martes, 30 de junio de 2009

La cultura, en Colono


Ustedes recordarán a Edipo. Ciego y desterrado de Tebas, Edipo llega a una circunscripción del Ática, al norte de Atenas, a Colono. Entonces, los habitantes le piden que se marche.

Hace un par de días, por insistencia de alguien muy querido, fui a ver una representación de Edipo en el teatro del Matadero, en Madrid. La sensación que se me quedó es que la cultura, desterrada de los circuitos convencionales y ciega, al llegar a Madrid, recibe el deseo de ser expulsada de la misma por sus habitantes.

Es sabido que lo que hoy se impone es la cultura con “k”, que de Quevedo a Jardiel todo está proscrito y cuando no, manipulado por la giliprogresía que nos domina y castiga. Que todo lo que no sea marxismo rampante es la idiocia, y no hay luz fuera de lo políticamente correcto.

Aun sin comulgar, como es público y notorio, con esa corriente imperante, debo reconocer que ya me estaba acostumbrando a no recibir más que distorsiones, imágenes embotelladas de lo que pudo un día ser bello y ahora es deforme. Pero este Edipo representado en el teatro del Matadero (buen nombre, donde se ejecuta a la cultura sistemáticamente) ha resultado ser excesivo para mis quizá obsoletas entendederas.

Que a Edipo lo represente un actor más propio para pasar por un viejo sidoso que por un rey, puede pasar. Que sin sentido alguno aparezca alguien disfrazado de Humprey Bogart, quizá como castigo al actor por algún remoto escarceo de éste con la esposa del figurinista, tiene un pase. Que se simule el sobrevuelo de un helicóptero sobre el público por razones que quizá Freud pueda descifrar, lo omitiré piadosamente. Que proyecten de fondo imágenes que podrían quedar dignas en un video reportaje de primera comunión, pero jamás en un teatro y menos movido con fondos públicos, ya hace tragar quina. Pero que me coloquen un teléfono heraldo de telefónica y un secador de peluquería de señoras de los años sesenta en medio de la trama de Antígona, más que broma, resulta una tomadura de pelo absoluta, y eso que ya va quedándome poco.

El actor principal, con una dicción que recordaba increiblemente a Zapatero cuando en pleno discurso pierde el hilo de lo que dice, con menos pasión de la que servidor ponía en tercero de EGB en los agustinos cuando recitaba a Espronceda, remata la forma. La remata en el más puro sentido: la mata dos veces. En cuanto al fondo… bueno, hacer un remix de Edipo rey, Edipo en Colono y Antígona en una sola tirada, así, sin anestesia ni nada, sería solo comparable a resumir el Pentateuco en una caja de cerillas. Posible pero temerario. Particularmente pienso que si Sófocles reviviera los corría a todos, actores, director, personal de servicios , tramoyistas y hasta público, a puñetazos hasta el Peloponeso.

Me crujen las cuadernas al hablar así de un acto cultural. Del acto cultural por antonomasia, una representación teatral; y conste que intenté despojarme de antemano de prejuicios, que a flor de piel estaban cuando el en tríptico apareció el nombre de Mario Gas, ocupa de nuestra cultura con minúsculas que huele a su propio apellido, al menos desde que se alió con ese macarra revestido de friki que quería que volaran a España (que en gloria pudra, por cierto).

Debo reconocerles que lo que si me ha despertado es añoranza. Añoranza de aquellas tardes en el Español, cuando allí moraba uno de los mejores hombres de teatro que podrían pisar esta piel de toro, Gustavo Pérez Puig. Añoranza de lo que es el respeto a nuestro bagaje, nuestro acervo. Añoranza del saber hacer bien las cosas. Añoranza de la cultura al alcance de todos, y no del aprovechamiento de la subvención con fines depilatorios en el cráneo de los ciudadanos.

Decía Demócrates que todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos, de mofa. Yo añado que cuando se aplaude a la hez y se denosta el lustre, no solo todo está perdido sino que está podrido.

Juan V. Oltra

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sábado, 27 de junio de 2009

Cartas a un maestro nacional


IX La escuela de la Falange

Ha de ser nuestra escuela muy alegre, cómoda y sumamente higiénica, en lo material, sin suntuosidades de palacio ni lujos innecesarios.

El alarife construirá un sencillo pabellón, en planta baja, y cercará unos metros de terreno contiguos a él, muchos metros, cuantos más mejor. Nosotros alhajaremos el salón y cuidaremos el jardín, pues nuestros alumnos no gastarán su dinero en lo que ellos puedan hacerse, y lo pueden casi todo, desde el libro que leen hasta el mapa que estudian, porque para eso tienen un maestro de la Falange, inteligente y con vocación de sobra.

Colocado tu allí, compañero, no te dedicarás a desterrar el analfabetismo, según frase hecha que corrió tanto en otros tiempos, porque estamos convencidos de que los males que aquejaron a España no tuvieron su origen en que un tal número de compatriotas no supiesen mascullar una sílaba, como tampoco dependió de ello nuestro esplendor de otros tiempos.

La escuela de Falange se dedicará a infundir religión, patriotismo, ciudadanía, nobles y elevados sentiemientos, formará al niño según nuestra psicología y nuestra historia tradicional, educará… mientras va enseñando a leer lo que deba leerse, y a escribir lo que sea digno de expresarse por mediode los signos gráficos.

Nuestra escuela tendrá unidad, será nacional y católica, y sabrá exaltar el espíritu de Justicia, y los valores caballerescos de los viejos hidalgos españoles.

La Escuela de la Falange sostendrá íntimas relaciones y mutuas inteligencias con las otras escuelas que vayan a ese mismo fin – y tendrán que ir todas-, a las que considerará coadyudantes a la gran obra naci0onal, sin importarle el número, pues más bien quiere la Falange que la iniciativa probada se muestre con toda esplendidez, y atienda a la educación nacional son sana intención y pureza de doctrina.

La Falange quiere que sean pocas y muy buenas, por dentro y por fuera, las escuelas nacionales que pague el Estado, y quiere que tú, compañero, estés a salvo de toda penuria, para que puedas dedicarte en ellas, con completa tranquilidad de espíritu, a luchar tenazmente contra la ineducación que seca el corazón atrofia la voluntad y embota la inteligencia.

