miércoles, 30 de marzo de 2011




COMO CORRESPONDE A NUESTRO LACONISMO MILITAR ESCUETAMENTE GRACIAS POR LAS 50.000 VISITAS RECIBIDAS EN ESTE HUMILDE BLOG.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un defensor de los trabajadores





Un Cuento de actualidad. Real como la vida misma.


Christian vuelve a casa del colegio, donde estudia 5º de Primaria. Son
las cinco y media de la tarde. Sus papás son funcionarios de carrera
ambos, y en concreto el padre es directivo de UGT y liberado sindical.
Están viendo 'Sálvame', aunque sus programas favoritos son "Cuentamé"
y la nueva serie de "La República" en las que los malos son los de
siempre, curas, militares, policias, empresarios y los buenos son
generosos obreros izquierdistas.Viven en un moderno piso de 120 metros
cuadrados en la avenida de las Cortes Valencianas. Y además, dos
coches en el garaje, dos buenos planes de pensiones y un adosado en
Denia. Después de merendar, mientras ve el programita de marras con
sus progenitores y tras hacer los deberes, entra en la habitación que
hace las veces de estudio, donde está su padre frente al ordenador,
buceando en internet en busca de destino turístico para un próximo
puente:

- Papá, tú, exactamente, ¿qué eres?

- ¡Ay va! ¿Y eso a qué viene, hijo? Ya lo sabes, funcionario.

- Sí, ya, pero ¿a qué te dedicas?

- Me dedico.... pero ¿por qué lo quieres saber?

- Es para un trabajo de clase, de Sociales, sobre nuestros padres. El
de Pepito es médico y el de Diego tiene una tienda, y asi todos.

- Bueno, pues yo soy liberado sindical, trabajo para un sindicato de
clase y me dedico a defender a los trabajadores.

- ¿A defenderlos de quién?
- Pues... eh... a ver, cómo te lo explico. Las amenazas para el
trabajador vienen a ser hoy las mismas de hace un siglo, los
poderosos, los ricos, los caciques, los curas... Eso es lo que en
España representa la derecha, el PP, Rajoy, Aznar, Camps, Rouco
Varela...

- ¿Los curas? ¿Como los del colegio al que voy yo?

- Sí, digo, no, no es lo mismo, ya lo comprenderás de mayor.

- Y entonces tú defiendes a los trabajadores de todos esos señores,
¿no? Pero ¿en qué consiste tu trabajo? ¿Qué haces?

- Pues muchas cosas. Hablar con los compañeros, informarles de sus
derechos, asesorarles... Ahora estamos preparando el 1 de Mayo, que es
un día de reivindicación en todo el mundo.Hay que dar caña a la
Esperanza Aguirre que es una cacique que lucha contra los
trabajadores. Con lo de Garzón, este año tenemos más motivos para
salir a la calle.

- ¿Garzón? ¿Ese es otro de los que va contra los trabajadores?

- Qué va, qué va. Garzón es un luchador, como nosotros, como tu padre,
un defensor de las libertades, un demócrata, y los franquistas quieren
acabar con él.

- Entonces, los franquistas sí que son los que están en contra de los
trabajadores.

- ¡Exacto! Lo que ocurre es que... vamos a ver, o sea, en realidad
Franco murió, pero de alguna forma es como si su espíritu aún
estuviera vivo, como un fantasma de los cuentos que lees.

- Papá, yo en los cuentos que me dan en el cole no hay fantasmas, hay
skins, okupas buenos y policías malos y corruptos. Pero, una cosa,
porque entonces no lo entiendo. ¿Franco ha muerto pero sigue
gobernando? Pero... ¿no gobierna Zapatero, que tú dices que es un tío
fantástico y que tenemos mucha suerte de tenerle en España?

- Ahí estamos, hijo mío. Zapatero lo intenta pero tú no sabes cómo
dejó la derecha este país, tú no sabes lo que nos está costando acabar
con las desigualdades y con las injusticias. Ahora mismo, los millones
de parados, ¿de quién es culpa?, de la derecha y su modelo económico,
todo basado en construir casas y más casas.

- Pero, papi, ¿construir casas no es lo que queríais hacer vosotros,
los del sindicato, con aquella cooperativa que nos contaste? ¿Y no es
lo que hace el abuelo y el tío José Miguel allá en el pueblo?

- Bueno, Christian, no es exactamente lo mismo... De todas formas, tu
papá está ahora muy ocupado... Por cierto, voy a preguntarle a tu
madre si está planchada mi camisa de cuadros y los vaqueros para el
acto sindical de esta noche de apoyo a Garzón.

¡María!, ¿tengo preparado mi uniforme reivindicativo?

- Pues no, ya sabes que Jessy (la ecuatoriana) sigue enferma, así que
la cesta de la ropa está hasta arriba. Si quieres planchar tú...

- Sí, hombre, para eso estamos. Oye, y digo yo, ¿no le estarás pagando
a Jessy por los días que no viene? Mira que al principio vino con
muchas ganas pero cada vez la veo con más teclas, más protestona. ¡A
ver si se va a acabar yendo a un sindicato...!

- ¡Papi, papi!, si se va a un sindicato puedes defenderla tú,
interviene Christian.

- Mira Niño, si no quieres que te meta dos ostias vete de una vez a
acabar los deberes, que pareces tonto.

lunes, 14 de marzo de 2011

Hace ochenta años surgió en la vida política española el nacional-sindicalismo


Tal día como hoy, pero de hace ochenta años, aparecía el primer número del semanario «La Conquista del Estado», publicación editada y dirigida por Ramiro Ledesma Ramos, y apoyada por un grupo de colaboradores y simpatizantes de la publicación que se agrupaban en «células de combate». Estas «células de combate», meses más tarde, se convertirán en el partido Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS).
«La Conquista del Estado» fue, por tanto, la primera publicación nacional-sindicalista. Apareció semanalmente desde el número 1 hasta el 18, el número 19 apareció semanas después y el 20 no aparecerá hasta el 3 de octubre, retomando su periodicidad hasta su desaparición definitiva.
Los nacional-sindicalistas consideramos el 14 de marzo de 1931 como la fecha fundacional de nuestro movimiento político, si bien es cierto que la gestación de «La Conquista del Estado» se produjo, obviamente, durante las semanas previas; esto es, durante el mes de febrero y las dos primeras semanas de marzo.
El comité organizador de «La Conquista del Estado» estaba presidido por Ledesma Ramos y formaron parte de él Ernesto Giménez Caballero, Ricardo de Jaspe Santoma, Manuel Souto Vilas, Antonio Bermúdez Cañete, Francisco Mateos González, Alejandro M. Raimúndez, Ramón Iglesias Parga, Antonio Riaño Lanzarote y Roberto Escribano Ortega, haciendo las veces de secretario Juan Aparicio López.
[En la imagen adjunta, página del núm. 14 del semanario «La Conquista del Estado», del 6 de junio de 1931, dedicada al congreso de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) con entrevistas a varios de sus máximos dirigentes, entre ellos Ángel Pestaña].


