento Manhattan, tampoco supieron lo que le pasaba a la materia hasta que explosionaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki y nadie sabía tampoco que podía suceder.
La cosa es saber qué nos pasa ahora mismo, sin átomos encabritados. ¿Podemos decir que ese "sin saber" atómico es lo que nos sucede y añadir que es lo mismo que los tiempos esperan echarnos encima? ¿O decir que ya sabemos lo que nos pasa hoy y sus riesgos? ¿Podemos creer que las Financias aspiran a ser Dios valiéndose de papeles y de redondelitos metálicos?

Esto es historia vieja que no se repetirá fácilmente y se debe añadirle a eso, con eco de José Ortega y Gasset: "En la historia de la Humanidad pocas sociedades han sabido lo que les pasaba." Sabían que armas podrían crear, pero no veían el planisferio que señalaba la victoria o la derrota.
Más fácil ahora: ninguna sociedad-imperio-nación, ha sabido jamás hacia adónde iba y que pretendía caso de ser la vencedora. Ni siquiera lo que era.. Miles de años de no saber qué sociedad o cómo se organizaban sus gentes. Pocas naciones han podido decir con claridad que eran sólo un retortillo de ideas antiguas y tozudas.

Pero para saber qué te pasa hoy hay que conocer qué y quién eres y de qué forma parte esa forma de ser tuya Y hay gentuza de todo color que gasta infinitamente para que ignoremos eso. Se ha roto muchas veces, en milenios, el concepto de lo que es el hombre

Unos, ahora mismo, lo prefieren Gran Simio: otros consumir o trabajador. Los menos, "ser trascendente", que equivale a portador de valores y no de propaganda... Ahora D. José diría también que no sabemos quienes somos, pero nuestros enemigos sí lo saben bastante bien por orden de Marx y de Hengels y de Negrín y Largo Caballero. De esta idea, propiciada por la propaganda y la repetición, sólo se deriva la imposición de inteligencias romas, todavía poco dispuestas a ahogarse en la realidad. Y, brindando por la realidad, dejo el mármol de la historia: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y en el nuestro de españoles.
Los que atacarán al Papa desde el día 18, que son unos cientos, seguirán una norma o una orden, pero tampoco ellos sabrán qué es el ser humano, ya se llamen, para disimular, Ateos de Madrid y cosas de Mayo, florecillas quizá. Pero lo sepan bien o mal, que NO SON SIMPLES ATEOS SINO EL REVOLCÓN SENTIMENTAL DE SER ENEMIGOS DE DIOS, y para ser esa clase de enemigos, les es preciso creer en Él como quien disimula y no estarán conformes. Pero creyendo y fingiendo despreciarlo. No es que no quieran creer en el Papa, es que Dios les pone nervisosos, lo mismo que la eternidad y, si se quiere, la caldera de Pedro Botero, amigo socialista de nada hirviente.
En otras palabras, qué cuajo los que con palabras aprendidas del siglo XVIII, ignorando los universales, son capaces de inventarse un mundo a la deriva y falso, del que esperan apoderarse. ¿Para que´? Para apoderarse. Y no de España, y no de Cristo -que los pueden- sino de almas desorientadas.
Y entonces llega el Papa, que se lo sabe y que sonríe. Benidicat vos omnipotens Deus. Y Dios baja con calma, porque ha visto mucho; piensa "Fiat Lux", y los bendice. Se acepte o no es la luz de la tierra y las almas abren bien los ojos.

Arturo Robsy.

¿Qué es precisamente lo que nos pasa, eh? Que hay que ser hombres y no apariencias de la propaganda que aspira a hacernos enemigos de Dios. Como si Dios pudiera tener enemigos y no puras rabietas de chiquilicuatros.

"Cogido prestado" del blog de mi CAMARADA Rafael

lunes, 25 de julio de 2011

LLÁMAME CAMARADA


Las palabras, como casi todo lo que el hombre usa, unas veces están de moda y otras no; el valor de una palabra sufre las mismas oscilaciones que los cotizados en la Bolsa, y sube y baja con tanta frecuencia, ligereza y capricho como la altura de la falda de las mujeres respecto del suelo. Quien esté situado ente los cuarenta y los cincuenta años ha conocido en este último terreno todo lo que hay que conocer, desde el tobillo poco menos que parcela acotada para la pura observación erótica, hasta el muslo como zona sin misterio. Ya en mi adolescencia se cantaba aquello de que la tobillera acabaría en muslera, y aún insinuaba el ingenio del autor de la copleja:
  
…al paso que tú vas
de fijo acabarás siendo muslera…
¡Muslera y algo más!
  
Con la palabra camarada pasa que no está de moda. Tampoco están de moda muchas otras vinculadas con el uso de la palabra y, en general, un clima bastante insolidario hace que ni siquiera la camaradería esté en boga.
  
Es, sin embargo, palabra antigua y hermosa, más bien de uso literario en los finales del siglo XIX, y resucitó a la vida popular —que casi siempre arranca en la milicia— allá por los tiempos de la clasificada como G.M.I. Calculo que a la gente de mi generación le llegó a través de la novela pacifista. (No hay nada que provoque tanto gusto por la guerra como una novela profesionalmente pacifista, y tengo para mí que mucha culpa de las exaltaciones belicistas de los veinte y los treinta la tuvieron los Remarque, los Barbusse, los Zweig, los Yale Harrison y gente por el estilo.)
  
Camarada era el título de un libro escolar que no nos caía demasiado en gracia a los que hicimos la primaria en tiempos del charlestón, y también encontramos el vocablo en aquel enternecido Corazón de Edmundo d'Amicis. Pero nuestro enamoramiento con el uso de la palabra camarada vino a través de Sin novedad en el frente, y me refiero no sólo a la novela, sino también a su versión cinematográfica.
  
