jueves, 3 de mayo de 2012

LOS “JOSEANTONIANOS” (El peligro de democratizar el Nacional Sindicalismo).


El Nacional Sindicalismo no es una idea mesiánica unipersonal, es una amalgama de inspiraciones y pensamientos que dio lugar a una ideología que enamora y que, de forma revolucionaria, solucionaría de manera radical y totalitaria los gravísimos problemas de España. Aunque sea solamente por la generosidad de nuestros fundadores: ¡¡RESPETO Y FIDELIDAD!!
No pretendemos hacer ninguna comparación entre José Antonio Primo de Rivera y Juan Domingo Perón, ni tampoco entre el Nacional Sindicalismo y el Justicialismo, pero sí queremos llamar la atención sobre el peligro que supone simplificar el pensamiento político de la Falange en el “Joseantonismo”, del mismo modo que el Justicialismo de Perón pasó a ser reducido a la figura personalista del mismo Perón con el nombre de “Peronismo”.
Argentina empezó a industrializarse en torno a las grandes ciudades, en especial Buenos Aires, lo que dio lugar a una inmigración de masas desestructurizadas desde las zonas agrarias a los núcleos urbanos. El desempleo trajo como consecuencia la proletarización de la clase media que rápidamente fue manipulada por anarquistas y comunistas. El consecuente desbarajuste dio lugar a una intervención militar en 1943 formándose gobiernos castrenses en los que intervino Perón ocupando puestos como en la Secretaría de Trabajo y Previsión, Ministerio de la Guerra e, incluso, la Vicepresidencia hasta 1945 en que fue deportado y confinado en la localidad de MARTÍN GARCÍA desde donde regresó para ocupar la Presidencia de la Nación después de ganar las elecciones de 1946 con la estimable ayuda de su mujer, la famosa Evita”.
Perón basó su política en un fuerte nacionalismo, teniendo como vanguardia un Frente Nacional formado por trabajadores y militares. De fuerte carácter antiliberal, Perón puso en marcha una política social nacionalizando los sectores estratégicos y los productos argentinos. Luchó contra el poder exterior y contra la oligarquía terrateniente. Industrializó la nación y a los trabajadores. Fomentó más la industria, se subieron los salarios y aumentaron las inversiones sociales.
Fue reelegido presidente en 1951 hasta 1955, año en el que una crisis le derrocó de la presidencia. Hasta aquí el auténtico Justicialismo que según manifestó el propio Perón tuvo su inspiración en el Nacional Sindicalismo de La Falange.
El exilio dio lugar a un romanticismo personalista de los, hasta entonces, activistas justicialistas y entonces nació el peronismo, que hizo fracasar cualquier intento de restaurar el justicialismo en el gobierno argentino, como se demostró en 1973, debido a las luchas internas dentro del movimiento que, por un lado, degeneró en la extrema derecha dando lugar a la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y, por otro, degeneró en la extrema izquierda de la que nació el grupo de los Montoneros.
Los grupos surgidos de las dos tendencias se alejaron completamente del movimiento Justicialista llegando a ser habitual la práctica del terrorismo, lo mismo entre ellos que contra enemigos externos. El mismo Perón llegó a apartarse tanto de los conceptos justicialistas, que incluso intentó conseguir, a cambio de dinero, la canonización de Evita, hecho que, lógicamente, no se llevo a cabo y que, además, resulto contraproducente.
Cuando le preguntaron a un político argentino sobre las diversas tendencias que componían el peronismo, enfrentadas entre ellas por antagónicas, el político respondió: “El peronismo es como la Carta Astral, en la que caben todos los signos del zodiaco”. Actualmente en Argentina no hay movimiento justicialista, pero todos los gobiernos surgidos de las urnas se autodenominan “peronistas” y han convertido a la Nación en un autentico desastre y nido de corrupción, a pesar de su inmensa riqueza en recursos naturales.
Todo lo relatado sobre el Justicialismo y el Peronismo no es comparable, ni en cuanto a los personajes ni a las ideologías, pero sí en su posible coincidencia en las trayectorias, con el Nacional Sindicalismo. En el Nacional Sindicalismo siempre ha habido varias posiciones o posibilidades pero un solo objetivo, la Revolución, que en ninguno de los casos pasaría por un destino de sufragios, ni mucho menos en comulgar con la lucha de partidos ante las urnas.
En nuestra opinión la única forma de hacer Nacional Sindicalismo es desde el descaro y no tenemos por qué esconder coincidencias, ni esconder personajes, ni mucho menos manipular historias con el fin de integrarnos en un sistema que repudiamos y que ha traído la ruina a España en todos los aspectos.
Mucho nos tememos que, sabiéndolo o no, queriéndolo o no, hemos iniciado un viaje sin retorno con los estandartes democráticos, lo que desembocará en la desaparición de La Falange como movimiento revolucionario Nacional Sindicalista dividiéndolo en dos ramas, la nacional-demócrata y la demócrata-cristiana.
Se diga lo que se diga, el Nacional Sindicalismo no es copia, pero sí es de inspiración fascista, revolucionaria, totalitaria y anti sufragios y no tenemos que avergonzarnos ni renegar de ello porque, entre otras cosas, el Fascismo fue mucho mejor que todas las democracias de su época y el nacional sindicalismo le supera al situar en el centro y en el origen del Estado a la Persona COMO PORTADORA DE VALORES ETERNOS… y los valores tampoco se someten a sufragios. Para aquellos que quieran verificar estas afirmaciones le recomendamos la lectura de las cartas de José Antonio a Juan Ignacio Luca de Tena, publicada el 23/03/1933, a Julián Pemartín de 02/04/1933, o en el Prólogo a El Fascismo de Mussolini, en carta titulada “En una tarde de Octubre” de 1933.
Próximamente editaremos trabajos sobre José Antonio y el Totalitarismo y José Antonio y el Fascismo, en los que, con texto literal del propio José Antonio, se demostrará que el pensamiento, dentro del Nacional Sindicalismo, del fundador de La Falange, no pasa por los presupuestos democráticos de los autodenominados “José Antonianos”.