lunes, 7 de marzo de 2011

Editorial 54 : El irresponsable rey de España


“Sobre el 23 de febrero se sabe ya todo, y lo que no se sabe lo inventan por ahí algunos”. Así se ha expresado Juan Carlos I, el rey irresponsable, a preguntas de un medio, durante los fastos del nauseabundo “aquelarre democrático” que hemos vivido la semana pasada, con motivo del 30 aniversario de la ocupación del Congreso por parte del Teniente Coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero y sus hombres.

Así, con la tranquilidad que da la irresponsabilidad que emana de la Constitución, y que impide juzgar al rey por delito alguno, se ha despachado el monarca sin despeinarse. Nada de mandar detener a los “inventores” de lo que no se sabe, que al amparo de otro artículo constitucional que impide denostar la figura regia podría hacerse. Nada de mandar a la pareja de la Guardia Civil a buscar a los presuntos inventores, ni retirar los “libelos” - que no serían libros en virtud de su supuesta falsedad – para ser aportados como prueba en un juicio.

No señor. El rey es irresponsable y por ello, le trae completamente al fresco que los autores menos documentados le señalen desde siempre como conocedor de la urdimbre del golpe y los más documentados, como conductor material del pronunciamiento, al amparo de un Supuesto Anticonstitucional Máximo, cuya autoría intelectual se ha situado, por activa y por pasiva, en la trastienda más pulcra del antiguo CESID.

No desentona, en todo caso, el método, con lo que sabemos del irresponsable que reina pero no gobierna, pero que es la salsa de todos los cocidos, desde que fuera proclamado sucesor a título de rey, en vida del Generalísimo.

Así, no dudó en retorcer la legislación vigente - sobre la que juró al acceder al trono - para reformar, primero, y dinamitar después, los Principios y Leyes fundamentales del Movimiento que eran, por definición y por Ley, inalterables e inmutables. Era, de hecho, la Carta Magna del momento.

Tampoco dudó en hacer la pantomima de, tras haber recibido la legitimidad de origen mediante la Ley de Sucesión de Franco, pasándose por el Arco del Triunfo los anhelos e ilusiones de su padre de recuperar la Corona que el abuelo regio, a su vez, entregó mediante fuga, a los revolucionarios republicanos en el 31, inventar una supuesta abdicación de derechos dinásticos sobre un hijo que, por lo visto, hasta ese momento no debía ser, según la extraña visión monárquica más que un usurpador.

Nada tendría por tanto de extraño provocar, promover, utilizar un SAM, con el nuevo objetivo de, retorciendo nuevamente la Constitución – esta vez la actual – reconducir la situación o, como de hecho ocurrió finalmente, elaborar una suerte de Legitimidad de Ejercicio en Defensa de la Constitución en peligro.

Pero todo ello carece de importancia porque no sólo es irresponsable el rey, sino que se sabe poseedor de la lealtad extrema de cuantos, por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, se consideran monárquicos; Una lealtad, que no depende de los hechos, o las virtudes, sino de la legitimidad de origen real - la de Franco y su orden póstuma a los ejércitos - por un lado y de la de sangre, como si el hecho de nacer Borbón – o Austria, que tanto da – te convirtiera de repente en respetable.

Una lealtad muy distinta de la que se ganaron de sus hombres, Antonio Tejero Molina, peleando en el frente interior guipuzcoano, retirando ikurriñas cargadas de explosivos con los restos de sus guardias entre los jirones del trapo, o como la que obtenían para sí los divisionarios generales monárquicos Armada y Milans del Bosch, ganadas en el frente de batalla de nuestra contienda, de la contienda europea, o al frente de unidades como la División Acorazada Brunete número 1.

Una lealtad que, por irracional, sabe que no acaba ni con la muerte ni con la traición real y que, por ello, siempre habrá chivos expiatorios para purgar unas culpas, que dolieron más por la carga de traición al rey que se suponía tenían, donde sólo había lealtad, que por la propia pena.

Pero lo que no deja de sorprender en este aquelarre que el enriquecido Bono ha organizado en torno al 30 aniversario, es que hay otros que sí son responsables, al menos en lo que a la Constitución se refiere, que se han dado besos y abrazos obscenos, que no han dudado en culpar a unos y felicitar a otros y felicitarse a ellos mismos por los momentos vividos y la entereza de todos, y que también han sido retratados, negro sobre blanco, sin que tampoco hayan instado actuación judicial alguna.

Esos presuntos culpables por tanto, de conocer, amparar, tolerar y auspiciar la “Solución Armada”, La “Operación De Gaulle” a la española, en la que algunos, eran protagonistas directos, asumen, por lo que se ve, que “inventar” no debe ser tan grave, comparado con tener que dar explicaciones.

González, Carrillo, Fraga, Sánchez Terán, Herrero de Miñón, Múgica, Peces Barba, José Luis Álvarez y tantos otros, deberían indignarse, de “inventarse” sobre ellos lo que se “inventa” y deberían, por tanto, actuar en consecuencia.

Quizá los españoles en aquel lunes decidieron, de manera espontánea, dejar de llevar a sus hijos al colegio – como hicieron el irresponsable rey y su esposa con los suyos - o quizá el irresponsable rey sabía algo que los españoles restantes no sabíamos.

Lo que es seguro es que la aportación de los “inventores” hoy, puede ser considerada una excentricidad, pero mañana, transcurridos los años suficientes, muertos los restantes protagonistas, desclasificados el resto de los papeles, reaparecidas las cintas y grabaciones que faltan, obligarán a reescribir tantas y tantas páginas de mentira y de ignominia y a contar de nuevo la historia. Quizá entonces, los herederos del Teniente Coronel pueden por fin saber, qué pasó el 23-F.