Por entonces ya andábamos en los años mayores del Bachillerato, y nos tocó asistir en corporación a la apertura de un Hogar del Soldado en el cuartel de uno de los Regimientos que guarnecían Pamplona. Jamás supe por qué, me designaron a mí para decir unas palabras en nombre de los estudiantes a la vez que se entregaban unos pocos libros, regalo de las letras a las armas. Cumplí como pude, pero lo que sí es seguro es que causé una cierta sensación al comenzar la lectura de mi par de cuartillas así:
  
— Camaradas soldados…  
Uno de los capitanes —mandaba ametralladoras— me premió sentándome en el sillón de una máquina y haciéndome tirar un peine de fogueo. Fue la primera vez que olí la pólvora. Ese capitán, tres o cuatro años después, mandaría la primera Centuria de Navarra en Somosierra, y más de una vez fui a su puesto de mando llevando un enlace y olfateando la pólvora en serio.
  
El Diccionario de Almirante dará al curioso lector todas las necesarias precisiones —y aun imprecisiones— sobre el origen del vocablo. Parece que en el nacimiento de la artillería, o poco más, significó algo así como batería. “Por la parte de tierra —escribe Carnero, citado por Almirante— se había plantado otra camarada de otras doce piezas, que ambas a dos hicieron gran batería”.
  
De lo que no hay ni la menor duda es que el vocablo es de origen militar, lo cual atestigua, entre otros, nuestro padre Covarrubias. De cámara y de cama puede derivarse camarada, y antes de significar amigo entrañable, compañero de armas y aventura, vino a ser algo así como república o imperio, es decir, fraterna administración militar para asuntos de rancho y vida en común. Unas Ordenanzas del siglo XVII cantan “la buena y loable costumbre que solía haber de que los soldados viviesen en camaradas…, que son las que han conservado a la nación española”.
  
Ni más ni menos.
  
La palabra está en las arengas de los grandes capitanes de Flandes e Italia, que a su gente calificaban de magníficos señores, soldados y camaradas.
  
Fue una generación totalmente politizada la que volvió a usar, con un regusto entre militar e ideológico, tan hermoso vocablo. Esta generación es la que los escasos cursis que sobreviven dentro del Plan de Desarrollo llaman de “los cainitas”, es decir, la generación que aceptó la guerra con honor, tanto de una como de otra parte. Recuerdo como dos grandes impresiones de mi juventud la primera vez que me oí llamar camarada en el palacete de Riscal y la primera vez que canté —casi sin conocer la letra— el Yo tenía un camarada; fue en un entierro falangista que acabó como el rosario de la aurora, allá por el camino de las Sacramentales viejas. Esta canción sería a finales del 37, junto a las murallas de Ávila, una de las que primaban a la hora de marchar los cadetes de la primera promoción de aquella Academia de Infantería.
  
La palabra tropezó con resistencias reaccionarias, tanto en el mundo de las derechas como en el de las izquierdas, que para mí siguen siendo bastante parecidas en gustos. A los socialistas les complacía más decir compañero, y cuando los de derechas se referían a los falangistas pronunciaban la palabra camarada con el mismo “retantán” que los socialistas al hablar de los comunistas y de los rusos.
  
Gabriel de Araceli cuenta en Valencia 1936, refiriéndose a los que rusos que pilotaban la guerra desde el lado rojo: “Mangoneaban bastante. Iban vestidos de paisano, a lo más con uniforme caqui abierto, pero sin insignias ni distintivo alguno. Los intérpretes eran casi siempre muchachas, algunas guapas y casi todas judías polacas que fumaban como carreteros. Entraban y salían mucho; nadie parecía mandar en ellos, y utilizaban el teléfono durante largos minutos, gritando con el receptor al oído como demonios. Se les llamaba «los camaradas», y con ese eufemismo se les conocía.”
  
Al eufemismo se apuntaban, también con su mijita de sorna, los comunistas indígenas.
  
En zona nacional también tropezó la palabra con muchos inconvenientes, tan respetables como injustos. Fue Pedro Laín quien mejor defendió el vocablo, verdadera bandera dialéctica de mi generación, en un artículo publicado en Arriba España de Pamplona, primer diario falangista, el 18 de abril de 1937, en plena ofensiva de Vizcaya. “Viene hoy en busca de esclarecimiento esta palabra de «camarada», que —para escándalo de viejos y débiles— sale con gozo y brío nuevos de los labios nacionalsindicalistas. Todos hemos oído la objeción pacata. Acaso muchos de entre nosotros lo hayamos sentido un poco, porque venimos de una sociedad radicalmente burguesa, y nada hay que conserve huella tan honda como las blanduras.”
  
Era un artículo estupendo, preciso, riguroso. Decía que la palabra camarada tenía “solera de Tercio viejo”, lo cual es cierto, y también que la Falange “bautizó al camarada para hacerle hermano”, lo cual, al menos entonces, era verdad. Acaso nos hemos olvidado ya de lo que aquel vocablo significó para todos y también de todo aquello a que nos comprometía.
  
La palabra adquirió un aire generacional, definitorio, de tal modo que en el Frente de Madrid de Neville, en agente nacional de información que pasa las líneas hacia la capital a través de una mina, convoyado por otro agente nacional que allí trabaja, lo hace notar sobre la marcha:
  
“— Que descanséis, camaradas —les dijo al dejarles pasar.
«Siguieron unos pasos en silencio. Luego dijo Javier:
«— Resulta curioso oír decir camarada a los rojos.
«— Eso llevan aprendido para después.”

