sábado, 6 de octubre de 2007

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS


La imposición de Educación para la ciudadanía pone en juego nuestra libertad .


Ese tipo de delirio antidemocrático ha de ser atajado desde el primer momento. No se trata simplemente de poner reparos a una nueva materia escolar. Lo que está en juego es una cuestión de principios: la libertad. Escribe don Teófilo González Vila, doctor en Filosofía y miembro de la Asociación Católica de Propagandistas .


La asignatura Educación para la ciudadanía, tal como está concebida y establecida, responde a una concreta concepción particular moral y antropológica. Pero en cuestiones de esa índole las autoridades públicas están obligadas a respetar escrupulosamente la pluralidad a la que da lugar el ejercicio de las libertades ideológica, religiosa y de enseñanza, así como, muy en concreto, el derecho de los padres a decidir qué formación moral han de recibir sus hijos. Imponer a todos como obligatoria esa materia supone conculcar esas libertades, vulnerar ese derecho. Es más: aun cuando se limitara a ofrecer esa materia como opcional, la autoridad pública ya sólo con eso favorecería a la concreta opción particular que la inspira y dejaría de guardar la imparcialidad a la que está estrictamente obligada para asegurar a todos los ciudadanos el ejercicio de sus libertades en pie de igualdad.


No cabe duda de que, con esa mera oferta ya se tomaría partido, se pondría todo el peso del poder y sus medios a favor de una línea moral concreta que quedaría así oficializada. ¿Y las otras? El poder no puede legítimamente imponer ni aun favorecer ninguna opción, ni aun cuando fuera la mayoritaria, ni aun cuando fuera la católica. Por las mismas razones que nuestra Constitución establece que «ninguna confesión tendrá carácter estatal», hemos de repetir que ninguna moral tendrá carácter estatal.


http://www.alfayomega.es/revista/550/14_reportaje0.html

jueves, 4 de octubre de 2007

¡FUERON APÓSTOLES Y MÁRTIRES!


¡FUERON APÓSTOLES Y MÁRTIRES!

En las primeras páginas del libro "El Terror Rojo", recoge Javier Esparza, su autor,una frase de Cambó, según la cual fue la Iglesia misma la culpable de la persecuciónque sufrió. Decía así el político catalán: "Si hubieren sido apóstoles, hoy noserían mártires". Esparza admite la posibilidad de que la afirmación fuera adecuadapara una época anterior a al República, pero no para después de 1930.

Pues tampoco para los años anteriores a la República. Aunque aparentemente laJerarquía seguía vinculada a la farsa de monarquía que España padecía desde 1833,una gran parte de la Iglesia, la mejor, estaba junto al pueblo, trabajaba enbeneficio del pueblo y hacía apostolado entre el pueblo.

Los gobiernos de Isabel (II) hicieron todo lo posible para eliminar la influencia dela Iglesia, para apartar a los españoles de la Fe. Mediante la desamortización elEstado se apoderó de los bienes de muchas fundaciones que servían para sostenerinstituciones de caridad y enseñanza, con las que la Iglesia realizaba su apostoladoentre los más desfavorecidos. Con la exclaustración y supresión de comunidadesreligiosa amplios sectores de la sociedad española, especialmente los más humildes,quedaron desasistidos espiritualmente. La culpa de esa falta de apostolado hay quecargarla a los liberales, a los correligionarios del Sr. Cambó.

La Iglesia reacciona. Es impresionante la cantidad de congregaciones que se fundandurante la Restauración y la expansión que experimentan otras ya existentes. Lamayor parte dedicadas a la enseñanza y a la atención de enfermos y ancianos. Todoello sin la menor ayuda del Estado y teniendo que soportar muchos trámites legales.También el Estado reaccionó y a punto estuvo de prohibir la enseñanza a losreligiosos con la famosa "Ley del Candado" de 1911.

Fueron mártires, precisamente porque habían sido apóstoles. Todos los intentos deasociar la persecución religiosa a una posible alineación de la Iglesia con lasclases dominantes, carecen de fundamento. Al contrario: una mirada imparcial sobrelos campos en que las congregaciones religiosas ejercían su apostolado nos hará verla cantidad de escuelas, regidas por religiosos, en que eran instruidos los hijos delos trabajadores.