Hasta entonces, tendremos que conformarnos con las invenciones de nuestros invitados. Acomódense y escúchennos.

viernes, 4 de marzo de 2011

4 DE MARZO: ARRIBA ESPAÑA


"Aquí no puede haber aplausos ni vivas para Fulano ni para Mengano. Aquí nadie es nadie, sino una pieza, un soldado en esta obra, que es la obra nuestra y de España.

Puedo asegurar al que me dé otro viva que no se lo agradezco nada. Nosotros no sólo no hemos venido a que nos aplaudan, sino que casi os diría que no hemos venido a enseñaros. Hemos venido a aprender.

Tenemos mucho que aprender de esta tierra y de este cielo de Castilla los que vivimos a menudo apartado de ellos. Esta tierra de Castilla, que es la tierra sin galas ni pormenores; la tierra absoluta, la tierra que no es el color local, ni el río, ni el lindero, ni el altozano. La tierra que no es, ni mucho menos, el agregado de unas cuantas fincas, ni el soporte de unos intereses agrarios para regateados en asambleas, sino que es la tierra; la tierra como depositaria de valores eternos, la austeridad en la conducta, el sentido religioso en la vida, el habla y el silencio, la solidaridad entre los antepasados y los descendientes.

Y sobre esta tierra absoluta, el cielo absoluto.

El cielo tan azul, tan sin celajes, tan sin reflejos, verdosos de frondas terrenas, que se dijera que es casi blanco de puro azul. Y así Castilla, con la tierra absoluta y el cielo absoluto mirándose, no ha sabido nunca ser una comarca; ha tenido que aspirar, siempre, a ser Imperio. Castilla no ha podido entender lo local nunca; Castilla sólo ha podido entender lo universal, y por eso Castilla se niega a sí misma, no se fija en dónde concluye, tal vez porque no concluye, ni a lo ancho ni a lo alto. Así Castilla, esa tierra esmaltada de nombres maravillosos –Tordesillas, Medina del Campo, Madrigal de las Altas Torres–, esta tierra de Chancillería, de ferias y castillos, es decir, de Justicia, Milicia y Comercio, nos hace entender cómo fue aquella España que no tenemos ya, y nos aprieta el corazón con la nostalgia de su ausencia.

Porque si nosotros nos hemos lanzado por los campos y por las ciudades de España con mucho trabajo y con algún peligro, que esto no importa, a predicar esta buena nueva, es porque, como os han dicho ya todos los camaradas que hablaron antes que yo, estamos sin España. Tenemos a España partida en tres clases de secesiones: los separatismos locales, la lucha entre los partidos y la división entre las clases.

El separatismo local es signo de decadencia, que surge cabalmente cuando se olvida que una Patria no es aquello inmediato, físico, que podemos percibir hasta en el estado más primitivo de espontaneidad. Que una Patria no es el sabor del agua de esta fuente, no es el color de la tierra de estos sotos: que una Patria es una misión en la historia, una misión en lo universal. La vida de todos los pueblos es una lucha trágica entre lo espontáneo y lo histórico. Los pueblos en estado primitivo saben percibir casi vegetalmente las características de la tierra. Los pueblos, cuando superan este estado primitivo, saben ya que lo que los configura no son las características terrenas, sino la misión que en lo universal los diferencia de los demás pueblos. Cuando se produce la época de decadencia de ese sentido de la misión universal, empiezan a florecer otra vez los separatismos, empieza otra vez la gente a volverse a su suelo, a su tierra, a su música, a su habla, y otra vez se pone en peligro esta gloriosa integridad, que fue la España de los grandes tiempos.

Pero, además, estamos divididos en partidos políticos. Los partidos están llenos de inmundicias; pero por encima y por debajo de esas inmundicias hay una honda explicación de los partidos políticos, que es la que debiera bastar para hacerlos odiosos.

Los partidos políticos nacen el día en que se pierde el sentido de que existe sobre los hombres una verdad, bajo cuyo signo los pueblos y los hombres cumplen su misión en la vida. Estos pueblos y estos hombres, antes de nacer los partidos políticos, sabían que sobre su cabeza estaba la eterna verdad, y en antítesis con la eterna verdad la absoluta mentira. Pero llega un momento en que se les dice a los hombres que ni la mentira ni la verdad son categorías absolutas, que todo puede discutirse, que todo puede resolverse por los votos, y entonces se puede decidir a votos si la Patria debe seguir unida o debe suicidarse, y hasta si existe o no existe Dios. Los hombres se dividen en bandos, hacen propaganda, se insultan, se agitan y, al fin, un domingo colocan una caja de cristal sobre una mesa y empiezan a echar pedacitos de papel en los cuales se dice si Dios existe o no existe y si la Patria se debe o no se debe suicidar.

Y así se produce eso que culmina en el Congreso de los Diputados.

Yo he venido aquí, entre otras razones, para respirar este ambiente puro, pues tengo en mis pulmones demasiados miasmas del Congreso de los Diputados. ¡Si vierais vosotros, en esta época de tantas inquietudes, de tantas angustias: si vosotros, los que vivís en el campo, los que labráis el campo, vierais lo que es aquello! Si vierais, en aquellos pasillos, los corros formados por lo más conocido y viejo haciendo chistes! ¡Si vierais que el otro día, cuando se discutía si un trozo de España se desmembraba, todo eran discursos de retórica leguleya sobre si el artículo tantos o el artículo cuantos de la Constitución, sobre si el tanto o el cuanto por ciento del plebiscito autorizaba el corte! ¡Y si hubierais visto que cuando un vasco, muy español y muy vasco, enumeraba las glorias españolas de su tierra, hubo un sujeto, sentado en los bancos que respaldaban al Gobierno del señor Lerroux, que se permitió tomar la cosa a broma y agregar irónicamente el nombre de Uzcudum a los nombres de Loyola y Elcano!