En esa escuela compañero, has de trabajar tu acordándote de Calasanz y de Majón, que son nuestros pedagogos, con exclusión absoluta de esos otros cuyos nombres no quiero ni escribir, por si se me olvidan algunas de sus zetas o haches que llevan en medio.

Nuestra Pedagogía
Gonzalo Gálvez Carmona, 1938

viernes, 26 de junio de 2009

Yo Acuso


Conformándonos por el terror a las necesidades circunstanciales de lo cotidiano, el asesinato separatista se ha convertido en una guirnalda en torno a nuestros cuellos. Cerramos los ojos ante el odio, la hiel y la burla del nacional separatismo y surcamos el espacio y el tiempo como una galera sin arboladura porque le hemos cogido el acomodo a este calvario de pánico que, de vez en cuando, escupe sangre, fuego y metralla como en Arrigorriaga, donde Eduardo Puelles García ardió como la yesca hasta quedar carbonizado dentro de su coche. Mañana, su nombre, no será ni un recuerdo en los territorios de la memoria. Mera estadística.

Después de lo irreparable, el crimen, viene siempre lo insoportable, las declaraciones de los políticos, quienes, con la testarudez de los borrachos y la grave profundidad que la embriaguez confiere a las palabras pobres y frías, insisten siempre en que ETA no va a conseguir nada. ¡Qué trágala tan estúpido y, por lo tanto, tan políticamente correcta!

ETA ha conseguido generalizar un espíritu separatista que emponzoña Vasconia toda de los pozos a los hornos. ETA ha conseguido seducir a gran parte de la juventud vasca, la cobarde complicidad de la mayoría, la silenciosa quietud de los que nada hacen porque sólo esperan a ver qué pasa y a ver quién gana; el exilio interior y exterior de otros muchos, y la heróica lucha de unos pocos, como Eduardo Puelles García, que firman con su sangre la anónima indiferencia de esa inmensa mayoría que escucha los disparos como quien oye el despertador.

ETA ha conseguido que la idea de España y el nombre de España sean una despreciable baratija en la conciencia colectiva de los vascos, y un concepto por el que no merece la pena luchar ni en el orden de prioridades ni en la escala de valores del resto de los españoles, pues cada vez que un español no vasco dice que se les dé la independencia ETA suma una voluntad más a su objetivo final, precisa y paradójicamente por la ausencia de voluntad de quien así se expresa.

¿Hay alguien que, sin ser un memo patológico, pueda creerse el mensaje oficial que nos dice que ETA está en las últimas, que está en trance de ser derrotada y que los asesinatos que comete son la prueba de su debilidad?

¿Hay alguien que pueda metabolizar y entender que el Ejército Español esté combatiendo a miles de kilómetros de su Patria contra el terrorismo del Corán y del turbante, mientras el terrorismo de chapela asesina españoles a domicilio, a placer y en régimen de barra libre?

¿Hay alguien que pueda entender que sus señorías estén más preocupadas por los procesos de reinserción de los etarras que por el castigo implacable al que deberían ser sometidos?

¿Hay alguien que alcance a comprender que la meta, más o menos evidente, de todas las políticas contraterroristas que se han diseñado en España no haya sido la eliminación física de la organización terrorista ETA, sino el diálogo y la negociación con ella?

Por todo eso yo acuso del asesinato de Eduardo Puelles García a todos los que aceptaron por cobardía intelectual la constitucional mentira de que España es una Nación de naciones.

Yo acuso a todos lo que por rencor político otorgaron a ETA el letal salvoconducto de luchadores por la libertad.

Yo acuso a todos los que enfatizan el hecho diferencial como fuente generadora de agraviantes derechos históricos para despreciar el hecho comunal español, aceptando perezosa y mansamente que el ser catalán, vasco o gallego es incompatible con el ser y sentirse español.

Yo acuso a todos los que llevan treinta años estigmatizando el patriotismo español y motejando de democrático el separatismo del PNV, de CiU, del BNG y de ERC.

Yo acuso a todos los que reafirman la perversión democrática de que a través de las urnas se puede desgarrar el manto de la Unidad Nacional Española.

Yo acuso a todos los que pusieron en manos de políticos esencialmente desleales a España las competencias de Educación y Cultura sabiendo perfectamente cómo y para qué las iban a utilizar.

Yo acuso a los que aprobaron un sistema y unas leyes electorales que otorgan una representación parlamentaria absolutamente desproporcionada a partidos separatistas.

Yo acuso a todos los que por intereses sectarios y coyunturales han coqueteado con los partidos separatistas para conformar mayorías de gobierno.

Yo acuso a todos los que desde sus responsabilidades políticas, periodísticas y educativas son incapaces de alzar la voz para darle fuerza al vino de nuestra Historia hasta que este pueblo sin memoria entienda clarísimamente que ni la Democracia, ni la Constitución, ni el Parlamento, ni el Rey, tienen potestad, ni autoridad, ni legitimidad, para conceder la independencia ni a la porción de tierra de España que cabe en una maceta.

Ahora, hoy, ya es tarde. Demasiado tarde para que la esperanza sea algo más que un sueño. Treinta años de abstracción política constitucional han convertido a España en una abstracción conceptual tan difusa que sólo palpita con verdadera pasión en el corazón de los que la odian.

Ellos esperan la independencia con más amor y fidelidad que Penélope a Ulises. Nosotros sólo esperamos que dejen de matar mientras les animamos a que sigan perpetrando, por la vía del diálogo, el más repugnante de los crímenes: el separatismo.

