martes, 21 de abril de 2009

José Antonio en la vida familiar.


Mi casa estuvo en constante relación con la de José Antonio y ambas familias hemos vivido en frecuente vecindad. La madre de él, hermana de mi padre, y la mía, habían vivido en la misma casa desde pequeñas y se querían como hermanas.
El nacimiento de José Antonio constituyó un acontecimiento familiar. Creo recordar que fue su ama "Celes" quien nos inclinó a que durante una temporada le llamáramos Josechu o Josecho. Pero nuestra abuela quiso que se le llamara José Antonio, como el bisabuelo, pues Josechu no lo recordaba el nombre del padre de ella. Por cierto que años más tarde, uno de los últimos días que fuimos a visitar a José Antonio a la Cárcel Modelo, nos acompañó, a María Primo de Rivera y a mí, el ama "Celes".
Por su carrera militar, tío Miguel cambiaba frecuentemente de destino; y tan pronto estaba en Madrid como en Barcelona o África. Más tarde, estos traslados obedecían a otras causas. José Antonio lo comentaba con gracia. “Cada vez que nuestro padre pronuncia un discurso, tenemos que trasladarlos de sitio.” Cuando tía Casilda y tío Miguel vinieron a Madrid desde Barcelona, animó éste a mis padres a que nos fuésemos a vivir a un piso que se alquilaba encima de un bajo que ellos habían tomado en la calle Montesquinza, 11, y allí nos fuimos. Hicimos una vida de relación muy íntima: nuestras amas y niñeras nos llevaban a los mismos paseos y realizábamos nuestros juegos en comunidad. En aquella casa nació Miguel, en una noche de verano, en la que por tener los balcones abiertos y ser el piso bajo, penetraron unos rateros y se llevaron algunos objetos de plata y cuadros del comedor y de la sala.
Hubo una nueva separación al ser destinado tío Miguel Algeciras. De vez en cuando venían a casa de los abuelos y siempre que tía Casilda iba a tener un hijo. Pilar y su gemela, que murió muy pequeña, nacieron en casa. Cuando murió la abuela, vino a visitarnos tía Casilda con los tres hijos que entonces tenía. José Antonio, al ver llorar a su madre, no sabiendo cómo consolarla, le decía que no llorase, porque se le iba a poner la cabeza grande.

Una de las aficiones de José Antonio era el dibujo, para el que tenía una feliz disposición. Mi padre se admiraba de la seguridad con que manejaba el lápiz y de su facilidad para enfocar los objetos, cualidades poco comunes en niños a esas edades. Cuando murió su madre, a los 28 años, al nacer Fernando, se vinieron a vivir a Madrid la madre de tío Miguel con sus tres hermanas, para cuidar a los niños. Se instalaron en la calle de Orfila. José Antonio, desde su infancia, daba muestras de gran serenidad y aplomo. Un día su abuela y su tía nos contaron unas travesuras de los pequeños en su ausencia. Cuando entró José Antonio hicimos una alusión irónica a lo sucedido. El, sin inmutarse, contestó rápidamente: " Ah, ¿se ha comentado? " Sus dotes de mando y organización se manifestaron desde los primeros años. El ama de una de mis hermanas se indignaba creyendo que los padres de José Antonio establecían diferencias entre él y sus hermanos. La buena mujer solía exclamar: "A ése siempre le llevan en butaca de orquesta", manera gráfica de mostrar las injustas predilecciones que en realidad no existían, sino que era una simple imposición del niño, cuyo talento y espíritu superior se sentían complacidos en ver realizados sus deseos. A los diez años escribió, dirigió y ensayó un drama histórico, en verso, titulado la Campaña de Huesca,cuyos primeros versos eran, aproximadamente, como sigue:


" Ya la noche... Cuánto tarda

en volver el mensajero

que envié con una carta

para el Abad del convento!