Y por si nos faltara algo, ese siglo que nos legó el liberalismo, y con él los partidos del Parlamento, nos dejó también esta herencia de la lucha de clases. Porque el liberalismo económico dijo que todos los hombres estaban en condiciones de trabajar como quisieran: se había terminado la esclavitud; ya, a los obreros no se los manejaba a palos; pero como los obreros no tenían para comer sino lo que se les diera, como los obreros estaban desasistidos, inermes frente al poder del capitalismo, era el capitalismo el que señalaba las condiciones, y los obreros tenían que aceptar estas condiciones o resignarse a morir de hambre. Así se vio cómo el liberalismo, mientras escribía maravillosas declaraciones de derechos en un papel que apenas leía nadie, entre otras causas porque al pueblo ni siquiera se le enseñaba a leer; mientras el liberalismo escribía esas declaraciones, nos hizo asistir al espectáculo más inhumano que se haya presenciado nunca: en las mejores ciudades de Europa, en las capitales de Estados con instituciones liberales más finas, se hacinaban seres humanos, hermanos nuestros, en casas informes, negras, rojas, horripilantes, aprisionados entre la miseria y la tuberculosis y la anemia de los niños hambrientos, y recibiendo de cuando en cuando el sarcasmo de que se les dijera como eran libres y, además, soberanos.

Claro está que los obreros tuvieron que revolverse un día contra esa burla, y tuvo que estallar la lucha de clases. La lucha de clases tuvo un móvil justo, y el socialismo tuvo, al principio, una razón justa, y nosotros no tenemos para qué negar esto. Lo que pasa es que el socialismo, en vez de seguir su primera ruta de aspiración a la justicia social entre los hombres, se ha convertido en una pura doctrina de escalofriante frialdad y no piensa, ni poco ni mucho, en la liberación de los obreros. Por ahí andan los obreros orgullosos de sí mismos, diciendo que son Marxistas. A Carlos Marx le han dedicado muchas calles en muchos pueblos de España, pero Carlos Marx era un judío alemán que desde su gabinete observaba con impasibilidad terrible los más dramáticos acontecimientos de su época. Era un judío alemán que, frente a las factorías inglesas de Mánchester, y mientras formulaba leyes implacables sobre la acumulación del capital; mientras formulaba leyes implacables sobre la producción y los intereses de los patronos y de los obreros, escribía cartas a su amigo Federico Engels diciéndole que los obreros eran una plebe y una canalla, de la que no había que ocuparse sino en cuanto sirviera para la comprobación de sus doctrinas.

El socialismo dejó de ser un movimiento de redención de los hombres y pasó a ser, como os digo, una doctrina implacable, y el socialismo, en vez de querer restablecer una justicia, quiso llegar en la injusticia, como represalia, a donde había llegado la injusticia burguesa en su organización. Pero, además, estableció que la lucha de clases no cesaría nunca, y, además, afirmó que la Historia ha de interpretarse materialistamente; es decir, que para explicar la Historia no cuentan sino los fenómenos económicos. Así, cuando el marxismo culmina en una organización como la rusa, se les dice a los niños, desde las escuelas, que la Religión es un opio del pueblo; que la Patria es una palabra inventada para oprimir, y que hasta el pudor y el amor de los padres a los hijos son prejuicios burgueses que hay que desterrar a todo trance.

El socialismo ha llegado a ser eso. ¿Creéis que si los obreros lo supieran sentirían simpatías por una cosa como ésa, tremenda, escalofriante, inhumana, que concibió en su cabeza aquel judío que se llamaba Carlos Marx?

Cuando el mundo estaba así, cuando España estaba así, salimos a la vida de España los que tenemos alrededor de treinta años. Pudo atraernos el aceptar aquel sistema y empujarnos a los corrillos del Congreso, o bien el lanzamos a excesos que agravaran y envenenaran más todavía a las masas proletarias en su lucha de clases. Eso era muy fácil, y a primera vista tenía sus ventajas. Cualquiera de nosotros que se hubiera alistado en el partido republicano conservador, en el partido radical, en el liberal demócrata o en Acción Popular, sería fácilmente ministro, porque como tenemos crisis cada quince días, y siempre salen ministros nuevos, hay que preguntarse si es que queda alguien en España que no haya sido ministro todavía.

Pero para nosotros era eso muy poco. Hemos preferido salirnos de ese camino cómodo e irnos, como nos ha dicho nuestro camarada Ledesma, por el camino de la revolución, por el camino de otra revolución, por el camino de la verdadera revolución. Porque todas las revoluciones han sido incompletas hasta ahora, en cuanto ninguna sirvió, juntas, a la idea nacional de la Patria y a la idea de la justicia social. Nosotros integramos estas dos cosas: la Patria y la justicia social, y resueltamente, categóricamente, sobre esos dos principios inconmovibles queremos hacer nuestra revolución.

Nos dicen que somos imitadores. Onésimo Redondo ya ha contestado a eso. Nos dicen que somos imitadores porque este movimiento nuestro, este movimiento de vuelta hacia las entrañas genuinas de España, es un movimiento que se ha producido antes en otros sitios. Italia, Alemania, se han vuelto hacia sí mismas en una actitud de desesperación para los mitos con que trataron de esterilizarlas; pero porque Italia y Alemania. se hayan vuelto hacia sí mismas y se hayan encontrado enteramente a sí mismas, ¿diremos que las imita España al buscarse a sí propia? Estos países dieron la vuelta sobre su propia autenticidad, y al hacerlo nosotros, también la autenticidad que encontraremos será la nuestra, no será la de Alemania ni la de Italia, y, por tanto, al reproducir lo hecho por los italianos o los alemanes seremos más españoles que lo hemos sido nunca.

Al camarada Onésimo Redondo yo le diría: No te preocupes mucho porque nos digan que imitamos. Si lográsemos desvanecer esa especie, ya nos inventarían otras. La fuente de la insidia es inagotable. Dejemos que nos digan que imitamos a los fascistas. Después de todo, en el fascismo como en los movimientos de todas las épocas, hay por debajo de las características locales, unas constantes, que son patrimonio de todo espíritu humano y que en todas partes son las mismas. Así fue, por ejemplo, el Renacimiento; así fue, si queréis, el endecasílabo; nos trajeron el endecasílabo de Italia, pero poco después de que nos trajeran de Italia el endecasílabo cantaban los campos de España, en endecasílabo castellano, Garcilaso y fray Luis, y ensalzaba Femando de Herrera al Señor de la llanura del mar, que dio a España la victoria de Lepanto.