Carlos Rodríguez.
Jefe Nacional del Sindicato TNS.

martes, 1 de mayo de 2012

Chicago, 1 de mayo de 1886

 El 1 de mayo de 1886 fueron ejecutados en Chicago los mártires sindicales que organizaron la revuelta reivindicativa de las ocho horas laborales. Con su lucha insobornable, llevada hasta el sacrificio de sus propias vidas, Spies, Fielden, Neeb, Fischer, Lingg, Engel y Albert Parsons le arrancaron al Capitalismo la usura de las interminables jornadas de trabajo a cambio de unos salarios de miseria.

No merecían morir y el jurado que los sentenció a la hora lo sabía. Hasta tal punto eran conscientes de la atroz injusticia que iban a perpetrar, que uno de los comparsas del Capitalismo que formaban parte del jurado justificó las sentencias de muerte alegando que había que ahorcarlos “por que son hombres demasiado sacrificados, demasiado peligrosos y demasiado inteligentes”. Desde entonces , el 1 de mayo es la Fiesta Internacional del Trabajo.

Y lo cierto es que cuando uno evoca la lucha de los mártires de Chicago y le echa la vista encima a la UGT, la marea de asco hace naufragar cualquier razonamiento lógico y ahoga la comprensión y hasta la piedad. Cuando uno evoca a aquellos sindicalistas de coraje y de pana, de pólvora y testosterona que con su impagable valor y con la firmeza de su lucha sacaron a los niños de los pozos de las minas y redimieron a los trabajadores de la infamante condición de animales de carga a la que el Capitalismo los había condenado, y le echa la vista encima a los ejecutivos horteras de CCOO, que viven de los Presupuestos Generales del Estado, la náusea se hace incontenible y la certeza de la estafa, incontestable:

El 1 de mayo, como todos los años estos petimetres sindicales nuestros que no son “ni demasiado sacrificado, ni demasiado peligrosos ni demasiado inteligentes” y que cobran de la teta del Estado porque no tienen el coraje suficiente para vivir a la intemperie de la independencia, montaron el pic-nic de siempre para mancillar con esas lenguas suyas tan acostumbradas a lamer el culo del Poder, palabras tan hermosas como TRABAJO Y SINDICALISMO.