  
Hace algún tiempo asistí a una reunión de antiguos combatientes de la guerra más política del mundo, reunión ya tan despolitizada que con tal de eludir el uso de la palabra camarada —precisamente por la significación que tuvo en la guerra y en la postguerra—, muchos de los asistentes caían en el uso y abuso del “compañero”, con lo cual todo sonaba como a Saborit, Carrillo o Llopis. Menos mal que uno de los allí presentes tuvo la ocurrencia de referirse a sus camaradas de una bandera de la Legión diciendo:
  
— Como recordarán mis colegas de bandera…  
La palabra camarada aún significa para muchos españoles el hermano del 18 de Julio. Y esto, pase lo que pase, tiene fuerza y tira a peso de la cabeza y el corazón. Cosa, a mi modo de entender, que un día u otro ha de verse.
  
Rafael García Serrano
(tomado de “Diccionario para un macuto”)

  

sábado, 23 de julio de 2011

DIOS TE DICE NO RENUNCIES, SIGUE ADELANTE, YO ESTOY CONTIGO.


Tu no naciste para renunciar, sino para conquistar y avanzar, no puede ser posible que hoy estés pensando en dar un paso atrás, tu muy bien sabes que no es lo correcto, es mas esa inseguridad y ese sentimiento de incomodidad que hay en tu corazón para tomar esa decisión son la confirmación que no es lo mejor para tu vida.


¡Vamos! No renuncies, no eches a la borda algo que con tanto esfuerzo y dedicación lograste, no entregues lo que un día Dios te entrego a ti, porque una cosa debes de saber y es que ese privilegio no fue dado por un hombre, ese privilegio Dios te lo dio.

Tú debes comprender que no le sirves al hombre sino que a Dios, que todo lo que haces es para el Señor y por eso debes seguir realizando lo que un día Dios te encomendó.


Por favor no renuncies, sigue desarrollando el talento que Dios te otorgo, comentarios negativos siempre habrán, personas que estén en contra de lo que quieres hacer para Dios también, pero tu mirada y tus oídos no están en ellos, sino en el Señor que te dice en esta hora:

NO RENUNCIES, SIGUE ADELANTE, YO ESTOY CONTIGO.

domingo, 17 de julio de 2011

A LAS JEFATURAS TERRITORIALES Y PROVINCIALES




RESERVADÍSIMO
Como continuación a la circular de 24 del corriente, se previene a los jefes territoriales y provinciales las condiciones en que podrán concertar pactos para un posible alzamiento inmediato contra el Gobierno actual.
1. Cada jefe territorial o provincial se entenderá exclusivamente con el jefe superior del movimiento militar en el territorio o provincia, y no con ninguna otra persona. Este jefe superior se dará a conocer al jefe territorial o provincial con la palabra "Covadonga", que habrá de pronunciar al principio de la primera entrevista que celebren.

2. La Falange intervendrá en el movimiento formando sus unidades propias, con sus mandos naturales y sus distintivos (camisas, emblemas y banderas).

3. Si el jefe territorial o provincial y el del movimiento militar lo estimaran, de acuerdo, indispensable, parte de la fuerza de la Falange, que no podrá pasar nunca de la tercera parte de los militantes de primera línea, podrá ser puesta a disposición de los jefes militares para engrosar las unidades a sus órdenes. Las otras dos terceras partes se atendrán escrupulosamente a lo establecido en la instrucción anterior.

4. El jefe territorial o provincial concertará con el jefe militar todo lo relativo al armamento largo de la fuerza de la Falange. Para esto se señalará con precisión el lugar a que debe dirigirse cada centuria, falange y escuadra, en un momento dado, para recibir el armamento.

5. El jefe militar deberá prometer al de la Falange en el territorio o provincia que no serán entregados a persona alguna los mandos civiles del territorio o provincia hasta tres días, por lo menos, después de triunfante el movimiento, y que durante ese plazo retendrán el mando civil las autoridades militares.

6. Desde el mismo instante en que reciba estas instrucciones, cada jefe territorial o provincial dará órdenes precisas a todas las Jefaturas locales para que mantengan enlace constante, al objeto de poder disponer, en plazo de cuatro horas, de todas sus fuerzas de primera línea; también darán las órdenes necesarias para que los diferentes núcleos locales se concentren inmediatamente sobre sitios determinados, para constituir agrupaciones de una falange por lo menos (tres escuadras).

7. De no ser renovadas por nueva orden expresa, las presentes instrucciones quedarán completamente sin efecto el día 10 del próximo julio, a las doce del día.

Alicante, 29 de junio de 1936.

miércoles, 13 de julio de 2011

"Atacad como españoles", 70 aniversario de la División Azul


El 21 de junio de 1941, tres millones de soldados alemanes cayeron sobre la Unión Soviética. El ataque despertó una oleada de entusiasmo que llevó a cientos de miles de europeos a alistarse para combatir al comunismo. Es un reportaje de Fernando Paz.


España no quedó al margen de los acontecimientos, y 45.000 jóvenes formaron en las filas de una singular unidad militar que supo ganarse el reconocimiento del enemigo, por su valor, en el campo de batalla.

En diciembre de 1941, seis meses después de la invasión de la URSS, el Ejército Rojo contraatacaba en todo el frente. En el norte, setenta y cinco divisiones soviéticas cayeron sobre veintisiete germanas, con la finalidad de aflojar el cerco alemán en torno a Leningrado. La Wehrmacht resistió, si bien se vio obligada a ceder terreno para amortiguar el golpe.

Al sureste del lago Ilmen, que constituía una importante barrera en el dispositivo defensivo del Grupo de Ejércitos Norte alemán, en la pequeña localidad de Vsvad, había quedado atrapado un destacamento de unos 500 hombres pertenecientes a la 81ª división de la Wehrmacht.