La persecución a la Iglesia sólo es explicable por un odio a la misma inculcado enel pueblo por quienes se proclamaban sus redentores. Por quienes nada hacían por él,salvo buscar una fuerza para sus violencias mientras no sólo lo mantenían en suignorancia, sino que les embaucaban con utopías.

Fueron décadas de propaganda anticatólica, tolerada por una monarquía que se titulaba católica. Para las clases superiores, la universidad infiltrada por lasInstitución Libre de Enseñanza. Para el pueblo bajo, periodicuchos plagados deburlas y calumnias contra la Iglesia y el clero, como "Fray Lazo", "La Traca". "ElRuido" y demás.

La labor de la Iglesia junto al pueblo fue importante. Pero no pudo llenar el vacíoque había dejado la persecución del siglo XIX. Además los enemigos eran muchos, muypoderosos, muy variados y perfectamente organizados.

Sabían a dónde dirigían sus tiros. Ya durante la Semana Trágica de Barcelona,"pagaron el pato" las escuelas católicas que en los barrios barceloneses, enseñaba alos hijos de los obreros. Los claretianos, de reciente fundación para misionar enlos ambientes más humildes, presentan el mayor número de martirizados. Siguen losfranciscanos, la orden que exalta la pobreza. Luego van escolapios, maristas ylasallianos, que ejercían la enseñanza preferentemente en ambientes humildes.Impresionan e indignan los martirios de los frailes de San Juan de Dios arrancadosde los hospitales donde atendían a los enfermos más necesitados. Nada digamos de lainmensa legión de sacerdotes rurales que atendían los pueblos más pobres de lageografía española. Repetimos que sabían a dónde dirigían sus tiros: hicieron losmártires entre los mejores de los apóstoles.

Mención especial hemos de hacer del P. José Gafo Muñoz O. P. sus desvelos por lostrabajadores le habían granjeado una cierta amistad con dirigentes de la UGT.También será beatificado el día 28 de octubre.

Con su brillante frase, que tanto habrá gustado a nuestros liberales católicos,siempre propensos a poner atenuantes a los desmanes de la Revolución y a echar a laIglesia la culpa de todo, Cambó descubrió su esquema mental, según el cual laReligión debe servir para tener domesticados a los trabajadores.

En efecto: lamenta que la acción de la Iglesia no hubiera sido capaz de mantener atodo el pueblo apartado de las doctrinas marxista y anarquistas. Es la clásicamentalidad del burgués de derechas que considera útil la Religión por sus efectos enla moralidad de los pueblos. "El catecismo es bueno para los obreros; para que seanmás humildes". Frase que escuchamos en nuestra niñez en la representación de unentremés en la catequesis, puesta en boca de un señoriíto. Y está en perfectasintonía con lo que dijo Voltaire (al menos eso dicen que dijo): "Si Dios noexistiera, habría que inventarlo".

La frase de Cambó es la expresión del egoísmo de una clase materialista, queprescinde de Dios pero que quiere la religión para otros, a quienes considerainferiores, para que se porten adecuadamente como "buenos chicos" y no perturben susdigestiones.Comunión Tradicionalista

Carlos Ibáñez Quintana (03/10/07)