Eduardo García Serrano

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jueves, 25 de junio de 2009

Banderas arriadas


Durante el acto del Cerro de los Angeles retiraron las banderas de España


Varios de los asistentes al acto que tuvo lugar el pasado domingo en el Cerro de los Ángeles han hecho saber que por parte de la Organización se había dispuesto la retirada de todas las banderas de España, muchas de las cuales aparecían ornadas con el Sagrado Corazón de Jesús, símbolo católico donde los haya que es frecuente ver en peregrinaciones europeas junto al respectivo emblema nacional. Algunos así, lo hicieron, otros se marcharon o se mantuvieron discretamente apartados del entorno recogido por las cámaras.
Detrás del suceso hay algo más que una anécdota porque lo ocurrido es expresión perfecta de las dos cosmovisiones que desgarran al mundo católico. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús nació y se extendió vinculada de una manera muy especial a esa corriente puramente católica pero que se puede definir por su oposición al jansenismo en el siglo XVIII, a la Revolución en el XIX o al comunismo en el XX. Por eso siempre despertó el odio y la persecución de ilustrados, jansenistas, jacobinos, liberales, masones, socialistas… Esta devoción tuvo siempre grandes enemigos, incluso entre quienes —como los jansenistas o los católico-liberales— se pretendían representantes de las más puras esencias del cristianismo o detentaban altos cargos eclesiásticos. Mártires del Sagrado Corazón fueron, entre otros, los miles de católicos masacrados en la Vandea, el presidente de Ecuador García Moreno, los cristeros mejicanos y los caídos de nuestra Cruzada. Todos ellos tienen en común haber reivindicado de manera efectiva la obligación que tenemos de sustentar también el orden temporal sobre la Revelación. De ahí formulaciones como la de la Realeza Social de Jesucristo.
Por eso es perfectamente explicable que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús entrara en una profunda crisis cuando ideas inspiradas en el liberalismo y el socialismo, bajo el manto común del neo-modernismo condenado por la Humani Generis de Pío XII se hicieron predominantes al socaire de la nouvelle théologie y de la teología de la liberación y de sus respectivos postulados asumidos en el discurso oficial. Al tiempo que sobrevivía como elemento de identidad de quienes nos resistíamos a aceptar la traición, surgían grupos que —como ha dicho el Cardenal Rouco Varela— trataban de «recuperar y renovar, en clave del nuevo marco teológico y espiritual abierto por el Concilio Vaticano II, la teología del Sagrado Corazón de Jesús» (http://www.zenit.org/rssspanish-31610). La frase con la que se abría la fórmula pronunciada de manera colectiva por todos los asistentes al acto del domingo no podía ser más expresiva: «Hijo eterno de Dios y Redentor del mundo, Jesús bueno, tú que al hacerte hombre te has unido en cierto modo a todo hombre…». Expresión confusa, tomada de Gaudium et Spes, 22, que con la vaporosa fórmula “en cierto modo” no logra disipar la abolición de toda distinción entre el orden natural y el sobrenatural, una de las tesis mas queridas y de consecuencias más nefastas de la nouvelle théologie.
En el Cerro de los Ángeles chocaron el pasado domingo dos teologías contradictorias y excluyentes por su propia naturaleza. Por eso todo el peso de la oficialidad cayó sobre una de ellas. Las banderas de España con el Sagrado Corazón de Jesús vienen a recordar que la consagración de España —si se quiere auténtica— es un acto plenamente político, aun cuando su finalidad sea el cumplimiento de un deber social de religión. Además, su efecto secundario, el bien común temporal, es de naturaleza también netamente política. El acto del domingo, lo ha dicho con toda claridad el Cardenal Rouco: «Lo hacemos, naturalmente, en un contexto de relaciones Iglesia-Estado distinto que en 1919. Estamos en un Estado aconfesional, en un Estado laico, en el sentido positivo de la expresión, que no es confesional, pero está abierto, por la vía del reconocimiento de la libertad religiosa, a este tipo de expresiones».
Sinceramente, si yo me presento con mi bandera del Atlético en el acto de presentación de Cristiano Ronaldo y la dirección del Real Madrid me dice que me vaya no tengo derecho a quejarme. Nadie me había invitado a aquella fiesta.


Angel David Martín Rubio


viernes, 19 de junio de 2009

ETA ASESINA


Eduardo Antonio Puelles García



Descanse en Paz



La muerte no es el final



ETA ASESINA, NI OLVIDO NI PERDÓN

miércoles, 17 de junio de 2009

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina


Franns Rilles, inmigrante boliviano en situación ilegal en España, era explotado rigurosa y metódicamente en la panificadora valenciana en la que trabajaba en régimen de esclavitud. Doce horas diarias en el tajo por setecientos euros al mes en negro, sin contrato, sin papeles, sin Seguridad Social, sin derechos y, a partir de ahora, sin un brazo. Sin el brazo izquierdo que una máquina le arrancó de cuajo empapando en sangre el pan de su patrón, uno de esos cabronazos que saben que el miedo de los inmigrantes ilegales es como el humo de las ciudades derrotadas, enmascara el saqueo y emboza el pillaje.
¿En qué nos convertimos cuando la ley, la decencia y la justicia desaparecen? Pues en el patrón de Franns Rilles, ése cabronazo que le abandonó desangrándose por el muñón del brazo a doscientos metros del hospital más cercano susurrándole al oído que no contara la verdad, porque él sabe que estos pobres desgraciados vienen todos de los dientes de la injusticia que cosen el hambre como las lanzaderas de un telar, y que si quieren trabajar tienen que callar. Tragar y callar, porque los códigos y las pautas del mercado se han convertido en la ley de leyes hasta tal punto que todos hemos olvidado que al mercado se acude en busca de verduras, no de justicia.
Vienen buscando pan y justicia y cuando llegan aquí caen en las ávidas manos de mercaderes poco dispuestos a conceder una hospitalidad que no paga al contado. Caen en manos de negreros como el patrón de Franns Rilles, más astutos que inteligentes, cuyo único evangelio es la codicia, que regatean cuando compran y engañan cuando venden. Son los chulos de la miseria, los dueños de la lonja de carne humana, marcada por la fría escualidez del hambre. Son los alquimistas que convierten en oro la desesperación y el terror, el vacío y la soledad de los inmigrantes ilegales.
Como con esa estirpe de usureros yo me niego a representar la comedia de la indulgencia y a adoptar la hipocresía del respeto, diré que a mí el patrón de Franns Rilles me recuerda gratamente a Foulón, aquél ministro de Luis XVI que con ocasión de una hambruna que diezmaba Francia dijo que si el pueblo tenía hambre, que comiese hierba. Naturalmente, cuando estalló la Revolución, la cabeza de Foulón apareció en lo alto de una pica con la boca llena de hierba.
El patrón de Franns Rilles puede dormir tranquilo, pues su cabeza con la boca llena de pan coronando una pica es sólo un sueño, onírica imagen producida por las gotas de sangre jacobina que circulan por mis venas.