Eduardo García Serrano.

viernes, 27 de abril de 2012

miércoles, 25 de abril de 2012

Levas

Venimos por levas. No prometemos nada, no ofrecemos nada, no traemos privilegios ni favores. Venimos a por hombres con conciencia de serlo. Buscamos centinelas que vigilen, que garanticen el sueño tranquilo de los hombres y las mujeres de nuestra nación. No, no es nuestra tarea velar por los televisores o las lavadoras de nuestros compatriotas. Rechazamos el papel de ser guardia pretoriana de la paz embrutecida de hordas de niñatos borrachos que bucean en el fondo del vaso a la busca del sentido de sus vidas estériles. Pedimos centinelas, vigías que defiendan alegres y feroces la dignidad de los hombres y las tierras de España, hombres que garanticen en silencio que sus padres puedan andar por la calle con la cabeza en alto, a quienes sus madres miren con orgullo. Llamamos a las levas, centinelas que escruten nuestras fronteras para detener la invasión soterrada de culturas foráneas, del hegemonismo anglosajón, que formen un frente de apretadas filas ante los colonialistas de corbata y maletín, ante los becerros de oro, ante los ídolos de palacio y Visa oro. Entre el Cid y los banqueros, optamos clara y abiertamente por el Cid.

Tampoco a tales centinelas les ofrecemos nada sino sacrificio. Sí, sacrificio, ¿cuánto tiempo hace que no oís esta palabra? Quienes vigilen el muro han de ser duros, muy duros; duros con su propia falta de fe, duros con sus tentaciones de dejarse llevar por una vida muelle, duros con la tendencia a sentirse superiores y con derechos de señor de horca y cuchillo. Duros con quien maltrata al débil, con quien humilla a la mujer, con quien embrutece al niño. A cambio sólo damos un hueco en nuestras filas, sin preguntar de dónde vienes ni quién eres.

Cito a alguien que no era azul pero sí español, profundamente español:

"La muerte junto al fusil, antes de que se nos afrente, antes de que se nos humille, antes que se nos destierre y antes de que entre las cenizas que de nuestro pueblo queden, arrasadas sin remedio, gritemos amargamente: ¡Ay España de mi vida, ay España de mi muerte!".


Pan para el cuerpo, imperio para el espíritu.
 
 
 
Extraído del magnífico blog, que desde aquí os recomendamos:

martes, 24 de abril de 2012

martes, 17 de abril de 2012


"Mucho cuidado con invocar el nombre de España para defender unos cuantos negocios, como los intereses de los Bancos o los dividendos de las grandes Empresas".




José Antonio Primo de Rivera
Discurso pronunciado en el Frontón Cinema de Zaragoza, el 26/01/1936

martes, 10 de abril de 2012

El triunfo de los mediocres

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

Recibido por correo electrónico.

domingo, 8 de abril de 2012

¡¡¡ Resucitó, Aleluya !!!


Un año más, en la mañana de Pascua resuena el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!”. Es la Pascua de la Resurrección del Señor. Cristo Jesús ya no está en la tumba, en el lugar de los muertos. Su cuerpo roto, enterrado con premura el Viernes Santo ya “no está aquí”, en el sepulcro frío y oscuro, donde las mujeres lo buscan al despuntar el primer día de la semana. Cristo ha resucitado. El Ungido ya perfuma el universo y lo ilumina con nueva luz.

¡Cristo ha resucitado! Esta es la gran verdad de nuestra fe cristiana. Aquel, al “que mataron colgándolo de un madero” (Hech 10, 39) ha resucitado verdaderamente, triunfando sobre el poder del pecado y de la muerte. Ante quienes niegan la resurrección de Cristo o la ponen en duda hay que afirmar con fuerza que la resurrección de Cristo es un acontecimiento histórico y real que sucede una sola vez y una vez por todas: El que murió bajo Poncio Pilato, éste y no otro, es el Señor resucitado de entre los muertos: Jesús vive ya glorioso y para siempre. La resurrección de Jesús no es fruto de una especulación o de una experiencia mística, ni una historia piadosa o un mito; es un acontecimiento que sobrepasa la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.