lunes, 1 de octubre de 2007

EL ALDEANO Y SU CABALLO




Allá por los tiempos de Maricastaña y en uno de esos países lejanos donde suceden todos los cuentos,ocurrió esta historia que anduvo de boca en boca para escarmiento de generaciones ya hasta la nuestra.El lugar de nuestra narración limitaba hacia el sol naciente con Jauja y era en esta hora temprana cuando sus habitantes acercaban su mirada de nuevo al Este.Pero luego el sol subía y entonces todos olvidaban y deslumbrados bailaban de contento al ritmo de una música que sonaba,sonaba y sonaba aunque nadie sabía en realidad cual era la mano oculta que con tanta seducción y embeleso hacía soplar la mágica melodia. Hacia el Oeste por donde el sol se ponía una y otra vez después de tanta y tan celebrada zarabanda diurna,estaba el país de los Enanos que ya en el tiempo de nuestra historia había adquirido bastante notoriedad pues reciente estaba la visita que un famoso marinero inglés llamado Gulliver le había hecho,un tanto en contra de su voluntad eso sí.Allá por los tiempos de Maricastaña y en el país de nuestro cuento vivía un aldeano rico y poderoso que que merecía el afecto y el respeto de los suyos.Nuestro aldeano poseía un hermoso caballo que era el asombro y el orgullos de los lugareños.Un espléndido alazán.Pero he aquí que el tiempo se vino y se fue,se volvió a venir y a marchar y el aldeano sintió acercarse el fin de sus días.El pueblo empezó a hacer cábalas sobre quienes heredarían el magnífico animal.De todos los linajes,parientes y no,consanguíneos,afines y bastardos protestaron su derecho.El pueblo entre atónito,confíado y divertido vio así a una penosa fauna nadar y guadar la ropa,repicar todas las campanas y formar cuantas procesiones se terciaban,intentando por cualquier camino y precio ser los llamados a poner sus nalgas sobre el hermoso y noble caballo de nuestro cuento.Pero no.Nuestro caballo si tan noble,ya no era tan hermoso.Recogidos en la conspiración y la intriga nadie le prestaba la menor atención.Su pitanza era corta y miserable pues los sedicentes herederos se la iban quitando de la boca pretextando la necesidad de hacer acopio para cuando cada uno de ellos se tuviese que encargar de alimentarlo en sacrificado monopolio.Sabedores de que al final sólo unos cuantos serían los elegidos,muchos habían renunciado al premio gordo para ir quedándose con las sobras.Días dificiles vinieron en que si nuestro caballo no se fue a hacerle compañia a sus antepasados fue por la generosa bondad de forasteros venidos de los cuatro puntos cardinales que entre sus equipajes traían algún terrón de azúcar con que reanimar a a nuestro expoliado y noble amigo. Tiempo llegó en que apenas cubría a nuestro caballo una anta remendada que a juzgar por sus bordados había conocido también tiempos mejores. El tiempo discurría en entretanto.Llegaban las fiestas populares y en ellas nuestro caballo.Lo enjaezaban con los cuatro pingos que que aún poseía,disimulaban sus huesos y pintaban sus llagas de alegres colores.¡Qué hermoso está nuestro caballo!,gritaba el pueblo.Un día el viejo y honrado aldeano murió.El afecto y el respeto del pueblo le acompañaron hasta el final y aún después.Y también la prisa de muchos.Por qué apenas nuestro poderoso aldeano había cerrado para siempre sus ojos,la horda de candidatos se lanzó a colmillo abierto,arrolló lo que quedaba de la en un tiempo magnífica cuadra y todos a la vez montaron al pobre caballo. Reventó sí,como suena.reventó porque sus últimas fuerzas se habían ido con sus últimas privaciones y sin una queja fue a reunirse con su amo,sepultado por aquella patulea infecta.Con él se fue también timbres de gloria pasados,con él se durmieron para siempre cosas hermosas que algunos creyeron imperecederas. (Contaron las viejas del lugar en historias repetidas una y otra vez mientras las chimeneas parpadeaban las frías veladas de invierno que la misma noche que nuestro caballo fue masacrado,seres sin rostro,con manos como de tierra orinada terminaron de descuartizarlo y quien la piel,quien la sangre,otros la poca carne que le quedaba pegada a los cansados huesos,terminaron de borrar toda huella del caballo de nuestro cuento y sólo quedó,confundida con el suelo porque con esa no pudieron,una gran mancha de verguenza)

JESÚS SÁIZ Y LUCA DE TENA ("El aldeano y su caballo"fue escrito en diciembre de 1.971,en un tiempo social y políticamente azaraso.Enviado sucesivamente a tres periódicos madrileños,ninguno consideró conveniente su publicaciónHoy 24 años después,plenamente vigente su gallardía y su carácter premonitorio,nos complace rescatarlo dándole acogida en nuestras páginas.-(LA NACIÓN 24-05-1.995")