También dicen que somos reaccionarios. Unos nos lo dicen de mala fe, para que los obreros huyan de nosotros y no nos escuchen. Los obreros, a pesar de ello, nos escucharán, y cuando nos escuchen ya no creerán a quienes se lo dijeron, porque precisamente cuando se quiere restaurar, como nosotros, la idea de la integridad indestructible de destino, es cuando ya no se puede ser reaccionario. Se es reaccionario, alternativamente, cuando se vive en régimen de pugna; cuando una clase acaba de vencer a otra, y la clase vencida aspira a tomar la represalia; pero nosotros no entramos en este juego de represalias de clase contra clase o de partido contra partido. Nosotros colocamos una norma de todos nuestros hechos por encima de los intereses de los partidos y de las clases. Nosotros colocamos esa norma, y ahí está lo más profundo de nuestro movimiento, en la idea de una total integridad de destino que se llama la Patria. Con este concepto de la Patria, servida por el instrumento de un Estado fuerte, no dócil a una clase ni a un partido, el interés que triunfa es el de la integración de todos en aquella unidad, no el momentáneo interés de los vencedores. Esto lo sabrán los obreros, y entonces verán que la única solución posible es la nuestra.

Pero otros nos suponen reaccionarios porque tienen la vaga esperanza de que mientras ellos murmuran en los casinos y echan de menos privilegios que en parte se les han venido abajo, nosotros vamos a ser los guardias de Asalto de la reacción y vamos a sacarles las castañas del fuego, y vamos a ocuparnos en poner sobre sus sillones a quienes cómodamente nos contemplan. Si eso fuéramos a hacer nosotros, mereceríamos que nos maldijeran los cinco muertos a quienes hemos hecho caer por causa más alta...

Por último, nos dicen que no tenemos programa. ¿Vosotros conocéis alguna cosa seria y profunda que se haya hecho alguna vez con un programa? ¿Cuándo habéis visto vosotros que esas cosas decisivas, que esas cosas eternas, como son el amor, y la vida, y la muerte, se hayan hecho con arreglo a un programa? Lo que hay que tener es un sentido total de lo que se quiere; un sentido total de la Patria, de la vida, de la Historia, y ese sentido total, claro en el alma, nos va diciendo en cada coyuntura qué es lo que debemos hacer y lo que debemos preferir. En las mejores épocas no ha habido tantos círculos de estudios, ni tantas estadísticas, ni censos electorales, ni programas. Además, que si tuviéramos programa concreto, seríamos un partido más y nos pareceríamos a nuestras propias caricaturas. Todos saben que mienten cuando dicen de nosotros que somos una copia del fascismo italiano, que no somos católicos y que no somos españoles; pero los mismos que lo dicen se apresuran a ir organizando con la mano izquierda una especie de simulacro de nuestro movimiento. Así, harán un desfile en El Escorial si nosotros lo hacemos en Valladolid. Así, si nosotros hablamos de la España eterna, de la España imperial, ellos también dirán que echan de menos la España grande y el Estado corporativo. Esos movimientos pueden parecerse al nuestro tanto como pueda parecerse un plato de fiambre al plato caliente de la víspera. Porque lo que caracteriza este deseo nuestro, esta empresa nuestra, es la temperatura, es el espíritu. ¿Qué nos importa el Estado corporativo; qué nos importa que se suprima el Parlamento, si esto es para seguir produciendo con otros órganos la misma juventud cauta, pálida, escurridiza y sonriente, incapaz de encenderse por el entusiasmo de la Patria y ni siquiera, digan lo que digan, por el de la Religión?

Mucho cuidado con eso del Estado corporativo; mucho cuidado con todas esas cosas frías que os dirán muchos procurando que nos convirtamos en un partido más. Ya nos ha denunciado ese peligro Onésimo Redondo. Nosotros no satisfacemos nuestras aspiraciones configurando de otra manera el Estado. Lo que queremos es devolver a España un optimismo, una fe en sí mismo, una línea clara y enérgica de vida común. Por eso nuestra agrupación no es un partido: es una milicia; por eso nosotros no estamos aquí para ser diputados, subsecretarios o ministros, sino para cumplir, cada cual en su puesto, la misión que se le ordene, y lo mismo que nosotros cinco estamos ahora detrás de esta mesa, puede llegar un día en que el más humilde de los militantes sea el llamado a mandarnos y nosotros a obedecer. Nosotros no aspiramos a nada. No aspiramos si no es, acaso, a ser los primeros en el peligro. Lo que queremos es que España, otra vez, se vuelva a sí misma y, con honor, justicia social, juventud y entusiasmo patrio, diga lo que esta misma ciudad de Valladolid decía en una carta al emperador Carlos V en 1516:

"Vuestra alteza debe venir a tomar en la una mano aquel yugo que el católico rey vuestro abuelo os dejó, con el cual tantos bravos y soberbios se domaron, y en la otra, las flechas de aquella reina sin par, vuestra abuela doña Isabel, con que puso a los moros tan lejos."

Pues aquí tenéis, en esta misma ciudad de Valladolid, que así lo pedía, el yugo y las flechas: el yugo de la labor y las flechas del poderío. Así, nosotros, bajo el signo del yugo y de las flechas, venimos a decir aquí mismo, en Valladolid:

¡Castilla, otra vez por España!"

martes, 1 de marzo de 2011

jueves, 24 de febrero de 2011

ULTIMO PROGRAMA DE LA BANDERA EN VERTICAL SOBRE EL 23-F.


Antes de dejaros aqui el último programa de radio, queria agradecer a todos los visitantes de este blog que ayer 23 de Febrero fueron 1024 los que entrasteis a esta página, record que no se superaba desde el dia 3 de Marzo del 2010, con la entrada de aquel Guardia Civil en un concierto de Batallón de Castigo que fue muy polemica y hubo un dia de 723 entradas. Gracias a todos.
Pues aqui va el programa. Podeis acceder a este programa y al resto de programas que se emiten en Radio Patriotas, pinchando en el Banner que he puesto a la derecha de este blog.
Espero que disfruteis del mismo.



Para escuchar y descargar el programa: http://www.laredgualda.com/wordpressmus/?page_id=25400






sábado, 19 de febrero de 2011

Programa nº 53 de La Gran Esperanza: De cada cuatro cayeron tres.