La Pascua de Cristo es la verdadera salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros y no hubiera resucitado, no tendríamos ninguna esperanza: la muerte sería inevitablemente nuestro destino, y el pecado, la división, el odio, el egoísmo, la avaricia y el poder del más fuerte tendrían sin remedio la última palabra en la vida de los hombres. Pero la Pascua ha invertido la tendencia: la resurrección de Cristo es una nueva creación: es la nueva savia, capaz de regenerar toda la humanidad. Y por esto mismo, la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, a todo deseo y proyecto de cambio y progreso verdaderamente humanos. La última palabra no la tienen ya la muerte, el pecado, el mal o la mentira, sino la Vida, la Verdad y la Belleza de Dios.

Cada bautizado participa ya por el Bautismo de la muerte y resurrección del Señor y está llamado a vivir y a dar testimonio de la salvación en Cristo, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años, los santos han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua. Vivamos también hoy los cristianos con alegría y radicalidad el misterio pascual difundiendo su fuerza renovadora en todas partes. Será el mejor testimonio de nuestra fe en la resurrección de Cristo; será también nuestra mejor contribución a la regeneración profunda que necesita nuestra sociedad, que ha de basarse en una conversión espiritual y moral, si se quiere superar la profunda crisis actual.

Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Caminemos con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo. Feliz Pascua a todos.

Con mi afecto y bendición,
+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

lunes, 2 de abril de 2012

El alma de España

España no se puede entender sin el cristianismo, y hace 2000 años que San Pablo nos predicó a Cristo, y a Cristo Crucificado. Por lo tanto, España sin la Cruz no tiene sentido.

Y tengo para mí que la raíz profunda de la crisis que padecemos no es otra que habernos alejado de la Cruz de Cristo. Frente a una estrategia del triunfo a toda costa, que derrumba todo principio moral y hunde a los hombres en el pecado, vienen a mi memoria las palabras de San Josemaría Escrivá de Balaguer: «El cristiano es sal y luz del mundo, no porque venza o triunfe, sino porque da testimonio del amor de Dios».

A lo largo de los siglos, los españoles han seguido la Cruz de Cristo de muchas formas. Este año, por ejemplo, se cumplen los 800 años de la batalla de las Navas de Tolosa, en la que nuestros antepasados lucharon por la libertad de la Cruz frente a la sumisión islámica.
Más tarde florecieron en España los místicos del Siglo de Oro, algunos de los cuales han sido declarados doctores de la Iglesia.

Pero la gran aportación de España al santoral católico son los mártires, que por millares dieron su vida en testimonio de la fe durante la persecución comunista del siglo XX.

Todos ellos nos pueden servir de ejemplo para no entregar la vida a cambio de triunfos pasajeros y efímeros. Ni el éxito, ni el dinero, ni el placer y ni siquiera el poder tienen suficiente valor de cambio, no digo para entregarles a estos señuelos una gota de nuestra sangre, sino que, como cristianos que somos, estos falsos espejuelos no se merecen ni una gota de sudor.

Esta Semana Santa, en la que tradicionalmente los pasos procesionales del Señor y de su madre, María Santísima, llenan de fervor religioso las calles de nuestras ciudades, es una oportunidad inmejorable para revitalizar nuestro compromiso cristiano.


Javier Paredes
Catedrático y autor de «La primera Semana Santa de la Historia»

domingo, 1 de abril de 2012

domingo, 11 de marzo de 2012

De una profesora....

" la O de "ojo" y la U de "uña".
Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba "Semillitas", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.

En Primaria estudiábamos Lengua , Matemáticas Ciencias , no teníamos Educación Física. En 7º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.

En Bachiller, estudié Historia de España, Latín, Literatura y Filosofía.

Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...

Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. 

Y.. vamos con la Gramática.

En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente".

¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene entidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "-nte".

Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.

Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española ? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes
(a ellos y a sus seguidores).

Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto.

Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!

Difundamos esto, pues no es lo mismo tener UN CARGO PÚBLICO que ser UNA CARGA PÚBLICA.

