martes, 9 de octubre de 2012

CARTA A UN ACTOR

Estimados señores D. Javier Ángel Encinas Bardem y D. Carlos Encinas Bardem:

Les escribo esta nota porque creo que les debo una explicación. Soy un ciudadano español cualquiera que está indignado con el sistema que gobierna nuestra sociedad y dirige nuestras vidas desde hace ya demasiados años. Todas las mañanas al echar un vistazo a los periódicos sufro con las noticias que hablan de gente en nuestro país que empieza a pasar hambre, de los recortes llevados a cabo por nuestro gobierno, de regiones enteras que claman por la independencia o de impuestos que cada día son más elevados. Entiendo que no es justo que una casta corrupta y endogámica de políticos y banqueros parasite a los ciudadanos españoles como yo, ahogándonos cada vez más y enriqueciéndose ellos día a día a costa de los más débiles. Este hartazgo que experimento no es sino una gota de agua en el mar de indignación generalizada que viven mis conciudadanos.

Hace unas semanas, D. Javier emitió unas declaraciones en las que se posicionaba a favor del movimiento marxista en Andalucía que durante el verano protagonizó diversos asaltos a supermercados y ocupaciones de todo tipo de propiedades con la finalidad de aplicar la justicia distributiva por su cuenta. El movimiento estaba encabezado por un alcalde y diputado autonómico quien, en la jura de su cargo, prometió subvertir el sistema y el orden vigentes.

Al declararse a favor de estas actuaciones del Sindicato Andaluz de Trabajadores, ustedes están aceptando una serie de premisas. Premisas tales como que no debe ser admisible la propiedad privada de los medios de producción, y que en toda empresa existe un conflicto implícito entre trabajadores y patrón. Según los que son como ustedes, señores Bardem (y como su señora madre, Dª Pilar) y según la ideología que dicen ustedes profesar, los trabajadores y los dueños de los establecimientos comerciales o industriales tienen intereses contrapuestos e irreconciliables. En este enfrentamiento entre colectivos con intereses distintos, lo justo es que la clase explotada o parasitada se imponga al explotador-parásito, llegando mediante la confrontación a un estado de igualdad de clases en el que nadie sea ni posea más que otro. Según las premisas de las que ustedes parten, en todo proceso productivo actual la creación de valor o “plusvalía” pasa a ser propiedad del capitalista, mientras que los trabajadores reciben únicamente una remuneración equivalente a su esfuerzo, lo que lleva a la alienación.

Usted dijo lo que dijo, señor Bardem, y se ha declarado “comunista”, al igual que la mayoría de integrantes de la caterva de actores y artistas de este país. Tras estas aseveraciones, entiendo que debe ser usted coherente y consecuente con sus declaraciones. Porque uno es dueño de sus silencios, y esclavo de sus palabras, D. Javier, de eso le puedo asegurar que entiendo bastante, porque yo he sido, soy y seré siempre esclavo de las mías.

Por todo esto, hoy he entrado en su restaurante y he pedido bebida y dos platos. He introducido la comida que me ha sido servida en el interior de unos tupperwares y he salido por la puerta del restaurante sin abonar el importe en el que usted, dueño capitalista, había fijado el valor de la producción (la cual ha sido llevada a cabo por sus asalariados, con el sudor de su frente). Esta comida va a ser entregada mañana a una parroquia del barrio de Argüelles para que sea destinada a los pobres y necesitados, quienes sin duda agradecerán este acto de caridad. Eso sí, abono el precio de la bebida, que sí he consumido, y dejo una propina del 20% del precio de la cerveza para que sea repartida entre el camarero que me ha atendido y los cocineros que han participado inconscientemente en este acto de caridad. A ellos les pido disculpas por no haberles avisado de la obra benéfica con mayor antelación.

Desde una óptica jurídico-penal (del sistema legal al servicio del orden que ustedes tanto denostan, y que al que sin embargo posiblemente acudirán para que yo me lleve mi merecido) esto que he hecho no puede considerarse robo, hurto ni estafa, dado que falta el elemento del ánimo de lucro. No he perpetrado tampoco coacciones ni amenazas de ningún tipo contra los empleados del local (antes al contrario, les dejo propina y les pido disculpas por las molestias). Ustedes, D. Javier y D. Carlos, pueden recurrir a las opciones que les ofrece el ordenamiento jurídico, y echar mano de la calificación como falta de daños (el valor de la comida no excede de 400 euros como para que pueda considerarse delito). Solo que en mi conducta no existe intención delictiva, sino más bien un estado de necesidad justificante: la comida sustraída va a ser destinada a alimentar a personas que están pasando hambre en la misma puerta de la parroquia, de lo cual me encargaré de dejar constancia mediante pruebas gráficas. En cualquier caso, parece que los tribunales han sentado precedente en el caso de sus amigos Sánchez Gordillo y sus hombres del SAT, puesto que no se han iniciado procesamientos contra los mismos por faltas de daños a los supermercados. Les sugiero que traten de accionar contra mi patrimonio por la vía civil, ante los Juzgados de Primera Instancia de Madrid, y que tengan paciencia. O, mucho mejor, que no hagan nada, y simplemente reflexionen sobre todo esto.

Exactamente igual que su amigo Sánchez Gordillo actúa con el único objetivo de llamar la atención, y por motivos políticos, mi motivación para hacer esto que estoy haciendo no es otra que llamar la atención como español indignado pero no perroflautizado ni bolchevizado (una nueva corriente alternativa de indignación). Al igual que quienes siguen a Sánchez Gordillo en Andalucía, yo también estoy indignado por la primacía del sistema financiero sobre los ciudadanos a la hora de tomar decisiones en política económica. Al igual que ellos, creo que no se debería volver a permitir la creación de una burbuja inmobiliaria fruto de la especulación de unos pocos empresarios. Y así, compartimos varios motivos de indignación. La diferencia es que yo, al igual que varios españoles que también conocen la historia de España y la de Europa, sus mentiras y sus dogmas de fe, jamás estaré a favor de este tipo de personajes que proponen una revolución marxista, la destrucción del Estado, de la propiedad privada y de las instituciones básicas del orden y la convivencia. Jamás apoyaré al alcalde de un pueblo que se dedica a introducir inmigrantes ilegales en Andalucía y “arreglarles los papeles”, para que aumente el número de bocas a alimentar en la región en unos tiempos en los que ya es de por sí difícil dar de comer a los nacionales. No apoyaré jamás a individuos para los cuales no existe el concepto de Estado y cuyo fin es convertir Europa en la meca de todas las culturas de la Tierra, renegando de nuestras raíces más básicas. No apoyaré a quienes posan con pancartas de “Euskal presoak, euskal herrira” y defienden la presencia de Bildu en las instituciones.

Claro que a usted, D. Javier Bardem, todo esto le da igual. Es más, se siente a gusto con lo que acabo de contar. Es posible que ni siquiera sea consciente de ello, pero usted, al igual que su mujer, la Pasionaria de Alcobendas, es un producto del sistema neoliberal que manda en la política y en la economía, combinado con el marxismo cultural que se ha apoderado de la sociedad a lo largo de las últimas décadas. Usted se declara comunista porque como individuo le conviene una homogeneización de las masas, adoctrinadas de manera uniforme. Le entusiasma la idea de una sociedad multicultural, generadora únicamente de más pobreza y desarraigo. Los que son muy muy ricos como ustedes sólo desean ver aumentada su riqueza mediante el expolio de las masas, y una revolución comunista es el caldo de cultivo perfecto para ello. Del mismo modo, toda su casta de artistas se ha posicionado siempre del lado de la izquierda sociológica para consolidar su propio lobby de poder exclusivo y excluyente dentro del sistema, mientras nos bombardean con películas y basura que repiten sus consignas. Consignas que tratan de reinventar la historia de nuestro país de la manera que a ustedes les hubiera gustado que fuera.