Iniciamos este programa con un particular lazo de color. Nuestros video oyentes recordarán con facilidad esas iniciativas populares o publicitarias que han llevado adelante diversos colectivos en los últimos años– con independencia de su intención – identificándolas con un lazo. Los hemos visto negros, rosas, verdes, amarillos, blancos… A medida que iban avanzando las iniciativas nos íbamos quedando sin colores representativos así que el nuestro será virtual, transparente, si se quiere.

Desde hoy, iniciaremos cada programa exigiendo libertad de expresión, de pensamiento, de difusión de ideas, de prensa, de publicación. Exigiendo la libertad Inmediata de Pedro Varela. Y lo haremos, todos los programas, hasta su total liberación.

Hoy, de hecho, se está debatiendo en la Audiencia, si no se ha hecho ya a estas horas, la suerte que correrán Juan Antonio, Oscar, Carlos y Ramón por motivos similares. Y desde la profunda distancia ideológica que nos separa en muchos casos, pero con el mayor de los respetos por la libertad y la verdad, uniremos al de Pedro sus nombres para reclamar una vez más Libertad y Verdad.

Parece que el calendario se empeña en hacer crucigramas; porque hoy, 9 de febrero, celebramos como desde hace más de 70 años, el día del estudiante caído. El día en que fue asesinado uno de ellos, uno de la centuria de los luceros: Matías Montero.

El mismo día en que las franquicias asesinas de ETA vienen a Madrid a proclamar su respeto por la democracia y la libertad mientras aún están calientes los cañones de sus pistolas, tratando de poner en el mismo plano de violencia a víctimas y verdugos.

A pocos días de la nutrida manifestación de las víctimas contra el proceso de negociación, se escenifica en Madrid uno de los capítulos del itinerario pactado, vertiendo sobre las víctimas la duda de la intolerancia en la “última oportunidad para la paz”.

Es lo mismo de siempre. Mientras José Ruiz de la Hermosa – y antes Zarzuelo de manera colateral – inauguraba la nómina de nuestros caídos y la elevaba de manera constante y permanente hasta el día del alzamiento, el enemigo de siempre, el enemigo de la verdad, de la libertad, de la razón y de la civilización occidental tildaba de pistoleros a nuestros camaradas que caían en cada lugar de España entre las balas enemigas.

Mientras los artífices de la transición y sus voceros más insignificantes intelectualmente hablando, pero más representativos de la supuesta progresía española, nos convencen de lo malvados y violentos que hemos sido los falangistas tras la muerte del anterior Jefe del Estado, eran Víctor Legorburu – también muerto un 9 de febrero – José Luis Frutos, Jesús Alcocer Jiménez o Juan Ignacio González – todos militantes de diversas organizaciones azules – los que regaban con su sangre comprometida las aceras de las calles españolas, víctimas de ETA, de GRAPO, de FRAP, de MPAIC, de Terra Lliure, de Exercito Guerrilleiro do Povo Gallego Ceibe o de marxistas no identificados que se daban a la fuga tras atropellar a nuestros militantes o de desconocidos que les disparaban a bocajarro en su portal. Algunos de esos progres del dedo acusador, líderes de plataformas contra la intolerancia, cuentan entre sus sucesos biográficos más importantes el haber pertenecido – como chivatos, eso sí – a GRAPO.

Mañana, día 10 de febrero, en este baile de calendarios, conmemoramos también la hazaña sangrienta de Krasny Bor, la gesta heroica de la División Azul, hoy sepultada por la miserable desmemoria histórica, relegada a los sótanos de los museos del que fuera nuestro Ejército y, una vez más, pisoteada por los paladines de la democracia. Sí, los que encierran libreros. Ayer recibí el anciano boletín de la División Azul de Alicante, El Blau Division. Carlos Caballero se hacía eco en él de una sorpresa manifestada por el historiador Jesús Núñez en su redacción. Hacía referencia al capítulo emitido el 31 de diciembre del pasado año en la serie de TVE “Amar en tiempos revueltos”.

En él, entre otras cosas, un personaje – de ficción, por supuesto, pero falangista y divisionario, según el guión del esperpento – se reconoce autor de “asesinar a muchos rusos, hombres, mujeres y niños prisioneros”, a todos menos “a una española comunista a la cual previamente violó repetidas veces hasta hacerle perder el conocimiento”.

El guionista es Juan Benet, el hombre que en 1976, declaró acerca de Alexander Soljenitsin, autor de Archipiélago Gulag, que “Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexander Soljenisin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como él no puedan salir de ellos”.

Da igual el tiempo que pase, no pueden comprender que todos ellos eligieron la muerte de voluntad que cantara Eugenio: “Mueres bajo el sol, o bajo las estrellas, pero mueres en combate y tu sangre se hace fértil como una primavera. Nadie dice nada. Sólo tus camaradas alzan el brazo, escriben tu nombre en letras de oro y dicen. ¡Presente! Tienen los ojos brillantes y no lloran, porque han de honrarte con fiesta de pólvora y asalto”.

Por eso hoy unimos en un solo gesto la lucha por la libertad y la verdad, la lucha por la memoria de los nuestros – los de antes, los de ahora – y analizamos con libreros y editores valientes, con militantes de todas las edades, como Matías Montero, las dos elecciones que nos separan claramente de los Ibarras y de los Benet: La muerte de voluntad y el compromiso militante.

Del 33 al 47 van 14 años, si cuento bien,

mucho ha llovido desde entonces,

mucho ha caído, mucho está en pié,

mucho ha caído como las hojas

que sirvieron cuando fue su vez…

quizá justo sea

pero sólo se

que de cada cuatro

cayeron tres.

Eran locos, violentos,

Algo perdularios, ¿y qué?

Ni temían, ni debían

Y todo lo afrontaban en pie,

Más cuando los irreprochables

- Carrerita y mucho quinqué -

Chaqueteaban y se escondían,

ellos se fueron con él,

y a fuerza de ir a la fuente

de cada cuatro cayeron tres.

Y los prudentes y los sensatos

Cual siempre tiesos quedaron en pie,

Es lo de siempre, claro está,

Pero esta vez fue

Porque de cada cuatro

Cayeron tres

Los veo a veces, serios y amargos,

Otras riendo, con o sin mujer,

Pero en sus ojos – ojos de antaño -

Veo no tienen nada que aprender

De esos caimanes que venir las ven,

Porque palacios, templos y fábricas

-ellos lo saben, y bien-

Se alzaron sobre los huesos

De esos tres, y otros tres, y otros tres.