BESOS...BESAS....Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 50 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia

domingo, 4 de marzo de 2012

4 DE MARZO. MITIN EN VALLADOLID

Desde el mitin de la Comedia al resonante de Valladolid transcurrieron diecisiete semanas justas. Resumía José Antonio este período diciendo en FE: "En estas diecisiete semanas, los nuestros han sabido padecer la cárcel, las heridas, las persecucíones, la muerte y, lo que es peor todavía, las taimadas maniobras de los fariseos; pero en estas diecisiete semanas es infinitamente más lo que el enemigo ha padecido, y sobre todo es infinitamente  más lo que ha ganado España.

"El 4 de marzo fue un día frío, destemplado, mesetero. Concurrieron a Valladolid nacionalsindicalistas de diversas provincias, de sus pueblos y aldeas. Hubo siempre allí, bajo la capitanía de Onésimo Redondo, un núcleo combativo y ardiente de jonsistas, ejemplo y emulación para toda España. Y su acción empecinada y valiente tenía de siempre en jaque a las poderosas organizaciones socialistas y sindicalistas del campo y la ciudad. El mitin representaba la presentación al público de Falange Española de las J. O. N. S. después de la fusión. Era en realidad el primer acto "fascista" puro. Por eso, desde las primeras horas del día la capital castellana tomó el aire desolado de las ocasiones dramáticas, de cuando el odio desata la huelga general y el motín acecha tras de las esquinas.

Gran aparato de guardias de a pie y a caballo, de policías. Y en la calle una muchedumbre proletaria rencorosa, indudablemente armada y dispuesta a la violencia, que recibía con gritos hostiles a los autobuses de falangistas o simpatizantes, decididos a entrar en el teatro Calderón para escuchar a Bedoya, Palma, Ruiz de Alda, Onésimo Redondo Ledesma Ramos  y  José Antonio, que eran los oradores anunciados. Los falangistas -esto se hizo costumbre para lo sucesivo eran cacheados al llegar a la ciudad y al entrar en el teatro. No sucedía lo mismo con los miles de extremistas que invadían amenazadoramente las calles. Pero había ya tanto temor como odio en los adversarios. Así pudieron darse casos como éste: con la bandera rojinegra al frente, un puñado de camaradas de Santander atravesó en formación la ciudad, hasta el mismo Calderón, sin que fuera       agredi do .En el teatro se mostraba ya el ritual casi de nuestros actos. Profusión de banderas nacionalsindicalistas. Miles de personas jóvenes en su mayoría-, labriegos, abarrotándolo.Todavía no se llevaba la camisa azul-decretada por José Antonio en el primer Consejo Nacional de octubre siguiente-, ni formaban las escuadras de primera línea para mantener el orden. Pero los camaradas de Valladolid, distribuidos convenientemente, hubieran impedido cualquier intromisión  perturbadora.