Mientas usted se declara comunista desde las lejanas tierras de ultramar, su nación muere de hambre. Mientras su hijo nace en California como ciudadano americano, los niños que nacen en España son realmente hijos de otras culturas extrañas que nada deben a nuestro país. Mientras usted disfruta de sus millones en el extranjero, sin tributar aquí, la gente no puede llegar a fin de mes y tiene que buscar comida en la basura. Los pequeños comercios cierran por las continuas pérdidas, mientras Javier junior nace en una clínica privada americana. Pero bueno, es comprensible. Al fin y al cabo, la Seguridad Social es un invento del nefasto pasado, ¿verdad? A fin de cuentas, el malvado Régimen anterior murió en una cama de un hospital de la Seguridad Social. Un hospital público español siempre tendrá ese olorcillo rancio que usted, en su glamour comunista de la hoz y el Martini, no puede permitirse. Hay que cuidar la imagen. El buen pijoprogre no sólo debe decir que es comunista y republicano, sino parecerlo.

Fdo: un español indignado de verdad.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Un ejemplo conmovedor

Vivimos un tiempo en el que el apresuramiento de los juicios es moneda común. La protesta, la incomprensión y a veces incluso la ira, nublan no solamente el territorio de nuestro presente sino lo que es peor, enturbian y a veces hacen cenagosos y difíciles los caminos y las rutas del futuro. Nos atrevemos a vaticinar, a veces con aire insolente y dogmatico, determinadas cuestiones que requieren un análisis profundo.
 
Creo que era Cicerón el que decía que el tesoro de un hombre no debía estar en la riqueza de los bienes sino lleno del sentimiento de la lealtad. He pensado en muchas ocasiones en el profundo significado de estas palabras y creo que tenemos el deber de preguntarnos hasta donde llega la audacia de nuestras opiniones y donde termina la sin razón de nuestros sentimientos.
 
Se trata de hacer un retrato de la imagen de la actual juventud española. Hace ya muchos años tuve la inmensa fortuna de intentar educar en principios básicos e inmutables a una gran parte de jóvenes españoles. Afirmo que finalmente les contemplé convencidos. Que me miraron con gratitud y que pasados los años, bastantes recuerdan todavía la arisca verdad que a veces- según ellos me decían- lograban ponerles los vellos de punta. Quise cultivar la verdad en todas sus vertientes y no hubo para mí mayor ventura que encontrar en los ojos de mis oyentes un signo de venturosa gratitud. Puedo afirmar que una opinión mía sobre este trozo caliente de España que es la juventud, apenas si puede ser relevante y digno de reflexión para muchos. Para mí sí.
 
Estimo que frente al bullicio de tanta insensatez como vemos en las calles, de tanta dejación de reglas elementales de convivencia, de tanta profanación insensata, existe por el contrario una minoría de jóvenes que poseen una fortaleza tan ejemplar que a los que ya peinamos demasiadas canas nos estremece de gozo y de alegría. No encuentro en las páginas de mi ayer intensamente vividas unos ejemplos tan escandalosos de abnegación, de virtud, de solidaridad y de entrega como los contemplo hoy con el gozo póstumo del que ya no va a ver o no va escuchar el eco de los pasos de las nuevas generaciones. No hablo de memoria sino de la contemplación de situaciones que en la época que viví junto a mis jóvenes camaradas no pude ni siquiera atisbar que hubieran de producirse.
 
Cuando veo de cerca parejas de hombres y mujeres que sacrifican las horas alegres de verano para compartir la angustia dolorosa de los que menos tienen, cuando con un estremecimiento de emoción contemplo a quiénes cercanos a mí, huyen de la comodidad y de la ligereza y marchan a otros países para cuidar enfermos terminales, para acercarse a niños desvalidos, para alertar la proximidad de la muerte en enfermedades incurables y pasan sed, hambre y a veces un humano y natural desasosiego. Entonces, yo alzo el grito de mi alegría al saber que no todo se ha perdido. Afirmaba hace poco que no hablaba de memoria. Tengo dos nietos que han marchado hace muy poco al Camerún. Allí han permanecido durante cerca de un mes. Han conocido el hambre, la miseria y han contemplado con indignación la pasión y la frívola pasividad de una parte de la vida española que quieren cerrar los ojos ante situaciones tan dramáticas como éstas.
 
He hablado de mis nietos y creo que he cometido un error. Ha sido un nieto mío, que se llama Ignacio, enriquecido por sus estudios, alabado por su constancia que acompañado por su novia Elisa que es una mujer fuera de serie, modelo de estudiante, llena de estilo y de elegancia han protagonizado esta etapa de vida juvenil marcada por los signos más patéticos del sacrificio. Cuando han regresado de aquel infierno les he preguntado con palpitante admiración lo que habían aprendido y me han contestado solo estas palabras: conocer el dolor muy de cerca y también la alegría con clamorosa proximidad a pesar de que estos últimos a penas ni tenían posibilidad de completar sus vidas con alimentos esenciales. Venían sin triunfalismo de apóstoles, sin orgullo ni pretensión alguna de ser ejemplares, pero en sus ojos, que eran parte de los míos, había un brillo infinito que llenaba los últimos resortes de mi alma clamando en medio de una esperanza rejuvenecida.
 
No toda la juventud española se ha afiliado al hedonismo, no toda ha perdido los resortes de la solidaridad sino que entregando sus vidas, sus voluntades, el tesón y el valor en ocasiones también han dado testimonio de su fe con el aliento de su ilusión no derrotada. Me he permitido romper la intimidad de mis alabanzas porque creo que son muchos los jóvenes que pueden acomodar sus vidas a ejemplos tan bellos y luminosos como hoy se producen a lo largo y a lo ancho del continente africano. Yo confieso haberme sentido orgulloso. Haber tenido en mis ojos a punto lágrimas antiguas, pero al final era tan resplandeciente la fe que contemplaba en ellos, la alegre disposición de sus jóvenes responsabilidades que sólo me ha quedado tiempo para bendecir a Dios y defender a los jóvenes que tienen el derecho de escribir nuevas páginas en la historia.
 

martes, 18 de septiembre de 2012

viernes, 14 de septiembre de 2012

"Carta a la hija del etarra, Otegui "

"Yo no sé qué te han contado en casa. Ni qué has aprendido en la ikastola. No sé si practicas el mismo odio rabioso que tu padre o crees que es un hombre de paz.
Ignoro tu nombre, no sé si te llamas Leire, Goiatz, Iratxe, Loiola, Aintza o simplemente Itziar. Así que te llamaré hija de *Otegui*, que supongo a ti no te resultará ofensivo. Sé que estás pasando malos momentos por tener a tu padre en la cárcel y que incluso estás recibiendo apoyo psicológico, según dicen. A los 14 años, en plena adolescencia, debe ser doblemente duro. Leo también que tu madre y tu abuelo paterno están delicados de salud. ¡Vaya por Dios! Parece que la mala suerte se ha cebado con tu familia.


Tal vez sea verdad lo de tus secuelas psicológicas. O tal vez no. Tal vez sea una coincidencia que uno de los hijos de tito *Joseba* (*Permach*) se encuentre también en tratamiento en el mismo hospital por la misma razón. O tal vez no.


Permítenos que dudemos, hija de *Otegui*, porque después de tantos años entrando y saliendo de la cárcel, entrando y saliendo de Francia y entrando y saliendo de ETA, que te den las secuelas psicológicas justo en este momento, cuando se prepara la ofensiva política de tu /aita/ y su cuadrilla para (re)negociar la resolución del conflicto y estar en las próximas elecciones (de ahí la necesidad de salir del trullo), pues se me antoja cuando menos sospechoso.