Martín Ynestrillas

http://www.ynestrillas.org/

martes, 15 de febrero de 2011

LLAMAMIENTO A TODOS LOS PUEBLOS HISPÁNICOS


El camarada José Antonio Primo de Rivera, en el discurso de fundación de Falange española, dijo lo siguiente: “Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino". Pero el camarada José Antonio, no se refería únicamente a los pueblos que conforman la España peninsular, nuestra madre patria, la de todos los hispanohablantes; esta expresión abarca a todos los pueblos que hicieron parte de España tal como lo somos los hispanoamericanos, los filipinos, entre otros; muchos se preguntaran ¿Qué es lo que quiere decir todo esto?.
Hay una explicación sencilla para todo ello; hace quinientos años, Isabel y Fernando reyes católicos de España, que habían logrado vencer a los moros y unificar España, así como lo es la base fundamental del pensamiento joseantoniano, la unión de todos los pueblos de España; en su afán por llegar a la india, encargan a un marino genovés, para que llevase esta hazaña. Lo que nunca supo este hombre fue que no llego a la india sino a América tierra que fue mostrada por obra divina, y que también fue llamada para hacer parte de esta irrevocable unidad de destino.

A finales del siglo XVIII, personas influenciadas por las “ideas libertarias” promulgadas por la revolución francesa, se propusieron crear la discordia entre los pobladores de estas tierras y España por medio de los llamados “gritos de independencia”, pensando de esta forma ser libres; pero en doscientos años que han transcurrido desde estos hechos, no se ha avanzado en ninguna dirección, ya que estas tierras han sucedido muchos conflictos fratricidas, que solo han dejado pobreza y destrucción.

Además hemos perdido toda memoria histórica de todo lo que sucedió desde 1492 hasta finales del siglo XVIII, ya que los libros de texto solo se limitan a atacar a España; pero no reconocen que España civilizo a los pobladores de estas tierras, porque fueron llamados a hacer parte de esta gran patria, gracias a España hablamos el castellano que para muchas personas de Hispanoamérica es su lengua materna, nos inculcaron los valores cristianos del amor, del respeto, de lealtad, sentaron las bases de la sociedad que actualmente se está perdiendo por los hogares y familias desintegradas, la violencia de todo tipo, que ha causado tanto dolor en muchas familias, la perdida de los valores cristianos, llegándose al punto de tolerar actitudes antinaturales como los matrimonios entre personas del mismo sexo, que han llevado a la degeneración de la sociedad, suplantándolos con el dinero y el consumismo, cada día el capitalista es más rico y la mayor parte del pueblo es más pobre, ya no más.

¡Basta de todo esto!; debemos dejar atrás odios y rencores y reconocer en el fondo que el pueblo hispano ha sido llamado a un lugar preeminente en el mundo. Unámonos españoles, hispanoamericanos, filipinos, todos y cada uno de los pueblos hispanoamericanos es la hora de recuperar lo que es nuestro, nuestra unidad de destino.

¡Arriba España! ¡Arriba Hispanoamérica!
¡Arriba todos los pueblos Hispanos!
¡A luchar por la patria, el pan, y la justicia!

Un saludo desde Colombia.
Mauricio Rojas.

jueves, 10 de febrero de 2011

José Antonio ¿estás contento con nosotros?



20 de noviembre de 1956

Micrófonos de Radio Nacional, José Luis de Arrese.

Públicamente, interroga a José Antonio sobre si “está contento con nosotros” y el mismo en ese momento Secretario general de F.E.T. y de las J.O.N.S. contesta:

“Yo creo que no

Y yo creo que no porque te levantaste contra la materia y el egoísmo, y hoy los hombres han olvidado la sublimidad de tus palabras, para correr como locos sedientos por el camino del egoísmo de la materia.

Porque quisiste una Patria de poetas y de soñadores ambiciosos de gloria difícil, y los hombres buscan sólo una Patria despensera y estomacal, repleta de fécula, aunque no tenga belleza ni gallardía.

Porque predicaste el sacrificio, y los hombres miran a un lado y a otro para esconderse.

Porque despreciaste el dinero y los hombres buscan el dinero; y el negocio se impone al deber, y el hermano vende al hermano, se especula con el hambre del humilde y con las dificultades de la Patria.

Porque los hombres confunden tu lema de ser mejor por el de estar mejor.

Porque el espíritu se hace carne y el sacrificio, gula y la hermandad avaricia.

Porque llamaste a tu cortejo a millares de mártires para que nos sirvieran de norte y guía, y los hombres no han visto en la sangre de los tuyos el ejemplo, y encuentran inoportuno su recuerdo, y les molesta que a sus oídos, cerrados a su generosidad, repitamos con machaconería la presencia de los ¡Presentes!, y hasta qué sé yo si alguno explota a sus caídos como plataforma para trepar o como trampolín para el negocio y la pirueta.

José Antonio, tú no estás contento de nosotros. Tú nos tienes que mirar desde tu sitio, desde tu 20 de noviembre, con profundo sentido del desprecio y la melancolía.

Tú no puedes estar contento con esta vida mediocre y sensual.”

miércoles, 9 de febrero de 2011

miércoles, 2 de febrero de 2011

A Dios


Ésta es la última columna de Corazón sin Coraza. La escribe mi hijo al dictado de mis emociones. Yo he de partir hacia un destino soñado: el del reencuentro con mis dos hijas, Miriám y Esther, y el amor de mi vida, Conchita. Ante eso ya no hay crisis, ni dislates políticos, disparates legislativos, incongruencias administrativas o francachelas mundanas que me retengan.

Me voy en paz con la vida, pues las satisfacciones y las alegrías pueden más que los embates del dolor, la incomprensión y las difíciles experiencias que ésta me ha deparado.

Creo honestamente que he sido consecuente con mis ideas y en todo momento sincero con mis lectores, a los que he ofrecido mi punto de vista sin otra pretensión que llevarles a la reflexión y ayudarles a decidir por sí mismos. He callado lo que pensaba que debía callar; y he dicho lo que creía que había que contar, siempre en posesión de información y nunca desde la especulación. La opinión debe construirse desde el conocimiento de los hechos comprobados y no de la rumorología y los cotilleos de salón. Y ello ha constituido siempre la base de mi independencia profesional, que creo haber mantenido hasta el final a pesar del excesivo coste personal que en ocasiones me he visto obligado a pagar.