A las once, bajo el bosque de brazos en alto y los vítores entusiastas, José Antonio y los oradores penetraron en la sala, ardiente ya de expectación y de pasión. Hablaron los que se había dicho: Ruiz de Alda, con aquella su palabra franca de militar y de navarro; Onésimo,  con su ardor y su castellano preciso e inflamado; Ledesma Ramos, con una oratoria tajante, de hombre asordado, más hecho a la meditación y al escrito que a la tribuna, y José Antonio,con un verbo de filigrana y precisión y una elegancia intelectual que siempre le preservó del vicio del latiguillo. Y la masa humana comprendió ser testigo de la aparición inteligente y esforzada de un movimiento nuevo, revolucionario y tradicional a la vez, con jefes de valía y con una mítica que los españoles todos habían de sentir y acariciar en sus corazones y en sus mentes y que habría de empujarles al sacrificio para salvar y levantar a la Patria. Había ya en el salón las filas de butacas de "bien pensantes" -flagelados más tarde por la pluma garbosa de Sánchez Mazas-, defraudados porque, según sus jefes, la Falange no era un arrebato reaccionario, pero que no podían sustraerse a la belleza emotiva, a la calidad sentimental de un mitin tan distinto a los que celebraban los partidos políticos. Y la gran muchedumbre labriega, juvenil y obrera, se mostró en un frenesí delirante, rodeando a JoséAntonio -con tan clara confianza entusiasta, que desde aquel día hasta los más escépticos comprendieron que era el Jefe indiscutible del nuevo movimiento espiritual, militar y social elegido para reconstruir a la España víctima de los embates de las tendencias parciales. Las manos callosas de los labradores castellanos-"no os llamo agrarios, había dicho certeramente Onésimo, porque esa palabra me da asco"-estrechaban la de José Antonio, y el público iniciaba el desfile hacia la calle, cuando sonaron las primeras descargas de los pistoleros marxistas. Apenas abiertas las puertas del Calderón, el concierto de tiros disparados contra los asistentes al acto comenzó por todo Valladolid. La fuerza pública pretendió cerrar de nuevo el teatro -al que pudieron entrar cuantos quisieron, según norma que Falange observó siempre para sus reuniones de propaganda-, mientras despejaba los alrededores, sin cargar, ni mucho menos, contra la muchedumbre marxista y anarquista que lo cercaba. Pero a la puerta llegaron José Antonio y los demás camaradas caracterizados.Una breve disputa con el jefe de las fuerzas de Asalto y las puertas fueron abiertas de nuevo.José Antonio al frente -unos metros detrás, sus mismas hermanas y otras camaradas-, los falangistas salieron a la calle bajo un diluvio de balazos. Tras de cada esquina y en cada bocacalle había pistolas humeantes que agotaban el cargador. Se les respondió y se les hizo huir. No obstante los cacheos, siempre hubo ingenio en los falangistas para ocultar las pocas armas de que podían usar. Y durante más de dos horas Valladolid vivió, los balcones cerrados, en la calle dos masas contendientes que por primera vez se reconocían y una fuerza pública que atacaba más bien a los agredidos que a los agresores, un anticipo de la guerra civil. Hubo varios heridos, en su mayoría rojos. Éstos se vengaron asesinando a un estudiante,Abella, que posiblemente no había estado ni en el mitin, matándolo a golpes de porra en una calle excéntrica. Por la tarde hubo revista de la primera línea vallisoletana en un campo que la J. O. N. S. tenía cerca de la Rubia.

 Y, sin novedad, José Antonio y sus camaradas regresaron satisfechos a Madrid. En este viaje, según Juan Aparicio, fue donde, por iniciativa de JoséAntonio y como señal de hermandad, se decidió hablarse todos los camaradas de tú.

Historia de la Falange Española de las J.O.N.S.
Francisco Bravo Martínez

lunes, 27 de febrero de 2012

NOSOTROS...

A nosotros no nos dieron una bandera prolijamente doblada. A nosotros no nos dieron ninguna pensión. A nosotros nos desprecia la izquierda y la derecha. A nosotros nos soñaron los dioses encendidos solitarios señores de la muerte y del exilio. A nosotros no nos dieron la bandera dobladita, de los marines porque nosotros... somos los abanderados de los jirones negros del último infierno un minuto antes, del Apocalipsis.
Nosotros perdimos todas las guerras y entregamos hasta la última gota de sangre sin embargo el sol conservó para nosotros sus rayos invictos, y su alegría. Nosotros somos los culpables de todo lo que dice el noticiero la suma maldad, el origen mismo de todos los males. Es curioso el temor que nos profesan si todas las guerras hemos perdido. Es curioso que quieran perseguirnos de nuevo. Ahora que sólo somos la sangre sobre la nieve la memoria de niños con uniforme las espesas cenizas de la guerra civil la luz cegadora del vacío. Ahora que somos el olvido del olvido inofensivos héroes del pasado Hoplitas desnudos, obreros Poetas, agricultores. Ahora que somos la sombra del acero el eco del silencio el azotar de las olas en los desembarcos la espada dormida del exilio la desazón de la derrota la raza extinta de los lobos el cóndor despeñado el suicidio ritual la última rosa cultivada antes de subir al tren de los fusiles. Ahora es curioso que el mundo esté como está si fueron los buenos, los vencedores los que salvaron el mundo los que doblan las banderas prolijamente cada vez que un pueblo sometido mata a un invasor.
Porque no son los nuestros los que arrasaron el mundo no son las hondas cruces en la nieve no son las ruinas de Montecassino no es Mussolini colgado de los pies ni su amante Claretta Petacci no es la División Azul ni la Falange no es la impunidad de la posguerra no son los trabajadores ni los que se mantuvieron Fieles a su bandera en la derrota. A nosotros nos perdió la lealtad y la sangre la antigua tradición de los guerreros la fe en el sol y en la semilla la honradez del trabajo y del cultivo. Por eso a nosotros nadie nos entregará una bandera de sangre y de vacío doblada de vergüenza de ser desplegada. Por eso nuestra bandera Es roja como la sangre y negra como la última noche del mundo cuando los dioses, preparan el amanecer.
  Juan Pablo Vitali