Presunto, digamos. Pero mira, voy a creerme tus secuelas. Echas de menos a tu /aita/ y la /amatxo/ está malita. Afortunada tú. Porque yo conozco mucha gente que echa de menos a su padre y sólo le queda la posibilidad de llevarle flores a su tumba. Y conozco a muchas madres que llevan años sin dormir, con fuertes depresiones o síndromes postraumáticos severos; y que cuando duermen, lo que ven son los restos de sus hijos desperdigados por un parking tras una explosión asesina. Y conozco niñas que a tu edad quedaron salvajemente mutiladas para siempre, sin piernas o sin brazos o sin ojos o, simplemente, sin ganas de vivir (eso sí que son secuelas, ¿verdad?). Y otros niños más pequeños que tú que vieron morir a sus padres a tiros, delante de sus inocentes ojos (eso trauma mucho, te lo aseguro). Y otros muchos que han quedado huérfanos, o que han desarrollado enfermedades psicológicas y físicas, o que han perdido a sus amigos del colegio o a sus hermanos o a sus abuelos. Todos ell os echan de menos a sus seres queridos y a esa parte de su infancia o adolescencia que murió con ellos.
 

 Y de todos esos traumas y secuelas, hija de *Otegui*, es responsable tu padre. El que está en la cárcel. El que tanto echas de menos. Yo no sé qué te han contado en casa. Ni qué has aprendido en la ikastola. No sé si practicas el mismo odio visceral y rabioso que tu padre hacia los que no piensan como él. No te conozco. A lo mejor le has rogado, con llanto en los ojos, que deje de ser parte de la serpiente. O tal vez pienses, como otros, que es un hombre de paz. Pero me inclino a pensar que no sabes quién es realmente tu padre. Ni qué es. Pues yo te lo voy a contar..



-Tu padre es un asesino. Tú aún no habías nacido cuando le llamaban "el Gordo" y militaba en ETA político militar. A los 20 años ya era el encargado de vigilar a los empresarios vascos secuestrables (*Lipperheide*, *Olarra*, nombres que no te sonarán). Cuando ETA-pm se autodisolvió, integró con otros "polimilis" el grupo "miliki" que acabó por incorporarse a la ETA actual. Tu padre fue juzgado por el secuestro de *Javier Rupérez* y absuelto por falta de pruebas (la víctima no pudo identificar a los secuestradores porque iban encapuchados).


En cambio sí fue condenado por el secuestro en 1978 del empresario *Luis Abaitua*, al que ocultó en una cueva de su pueblo, Elgoibar. Un año después, integrado en el comando "Kalimotxo", junto a *José María Estolaza, Luis Alcorta* y demás gudaris, trató de secuestrar al político *Gabriel Cisneros* (uno de los padres de la Constitución ), quien recibió un tiro en la espalda al intentar huir, resultando herido de gravedad en el estómago y en la pierna izquierda, y provocándole secuelas (secuelas, hija de *Otegui*) que perduraron hasta su muerte, en 2007. En el juicio, celebrado en 1990, uno de los secuestradores (*Marhuenda*) inculpó a tu padre y a los demás, pero aún así se libraron de la cárcel. En cambio sí fue condenado a 6 años por el secuestro de *Abaitua*, de los que cumplió sólo la mitad. Un chollo, ¿no crees?

 

 -Tu padre siempre ha sido parte de ETA. Siempre ha seguido las directrices de ETA. Cuando era militante activo y cuando se pasó a la política (aprovechando el encarcelamiento de la Mesa Nacional de Batasuna, en 1997). Cuando pactó con el PNV, EA y demás abertzales en Lizarra para salvar a una moribunda ETA del linchamiento social, tras el asesinato de *Miguel Ángel Blanco*, cuando negoció con Aznar y con Zapatero, la resolución del conflicto en el falso proceso de paz. Y también cada vez que enaltece a un compañero gudari y cada vez que escupe las soflamas de ETA, en *Gara* o en Anoeta. Tu padre ha sido, es y será una parte importante de la serpiente etarra. Y como tal es responsable de todos y cada uno de sus crímenes desde que se integró en ETA, allá por 1977, mucho antes de que tú nacieras.
 

 Sí, hija de *Otegui*, tu padre está en su derecho de pedir su libertad para que tú no sufras, como ha hecho sufrir él a cientos de niñas de tu edad. La diferencia es que tu padre eligió ser un terrorista y sus víctimas no. Y que sepamos, aún no se ha arrepentido de serlo. Por eso, nosotros estamos en nuestro derecho a pedir que cumpla su condena hasta el último segundo.
Aunque sea un pobre consuelo por todas las vidas que ha roto; por todas las secuelas que ha dejado a su paso. Y por todas las que dejará.
 
 

 Y para terminar, sólo quería hacerte una pregunta que me inquieta.
-¿Realmente te provoca secuelas psicológicas el hecho de que tu padre esté en la cárcel durante unos meses y no el hecho de que sea un asesino terrorista desde hace años?"
 
 
 Pepe Álvarez (Periodista)
 