Las unidades alemanas en la zona no estaban en disposición de auxiliar a sus camaradas, de modo que el general Busch solicitó a Muñoz Grandes su colaboración. Muñoz Grandes, que disponía de una compañía de esquiadores, se apresuró a dar su consentimiento.
La formación de dicha compañía era lo último en lo que había pensado el mando divisionario cuando, en los soleados días de junio, se abrieran los banderines de enganche. Así que la unidad de esquiadores, creada hacía mes y medio, tenía la peculiaridad de que ninguno de sus miembros había visto en su vida unos esquíes. Estaba constituida por unos efectivos de apenas doscientos seis soldados, a cuyo frente se hallaba el capitán Ordás, asturiano de 31 años y Medalla Militar Individual. Estos hombres debían liberar a los alemanes cercados en Vsvad.

Mantequilla petrificada

La compañía salió la madrugada del 10 de enero de 1942, pertrechada con nueve fusiles ametralladores y con municiones y vituallas para tres días.


Informan de que la radio no puede emitir mensajes y el lago se ha congelado formando unas grietas caprichosas y a menudo insuperables. Sobre su superficie apenas sale el sol a esas alturas del año, y la temperatura se desploma por debajo de los -40º C. Tiritando bajo sus uniformes, los españoles reciben la orden de combate de su general, al que idolatran: “Atacad como españoles”.

La noche del 11 de enero la compañía atraviesa seis grandes barreras de hielo. En las grietas, los caballos se ahogan en el agua y los hombres se ven obligados a sumergirse hasta la cintura. Los casos de congelación suben hasta los ciento dos, los trineos se hunden, la brújula deja de funcionar a causa del frío, la bruma cubre el cielo, el pan y la mantequilla se han petrificado. No hay nada para comer. Varios soldados sufren la amputación de ambas piernas. Pero los españoles siguen adelante.

Tras veintidós horas de marcha infernal, y a la vista de las tropas alemanas, lo que queda de la compañía cree alcanzado Vsvad, su destino. En realidad, sin brújulas, han ido a parar a Usstrika, quince kilómetros al este; la temperatura se hunde hasta los -50º C. Además de los 102 congelados, hay que prescindir de otros cuarenta y seis; en total, quedan menos de sesenta hombres. Muñoz Grandes no piensa en dar marcha atrás, y Ordás tampoco se arredra: “Seguid adelante hasta morir; o se les salva (a los alemanes de Vsvad) o hay que morir con ellos, aunque queden todos los nuestros sobre el hielo...”.

Cruz de Hierro

Entre tanto, el Ejército Rojo se lanza al ataque y la compañía debe ser empleada en la defensa de una posición de la 81ª división. Los días 13 y 14, parte de los restos de los esquiadores, con ayuda de un puñado de letones y alemanes, ocupa una serie de pequeñas localidades rusas antes de retomar su misión. Allí son aplastados por fuerzas soviéticas muy superiores; veintitrés esquiadores más caen en combate.

El cuerpo principal de la menguada tropa de Ordás se dirige al fin hacia Vsvad, cuya guarnición ha salido de la localidad para establecer una posición defensiva más al Oeste. Se establece el contacto con los estupefactos alemanes la mañana del 21 de enero.


En el camino de regreso a las posiciones de partida, los españoles solo pueden utilizar frente a los asaltos rojos las granadas de mano; ametralladoras y fusiles se han congelado. El termómetro desciende hasta los -58º C.

Tres días después, el 24, Ordás da por terminada la operación y hace balance: “Mi general, quedamos doce combatientes”. Tanto Muñoz Grandes como los alemanes no pudieron sino sentirse sobrecogidos. El tributo al heroísmo de la unidad española queda reflejado en la concesión de la Medalla Militar Colectiva a la compañía y la Individual a Ordás -concesión extensiva al teniente Otero. Ordás recibió también la Cruz de Hierro de 1ª clase y distribuyó otras treinta y una cruces de hierro a sus soldados. Muy pocos pudieron exhibirla a su regreso a España.

http://www.intereconomia.com/blog/mejores-noticias-alba/atacad-espanoles-70-aniversario-division-azul-20110706

miércoles, 6 de julio de 2011

Al final, regresar a los principios. Por Martín Ynestrillas.


Que este sea el último programa de este proyecto político de comunicación, no nos va a hacer olvidar que los compromisos están vigentes y lo seguirán estando, aun cuando apaguemos la luz y cerremos la puerta al recoger los trastos.

Nos prometimos a nosotros mismos, y por supuesto a nuestra fiel audiencia, que empezaríamos todos los programas e intervenciones públicas con la exigencia de devolución los derechos y libertades de quienes los han perdido por integridad política personal y moral, y así empezaremos una vez más este programa.

No nos hemos olvidado: Pedro Varela sigue en prisión. Injustamente, cobardemente y contra natura. Por ejercer su derecho a discrepar, a cuestionar la verdad oficial, a comunicar y difundir opiniones, a establecer debates y a facilitar información que enriquezca los mismos.

En definitiva, sigue preso por lo de siempre: por ser un hombre Libre, para el que volvemos a exigir su inmediata Libertad. Un abrazo Pedro Varela.

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Efectivamente hoy apagamos la luz. Tras 63 programas, más de un centenar de colaboraciones, 38 programas de televisión y 25 de radio, ponemos fin a esta larga travesía con la satisfacción de haber dado todo lo que teníamos y la pena de no haber podido dar más.

Desde aquel San Ricardo de 2009 en que los micrófonos de la Voz de la Falange se abrieron por primera vez, en la tristemente fallecida Radio Intercontinental (hoy grupo intereconomía y por ello fallecida) hasta hoy han pasado 29 meses.

29 meses de lucha titánica y desesperada contra el silencio, contra la mentira, contra la mendacidad, contra la injusticia, contra la cobardía. 29 meses de selección de temas, de preparación de programas, de incorporación de invitados; más de 30 libros extensamente analizados con sus autores, sus recopiladores, sus editores.