EL QUE QUIERA ENTENDER QUE ENTIENDA

domingo, 30 de septiembre de 2007

EL SEPARATISMO SIN MÁSCARA



Es decir, se han dado tales alas al separatismo, que hoy el separatismo en Cataluña no es un sentimiento clandestino, transportado en secreto como cosa prohibida, sino que es el efecto retórico de primer uso, lanzado como la cosa más natural, para salvar situaciones difíciles, incluso por las autoridades representantes allí del Estado español.
Puesta la cosa así, desnuda y fría, ante nuestros ojos, tendría que sacudirnos una conmoción de arriba abajo si no hubiésemos perdido por entero la sensibilidad. En España se emplea el sentimiento separatista a plena voz, como instrumento normal de comunicación política, entre los gobernantes de Cataluña y sus gobernados.
A esos gobernantes así no sólo les ha entregado España gran parte de su hacienda y el orden público, sino que les ha entregado lo que importa más: la formación del alma de las generaciones nuevas. Horripila pensar cómo van a sentir la solidaridad española esas generaciones nuevas educadas por quienes profesan sin embozo su insolidaridad.
Formar unidades ingentes, como la de España, es tarea de muchas generaciones al servicio de un constante esfuerzo. La gloria difícil de una gran obra así pide el sacrificio de siglos. Deshacerla es mucho más fácil: basta dejar que florezca en todas las grietas el separatismo elemental, desintegrador, bárbaro en el fondo, para que todo se venga abajo.
Pero eso ocurre si no se interpone la decisión resuelta de un pueblo, ya formado, que quiere mantenerse a toda costa en su unidad y que se hallará entre sus juventudes gentes dispuestas a mandar fusilar por la espalda, sin titubeo, racimos de traidores.
(F.E., núm. 14, 12 de julio de 1934)

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Han matado a un Costalero



Por ANTONIO BURGOS

SI esto, como dice ZP, es la paz, yo maldigo esta paz. Como maldije la otra paz, la de la claudicación, la que mató a dos emigrantes en el atentado terrorista de Barajas. Maldita paz, en cuyo nombre matan a los soldados de España como si aún estuviéramos en el Barranco del Lobo, donde sigue habiendo una fuente que mana sangre de los españoles que mueren por su Patria. ¿Qué se nos ha perdido en Afganistán? ¿Por qué la deshonrosa retirada de Irak, que sonaba a los «repliegues tácticos» de los partes del general Rojo en la guerra civil cada vez que los republicanos perdían una batalla de nada, vamos, el Ebro, Teruel, Brunete, minucias? ¿Y por qué en cambio la permanencia en Afganistán? Si en Afganistán estamos en una guerra, ¿por qué no lo reconocen? ¿Y dónde están ahora los intelectuales del pesebre y los artistas de la subvención con la pegata del «no a la guerra»? ¿Por qué nos tenemos que tragar que la muerte de 84 soldados de España, 84, en la guerra de Afganistán, en el Barranco del Lobo de Afganistán, en el Gurugú de Afganistán, en el Monte Arruit de Afganistán, sean otros tantos «atentados»? ¿Qué lenguaje demoniaco es el que habla ZP, según el cual los atentados criminales de la ETA son «accidentes» y los ataques de guerra del enemigo en los que mueren nuestros soldados, «atentados»?
Si esto, como dice ZP, es la paz, yo maldigo esta paz. Porque yo conocía a uno de los soldados de España muertos en Afganistán, para quien reclamo todos los honores de los caídos por la Patria: sí, he dicho la Patria, ¿pasa algo? Se llamaba Germán Pérez Burgos. No, no era primo mío, aunque se llamara Burgos; no me cabe ese honor. Digo que lo conocía porque me ha pasado con él como ahora le habrá ocurrido a miles de sevillanos: que cuando se han enterado de que era costalero del palio de la Virgen de los Dolores de la cofradía de Santa Cruz, habrán reconocido sus andares bajo el recuerdo del paso tan clásico de esa cuadrilla del Martes Santo. Yo, muchos Martes Santos, sin saberlo, me he emocionado con los andares anónimos de este costalero y soldado de España que ha muerto por su patria. Germán iba igualado en la primera trabajadera de ese palio clásico, de la ciudad más honda y equilibrada, apolínea. En Sevilla se reza con los pies y metiendo el hombro debajo del palo de la trabajadera. Así rezaba Germán cada Martes Santo. Yo ahora estoy viendo su arte, anónimo como el de todos los costaleros, sin protagonismo, oculto por los faldones de terciopelo, el sentido púdico del trabajo que dijo Ortega. Viene el palio de la Virgen de los Dolores y a través de los respiraderos no se ve la cara de emoción de este sevillano de adopción, que hizo suya la ciudad cuando con su madre se vino a vivir en la Puerta Osario, la de las grandes cuadrillas de costaleros. El palio avanza ahora sobre los pies. Las bambalinas son un oleaje de bordados sobre la marea de la tarde. Anochece. Y en la memoria suena la banda de Tejera. Están revirando la esquina de una calle con poemático nombre machadiano: Doña Guiomar. Pero ahora que suena la música, y ahora que Germán viene meciendo cintura y metiendo riñones, lo que oigo en la banda es el toque de oración. La música de Tejera me vienen diciendo que la muerte de Germán Pérez Burgos no es el final. Que el próximo Martes Santo habrá vida otra vez en los crespones negros que veré en esa misma esquina, prendidos en la plata de unos varales de luto.
Y ahora que han matado a un costalero que era soldado de España y que murió por su Patria, me suena también la música de otros colores de sus sentimientos. La música centenaria de su Sevilla F.C. Otro «sevillista seré hasta la muerte», gloriosamente muerto ante el enemigo. Como Antonio Puerta. De su misma generación. Germán, en los afganistanes, con lo lejos que están los afganistanes, pensaba en su cofradía y en su Sevilla. Le pidió a su mujer que le comprara una camiseta negra del equipo blanco, porque cuando el equipo blanco juega en el extranjero con la camiseta negra lleva la bandera de España cruzándole el pecho. Como Germán la llevaba en este partido absurdo que estaba jugando en el extranjero, y en el que ha ganado, como su Sevilla F.C. de su alma, la amarga Copa de la gloria: «del deber, de la Patria y del honor».