martes, 11 de septiembre de 2012

ESPAÑA Y CATALUÑA

(Discursos pronunciados en el Parlamento el 30 de noviembre y el 11 de diciembre de 1934)
30 DE NOVIEMBRE DE 1934
El señor PRIMO DE RIVERA:
Estoy seguro, señores diputados, de que a ninguno de nosotros, porque amamos a España, se nos puede ocurrir formular la más pequeña cosa que envuelva la menor sombra de agravio para Cataluña; no es ésta la primera vez que hablo en esta sala de semejante tema, y ya sabéis que dije siempre –si es que tenéis la benevolencia de recordarlo– que hay muchas maneras de agraviar a Cataluña, como hay muchas maneras de agraviar a todas las tierras de España, y una de las maneras de agraviar a Cataluña es precisamente entenderla mal; es precisamente no querer entenderla.
Lo digo porque para muchos este problema es una mera simulación; para otros este problema catalán no es más que un pleito de codicia: la una y la otra son actitudes perfectamente injustas y perfectamente torpes. Cataluña es muchas cosas, mucho más profundamente que un pueblo mercantil; Cataluña es un pueblo profundamente sentimental; el problema de Cataluña no es un problema de importación y exportación; es un problema dificilísimo de sentimientos.
Pero también es torpe la actitud de querer resolver el problema de Cataluña reputándolo de artificial. Yo no conozco manera más candoroso, y aun más estúpida, de ocultar la cabeza bajo el ala que la de sostener, como hay quienes sostienen, que ni Cataluña tiene lengua propia, ni tiene costumbres propias, ni tiene historia propia, ni tiene nada. Si esto fuera así, naturalmente, no habría problema de Cataluña y no tendríamos que molestarnos ni en estudiarlo ni en resolverlo; pero no es eso lo que ocurre, señores, y todos lo sabemos muy bien. Cataluña existe con toda su individualidad, y muchas regiones de España existen con su individualidad, y si queremos conocer cómo es España, y si queremos dar una estructura a España, tenemos que arrancar de lo que España en realidad ofrece; y precisamente el negarlo, además de la torpeza que antes os decía, envuelve la de plantear el problema en el terreno más desfavorable para quienes pretenden defender la unidad de España, porque si nos obstinamos en negar que Cataluña y otras regiones tienen características propias, es porque tácitamente reconocemos que en esas características se justifica la nacionalidad, y entonces tenemos el pleito perdido si se demuestra, como es evidentemente demostrable, que muchos pueblos de España tienen esas características.
Por eso soy de los que creen que la justificación de España está en una cosa distinta: que España no se justifica por tener una lengua, ni por ser una raza, ni por ser un acervo de costumbres, sino que España se justifica por una vocación imperial para unir lenguas, para unir razas, para unir pueblos y para unir costumbres en un destino universal; que España es mucho más que una raza y es mucho más que una lengua, porque es algo que se expresa de un modo del que estoy cada vez más satisfecho, porque es una unidad de destino en lo universal.
Con sólo esto, veréis que en la posición que estoy sosteniendo no hay nada que choque de una manera profunda con la idea de una pluralidad legislativa. España es así, ha sido varia, y su variedad no se opuso nunca a su grandeza; pero lo que tenemos que examinar en cada caso, cuando avancemos hacia esta variedad legislativa, es si está bien sentada la base inconfundible de lo que forma la nacionalidad española; es decir, si está bien asentada la conciencia de la unidad de destino. Esto es lo que importa, y es muy importante repetirlo una y muchas veces, porque en este mismo salón se ha expuesto, desde distintos sitios, una doctrina de las autonomías que yo reputo temeraria. Se ha dicho que la autonomía viene a ser un reconocimiento de la personalidad de una región; que se gana la autonomía precisamente por las regiones más diferenciadas, por las regiones que han alcanzado la mayoría de edad, por las regiones que presentan caracteres más típicos; yo agradecería –y creo que España nos lo agradecería a todos– que meditásemos sobre esto: si damos las autonomías como premio de una diferenciación, corremos el riesgo gravísimo de que esa misma autonomía sea estímulo para ahondar la diferenciación. Si se gana la autonomía distinguiéndose con caracteres muy hondos del resto de las tierras de España, corremos el riesgo de que al entregar la autonomía invitemos a ahondar esas diferencias con el resto de las tierras de España. Por eso entiendo que cuando una región solicita la autonomía, en vez de inquirir si tiene las características propias más o menos marcadas, lo que tenemos que inquirir es hasta qué punto está arraigada en su espíritu la conciencia de la unidad de destino; que si la conciencia de la unidad de destino está bien arraigada en el alma colectiva de una región, apenas ofrece ningún peligro que demos libertades a esa región para que, de un modo o de otro, organice su vida interna.
¿Es éste el caso de Cataluña? Los que le concedieron el Estatuto debieron presumir que sí. 0 los que le concedieron el Estatuto fueron traidores a España, sospecha para la cual debiéramos todos tener nuestros motivos, o los que le concedieron el Estatuto pensaron que la conciencia de la unidad de destino estaba tan arraigada en Cataluña que el Estatuto no iba a ser nunca instrumento de disgregación y podía ponerse en sus manos sin ningún peligro para la unidad. Ahora bien: aquello que, en el mejor caso, fue una presunción de los que concedieron el Estatuto a Cataluña, ha sido evidentemente destruido por la prueba en contrario. Los dos años de experiencia de Cataluña han sido dos años de deshispanización, y si en dos años se avanzó lo que se avanzó en el camino de la deshispanización, con el instrumento puesto en manos de los que ejercieron el gobierno de Cataluña no es ya temerario, sino que, por el contrario, la presunción se invierte, pensar que si dejamos entregado este Estatuto en manos semejantes (porque ninguna garantía tenemos de que el pueblo catalán piense cambiar de directores), probablemente comprometemos, ponemos en trance de pérdida definitiva, el sentido de la unidad de destino nacional que debemos exigir arraigado en todas las tierras de España.
No hay en esto el más ligero agravio a Cataluña, la más pequeña sospecha para aquellos catalanes en quienes suponemos que van a caer las riendas del Poder dentro del territorio catalán. Pudiera ocurrir que sus promesas, más o menos tácitas, fueran susceptibles después de diferentes interpretaciones; pudiera ocurrir que, contra todas las previsiones optimistas, no fuera el Poder a sus manos y permaneciera en manos semejantes a aquellas que tan mal lo ejercieron; mientras esto no esté esclarecido, yo creo que nosotros, legisladores españoles, lo que tenemos que mantener por encima de todo es la seguridad de que España no se nos va a ir entre los dedos; no podemos mantener vivo el Estatuto de Cataluña. Por eso, modestamente, pienso votar la enmienda o voto particular de don Honorio Maura, que preconiza su derogación.
Sobre esto se han planteado algunos escrúpulos constitucionales; se ha querido decir que nosotros no podemos derogar el Estatuto de Cataluña; yo creo que, después de lo que han dicho los señores Goicoechea y Bilbao, no puede quedar en nadie la menor sombra de duda; pero, por si quedara, le recordaré que ya las Cortes Constituyentes se plantearon este problema de la posible revocación del Estatuto por las Cortes mismas, y lo resolvieron en el sentido que preconiza don Honorio Maura. Ayer nos lo recordaba el señor presidente de la Comisión. Yo he tenido la curiosidad de refrescar esta tarde, con la colección del Diario de Sesiones a la vista, lo que ocurrió en aquéllas los días 23 y 25 de septiembre de 1931: la Comisión de Estatuto redactó el proyecto en su artículo 11 aproximadamente en los mismos términos en que ahora está respecto a su párrafo cuarto, o sea, diciendo que el Estatuto, una vez aprobado, formaba parte del ordenamiento jurídico nacional. Se presentó una enmienda, suscrita en primer lugar por el doctor Juarros, pidiendo que aquellas palabras "el ordenamiento jurídico" se sustituyeran por "el ordenamiento constitucional"; defendió esta enmienda con la elocuencia y la brillantez en él habituales y, además, con la preparación que nadie le niega, el ilustre jurisconsulto andaluz, a la sazón presidente del Gobierno de la República, don Niceto Alcalá–Zamora, y la defendió con todos los honores de la solemnidad. Todos conoceréis y habéis admirado el estilo oratorio del señor Alcalá–Zamora; ese estilo oratorio se refuerza en las ocasiones que él estima solemnes por una serie de adornos y de trámites accesorios aquella tarde los trámites accesorios culminaron en todos sus aspectos. Don Niceto Alcalá–Zamora habló, según dijo el señor presidente de las Cortes, como diputado y no como presidente del Gobierno, y era tan solemne el trance, a su juicio, que en su discurso dedicó un largo párrafo, de por lo menos quinientas palabras, para aclarar si debía hablar desde el banco azul, desde la tribuna o desde los bancos de su minoría; grave perplejidad que resolvió, según veo en el texto del Diario de Sesiones, en el sentido de hablar desde los bancos de su minoría para no dejar desamparados a los buenos amigos que en ellos le echaban de menos. Pues bien; en un discurso rodeado de toda esa solemnidad, don Niceto Alcalá–Zamora, con toda su elocuencia y autoridad, defendió ante la Cámara la enmienda del doctor Juarros, y ni su elocuencia ni su autoridad consiguieron convencer a la Cámara; porque retirado el dictamen, redactado de nuevo y vuelto al salón de sesiones, fue aprobado, en 25 de septiembre de 1931, en la forma en que hoy aparece en la Gaceta: "ordenamiento jurídico" nacional, y ese ordenamiento abraza al Estatuto de Cataluña. Pues bien: si después el Estatuto de Cataluña agrega, por su propia autoridad nada más, unos cuantos trámites, unos cuantos requisitos que le protejan contra futuras revocaciones, yo os digo que no veo construcción posible para que este artículo del Estatuto de Cataluña adquiera una jerarquía constitucional diferente del Estatuto mismo; y si el Estatuto entero forma parte del ordenamiento jurídico nacional, ¿cómo se va a destacar un artículo de ese Estatuto para convertirse él solo en un ordenamiento constitucional diferente? Esto no creo que admita vuelta de hoja; pero estoy seguro de que si la admitiera no encontraríamos en el Derecho los resortes que el Derecho depara siempre para que se corrijan sus propias infracciones. No hay un solo precepto en la ley que no esté protegido por una construcción técnica; en este caso sería el recurso de inconstitucionalidad contra la ley que nosotros dictáramos revocando el Estatuto de Cataluña. Pues bien: yo invito a todos los juristas de todas las regiones españolas a que construyan un recurso de inconstitucionalidad, fundado en no sé qué texto contra la ley, si llega a serlo, que nosotros aprobemos esta tarde de acuerdo con el voto particular del señor Maura.
Este considera que es el problema y en estos términos creo que lo tenemos que resolver; no se nos puede oponer un escrúpulo constitucional, que en ningún caso sería insuperable; no se nos puede oponer la promesa, la vaga probabilidad de que las nuevas manos que van a administrar el Estatuto sean más seguras para España. Tenemos que estudiar otra vez a Cataluña, tenemos que observar despacio a Cataluña con todo amor, con toda inteligencia, pero sin prisa, sin soluciones prejuzgadas, para que veamos si está bien afianzado en ella el sentido de la unidad en los destinos nacionales. Si lo estuviera, ¿cómo íbamos a estar regateándole facultades para que organizara su vida interna? Si lo estuviera, no habría siquiera problema de Estatuto; pero yo sé que no lo está, por lo mismo que no lo está ahora en ninguna tierra de España; lo que nos enlaza es la unidad de destino y si todos nos empeñamos en que España no tenga unidad de destino, ¿en qué vamos a asegurar la permanencia de España? ¡Esto sí que tendríamos que hacerlo antes de meternos a dar estatutos! ¡Dar a España una gran empresa, un gran rumbo histórico! Pero esto señores, me parece que no es cosa que podamos hacer en esta tarde ni en esta casa.
* * *
11 DE DICIEMBRE DE 1934
El señor PRIMO DE RIVERA:
Ya es perfectamente inútil explicar el voto; pero voy a usar de la palabra, aunque sea para explicar el voto, porque quiero que conste, por mínima, por insignificante que sea mi representación, una reprobación terminante de lo que acaba de hacer la Cámara.
Supongo que los señores diputados se habrán convencido por los dos argumentos que tuvo la bondad de suministrarles el señor presidente del Consejo de ministros. Pues, con todos los respetos al señor presidente del Consejo de ministros, el más insignificante de los diputados tiene que reiterar aquí que los dos argumentos son inconscientes y falaces.
El señor presidente del Consejo de ministros nos decía que, constitucionalmente, no podemos derogar el Estatuto. Después de la discusión desarrollada aquí en estas tardes, ni el más recalcitrante puede sostener que, con arreglo a la Constitución, no podemos derogar el Estatuto. El artículo 51 de la Constitución nos confiere sin límites la facultad de legislar. Para que esta facultad de legislar tuviera que someterse a un límite u otro, tendría que establecerse en la propia Constitución. Imagine el señor presidente del Consejo lo que pasaría si en cada una de las leyes que nosotros aprobásemos añadiéramos un artículo que dijera: "Para derogar esta ley serán precisos, en Cortes futuras, el ochenta por ciento de los votos." De esta forma inmovilizaríamos nuestra soberanía en forma de que nadie podría modificarla. Las leyes no alcanzan su justificación de sí mismas; las leyes alcanzan su justificación siempre, de una norma superior en el orden jerárquico de las normas del Derecho. Este principio de la unidad del orden jurídico está recibido por toda la humanidad civilizada. Las leyes obligan como leyes porque nacen y porque alcanzan su fuerza de una norma suprema, que es la Constitución, de igual manera que los reglamentos y las sentencias alcanzan su fuerza de otra norma superior a ellos, que es la ley. De este encadenamiento no hay quien nos saque. Una ley no puede señalarse a sí misma las condiciones para ser derogada, porque entonces esa ley usurpa disposiciones y características que no residen en ella, sino que residen en la norma siguiente de la escala del orden jurídico único, constitucional. (Muy bíen.).
Pero además, señor presidente –y por eso he dejado su segundo argumento para una segunda consideración–, nos decía su señoría que era injusto, no ya desde un punto de vista estrictamente constitucional, sino desde un punto de vista de pura equidad, de pura moral, que castigásemos a una región entera por haberse sublevado algunos de sus órganos. ¿Es que el señor presidente del Consejo nos hace la ofensa de suponer que ninguno de los que hemos pedido aquí la derogación del Estatuto se complace en el zafio deleite de castigar a una región? ¿Es que cree el señor presidente que nosotros pedimos castigo 0 mortificación o vejación para Cataluña? ¡Pero si hasta en la aplicación del Derecho penal común se ha ahuyentado ya del ánimo de las gentes la idea del castigo! ¡Si hasta la norma penal ordinaria descansa sobre el supuesto de la defensa! ¿Ibamos nosotros a ser tan rudos, tan miserables, que pidiéramos aquí una pena para Cataluña, para la tierra española de Cataluña? Lo que pasa, señor presidente del Consejo de Ministros, es que nosotros reputábamos norma de elemental prudencia política no entregar un arma tan fuerte y tan poderosa como el Estatuto a una región en que no sabemos suficientemente arraigado el sentido de la unidad nacional. El mismo señor presidente del Consejo de Ministros, que ha dejado rezumar entre la construcción dialéctica de su discurso muchas cosas profundas, muchos recuerdos hondos muy arraigados en su espíritu de privilegio, nos ha dicho que se ha sentido forastero muchas veces en Cataluña. Pues si ahora tuviera tiempo el señor presidente del Consejo de Ministros de ir a Cataluña, se sentiría más forastero aún. No crea su señoría lo que le dicen de que hay una reacción hispana en Cataluña. El pueblo catalán presenta una faz de melancolía de vencido que no promete, ni mucho menos, una adhesión a la unidad hispana. El pueblo catalán se siente dolorido en lo suyo, y no crea el señor presidente del Consejo de Ministros que el pueblo catalán va a cambiar de representantes cuando de nuevo los elija. Pero es que, además, sería muy poca la seguridad de que las próximas elecciones las iba a ganar tal o cual partido. ¿Y si no las ganara? ¿Y si no ganara las siguientes? ¿Es que cada cuatro, cada tres, cada dos años podemos poner a España en este trágico experimento de comprometer su unidad? Pues en ese trágico experimento la pondremos si devolvemos a Cataluña su Estatuto.
Señor presidente del Consejo de Ministros: el Estatuto –lo dije el otro día– descansaba, o sobre una traición merecedora del fusilamiento por la espalda, o sobre la presunción de que el alma de Cataluña estaba tan ganada para la unidad de destino nacional, que esa unidad de destino no se arriesgaba con darle un instrumento más o menos fuerte. Lo que ha ocurrido en los últimos días, lo que puede observarse a cualquier hora, contradice y destruye esa presunción. Esto que hacemos ahora no es más que un aplazamiento. En esto sigue el Gobierno la táctica, que ya va siendo en él habitual, de demorar los problemas hasta que se olvidan, hasta que se pudren, hasta que son reemplazados por la angustia de otros problemas nuevos que se nos imponen con la realidad de su presencia. Esto no es más que una dilación. Dentro de algún tiempo tendremos otra vez resucitado el Estatuto, después de esta comprobación de que en Cataluña no está suficientemente afianzada la unidad de destino; será una repetición, ya sin disculpa, de todos los riesgos, de todas las traiciones, de todas las crueldades que han estado a punto de deshacer de nuevo la unidad de España. Ya es tarde para que os diga esto. Ya habéis votado desechando la petición de que el Estatuto se derogase. ¡Bien! Os habéis retorcido el corazón una vez más; pero habrá un día en que España, defraudada y exasperada, entre en este salón a retorcernos a todos el pescuezo. (Aplausos.)