La causa de la vida, la de la justicia social, la de la indignación, la de la unidad e integridad nacionales; la de la inmigración ilegal o la discriminación positiva, la causa de los hermanos cubanos de la hispanidad en lucha por sus derechos; la lucha contra el terror; la recuperación de la verdadera memoria histórica: La división azul, el valle de los Caídos, la Legión y su fundador, nuestra guerra incivil pero real, Juan Ignacio González; la causa de las víctimas frente a la impunidad de los menores, tornados en auténticas bestias; las excarcelaciones de etarras, el análisis del 11-M, las voces de las víctimas; el 23 de febrero, la Operación Galaxia y la Tansición, la Traición del Sáhara y el asesinato de Carrero; La tutela americana… el deporte, de la mano de campeones de primera línea que se baten en el ring como sólo los falangistas saben batirse a lo largo de sus vidas; La historia de España y de Europa a lo largo de los siglos XX y XXI que tanto influyen en nuestra configuración nacional actual; decenas de temas y opiniones de actualidad rabiosa que abarcaron desde los secuestros de españoles, hasta la piratería marítima; desde las elecciones municipales, hasta la legalización de Bildu o la toma de la Puerta del Sol…

Verdaderamente es para sentirse satisfechos.

Periodistas de otros medios, que jamás habrían puesto sus pies antes, en nuestros estudios, han debatido con nosotros en auténtica libertad. Liberales, identitarios, falangistas de todas las familias azules, carlistas,

apolíticos, patriotas de toda sensibilidad; moderados izquierdistas que encontraron en nuestra casa ideas, argumentos, debates, posiciones defendidas con pasión, con lógica, con indignación, con radicalidad y siempre con respeto.

Con mucho respeto a nuestros interlocutores y no necesariamente a lo que defendían.

No quiero olvidarme de nadie, pero por esta casa han pasado Enrique de Diego, Jesús Palacios, Gonzalo Altozano, Luis Fernández-Villamea, Antonio Gibello, Alfonso Arteseros, José Javier Esparza, Gustavo Morales, José Semprún, Guillermo Rocafort, José Luis Jerez, José Luis Orella, Francisco José Alcaraz, José Utrera Molina, José María Manrique, José Sanz-Jarque, Luis Eugenio Togores, Angeles Pedraza, Manuela Lancharro, Consuelo Martínez-Sicluna, José Mª de Pablo, los padres de Sandra Palo, Carlos Vesteiro, Ernesto Gutierrez Tamargo, Santiago Milans del Bosch, Peregrina Millán Astray, Ignacio y Miguel Menéndez, Francisco Pilo, Miguel Ángel Vázquez, Luis Antequera, Esperanza Puente, Josep Anglada, Elena Sanz-Orrio, Salvador Ceprián, José María Blanco Corredoria, Ceferino Maestú, Ramón Tejero Díaz, Rafel Nieto, Casilda Primo de Rivera, Juan Antonio Llopart, Fernando Oriente Coromina, Carlos García Soler, Juan Blanco, Tomás Martín, Carlos Zarco, el coronel Navarro, Pilar Muñoz, Pilar Gutiérrez, Antonio Iglesias, Luis López Novelle, José Manuel Ezpeleta, Fernando Anaya, José Antonio Martín “Petón”, Oscar Sánchez Sandoval “Rayito”, Ramiro Ribas Narváez; Pedro Pablo Peña. Mª Cruz Jara, Fernando Santos, Jesús Landa, Pablo Segarra, Fernando Stampa, Juan Serrano Mannara, Ernst-Christoph Schkopp, Pablo Fernández Blanco, los cubanos Manuel Ubals y José Luis González Tanquero, Fernando Martínez, Fernando Trujillo, Santiago Casero, Carlos Batres, Miguel Valenciano, Jesús Muñoz, Javier Marcos, Manuel Galiana, Abelardo Pons, Manuel Andrino, Carlos Rodríguez, Marisa López Alonso, Ricardo Ynestrillas, Eduardo García Serrano, nuestro primer mentor – al que desde aquí mando un fuerte abrazo con todo nuestro agradecimiento, pese a los rumbos ideológicos que cada uno adoptamos –; …decenas de escritores, historiadores y amigos que han hecho de nuestro programa un reto cada semana, por lograr llegar a esos dificilísimos espectadores que aporta el medio – internet – peleando con las todopoderosas cadenas de difusión al uso. Me perdonaran los no mencionados, pues escribo de memoria Y también los que, como Manuel Galiana, se quedaron sin programa porque siempre nos sirvieron de comodín para ajustar la programación. Nunca se lo hemos agradecido bastante.

Grabamos en la librería Europa de Barcelona, en Guadalajara, en Santiago de Compostela; nos acompañaron los plantados cubanos, los voluntarios de la División azul…

Sí, sinceramente creo que es como para sentirse muy orgullosos y sin embargo… no lo estamos del todo.

Nacimos para ofrecer a España, a través de nuestros programas, una clara visión de los planteamientos y posiciones que La Falange tiene hoy, respecto del pasado, del presente y del futuro. Con intención de ofrecer normalidad a los demás; que se entendiera que ser falangista es perfectamente compatible con los seres humanos normales y corrientes; si acaso con una sensibilidad, una preocupación social y un compromiso mayor que la mayoría de los mortales, razón por la cual militamos, con mayor o menor éxito. Y eso también creemos haberlo logrado.

Pero dábamos muestras de agotamiento. De haber alcanzado el techo en el modelo, en el formato, en el medio, o en la transmisión de ideas y planteamientos. Somos conscientes de que son muchos los que nos escuchan en España y lejos de ella también, gracias a la conexión con la Agencia de Noticias Hispanoamérica, pero nuestro crecimiento ya se hacía lento, pesado.