Eduardo García Serrano.
Editorial del programa “Sencillamente Radio”

jueves, 11 de junio de 2009

El titadyn no engaña


La sentencia del 11-M es aterradora, no sólo para las víctimas de los atentados, también para la sociedad española en general y para cualquier ciudadano que tenga el decoro moral de pensar con independencia de criterio. Así lo dije cuando fue dictada. Dije entonces, y lo reitero hoy, que la sentencia del 11-M es toda ella una falsedad de consenso fundamentada en una investigación chapucera que, deliberadamente, huye del propósito de hallar la verdad hasta el punto de ocultar la identificación química y la datación científica del explosivo que causó la masacre.

La sentencia del 11-M establece la no participación, en ningún grado, de ETA ni de la red terrorista Al Qaeda, y culpa y condena por la comisión de los atentados sólo y nada más que a los sicarios que los perpetraron sin buscar y, por tanto, sin hallar a la inteligencia que los ideó, que los planificó, que les dio cobertura logística, perfil estratégico y armazón táctico.

Conclusión aterradora para las víctimas, en particular, y para la sociedad española, en general: sé que mi hijo murió, pero no sé por qué murió ni sé con qué fines se llevaron a cabo los atentados en los que mi hijo, mi madre, mi hermano, mi mujer, mi novia, mi marido, mi amigo o mi padre murieron porque, según se establece de la sentencia, el mayor atentado terrorista de la historia de Europa lo diseñan y lo ejecutan un subnormal que trapichea con explosivos en el top-manta de la dinamita asturiana y veintitantos rufianes magrebíes avecinados en Lavapíes que mercadean con hachís, con móviles robados y con la quincalla de los rateros de poca monta ejerciendo, varios de ellos, de chotas de la policía.

Con qué alegría repetía Rubalcaba a los cuatro vientos que, según la sentencia, no había sido ETA. Su alegría por la exculpación de ETA era directamente proporcional a la timorata satisfacción del PP porque, según la sentencia, ni la guerra de Iraq había sido el detonante de los atentados ni Al Qaeda la mano ejecutora de los mismos. Y ambos, PP y PSOE, nos conminaban a todos a creérnoslo porque la sentencia, su amadísima sentencia de consenso, es la única verdad absoluta que debemos adorar pues para ellos la sentencia del 11-M es más, mucho más que eso: es un dogma de fe democrática y de lealtad institucional, y como tal ¡Ay de aquél hereje democrático que se atreva a ponerla en duda!

Cuando escuché y leí la sentencia y la inmediata reacción de consenso favorable a la misma de los partidos políticos, me acordé de lo que Chateaubriand dice, paradójicamente, en sus Memorias de Ultratumba: “cuando en el silencio de la abyección ya sólo resuenan la cadena del esclavo y la voz del delator, cuando todo tiembla ante el tirano, al historiador le incumbe la tarea de la venganza de los pueblos. De nada le sirve triunfar a Nerón, tácito ya ha nacido en el Imperio”.

Y Tácito, nuestro Tácito, el Tácito español del 11-M, se llama Antonio Iglesias, brillante y valiente químico que en su libro Titadyn demuestra científicamente que lo que no ocurrió en los atentados es lo que la sentencia del 11-M dice que sí ocurrió, pues en todos los restos de los focos se halló dinitrotolueno y en el único que no fue lavado con agua y acetona se halló nitroglicerina, dos componentes que están en el Titadyn pero no en la Goma 2 ECO.

Por tanto, es imposible lo que asegura la sentencia sobre que “toda o gran parte de la dinamita que estalló en los trenes procedía de Mina Conchita” porque en Mina Conchita había Goma 2 ECO, pero no Titadyn.

Eduardo García Serrano.
Editorial del programa “Sencillamente Radio”



martes, 9 de junio de 2009

EL RAPTO DE EUROPA


Con los resultados oficiales provisionales en la mano, en las elecciones al Parlamento Europeo celebradas el domingo, en España no ha ganado el PartidoPopular sino la abstención. El 54% de las personas con derecho a voto no han hecho uso de ese derecho. No seré yo quien les alabe. La democracia liberal tiene a mi juicio muchas objeciones pero si pone en nuestras manos la capacidad de abatir Gobiernos metiendo un papel en una urna de cristal y no lo hacemos, la responsabilidad es nuestra, no del sistema por muy corrupto que sea. Ahora bien, la otra constatación no es menos demoledora: España sigue apostando abiertamente por el bipartidismo representado por dos partidos, PSOE y PP que se llevan más del 80% de los votos y que coinciden en su visión del hombre y de la política aunque discrepen en cuanto al nombre de las personas que han de gestionar la cosa pública. El porcentaje restante se lo reparten de forma significativa separatistas, de estos que viven a costa del presupuesto del Estado español y radicales de izquierdas, de esos a quienes los cien millones de muertos causados por el comunismo les parecen pocos. La sociedad española está podrida y el resultado electoral es la mejor radiografía.La parcial victoria del PP es una garantía de la próxima victoria socialista en las Elecciones Generales. Si con la crisis brutal que padecemos, ZP suscita entusiasmos rayanos en el misticismo, dentro de tres años, con una candidatura de perfil bajo como la de Mariano ahora revalidada, estos barren. Un poco más de arbitrismo, de ingeniería social, de control de los medios de comunicación, de subvenciones gestionadas desde los ayuntamientos afines y la cosa está hecha. Rosa Díez podrá ser la segunda edición de Ruiz Mateos pero el electorado de izquierdas español ha demostrado que prefiere el mesianismo de ZP, el matonismo de Blanco y las simplezas de Pajín a una alternativa dura, pseudo-españolista en el discurso y radical en lo social como la propuesta por UPyD. Un diputado en los más de 700 de la jaula de grillos europea equivale a la nada.Estas elecciones han demostrado una vez más (¿Cuántas van desde 1976?) que en España no existe nada ni remotamente parecido a lo que pudiéramos llamar un voto de identidad católica reconocida. Ni siquiera identificando el voto católico —y es mucho conceder— con las formaciones pro-vida y pro-familia que se mueven en el ámbito de las opciones que respetan el común marco liberal, alcanzamos una representatividad significativa. Los católicos españoles siguen optando mayoritariamente por el PP y el PSOE, fieles a las consignas oficiales que se les han hecho llegar sin viraje constatable durante los pontificados de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI: “nada de partidos católicos, católicos en los partidos”. Y el resultado aquí lo tenemos: gobiernos sostenidos en las urnas por presuntos católicos implantan desde el poder el laicismo más agresivo al tiempo que los obispos se convierten en los palmeros del sistema que se lamentan sistemáticamente de las consecuencias condenando los "avances sociales" a que nos conducen irremediablemente los políticos y apareciendo siempre como los malos de la película. Los que no se enteran por dónde va el mundo ¿Será que les va esto de ser los tontos útiles?A mí me parece que el mejor análisis de estas elecciones, y de todas, ya se pronunció el 29 de octubre de 1933:
«En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos, nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que (¿para qué os lo voy a decir?), no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad todos lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí nuestra España, ni está ahí nuestro marco. Eso es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros, fuera, en vigilia tensa, fervorosa y segura, ya sentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas».
¿Y qué hacemos ante este panorama? Ya lo hemos dicho otras veces: los torpes intentos de reconciliar al liberalismo con el Catolicismo ponen de relieve la licitud y necesidad de una resistencia en el terreno cultural y político fundamentada religiosamente a pesar de la oposición de algunos eclesiásticos, por muy arriba que éstos se sitúen. En la línea que ya apuntaba Vázquez de Mella:
«Cuando no se puede gobernar desde el Estado, con el deber, se gobierna desde fuera, desde la sociedad, con el derecho ¿Y cuando no se puede, porque el poder no lo reconoce? Se apela a la fuerza de mantener el derecho y para imponerlo. ¿Y cuando no existe la fuerza? ¿Transigir y ceder? No, no, entonces se va a las catacumbas y al circo, pero no se cae de rodillas, porqué estén los ídolos en el capitolio»