jueves, 30 de agosto de 2012

martes, 14 de agosto de 2012

Sobre la huelga de hambre de estos hijos de puta

Este articulo de Mª del Pilar Díaz, fue publicado en la revista Voces Contra el Terrorismo, hace pocos meses. Es un homenaje a Mario Leal Baquero, asesinado por el etarra Uribetxebarria Bolinaga. quiero hacer extensivo este homenaje a los Guardias Civiles Antonio López y Pedro Galnares, asesinados también por este terrorista.


Mi papá siempre me dice que ser el hermano mayor es algo muy importante. Mi papá lo sabe muy bien porque él es el mayor de seis hermanos. El hermano mayor siempre cuida de sus hermanos pequeños.  Ser el hermano mayor es un  cargo de mucha responsabilidad. Así como el Capitán cuida a sus soldados, el  hermano mayor cuida a sus hermanos pequeños.

 Yo soy la mayor de tres hermanos y cuando eta asesinó a papá, yo que en  casa era el Capitán, tuve que ocupar el puesto de papá, por lo que a mis casi  recién cumplidos ocho años ascendí a General.
Mi amigo Rubén era el segundo de tres hermanos y cuando tenía dieciocho  años ascendió al puesto de hermano mayor por “cortesía” de los de la ETA, que  asesinaron a su hermano el Guardia Civil Mario Leal Baquero.