Y nada peor para un proyecto exitoso, que dejarlo envejecer hasta la extenuación y perder con ello el rédito y el prestigio de lo logrado hasta entonces.

España y Europa, en los próximos meses, se enfrentará a un cambio de gobierno – y quién sabe si de Sistema – dónde los falangistas tenemos que tener posición y visibilidad. Los indignados, los desfavorecidos, los hartos, los descontentos, los parados… los hambrientos, y también los enemigos de España – ahora en las instituciones, acompañando al resto de enemigos que ya les aguardaban allí – pueden – remotamente, pero pueden – cambiar la fisonomía de los acontecimientos patrios; y tenemos dos opciones: estar preparados y dar la batalla… o morir. Desaparecer. Dejar sitio a otros que sí tengan esa capacidad e intención.

Nuestra opción es la primera. Dar la batalla. Pero una batalla acorde con estos acontecimientos cruciales.

Por eso es fundamental tomar distancia. Retirarse levemente a pensar; recapacitar, organizarse. Ver el tablero de ajedrez desde arriba; contar las piezas, ordenar la estrategia. Y desde luego, no entregar la dama.

Nuestra dama, nuestra Voz de La Falange, no puede desperdiciar ni lo logrado fuera, ni lo logrado dentro, pero tampoco podíamos dejar que se agotara.

La Gran Esperanza, estoy seguro, será vista en el futuro como hoy estudiaremos “Jerarquía”, o cualquiera de las publicaciones que conservamos como oro en paño. La nómina de invitados y testimonios vertidos ante nuestros

micrófonos serán la causa, no nosotros. Y ello merece cerrar la puerta sin dar portazos, para conservar todo dentro, intacto.

Pero que nadie dude que nos ponemos – ya – a trabajar en más proyectos, en más comunicación, en más participación. En recuperar el fuelle para volver a la carga y dejar pequeña a La Gran Esperanza, por lo que seamos

capaces de hacer después. La lucha continúa y si bien la puerta se cierra, en la habitación de al lado habrá luz hasta altas horas de la madrugada. Y dentro estaremos algunos de nosotros, trabajando.

Por eso hoy, hemos querido cerrar con un colofón de lujo. La Falange primigenia. La del sentimiento heroico de la vida, la del valor. La de aquellos sacerdotes bravos que, como Fermín Yzurdiaga, supieron ponerle la pluma a la Cruz, como los Aznar le ponían la espada.

Porque – siempre lo hemos dicho – nosotros estamos orgullosos de nuestra historia. Es allí donde aprendemos las lecciones y apoyamos nuestros talones para coger impulso y actuar en el presente y en el futuro. Y porque conviene no olvidar dónde están nuestros referentes de ayer, para construir la España de hoy y de mañana. Por última vez les pido: acomódense y escúchennos.

Martín Ynestrillas

www.ynestrillas.org

sábado, 2 de julio de 2011

viernes, 24 de junio de 2011

UNO DE MYL





Como dice esta imagen, la cual traslado a una barra lateral de mi Blog, lo cual invito a hacerlo a todos aquellos que tengan uno y crean que la UNIDAD DE ACCIÓN cuanto menos sea lo único que pueda evitar la felonía que quieren cometer en el Valle de los Caídos, como decía, este Blog es uno de tantos que intentan por todos los medios mantener viva la llama de la Lealtad.

martes, 21 de junio de 2011

CARTA PARA UN MILITANTE DERROTADO


Tu no eres un traidor.
Sería injusto decirte que te vendiste al enemigo.
Simplemente, un día despertaste y te sentías agotado. Te viste en el espejo y te reclamaste a tí mismo, el por qué diste tu vida entera a la lucha, a la Causa, con pureza, con honestidad,con entereza....
Y ahora no tienes nada. No te hiciste de dinero. Antes que eso: tienes deudas, tu familia no te comprendió, no falta quien te diga "de que te sirvió andar en esas luchas y no tienes nada". Pareciera que éste mundo detesta al Héroe. Si hubieras hecho de tu vida una lista de corruptelas y latrocinios seguramente esas voces, a lo mas, murmurarían, pero no te aplastarían con esa maldita lógica que a veces parece tener razón. "¿De que te sirve andar en esas luchas si ni puestos publicos ganaste?". Y te da rabia, porque sientes que esa voz,casi siempre querida, no comprendió la lucha.
Tantos mitines, tantas marchas, tantas charlas y cursos en las comunidades para explicar los derechos sociales, para despertar la dignidad y el orgullo. Tantas Banderas y tantos Himnos a la Patria y la Revolución...
Tantas amenazas, tantos miedos, tantas veces escapando del vigilante estatal o criminal, y tu lo hiciste con la convicción, de que el Pueblo, tratado como rebaño, iba a despertar con tu vigor, tu palabra de fuego y tu esfuerzo.
Pero nada. Ves que ese Pueblo termina por ir a la cosecha de despensas y vota por los mismos criminales de siempre. Y das tres golpes en la pared y te condenas y te sientes estúpido y cansado.

¿Qué te puedo decir Camarada?

Muy poco. ¿Porque sabes? También tuve mil noches de insomnio, mil veces de incomprensión, mil amenazas de quien ama pero no comprende y pide que deje de pelear por la Vida y la Dignidad. También tuve rabia y tuve un profundo pozo acá en el alma.

Pero también me dí cuenta, una bendita noche... Que todo tiene su tiempo, cada noche su amanecer, cada muerto su resurrección.

Y un buen día, después del agobio y la aplastante sensación de derrota, me fui.

Probé en la soledad del desierto que la vida pide cambios. Y madurez. Y que tenía que aprender. Y aprendí.