Sé que en estos días se dirán muchas cosas de mí. Unas buenas y otras malas. No me preocupa. Nunca me ha preocupado. Siempre he pensado que es mejor no hacer caso, antes que iluminar a los ignorantes con la verdad. Allá ellos.

Me quedo con lo mejor, con la familia y los amigos, a los que tengo verdadera devoción. Porque, créanme, es lo que realmente merece la pena en la vida: el amor de los tuyos. Éste es el equipaje con el que emprendo mi último viaje hacia el reencuentro ya anunciado, embarcado en la fe de lo que me voy a encontrar. Lo único que siento es no poder volver a ocupar este espacio para contarles mi experiencia. No me queda otra que despedirme con un simple y entrañable A Dios.


Mar, 01/02/2011

Ismael Medina

martes, 1 de febrero de 2011

Ha muerto ISMAEL MEDINA


Ha muerto en Aranda de Duero. Falangista,sin más, pero sin menos.Pido una oración por el eterno descanso de su alma y que desde su lucero nos guíe y nos de fuerzas.


ISMAEL MEDINA

¡¡¡PRESENTE!!!

lunes, 31 de enero de 2011

Esa otra fiel infantería



Los vi hace poco en el aeropuerto de México: ojerosos, mal afeitados, hechos polvo tras largos vuelos y tránsitos infames. Eran cuatro -uno, naturalmente, se llamaba Pepe- y hablaban de Flandes y de las Indias. O de como se diga ahora. Holanda, decían. México y Venezuela. Sitios así. Hablaban de saqueos, botines y aventuras. O sea, de buscarse la vida donde ésta late. De negocios. Estaban allí con sus arrugados coletos de cuero transformados en trajes de chaqueta y corbata; con sus armas, que eran ordenadores y agendas, y con esa mirada absorta, fatigada, que les queda a los que vienen de asaltar las murallas de Breda o pelear en las calzadas de Tenochtitlán. Observándolos mientras consultaban las salidas de los vuelos, concluí que tampoco, si uno se fija bien y leyó los libros adecuados, hay tanta diferencia: Barajas en vez de Cádiz, Lisboa o la boca del Guadalquivir, en galeones, o Italia y el Camino Español por los Alpes y Suiza, rumbo al norte de Europa. La fiel infantería del rey católico: la misma gente que hace cuatro siglos, harta de monarcas imbéciles, curas parásitos y funcionarios sanguijuelas, decidió que era mejor intentarlo allá afuera y reventar en ello, que languidecer en una tierra yerma, ingrata, dejada de la mano de Dios.

Alguien escribió que en otro tiempo, cuando España se dilataba en el mundo, los españoles se echaron afuera a pelear y buscarse la vida, desde nobles hasta labriegos. Y fue cierto. Unos lo hicieron por hambre de gloria y dinero; otros, los más, por hambre de verdad. Desde las Indias a Filipinas, del norte de África a Europa entera, contra toda clase de naciones bárbaras o civilizadas, pelearon hidalgos y campesinos, bachilleres y pastores, caballeros y pícaros, amos y criados, soldados y poetas. Pelearon Cervantes, Garcilaso, Lope de Vega, Calderón, Ercilla y muchos más. En todas las tierras y climas, bajo nieve, sol, lluvia o viento, desharrapadas huestes de españoles pequeños y recios, fanfarrones, crueles, hechos a la miseria, el sufrir y las fatigas, con todo por ganar y nada que perder salvo la vida, renegando a cada paso en todas las lenguas de España, acuchillándose entre sí en los ratos libres que no empleaban en degollar a terceros, caminaron tras las rotas banderas en busca de pan que llevarse a la boca. Así llenaron los espacios en blanco de los mapas, las tierras incógnitas. Y sin pretenderlo, de rebote, los que regresaron vivos trajeron Méxicos y Perús, riquezas hasta para quienes nunca arriesgaron nada. E historias fascinantes que escuchar.

Pensaba en eso viendo a los cuatro soldados de los modernos tercios que aguardaban en el aeropuerto. La misma hambre, me dije. El mismo dilema. Quedarse en esta tierra estéril y enferma es languidecer. Recordé haberlos visto toda mi vida en cien rincones perdidos del mundo, alojados en hoteles de veinte dólares donde nunca para un hombre de negocios acomodado. Planchándose ellos cada mañana su único traje, como otros se revestían el arnés y el acero, antes de echarse a la calle a pelear de nuevo. A arrancarle el botín a la vida donde ésta se deja. Lo mejor de nuestra fiel infantería: empresarios y comerciales españoles que no gastan más de lo preciso en dormir y comer, sobrios y tenaces; pero que cada mañana, a la hora del combate, riñen con esos otros a quienes todo sobra, tumbando a base de iniciativa e imaginación a competidores de grandes compañías gringas que han hecho masters en Harvard y escriben sin faltas de ortografía; y que sin embargo se ven, sin comprenderlo, acuchillados por esos tipos duros, hambrientos y mal afeitados que no tienen Visa Oro pero saben arreglárselas para hacer lo imposible, por pura necesidad y desesperación. Porque hablan la lengua, o se la inventan. Porque lo de buscarse la vida, asaltar murallas para cobrarse pagas atrasadas o pelear en una trinchera, hambrientos y con el barro hasta los huevos, lo llevan en la sangre. Pensé en todo eso, como digo, mirando a esos tipos en la sala de espera del aeropuerto. Nunca imaginaréis, concluí, con cuántas cosas me reconciliáis de nuestra perra España. Calculé sus noches solitarias velando armas, mirando ventanas de cielos extranjeros. La soledad y la dureza del combate librado a tus solas fuerzas, sabiendo que el único día fácil es el que dejaste atrás. Hombres y mujeres valientes, soldados metidos muy adentro en territorio enemigo, que llevan al hombro, a su manera conmovedora, la vieja aspa de San Andrés: los colores de sus modestas empresas -«I am from Murcia», oí decir a uno en El Cairo, hace treinta años, al policía que le pidió la cartilla de vacunación que no llevaba-. Batiéndose a ciegas por la negra honra y por desesperación. Por hambre. Mal pagados e ignorados en su tierra, como siempre. De nuevo, también como siempre, la misma historia. No sabemos vivir de otra manera.