 Hoy voy a honrar la Memoria, a ensalzar la Dignidad y a contribuir a que  se le haga Justicia a Mario Leal Baquero, un honorable Guardia Civil y un hombre  bueno, y hermano, de mi amigo Rubén.
La familia de mi amigo Rubén es originaria de Pontevedra y está formada  por seis miembros:
Manuel Leal Pereira, es el papá.
María Jesús Baquero Moreira, es la mamá.
Mario Leal Baquero, es Guardia Civil y el hermano mayor.
María Jesús Leal Baquero, es la única niña y todos la llamaban Susi. Susi  falleció con ocho años como consecuencia de una enfermedad.
 
 Rubén Leal Baquero, mi amigo. Y Álvaro Leal Baquero, el benjamín de la familia.
Mario Leal Baquero es Guardia Civil. Hace tres años que ha ingresado en la  Benemérita. Le encantaba el Ejercito. Era nieto de militar y además tiene varios  familiares que son Guardias Civiles. Cuando Mario hizo la mili pidió voluntariamente que le destinaran en las C.O.E.S.
Mario siempre ha sido una persona muy divertida, siempre cuenta chistes.  Le encanta hacer pesca submarina con su padre, y también le gustan los grupos  de rock de los setenta: Leño, Asfalto…
Mario ha tenido que cuidar de sus hermanos pequeños en muchas ocasiones. Ya sabéis, en una familia todos tienen que arrimar el hombro y Mario siempre  fue fiel cumplidor de su cargo de hermano mayor. Como todos los hermanos mayores, sobre todo si se trata de chicos, vacila y chincha a sus hermanos pequeños.

Los hermanos pequeños de Mario le adoran. Mario es el espejo donde se miran y cuando sean mayores quieren ser iguales que él. Los  dos quieren ser Guardias Civiles.
Mario Leal Baquero tiene veintiocho años, está casado y tiene una  niña de seis años que se llama Beatriz.

 Mario llevaba dos años destinado en el Puesto de Arechavaleta  desde donde servía a España y velaba por la seguridad y la vida de los  españoles de bien.
El seis de diciembre de mil novecientos ochenta y cinco, mientras  Mario estaba en el interior de su coche, se le acercaron dos etarras que  pertenecían al comando bellotxa y vaciaron los cargadores de sus armas  sobre el cuerpo de Mario. Y, como las ratas de alcantarilla que son, huyeron hacía Vitoria en un vehículo en el que les esperaba otro etarra.
Algunos de los etarras que asesinaron a Mario también participaron en el secuestro de José Antonio Ortega Lara.

 Seis meses antes ya habían intentado asesinar a Mario y a otros tres de sus compañeros mientras iban en un Land Rover patrulla. En  aquella ocasión todos salieron ilesos de la bomba que los etarras habían
preparado, menos uno de los Guardias Civiles que perdió un ojo.
Cuando sacaron el féretro del Guardia Civil Mario Leal Baquero del  Cuartel de Arechavaleta, su madre, María Jesús, recuerda la frialdad de  la indiferencia de la gente del pueblo.
Mario entregó su vida mientras salvaba muchas otras. Entre las  vidas que Mario protegió con la suya también estaban las vidas de esa  gente indigna del pueblo de Arechavaleta que, en agradecimiento a los  servicios prestados cerró sus puertas y ventanas al paso del cuerpo asesinado de un honorable y valiente Guardia Civil.

 Yo no estuve en el funeral de Mario Leal Baquero pero sé muy bien  lo que ocurrió allí y lo que sintió mi amigo Rubén y su familia, porque  ocho meses antes de que ETA asesinara a Mario, ETA asesinó a mi papá y  con mis casi recién cumplidos ocho años había tenido que enterrar a mi  papá a las nueve y media de la noche, mientras los coches patrulla de la  Guardia Civil alumbraban con sus focos en el cementerio.

 Te invade una soledad infame, una desolación infinita, una injusticia perpetua y todos esos sentimientos van arropados por un silencio  tan atronador que sientes, en tu propia carne, como se parte el cielo por  la mitad al mismo tiempo que tu corazón se desgarra lentamente, para  siempre en dos mitades, dejándote una herida que te acompañará toda  la eternidad y que unos días sangra más y otros no tanto.
María Jesús, la mamá de Mario, es una mujer que a sus setenta y  cinco años viene desde Asturias en autobús para defender la memoria,  dignidad y justicia de su hijo asesinado. Y mi amigo Rubén siempre la  acompaña en tan ardua tarea.
Mario Leal Baquero, tengo que decirte que tu niña, Beatriz, te ha dado un nieto que ahora tiene once años y que en tu honor lleva tu mismo  nombre.
¡Que tengas buen servicio!, Mario Leal Baquero, aunque te hayan  obligado a hacerlo desde el cielo.
 
Mario Leal
 

sábado, 21 de julio de 2012

martes, 17 de julio de 2012

Txapote, el etarra que asesinó a Miguel Ángel Blanco

Querido Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote.

Estos días anda la sociedad en general y los medios de comunicación en particular recordando el decimoquinto aniversario de la muerte de Miguel Ángel Blanco. ¡Qué pesados con querer mantener la memoria de los muertos! Quiero decirte que, a pesar de que estés pagando con creces la sumisión que contrajiste conmigo, me siento muy orgulloso de ti. De mi experiencia de siglos en controlar el alma humana, de poseer sus deseos, sus anhelos y sus sueños, puedo decirte que pocas veces se han obedecido tan fehacientemente mis órdenes, como en aquel caluroso día de verano. Aunque para ser sinceros, tu historial preveía que no iba a ser difícil convencerte. Quizás, esos mismos que hoy lloran a Blanco, no recuerden que tú no tuviste piedad al asesinar al policía municipal de San Sebastián, Alfonso Morcillo o al dirigente socialista Fernando Múgica; al líder del PP en Guipúzcoa, Gregorio Ordóñez, o al concejal del PP de Rentería, José Luis Caso; a José Ignacio Iruretagoyena, concejal del PP en Zarautz o al concejal de Rentería del PP Manuel Zamarreño. Alguien que es responsable de tanto reguero de sangre se merece cuando menos mi admiración permanente.

Cuando las fuerzas de seguridad del estado lograron liberar al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, recuerdo perfectamente la cara que pusiste. Yo no te lo quería decir, pero la rabia que había en tu rostro y esas venas que se marcaban con supina intensidad en tu cuello, denotaban que estabas de acuerdo conmigo y que no podíamos quedarnos con los brazos cruzados. La jugada era maestra. Habíamos intentado poner al Estado de rodillas secuestrando a un mero funcionario de prisiones burgalés. 532 días, encerrado en un agujero de una nave de Mondragón de 2,58 metros de largo por 1,85 metros de ancho y 1,95 de alto. Ni por esas el gobierno cedió a nuestra petición de acercamiento de los presos a las cárceles vascas. ¿Te acuerdas de las imágenes del esquelético Ortega Lara mientras salía zombi de aquel agujero? Lástima que lo liberaran, pero el mundo pudo ver en directo de lo que éramos capaces. Desde luego, esa mirada perdida y ese cuerpo desgañitado eran lo más parecido a aquellos que, por desgracia, sobrevivieron al holocausto nazi. Al final, querido Txapote, ambos regímenes son mucho más parecidos de lo que algunos se imaginan. Así que, dado que nos habían dado un golpe brutal, la venganza que habíamos planeado iba a ser terrible.