domingo, 7 de junio de 2009

El “bautizo” de Leo


De las cosas que más vergüenza ajena provocan en la España de hoy es el orgullo inconsciente e infantil de cierta clase de personajes elevados al Club de la Farándula por la estulticia general. Los encontrarán por todas partes: elevan el mentón, relajan el buche, miran por encima del hombro para demostrar que sí, que no caben de gozo por ir “contracorriente”, por romper con la norma, por golpear la tradición con su comportamiento diario.

Cayetana Guillén Cuervo, que dicen que es actriz, ha usado a su hijo para escenificar un acto sustitutivo del bautismo, y “oficiado” por Pedro Zerolo. Bautizarlo por el rito católico hubiera sido normal, e incluso bueno, lo cual es profundamente fascista. Se cambia el agua bendita por perfume del top manta, sustituimos al sacerdote por un sodomita y lejos de que un buen organista se atreva a interpretar el “Ave María” de Schubert, suena imponente, a todo trapo, la melodía de la serie “David, el Gnomo”. Porque el progresismo no tiene por qué reñirse con lo hortera.

Al parecer, esta costumbre significa “dar la bienvenida democrática” al nuevo “ciudadano”, cosa que aleja a cualquier persona decente de la democracia como de la bicha. Si para ser un demócrata hay que estar en brazos de Zerolo, no lo duden: quiero un buen caudillaje. Si la condición para que a uno le acepten en el exclusivo club de la progresía universal es cambiar el día del bautizo (el día en que los cristianos recibimos al Espíritu Santo) por esta paranoia de zumbados e invertidos, reniego del progreso y lo aborrezco enteramente. Pero a este pobre niño no le han dejado elegir.

Ese es el problema. Leo, que así han llamado a la criatura, no tiene culpa de tener los padres que tiene; es demasiado pequeño para comprender lo que le han hecho. Y no sólo le han privado del derecho que tenía a ser bautizado como Dios manda, sino que le han metido a empellones en una secta de la que ya no podrá salir, la del izquierdismo furibundo, la del ateísmo porque sí, la de la rebeldía sin causa contra el capitalismo universal y a favor de la “extensión de los derechos”. Vamos, que le han fastidiado la vida.

Ellos, sus padres y allegados, dirán que no, claro. Dirán que un niño, lo que de verdad necesita, es “el amor de sus padres”. Que eso de echar agua bendita por la cabeza no significa nada. Que así, recibiendo la “bendición democrática” de quien ha hecho de su extravagante condición sexual un medio de vida, será “mejor persona” y aprenderá pronto a “respetar a los demás”. Y, en efecto, así será. Hasta que cumpla la edad suficiente para que nadie pueda manipularlo, y pueda leer, pensar y meditar lo suficiente para comprender que ha estado metido en una enorme mentira. Porque Dios no deja abandonado a ninguno de sus hijos, y menos aún a aquellos no tuvieron forma de defenderse de la dictadura del relativismo.

Rafael Nieto

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miércoles, 3 de junio de 2009

EUROPA


¿Qué es Europa? No, no es una pregunta retórica y aún menos formulada al sur de los Pirineos, donde millones de españoles que ni siquiera saben qué es España, qué significa España ni qué ha representado España en la configuración de Europa ni en la fragua y la expansión de su civilización y de su cultura, se disponen a votar en las elecciones al Parlamento Europeo el próximo domingo.
Europa, el murmullo de una palabra que desliza por nuestros labios el susurro de las memorias compartidas desde las murallas de Troya hasta nuestros días. Europa, todo lo que a los europeos nos viene dado de la leche materna, todo lo que ha pasado a formar parte del tejido de nuestro modus vivendi y de nuestro modus operandi, incorporando a un marco de propósito y significado el pasado y el futuro a través del pensamiento y de la acción europea, el aliento de la Historia arremolinándose en torno a nosotros en términos de siglos.
Atenas, Roma y Jerusalén. Sócrates, Julio César y el Cristianismo. La filosofía griega que enseña al hombre a pensar y a buscar, la geometría de la lógica y de la razón, la ciencia y el análisis. Grecia, la democracia y la aparición del hombre libre, ni aristócrata ni plebeyo: el ciudadano.
Roma, el Estado, el Derecho y el Imperio. Roma, las leyes para vivir fuera de la humillación, para vivir con respeto. Las leyes por encima de la espada y del dinero. Roma no sólo gobernaba, también transformaba. El poder de sus ideas se imponía no sólo con la espada sino con la toga y el Derecho, con la ingeniería, la arquitectura y la agronomía. Tan es así que cuando Roma cayó toda la Europa togada se sometió al gobierno de los bárbaros, pero los bárbaros se sometieron al Derecho Romano. Alboreó entonces la Edad Media, fecunda fusión de la energía de los pueblos del norte del Rin y de la brillantez intelectual del sur de Europa.
Jerusalén, desde donde la Cruz del Gólgota surca el Mediterraneo universalizándose a través de Europa. El Cristianismo como hilo conductor y eje vertebrador del hombre nuevo y de la nueva Europa desde el Edicto de Milán hasta nuestros días.
Atenas, Roma y Jerusalén, los principios, tanto cronológicos como morales de Europa. Europa como el Muro de Adriano, que marcaba y anunciaba el orden romano como una fortificación de piedra, de leyes, de principios y de valores.
Algunos quieren una Europa dividida en fragmentos lo suficientemente pequeños como para que no puedan dañar a nadie salvo a ella misma. Por eso la libertad de la que disfrutamos contiene las semillas de su propia destrucción y cuando esas semillas germinan por falta de autoridad moral, de autoridad intelectual y de autoridad política, el liderazgo desciende hasta los más necios. Por eso el próximo domingo, sin miedo y con la conciencia limpia como un cielo sin trampas, votaré por el bien posible en contra del mal menor, votaré Alternativa Española (AES).