Que la lucha no es para hacerla en soledad. Ni aislado. Que la Solidaridad es el bálsamo. Que ésta lucha tiene que ser comprendida también por los que viven con nosotros. Debemos explicar con claridad que si salimos a la calle, a la plaza,a la comunidad, es para que haya vida para todos. Que no es posible una isla de felicidad en un océano de miseria y violencia.

Que sepan que luchamos. Y que nuestra lucha debe ser más eficiente, más estratégica, mas sabia. Mas equilibrada.

Y si un día, no volvemos. Que sepan que dimos todo con entereza, con fidelidad, y sobre todo, que amamos intensamente a los nuestros. Que si peleamos por la Patria, la Patria tenía el rostro de nuestros hijos, de nuestras madres, de nuestros hermanos....
Que si luchamos por la Justicia, la Justicia tenía el objetivo de llevar el alimento y la escuela, la dignidad y la paz a nuestros hogares. Y que si luchamos por la Libertad, la hicimos pensando en la Conciencia satisfecha de haber provocado la diferencia en una sociedad tan dada al rebaño y las cadenas.

Y Creeme Camarada: Romperás tus barrotes de la prisión que te agobia y que son la Solidaridad y la Madurez las herramientas de tu libertad.

De otro Camarada.



De: Movimiento Nacional Sinarquista

lunes, 20 de junio de 2011

Rompiendo mí silencio


Por don José Utrera Molina. La Gaceta, 16 de Junio de 2011.


Ayer, concretamente en el periódico El País, se publicaba una carta de mi nieto Rodrigo en relación con los insultos y agresiones que había sufrido su padre recientemente. He de comenzar escribiendo que el protagonista de esta carta, Rodrigo Ruiz-Gallardón Utrera, goza por mi parte de una estimación fuera de lo común. Le conozco, sé que acumula en su joven personalidad una serie de virtudes poco frecuentes, pero sobre todo tengo que señalar su admirable claridad mental, su objetividad, su falta de prejuicios y su incontaminación de cualquier género de sectarismo político. Es todo un hombre, que es la mejor definición que se puede hacer de una persona. Me ha conmovido su carta porque en ella afirma rotundamente un concepto que fue muy habitual en la prosa política de Ortega y Gasset, quien decía: “Hay que pensar con arquitectura”, es decir, con perspectiva. Añade Rodrigo que vivimos en un gravísimo momento histórico y alude también al final a una descomposición de valores que todos sufrimos. Suscribo esta angustiosa preocupación y esta reflexión serena de mi nieto.

Hace unas noches, cuando eran aproximadamente las dos menos cuarto de la madrugada, un griterío infernal me despertó de mi sueño; según pude comprobar después, era el clamor de los indignados en las calles más céntricas de Madrid. La verdad era que mi despertar con sobresalto no lo había sufrido desde hacía muchísimos años cuando las calles de Málaga eran recorridas por gentes que gritaban: “Hijos sí, maridos no”. Yo pregunté por aquellas fechas, con tan sólo 10 años, qué significaba aquello y mis padres respondieron: “No saben lo que dicen”.

A ese pozo insondable de la memoria han venido en estos días múltiples recuerdos, algunos clavados como punzadas en los primeros latidos de mí joven corazón. Creía tal vez ingenuamente que esas etapas de crispación histórica habían terminado. Recordaba las frases de Aristóteles cuando escribía que el cobarde y el valiente no podían ser igualmente estimados. Ahora compruebo que no es así y que quizá, en el final de este túnel oscuro por el que transitamos, se pueden adivinar situaciones por cuya liquidación hemos trabajado y yo diría que rezado muchos españoles. Hoy al leer la prensa me informo del criterio sublime de Ramón Jáuregui de desenterrar el cuerpo de Franco del Valle de los Caídos. Me parece un soberano disparate y, sobre todo, la traducción a nivel muy concreto del insaciable odio que llena el corazón del presidente del Gobierno, que en definitiva quiere prorrogar su legislación para culminar los objetivos sectarios y antinacionales que tiene en su sagrada agenda. Es muy posible que la queja y el grito de muchos españoles no pueda impedir tamaña injusticia histórica. Que nuestras palabras se ahoguen en el silencio, que nuestras quejas se ignoren por completo, que nuestro dolor no sea atendido, que nuestra indignación no sea estimada. Pero tenemos muchos españoles la obligación al menos de escribir con letra firme la verdad entera de lo que ha sido la historia de España, hoy manipulada y aniquilada, por los que representan el Gobierno de la Nación. Que sepa Zapatero que un pueblo no puede vivir esclavo de los caprichos de un demagogo, de un enfermo de ira y de rencor. Que queremos por todos los medios que desaparezca de la escena española y que nos libere de esa atroz pesadilla que estamos sufriendo día tras día con su presencia.

Es posible –me pregunto- que un torrente de odio semejante pueda acercarse a las venas calientes de España? ¿Es posible que una capacidad impresionante de rencor, pretenda ahogarnos sepultándonos en la mentira de lo que ha sido con sus errores y con sus defectos, con sus fallos y con sus éxitos la torturada historia de España? ¿Es posible centrar en la vida de un hombre, como fue la de Francisco Franco, el cúmulo de condenas que sin rigor y sin justicia se están representando sobre su nombre? Parece que sí, sin embargo, aunque mi voz sea ingenua y solitaria, incapaz de movilizar el sentimiento de nadie con el corazón en alto y el alma en vilo, proclamo y declaro que es insoportable la falta de ecuanimidad y de dignidad histórica del presidente del Gobierno y también la de sus acólitos que, por miedo o por otras causas similares, permanecen en silencio contemplando todo este desastre. Dios quiera mandarnos en algún momento un rayo de luz para que se rompan las tinieblas q ue soportamos con impotencia y amargura. Dios quiera que la ventura de una nueva esperanza nos sitúe con el alma tranquila y que la sombra nefasta del presidente del Gobierno aparezca disuelta en el desprecio y en la señalización de su poderosa ignorancia.