Teníamos que hacer que se detuviera el mundo y que sólo se hablara de nosotros. Por eso, como te dije, había que asesinar a cámara lenta a alguien que fuera objetivo fácil. ¡Qué gran elección tuviste! Cuando me hablaste de un tal Blanco, un joven sencillo y virtuoso de 29 años que sólo aspiraba a tocar la batería con su grupo de amigos, a la par que se preocupaba también por los problemas de sus vecinos, no pude más que loarte. Era la víctima perfecta. Así que, como pactamos, lo secuestraste y reclamaste que para liberarlos, ETA exigiese al Gobierno del PP de José María Aznar que trasladara a los presos de la banda a cárceles vascongadas en el plazo de 48 horas, bajo la amenaza de acabar con la vida de Blanco. ¿Te acuerdas de su cara descompuesta por el dolor, su supina obsesión en pedir que le soltásemos? Yo no la he olvidado. Por eso, le explicamos cuales eran nuestras exigencias. Para que supiera el motivo por el que iba a morir. Blanco sabía perfectamente de la imposibilidad de que nuestro enemigo la cumpliese. Luego, conocía que la muerte era su único destino. Y así fue. Cumplimos nuestra amenaza la tarde del sábado 12 de julio. Abandonaste a Blanco en un bosque a las afueras de la población guipuzcoana de Lasarte, maniatado y en estado crítico por dos disparos que le incrustaste en la cabeza y que le causaron la muerte horas después en un hospital de San Sebastián, tras permanecer horas debatiéndose entre la vida y la muerte.

Sin embargo, había algo que, tal y como me confesaste al oído, nunca te imaginaste: Que la sociedad vasca por primera vez nos plantase cara, tras muchos años de silencio cómplice hacia nuestra causa. ¿Qué había cambiado? Muchas cosas, tal vez. O nada. Pero la indignación recorrió todo el país. La víspera de que acabaras con la vida del célebre Blanco, cientos de miles de personas se echaron a las calles de Euskadi y el resto de ciudades del estado opresor español para reclamar y exigir que no le mataras. ¡Cómo osaban a atreverse! Toda esa rabia y esa simpatía que hasta entonces habían tenido, dio pasó a la irritación que tuvo su cúspide en los ataques por vez primera a las sedes de Herri Batasuna y a nuestras queridas Herriko tabernas. ¡Qué paradójico! Los mismos ertzainas que eran objetivos nuestros y que estaban en nuestra picota, eran los mismos que tenían que escoltar a nuestros simpatizantes. Y eso sí que era nuevo. Nos sentíamos solos, derrotados moralmente. La sociedad vasca nos había dado la espalda y habíamos perdido su beneplácito. No podíamos dar crédito. Mientras veíamos en la televisión el cadáver de Blanco entrando en la Iglesia y nosotros brindábamos con champán, la chusma se echaba a las calles con las manos blancas a pedir justicia. Eso, querido camarada Txapote, no entraba en nuestros planes. Pero el objetivo estaba cumplido y eso era lo más importante.

Ahora quince años después, me duele saber que sigues en la cárcel, pagando tus crímenes. Y me duele que las fuerzas policiales del enemigo cumplan su trabajo y os encierren. Pero siempre hay lugar para una buena noticia, querido amigo. Y es que seguramente militarmente nos han derrotado, tenemos que empezar a aceptarlo, pero se equivocan si creen que nos han vencido moral o políticamente. No os habéis disuelto y eso no ha sido problema para que Sortu, Bildu, Amaiur y el resto de franquicias del mismo engendro estén viviendo de los impuestos de los españoles, esos a los que tanto odiáis. Es poco lo sé. Pero, ¿no crees que es motivo más que suficiente para nuestra satisfacción y la confianza en el buen camino de nuestro objetivo? Sean estas palabras un respiro para que veas que no todo está perdido. Que no se confíe el enemigo.

Belcebú.

> En la imagen, el etarra Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote.

jueves, 12 de julio de 2012

LA FÁBULA DEL FUNCIONARIO MALVADO

Érase una vez una nación en la que todo el mundo era feliz, donde:
- Un nene semianalfabeto sin la ESO se ponía a apilar ladrillos y ganaba 4.000 euros al mes.
- Marroquíes y rumanos parían a sus hijos porque cobraban 2.500 euros y tenían guarderías gratis.
- Un ecuatoriano se traía a su familia a operarse de juanetes.
- Los ministros se entretenían encargando estudios estúpidos sobre la reproducción de la lagartija espongiforme.
- A la oposición le regalaban trajes y se iban a puticlubs gastos pagados por el ayuntamiento de turno.
- En el Senado se ponían traductores.
- El mago bueno ZP cuidaba de todos.
- Todo era feliz y feliza (por aquello de la igualdad).
Pero en este bonito país no todo era perfecto, había un malvado llamado "El funcionario", vago entre los vagos, tomador de cafeses y fumador de cigarros, de trato desagradable, forrado y sinvergüenza, que vivía de lo robado a los honrados banqueros y políticos, a los honrados curritos que no defraudaban (sólo preguntaban con IVA o sin IVA).
Pues bien, nuestro protagonista era un tierno obrero salido de un instituto con 18 años sin aprobar ni el recreo llamado Jonathan, volvió un día del tajo y decidió comprarse un BMW serie 3 con el Pack Sport, llantas, y le puso fluorescentes y un equipo de música con subwoofer y una casita pareada.
En el banco, el señor director, muy amable le prestó el dinero sin ningún problema, mejorando su petición con más dinero que también le prestó para que se diera un homenaje en la Rivera Maya.
Pasó el tiempo,y un mal día a Jonathan lo echaron del trabajo, ¿con qué iba a pagarse sus vicios?. Y sobre todo, ¿su BMW?. Apurado fue a ver al Sr. Director del banco, que, muy simpático él, no pudo ayudarle, a pesar de que se desvivía por los necesitados. El Sr director, compungido, al ver que Jonathan no podía pagar, y que el no cobraba, fue a ver al mago bueno, a ZP.
Mientras... el malvado funcionario seguía trabajando en la sombra, envidioso él de nuestro amigo, que no tiene estudios y dilapidaba los euros que ganaba.
Un buen día, a nuestro mago bueno ZP, lo llamó papá Obama y mamá Merkel y le dijeron que esto no podía seguir así.
La solución estaba clara, salvar a Jhony y fastidar al malvado. Le bajamos el sueldo al despreciable funcionario y ya está.
Secuencia:
- Johathan no paga lo que debe al banco.
- El banco no cobra.
- El banco le pide pasta al Gobierno.
- El Gobierno se la da quitándosela al funcionario; o sea,
- El BMW y la casita lo paga el funcionario con su 5%.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado

* Donde pone "ZP" se puede intercambiar por "Rajoy"