Eduardo García Serrano.


Editorial del programa “Sencillamente Radio”

domingo, 31 de mayo de 2009

Desmemoriados


Con esto de la listita proetarra que tanto cariño ha recibido del Tribunal Constitucional encabezada por el dramaturgo Alfonso Sastre, algunos medios de comunicación han resumido la trayectoria del peculiar calzonazos olvidando pasajes fundamentales de su vida. Amnistías que sólo disfrutan algunos. Ninguno de sus desmemoriados biógrafos ha recordado que con anterioridad a su antifranquismo, a su antiespañolismo, a su abrazo a Batasuna y su constante justificación del terrorismo, Alfonso Sastre, Premio Nacional de Teatro, fue falangista. Eso, la desmemoria.

Miguel Gila, el gran humorista de corto repertorio, se presentó en los últimos años como un luchador contra el franquismo. Incluso se inventó que sobrevivió a un fusilamiento, farsa que fue desmontada con facilidad por tratarse de una descomunal mentira. Gila escribió y manifestó que había sido víctima de la persecución franquista. A Gila sólo le persiguió el franquismo para que actuara en las cenas del 18 de julio que Franco convocaba en La Granja de San Ildefonso, y en las que Gila le hizo sonreír en varias ediciones. Un día desapareció. Y puso como excusa que se exiliaba voluntariamente para huir de Franco, el que tanto reía sus gracias. Se exilió para huir de su primera mujer y de las deudas que había contraído con ella, y eligió para su exilio la Argentina de la dictadura militar, la de Videla, Massera, Galtieri y los desaparecidos. Y estuvo bien allí, y mejor tratado. De vuelta a España, se vistió de rojo, ganó muchos millones en las televisiones públicas y falleció sin pagar a Hacienda. Pero fue presentado como un combatiente intelectual contra las dictaduras.

Tengo para mí, que de existir un Instituto Nacional de Biografía, trabajan en él unos señores con enormes tijeras que deciden a quién sí y a quién no se les puede perdonar su pasado de manifiesta cooperación o mansedumbre con el franquismo. Sastre y Gila pertenecen a la relación de beneficiados. Y un bastante José Luis Coll, Juan Luis Cebrián, Concha Velasco, Javier Arzallus, el obispo Setién, y no sigo porque la relación se presenta interminable. Pero más que los políticos, los religiosos o los académicos, me interesan estas figuras de la intelectualidad y el espectáculo –Sastre, indudablemente, es un escritor culto–, que han conseguido el maravilloso regalo del olvido. Coll se hizo socialista de toda la vida cuando conoció a Felipe González. Concha Velasco saltó a la fama gracias a José Luis Sáenz de Heredia, director de cine, y primo hermano de José Antonio Primo de Rivera. Sara Montiel recordó que no era franquista unos pocos días después de la muerte de Franco. Pero la Dirección General de la Desmemoria funciona perfectamente, y a unos les borran el pasado y a otros se lo adornan. El gran escritor Rafael García Serrano, navarro, requeté, pendenciero y siempre nostálgico de batallas, murió en el olvido y el desprecio porque nunca ocultó sus ideas. Pero fue el autor de una de las obras fundamentales de nuestra terrible Guerra, escrita sin rencor y con humor muy largo, el «Diccionario para un macuto». Lo hizo cuando uno de sus compañeros de Falange, Alfonso Sastre, aún cantaba la vuelta de las banderas victoriosas al paso alegre de la paz. Por si a Otegui le interesa.


Alfonso Ussía.
La Razón - Opinión

jueves, 28 de mayo de 2009

IZQUIERDAS Y DERECHAS Cartas a mis hijos (III)




Queridos capitanes:

Ojalá cuando estas líneas lleguen a vosotros esos conceptos decimonónicos y periclitados de "izquierda" y "derecha" estén ya largo tiempo enterrados y olvidados. Pero lo dudo, y a no ser que me traicione el subconsciente dentro de pocas líneas os explicaré el porqué.
Una de las primeras preguntas que cualquiera se hace cuando conoce a alguien es, más allá de cómo piensa, cuál es su color político. Craso error del que ya os he hablado, pero al que no me resisto a volver a condenar. Aun más, con un criterio pervertido por la manipulación de los medios de descomunicación, que otra cosa no son, se tiende a polarizarlo todo en dos poses únicas y diferenciadas: izquierda o derecha. O, con ese neoidioma para idiotas, socialistas y liberales, produciendo la cacofonía perversa con lo social y la libertad, cuando no hay nada más alejado de lo social que el socialismo ni nadie que dé menos grados de libertad que un liberal.
Izquierdas y derechas, me vais a permitir que sea directo, no tienen sentido hoy. Escasamente lo tenían los términos cuando se parieron en ese frontón francés que separaba así geográficamente a Girondinos, Jacobinos y otros más de trescientos semovientes sin adscripción reconocida. Desde entonces, del siglo XVIII, parece que mucho ha llovido pero aparentemente no lo bastante como para limpiar toda esa porquería, desde entonces nos viene este falso andamiaje intelectual.
Os dirán que cuando alguien niega ser de izquierda o de derecha en realidad es porque es de extrema derecha, y yo niego la mayor. No se puede ser extremo de algo que uno repudia. Generalmente quien entona esa tontería suele ser alguien muy bien parapetado en el sistema, o, en todo caso, un tonto útil de este: alguien engañado por la nueva cloaca máxima del imperio, la televisión, que se convierte en defensor de aquello que le oprime y castiga. Y es que lo que no es sano, nunca, es dejarse oprimir... y eso es lo que hacen las llamadas izquierdas y derechas.