viernes, 17 de febrero de 2012

Trabajo

Hace casi un siglo, Chesterton, analizando la obra de Aldous Huxley Un mundo feliz, donde se nos describe una sociedad futura sometida a un feroz proceso de alienación, escribía:

—Pero esta misma obra se está realizando en nuestro mundo. Son gente de otra clase quienes la llevan a cabo, en una conspiración de cobardes. (...) Nunca se dirá lo suficiente que lo que ha destruido a la familia en el mundo moderno ha sido el capitalismo. Sin duda podría haberlo hecho el comunismo, si hubiera tenido una oportunidad fuera de esa tierra salvaje y semimongólica en la que florece actualmente. Pero, en cuanto a lo que nos concierne, lo que ha destruido hogares, alentado divorcios y tratado las viejas virtudes domésticas cada vez con mayor deprecio, han sido la época y el poder del capitalismo. Es el capitalismo el que ha provocado una lucha moral y una competencia comercial entre los sexos; el que ha destruido la influencia de los padres a favor de la del empresario; el que ha sacado a los hombres de sus casas a la busca de trabajo; el que los ha forzado a vivir cerca de sus fábricas o de sus empresas en lugar de hacerlo cerca de sus familias; el que ha alentado por razones comerciales un desfile de publicidad y chillonas novedades que es por naturaleza la muerte de todo lo que nuestras madres y nuestros padres llamaban dignidad y modestia.

Chesterton definía el capitalismo como una «conspiración de cobardes», porque tal proceso de alienación social no lo desarrolla a las bravas, al modo del gélido cientifismo comunista, sino envolviéndolo en coartadas justificativas más o menos merengosas (pero con un parejo desprecio de la dignidad humana). Lo vemos en estos días, en los que se nos trata de convencer de que una reforma laboral que limita las garantías que asisten al trabajador en caso de despido o negociación de sus condiciones laborales... ¡favorece la contratación! Es algo tan ilógico (o cínicamente perverso) como afirmar que el divorcio exprés favorece el matrimonio, o que la retirada de vallas favorece la propiedad; pero el martilleo de la propaganda y la ofuscación ideológica pueden lograr que tales insensateces sean aceptadas como dogmas económicos. Lo que tal reforma laboral favorece es la conversión del trabajador en un instrumento del que se puede prescindir fácilmente, para ser sustituido por otro que esté dispuesto a trabajar —a modo de pieza de recambio más rentable— en condiciones más indignas, a cambio de un salario más miserable. Pero toda afirmación ilógica encierra una perversión cínica: del mismo modo que de un divorcio se pueden sacar dos matrimonios, de un despido también se pueden sacar dos puestos de trabajo (y hasta tres o cuatro); basta con desnaturalizar y rebajar la dignidad de la relación laboral que se ha roto, sustituyéndola por dos (y hasta tres o cuatro) relaciones degradadas, en las que el trabajador es defraudado en su jornal. Y defraudar al trabajador en su jornal es un pecado que clama al cielo; lo recordaba todavía Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens.

Lo que subyace en esta reforma laboral es la conversión del trabajo en un mero «instrumento de producción»; en donde se quiebra el principio medular de la justicia social, que establece que «el trabajo es siempre causa eficiente primaria, mientras el capital, siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o causa instrumental» (Laborem exercens, 12). La quiebra del orden social del trabajo, la «conspiración de los cobardes» que avizorase Chesterton hace casi un siglo, prosigue implacable sus estrategias. Y llegará, más pronto que tarde, la venganza del cielo.

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