lunes, 2 de julio de 2012

Entrevistas para la Historia

En la HVG, se celebró el pasado 14 de Junio, la presentación del ultimo libro de J.L.J.R,  “Entrevistas para la Historia”, con prólogo de Ramón Bau, editado por ENR.
·         La HVG los camaradas de siempre.
·         La Vieja  Guardia fueron aquellos forjadores de la Historia quienes con desprecio de posturas claudicantes, siguieron la trayectoria trazada por los iniciadores de la Falange.
·         Si buscásemos una palabra para definir su actitud, sería la del espíritu de rebeldía.
·         La Vieja Guardia fueron los militantes del tiempo duro, arduo y difícil, que se afiliaron a la Falange con anterioridad a las  elecciones del 16 de febrero de 1936.
·         Modelaron una manera de ser, como quería Jose Antonio.
·         Eligieron la vía seca, “Ad astra  per aspera” , el vetusto y sabio proverbio de Seneca con un significado escatológico:”A las estrellas por el camino difícil”
·         La Vieja Guardia fueron los que mejor comprendieron que la vida es un acto de servicio inmolada en la consecución de los grandes ideales y de las empresas más  sublimes.
·         Nuestros camaradas de la Vieja guardia no titubearon ante el esfuerzo.
·         Eran hombres y mujeres fuertes y duros, física e intelectualmente.
·         La Vieja Guardia tenia un espíritu guerrero y  de ellos nos han dado tantas muestras de valor  familias enteras y camaradas plenos, los Aznar, los Garcia Noblejas,los Vernacci, Vicente Gaceo, José Antonio Giron y toda una legión de héroes cuya enumeración forman una auténtica constelación de luceros.
·         La Vieja Guardia supo de peleas, altercados, detenciones, cárceles y celdas, pero nada le amilanó, porque su espíritu estaba por encima de las adversidades y de las privaciones.
·         La vieja guardia fue intransigente con las cosas  esenciales y magnánima con las cuestiones accesorias.
·         La Vieja Guardia tuvo un espíritu tenaz y confiado, no desfalleció, ni se resquebrajó, ni se humilló, ni consintió lo imperdonable.
·         El espíritu de la Vieja guardia debe ser nuestro referente, el de aquellos hombres que en las horas duras y amargas de la lucha fueron la vanguardia de nuestro movimiento.
·         Fueron muchos, tal vez demasiados, los que prestaron el máximo servicio, el de caer en el cumplimiento de su deber.
·         Por eso cuando se invocaba su condición de “Camarada de la Vieja Guardia” se sabía que detrás de aquel titulo entrañable había no solo la expresión de un juramento, sino la actitud de un cumplimiento y de una ejecutoria.
·         Si España está como está y si la falange atraviesa su particular Rubicón, es porque se ha esfumado o permanece adormecido el espíritu que infundió la Vieja Guardia, sereno, entero, vindicativo, de ansias de justicia.
·         El espíritu de la Vieja Guardia es el del laconismo militar, donde imperan los valores de la autoridad, la jerarquía y el orden.
·         Y alli, en ese recinto histórico, un simple cuadro con una estadística de Caidos nos recuerda bien a las claras la quinta esencia del espíritu que anidaba en los corazones del V en esta casa solar de la Vieja Guardia, “Entrevistas para la Historia” ha dado JLJR en muchas de sus páginas la voz a miembros relevantes de los primeros tiempos.
·         El primero que responde es Ernesto Gimenez caballero, el precursor del fascismo, firmante del manifiesto de la Conquista del estado, junto a Ramiro Ledesma, en febrero de 1931.
·         En la entrevista cuenta como tomó contacto con Ramiro Ledesma y el grupo de broncos  soñadores de los que se rodeó para dar el pistoletazo de salida y cimentar la revolución nacional sindicalista. Nos ayuda a descifrar los arcanos del significado de los nombres de la primera publicación de combate.
·         Hace una reflexión actualísima: ”No puede haber resurgimiento si no hay una previa crisis, como no hay primavera sin invierno”
·         Tampoco falta la entrevista a un catalán de pro, social y revolucionario, el editor y viejo jonsista de la primera hora  Luis de Caralt, en cuyos libros los hombres de mi generación nos hemos formado e ilustrado en los misterios de la historia.
·         Luis de Caral me recibió en su despacho de la editorial en un barrio céntrico de la rectilínea  Barcelona. Era un combatiente forjado en la Primera centuria de la Falange Catalana, Nuestra Señora de Monserrat”. Testigo en los sucesos de Salamanca, donde había cursado los estudios y la formación de Jefe de Centuria en la mítica academia de Pedro llen. Al término de la contienda, fue inspector nacional de Excombatientes. Espiritu indómito, aigo de lo auténtico, sin mixtificaciones, fundador de los Circulos Jiose Antonio en la Ciudad condal y editor de los textos que prestigian los anaqueles de cualquier biblioteca que los posea, con más de dos mil títulos publicados.
·         Tampoco falta la entrevista a Juan Aparicio Lopez, el político, el escritor, el insigne periodista. Fundador y secretario perpetuo de las JONS, el inseparable de Ramiro Ledesma.
·         Fue Juan Aparicio quien apuntó la idea del yugo y las Flechas como divisa del movimiento espiritual y revolucionario de la nueva España, como emblema de los hombres con vocación guerrera y fe de monasterio.
·         La entrevista se realizó en una cafetería, en torno a un café humeante. Eran los años posteriores a su cargo de director general de Prensa, cuando regia la Escuela oficial de periodismo. Su memoria era prodigiosa, fotográfica, enciclopédica, para recordar y dibujar a sus personajes, sus palabras citadas de forma literal, sus ambientes y sus misterios.
·         Cuando le inquiría sobre el espíritu de aquellos tiempos fundacionales me respondía: “Teniamos aquel puñado de jóvenes un profundo sentido de lo español; eramos nacionalistas, una especie de reminiscencias de aquellos hijosdalgos que velarían por la continuidad y la autonomía de la Patria”
·         Tambien llegué a entrevistar a  Jose Manuel Ledesma ramos, el hermano de Ramiro, quien estaba en su compañía el dia primero de agosto de 1936 cuando la horda roja le detenia para inmolarle en las fosas comunes del cementerio de Aravaca, donde descansa en el camposanto de  los mártires.
·         No podía faltar, seria imperdonable, una entrevista con Raimundo Fernández Cuesta, el Secretario Ganeral de la primitiva Falange y uno de los amigos mas allegados de José Antonio. Os dejo en silencio su contenido, para que tengáis la curiosidad y la expedición de su lectura íntegra.
·         Fue una auténtica satisfacción la entrevista que realice en su domicilio de la calle Claudio Coello a mi gran amigo y camarada Felipe Ximenez de Sandoval, compañero de pupitre de Jose Antonio durante sus años universitarios y su primer biógrafo apasionado. Felipe Ximenez de Sandoval era un señor, un caballero, un fino escritor, un camarada apasionado a ultranza de la falange a la que brindó su vida entera. La entrevista no tiene desperdicio.
·         Tambien se incluye una entrevista a fondo con mi gran amigo Tomás Borras, comediógrafo, escritor prolífico, buenísima persona, humilde como todo ser inteligente y biógrafo de Ramiro Ledesma ramos. Recordábamos viejos tiempos cuando el se jugaba la vida , en las vísperas del alzamiento, imprimiendo las estrofas del cara al sol. La charla que se reproduce se  mantuvo en su casa, en un piso al final de la calle embajadores.
·         Fui su colaborador en varias obras y conservo aún las fichas que teníamos preparadas para un libro inédito que todavía duerme en la imaginación.
·         Otro de los comediógrafos falangistas que aparecen sus declaraciones en el libro es Alfonso  Paso, alegre, simpatico, dicharachero, extrovertido, cautivador.
·         Tal vez una de las piezas mas  impactantes por su análisis actual es la entrevista con Blas Piñar, una especie de testamento político, tras una vida de afán y servicio a la causa de Dios y de España.
·         La laguna del mensaje a la juventud esta cubierta con la entrevista realizada al Delegado nacional del Frente de Juventudes, Jose Antonio Elola Olaso, quien nos puso a la muchachada de mi generación la mochila para caminar y asi cumplir la consigna Ramirista “No parar hasta conquistar”.
·         Quien le haya conocido se deleitará con la conversación mantenida con Fray Pacuifico de pobladura (Andres Maria Alvarez Gutierrez), el capellán de la Vieja Guardia de la Falange, quien bajo su habito talar de misionero seráfico, llevó toda su vida con orgullo militante la camisa azul con la divisa bordada en rojo, soñando con el sol de la Primavera y el renacer de nuevo amanecer español, bajo el grito de esperanza su sonoro, pues tenia un gran vozarrón, del ¡Arriba España Misionera!
·         Tambien se publica la entrevista que en su domicilio de la calle ponzano mantenía con Miguel Ezquerra, el coronel que defendió hasta el último día la cancillería del III reich, al mando de su unidad de combatientes hasta el final.
·         O la entrevista a Mariano Sachez Covisa, a quien siempre he considerado como falangista ejemplar que era la sintesis y el compendio del espíritu de la Vieja Guardia  o Carlos Pinilla, el Jefe de la Falange de Zamora…
·         Mas que hacer un inventario de entrevista, la mejor acción, para que comencéis a emular a nuestros viejos camaradas en el espíritu de la Vieja Guardia, es adquirir y leer el libro donde  cuarenta de los mejores camaradas os esperan para transmitiros su misión y su mensaje.
·         Arriba España.