Porque la realidad, queridos, no os engañéis, es clara: aquí mandan los de siempre y si nosotros, la gente de la calle, los españolitos de infantería, no hacemos nada para remediarlo, seguirá así. Y ése era el motivo que al principio de esta carta me hacía dudar de la desaparición de esta gran y doble mentira. Partidos políticos y sindicatos mamporreros esconden su verdadera función: apuntalar un sistema que sigue apretando a la gente de bajo, que sigue engordando las arcas del capital mientras que la fuerza de trabajo es cada vez más pobre y tiene menos poder de gestión en lo público. Si a eso sumamos que tanto a izquierdas como a derechas parece importarles una higa que la formación, la educación de sus ciudadanos se degrade cada vez más, vemos que vamos hacia una nueva edad media, aunque esta vez intencionada y sin conventos donde se pueda refugiar la cultura clásica para sobrevivir. Hacia una gran masa de la población inculta y sin poder hacer más que sobrevivir, mientras unos pocos viven del sudor de la frente de los demás con unos privilegios ofensivos para el sentido común. Y dicen, que esto es progreso: vivir con el sudor del de enfrente.
Claro que ese progreso que defienden tanto los progresistas profesionales de "la hoz y el martini", en afortunada expresión de mi amigo Eduardo García Serrano (si os suenan sus apellidos es porque las obras de su padre reposan en mis anaqueles), como los liberales que sueñan con que nada cambie, al menos a mejor... es un falso progreso, es cartón piedra, una ficción del establishment.
Para que sirva de pantalla de humo que oculte la tragedia de la situación real. Y no interesa que cambie, ya os lo anticipaba, para que los ricos sigan siendo cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Vaya pues mi condena por delante para ambos, aunque más dura y directa para las izquierdas que, a sabiendas en muchos casos, luchan en contra de lo que dicen defender.

Y es que... ¿qué son las izquierdas, o qué son las derechas? ¿Fue de izquierdas Mussolini por su política social? ¿Fue de derechas Stalin por su demoníaca represión? Con esta idea en la cabeza, un día imprimí dos textos en dos caras distintas de un folio y lo repartí a mis alumnos preguntándoles que texto era de izquierdas y cual era de derechas, aprovechando el Pisuerga de una asignatura de marketing y la relación con el marketing político. El texto que salió mayoritariamente de izquierdas era parte de la Carta del Lavoro, de la Italia fascista de 1927, y el que salió como indudablemente de derechas procedía de la constitución soviética de 1936. Esclarecedor.
No quiero extenderme. Creo que me basta con acudir a Ortega y decir con él que ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral. Y es que los problemas no se pueden atajar por la derecha o por la izquierda, sino mirándolos de frente.

No puedo dejar esta carta sin traer al recuerdo una anécdota que Juan quizá recuerde. Juan, quizá comido por su entorno, apuesta más por una de las marionetas del sistema que por la otra. Y me preguntó si me gustaba más el PSOE o el PP. Como colecciono monedas, se me ocurrió una idea para dejárselo claro de forma gráfica: saqué una pieza, un as romano de Jano Bifronte, con su mítica figura con dos caras, una mirando a izquierda, otra mirando a derecha. Recordarás, Juan, que te dije que en realidad me preguntabas cuál de esas dos caras me gustaba más, y yo le di la vuelta a la moneda y te dije "yo, siempre me quedo con la cruz". Y te amplio, os amplio... que la luz, termina viniendo siempre de Roma.

Os quiere:
Papá.


http://bitacorapi.blogia.com/



Juan V. OLTRA

martes, 26 de mayo de 2009

Hasta Bibiana es un ser humano


Editorial del programa “Sencillamente Radio”


Las palabras pueden ser como el fuego el iluminar el mundo. Pueden ser como el oro y enriquecerlo. Poe ejemplo, esas palabras de Las Escrituras en las que se nos dice que “para escuchar la alabanza perfecta hay que escuchar la risa de un bebé y el parloteo de los niños”. Pero las palabras también pueden ser como el estiércol y ensuciar el mundo. Por ejemplo, las palabras pronunciadas por la ministra Bibiana Aído en el Senado en las que asegura que el nasciturus (el que está por nacer) “es un ser vivo, pero no es un ser humano”.
Al escucharla me llenó una sorda, lóbrega e impotente tristeza. La absoluta falta de piedad explícita en la negación de la condición y de la cualidad humana del nasciturus causa pánico, pues ningún ser humano, ni siquiera Bibiana Aído, merece que le dejen sin dignidad alguna.
Lo que ha dicho la ministra de Igualdad es una vileza que va más allá de todo crédito. En su negación de la condición humana del nasciturus se articulan el espíritu de la locura y la resaca de las checas y de los nazis. Chequistas y nazis, todos ellos socialistas, despojaron en la Europa de principios del siglo XX de la condición humana a los que ellos consideraban sus enemigos políticos por razones de credo, ideología o raza. Siendo horrible lo que hicieron, el mayor espanto de su carnicería consistió en que, a través de un odio atroz revestido de patriotismo, de grandeza y de justicia y magistralmente jaleado por un impecable aparato de agitación y propaganda, consiguieron convencer a más de media Europa de que todo aquel que no fuese un auténtico revolucionario socialcomunista o nacionalsocialista era, como clasificaron a los judíos, un subhombre o un ser infrahumano.
Lo que ha dicho Bibiana Aído sobre el nasciturus es aún más peligroso que lo que hicieron los nazis y los socialcomunistas agitando el odio a los judíos y al enemigo político. Para Bibiana Aído es mucho más estimulante persuadir al amor para que sea el agente de la muerte del que está por nacer, del nasciturus, porque a través de un falso amor a esas mujeres o a esas chiquillas que se han quedado embarazadas sin desearlo y en situación personal difícil, se las estimula para que maten el “problema” convenciéndolas de que el “problema”, efectivamente, es un ser vivo pero no un ser humano.
A partir de ahí basta con agitar con el magistral aparato de prensa y propaganda que, al igual que ayer, también hoy manejan los socialistas, ese amoroso sentimiento de protección y de solidaridad para con las mujeres y las chiquillas que se quedan embarazadas sin desearloy en una situación personal difícil, y el holocausto de nascituri, de los que están por nacer, será un hecho tan incontestable como que tú, Bibiana, y los que piensan como tú, también sois seres humanos.
Eres, Bibiana, genuinamente humana ya que sólo en el ser humano la estupidez y la crueldad son infinitas pues, como Ortega nos enseñó, “el tigre no se puede destigrar, pero el hombre sí se puede deshumanizar”.