Es verdad que vivimos unas horas gravísimas pero es también muy cierto que la energía histórica de España no puede sucumbir ante tanto cieno y tanta vileza. Hay que creer en el milagro y yo, octogenario superviviente, creo en él y espero que algún día, aunque yo no pueda verlo, España quede liberada de una ruindad de tantos enanos y malandrines como los que nos gobiernan en la actualidad. Hoy estoy orgulloso de romper mi silencio. Quizá mis palabras aparezcan como salidas de un horno hirviente, pero no podría nunca soportar que alguien me señalara por la indignidad de mi silencio.

(Original aparece con el título: "La carta de mi nieto")


domingo, 12 de junio de 2011

DECLARACIONES DE MANUEL HEDILLA EN 1969 AL SEMANARIO MUNDO.


Mundo: ¿A qué atribuye usted que el decreto de Unificación que, como más tarde se ha comprobado, supuso la desaparición legal de La Falange, haya contado con el consenso de la mayoría de los falangistas de entonces?

Hedilla: Para dar respuesta adecuada a la pregunta que ustedes me formulan quisiera que me permitiesen unas aclaraciones previas que me posibilitaran expresar diáfanamente mi pensamiento y que coadyudarán a dar claridad a mi contestación.

En primer lugar he de decir que comparto con ustedes la idea de la desaparición legal de Fe de las JONS, por el decreto de Unificación del 19 de abril de 1937, ya que esta disposición legal de una manera expresa clara e inequívoca creaba una entidad política que, de momento, se denominó, por imperativo legal del mismo decreto, Falange española tradicionalista y de las JONS.

Basta con proceder a la simple lectura de sus preceptos para darse cuenta de ello, pues en sus artículos primero y segundo se habla literalmente de una “nueva organización” y de una “nueva entidad política nacional”, quedando disueltas las demás organizaciones y partidos políticos. Jurídicamente, pues FE de las JONS y todas las demás asociaciones y organizaciones políticas quedaban disueltas legalmente, creándose una nueva entidad política, que tomaba provisionalmente el nombre de las JONS, de Falange Española y de la Comunión tradicionalista.

Por otra parte, he de manifestar que el Decreto de Unificación representó, según lo han expresado también estudiosos de la historia política de España, “un hecho de estado” formalmente justificado en el preámbulo del decreto, al manifestar este que “una acción de Gobierno eficiente, cual cumple ser la del Nuevo Estado Español, nacido, por otra parte, bajo el signo de la unidad y la grandeza de la patria, exige supeditar a su destino común la acción individual y colectiva de todos los españoles”.

La Unificación, sigue diciendo el preámbulo del decreto”no quiere decir ni conglomerado de fuerzas ni mera concentración gubernamental, ni unión pasajera. Para afrontarla de modo decisivo y eficacia que huir de la creación de un partido de tipo artificial, siendo, por el contrario, necesario recoger el calor de todas las aportaciones para integrarlas, por vía de superación en una sola entidad política nacional”.

Políticamente, pues, la significación y motivación del Decreto de Unificación es clara: la creación de una nueva entidad política, integradora por vía de superación de todas las aportaciones al Alzamiento, justificada por una acción de gobierno eficiente, según dice el decreto.

Formuladas estas conclusiones, creo que desde esta perspectiva, y no desde otro ángulo visual, histórico y político, puedo expresar mi opinión acerca de las razones que pudieran motivar que los falangistas de FE de las JONS prestaran su consenso al Decreto de Unificación, no obstante la dificultad intrínseca que implica interpretar acciones de conciencia. Pero teniendo en cuenta las justificaciones externas de esas acciones, el contexto político de aquella época y el ambiente del momento, creo que la mayor parte de ellos lo hicieron por diversas causas, que en algunos concurrían conjuntamente y en otros separadamente.

La consideración de supeditar, por el momento, toda acción a causa distinta que no fuera la liberación de toda España; la creencia sincera, de que la concentración al máximo de poderes en una sola persona constituía un factor importante pata obtener la victoria; el hecho de que los generales más responsabilizados en el Alzamiento Nacional, hubieran designado al general Franco Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos y la afirmación de que la nueva entidad política adoptaba como norma programática 26 puntos de Falange( y dejaba sólo el punto 27 sobre pactos fuera), creo que fueron determinantes del consenso a que ustedes aluden en su pregunta.

Otros estimo, que tomaron esa decisión por razones que sólo ellos sabrán, puesto que por medio de palabras emitidas y acciones practicadas en aquellas fechas fueron contrarias al decreto de Unificación.

Aclarada mi pregunta, me van ustedes a permitir que vuelva públicamente a reiterar mi postura ante el mencionado Decreto.

Yo, como Jefe Nacional de FE de las JONS, no tuve ocasión de manifestarme formalmente ante él, ya que sólo unos momentos antes de ser anunciado públicamente fui informado sobre el mismo.

Sin que por mi parte, manifestara opinión concreta al Decreto, en concepto de Jefe Nacional, leí mi designación de miembro del Secretariado o Junta Política de la Nueva entidad cuatro días después de la Unificación, y cortésmente decline mi nombramiento. Lo hice por entender, con todos los mandos de La Falange de aquella época conocedores de la situación, que la operación política realizada constituía un menosprecio para nosotros, ya que ni siquiera fuimos consultados acerca del Decreto.

Tanto ellos como yo no nos oponíamos a una unificación de fuerzas para servir a España; A LO QUE NOS OPONÍAMOS ERA A LA DISOLUCIÓN DE LA FALANGE.