De fijo que Fray Clotardo,

que fue mi sabio maestro... "


Ramón López Montenegro, al hacer la reseña de la fiesta en A B C, después de encomiar al autor actor y su compañía, observó que debía de ser muy agradable el ser decapitado, ya que cada vez que uno de los pajes traía la cabeza de un noble en una bandeja, ésta tenía una expresión jocosa. La explicación era que como ninguno de nosotros estaba dispuesto a dejarse cortar la cabeza para aparecer como noble decapitado, tuvimos que echar mano de cabezas de cartón rellenas de trapos. La persona encargada de su compra, no se paró en las contradictorias expresiones que el observador cronista apuntó.

También solía formar parte del programa otra obra titulada Los Buñuelos de la Reina, del mismo estilo histórico. Se representaron así mismo obras de otra clase, dirigidas por mi madre, tales como Azucena, Tocino de Cielo, etc. Yo ya no me dignaba trabajar por considerarme mayor y hacerlo peor que todos ellos, sobre todo que José Antonio, Chapalo, Pepa, Angelita y Lula. Pilar y Carmen también actuaban, así como todos los demás primos y algunos amigos.

Para los más insignificantes detalles José Antonio tenía salidas gráficas y originales.

Después de haber estado trabajando toda una mañana intensamente, llegó a casa con apetito, y como se demorase la hora de comer, exclamó a grandes voces: " ¿Es que en esta casa se ha perdido la honesta costumbre de almorzar? "

Muchos días, al sentarnos a comer, yo no recordaba que era día de ayuno o vigilia. El se indignaba conmigo, sorprendiéndose del imperdonable olvido. Me disculpaba diciéndole que como yo no era la encargada de organizar las comidas, no me preocupaba de tan importantes fechas, pero que estaba dispuesta a ayunar con mucho gusto. Entonces empezaba a darme puñetazos y llamarme monja exclaustrada y otras cosas por el estilo.

Cómo salía a cenar muchas noches fuera de casa, por si no ayunaban donde debía ir, hacía la colación al mediodía.

No faltaba un domingo o día de precepto a misa y no trabajaba los días festivos.

Un padre con quien él hizo ejercicios, ha escrito a María, y entre otras frases de admiración, dice que está seguro de que José Antonio era un alma predilecta de Dios.

La carrera de Derecho la había estudiado con mucho entusiasmo y se dedicó a su ejercicio con verdadera vocación. Una vez le oí decir que estaba molesto con un pariente, porque siendo él abogado no le había llevado un asunto de poca importancia.

Consideraba un descrédito para él que la familia no le confiara sus pleitos. Yo le dije que si no lo hacían era por no molestarle y no interrumpir sus múltiples ocupaciones. En tiempo de la Dictadura, trabajaba con éxito, a pesar de que tuvo que esperar a tener la edad legal para doctorarse. No defendía un pleito en el que no tuviera la seguridad de que su cliente estaba asistido de razón.

Ganaba con su bufete más dinero que su padre siendo presidente del Consejo de Ministros, a pesar de ser muy modesto en sus honorarios. Se daba el caso de que muchas veces le hacían regalos espléndidos o le aumentaban la cantidad pedida en concepto de honorarios. En una ocasión me propuso: "Te voy a dar 500 pesetas para tus escuelas y dime de Órdenes religiosas que estén necesitadas, para darles alguna cantidad." Aunque quería hacer creer que los donativos no procedían de él, acabó por confesarme, ante la insistencia mía, que aquel dinero no lo conceptuada como suyo, puesto que le habían pagado de más y que él lo administraba de esa manera.

Por último, quiero dejar aquí constancia de una anécdota significativa.

En cierta ocasión, el padre de José Antonio envió a mi padre unos retratos que habían hecho los chicos. Tío Miguel ponía un comentario al pie de cada uno. En el de José Antonio decía:

"Este será un hombre del que hablará mucho la historia."
Nieves Sáenz de Heredia
Gracias a Goyo.-

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