Eduardo García Serrano.

lunes, 25 de mayo de 2009

MEMORIA Y OLVIDO DE RAFAEL GARCÍA SERRANO


Lo conocí por otros escritos que me lo nombraban, y en el ardor de los dieciocho años lo busqué para leerlo. A mí es que los títulos siempre me han podido, y un heptasílabo tal, levemente aliterativo y sobradamente heroico como La fiel infantería, no podía sino atraerme.


Era bronca la novela, y escrita con la premura del hombre de acción que condesciende a hacer líneas que una detrás de otra componen un artículo, un libro. Pero tenía prosa y estilo vigorosos, algo que no quiso ver Antonio Muñoz Molina en una columna suya publicada en El País hace meses. De las muchas opiniones que sobre García Serrano se puedan emitir, ninguna que afirmase su tibieza podría sostenerse. De muchos hierros salen muchos yerros, y él participó mucho en el vivir y en las armas de su época. Tomó una bandera y luchó por ella, primero con el ahínco del joven enamorado, tiempo después con la fidelidad del adulto al amor de juventud. Violencia hubo, y refrendada por el autor de La fiel, pero también generosidad, ideal y altruismo.

Ya a su primer libro, Eugenio o proclamación de la primavera (1938), asoma su falangismo militante, que se hace tan omnipresente que asfixia a quien no comulgue con el movimiento político que fundara José Antonio Primo de Rivera (precisamente a él está dedicada la breve obra o novella). El rojo y el negro teñirán ya para siempre su prosa, que cuando no está claramente mediatizada por el mensaje político brilla como pocas: es apasionada y de una riqueza formidable, y al mismo tiempo sencilla, nada barroca, o al menos de un lujo nada versallesco. La de un joven que se estrenaba en la hombría y que, si no la sangre, sí tiene azul el corazón, y de ahí su tinta.


Yo no sé si por vallisoletano (allí nacieron las JONS), por culto o respondón ante unos y otros, Francisco Umbral es, desde presupuestos políticos opuestos, uno de los escritores españoles que mejor ha sabido ver qué cosa fue la Falange y quién José Antonio, al margen de la conversión de ambos en apoyaturas y símbolos del Régimen del 18 de Julio. Y Umbral ha tenido palabras elogiosas para nuestro escritor. García Serrano fue, como he dicho, una de las voces de la Falange, pero por muchos motivos diferente a otras con las que se podría comparar.


Más joven que Foxá, Sánchez Mazas y el propio José Antonio, no aportó nada al ideario o estilo del movimiento político en el que se encuadró a una edad demasiado escasa para ello. Pero luchó, sí, y fue herido en la contienda, y desde entonces ésta quedó como una fijación, sobre la que gravitaron el resto de sus años y muchas de sus innumerables páginas.


Por ejemplo, las de la ya citada La fiel infantería (1943), que obtuvo el Premio Nacional de Literatura (en aquel momento se llamaba Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera) y que fue inmediatamente secuestrada, según el autor “gracias a la denuncia del arzobispo primado de Toledo y a la pasión eclesial de Gabriel Arias Salgado”. De alguna forma, este hecho llevado a la categoría de emblema es el acta de defunción de lo que de nacionalsindicalista o revolucionario y juvenil tuviera el Régimen, y su sustitución por un modelo nacionalcatólico y ñoño. Eran también los días en que se desmantelaba la Divisón Azul. Para mí que en la cuenta del debe de García Serrano está el no haberse opuesto con mayor afán a esta conversión forzada. Pero lo que es indudable es que fue fiel a sus ideas hasta el final, y sin voces revolucionarias y de genuino patriotismo como la suya el Movimiento, con ese aluvión de recién llegados de la CEDA y otros cuerpos extraños, hubiese sido algo más como una derecha torpe, miope y timorata.


Tal vez por su procedencia navarra (nació en Pamplona el año de la revolución rusa), García Serrano no vio como un hecho antinatural la unificación de falangistas y requetés en ese engendro híbrido —mulo que tiraba del carro triunfal de Franco— que fue Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Camaradas suyos evolucionaron: Ridruejo se hizo socialdemócrata, Foxá escéptico y gordo, a Sánchez Mazas se le fue yendo la combatividad con las nostalgias de sus Pedritos de Andía y Tarines. Sólo él quedó apegado a ese verano perpetuo de 1936, mas con una particularidad que lo ennoblece: como el púgil que se parte la cara y al sonar la campana abraza al contrincante, siempre estuvo más cerca del enemigo corajudo que del espectador que se apoltrona en su almohadilla y todo lo más apuesta.


Publicó mucho: Plaza del Castillo, Los ojos perdidos, Diccionario para un macuto... y tantos y tantos títulos que aquí se omiten. En los últimos años redobló sus esfuerzos en el artículo y llevó su “Dietario personal” a las páginas de El Alcázar. Escribía muy bien —nadie de ese periódico le llegaba al final de sus días a la altura del zapato, con excepción de Vintila Horia, otro olvidado—, y yo alternaba su lectura con el hojeo del “rojo” y efímero diario Liberación.


Tantos años después sigue siendo víctima de otra censura, esta vez tácita (no tanto por razones políticas como por el adocenamiento del público). Hoy echo en falta una reedición de sus escritos menos circunstanciales. Era orgulloso y combativo, y, aunque yo creo que a él se le daría una higa, por placer, por egoísmo, alguien debería plantearse antologarlo.


Publicado en La mirada, 121 (El Correo de Andalucía, 23-5-97)