martes, 25 de septiembre de 2007

ESPÍRITU DEL LEGIONARIO


Con los rostros impasibles, fuerza invencible al acecho

Los legionarios aguardan del cornetín el acento,

para lanzarse al ataque, en busca del cuerpo a cuerpo,

que puntualiza y exige la enseñanza de su credo.

Riza el aire los colores de sus guiones soberbios,

acaricia los tatuajes de sus bronceados pechos,

y con ansia delirante entre suspiros y besos,

de su leal compañera reciben el casto aliento.


Al resonar el clarín la voz de aceptado reto,

como a un mágico conjuro brota La Legión del suelo,

y acortando la distancia con su ímpetu tremendo,

a la fase del asalto lleva su arrojo y denuedo.


Relucen las bayonetas con metálicos destellos,

hay como un crispar de garras en el pavón del acero,

y los Novios de la Muerte, con su mordiente de esfuerzos

clavan sobre el enemigo su dentellar violento.


Fecha, momento y lugar, estipulación y acuerdo

milagro sobre la cruz de su ardiente juramento,

cripta, tálamo y mortaja, que por destino escogieron,

al rendir su generoso capitular de silencios.


En la inquietud permanente, nostálgica del recuerdo,

y con la exacta medida de tu herencia y estamentos,

prometemos firmemente, que si es preciso,

sabremos morir gritando también:


¡VIVA ESPAÑA Y VIVA EL TERCIO!


Autor: Federico Grases (q.e.p.d.)

Comandante Caballero Legionario - IV Tercio de la Legión "Alejandro de Farnesio"

sábado, 22 de septiembre de 2007

ORACIÓN





ORACIÓN

Señor:
que yo nunca rece para ser preservado de los peligros,

sino para alzarme ante ellos y

mirarlos cara a cara.


Que no pida la extinción de mi dolor,

sino el coraje que me falta

para sobreponerme a él.


Que no confíe en aliados en la guerra de la vida

sobre el campo de batalla del alma:

que sólo espere de mí.


Que no implore, espantado mi salvación,

que tenga la fé necesaria para conquistarla.


Dame no ser ingrato:

pues a tu misericordia debo mis triunfos.


Y si sucumbo, acude a mí con tu brazo fuerte.

¡Y dame la paz, y dame la guerra!


Rabindranath Tagore

jueves, 20 de septiembre de 2007

Una fábula sobre la Libertad


Cuentan que en un tiempo lejano un hombre era dueño de un inmenso rebaño de ovejas. Tal era su grey que se hacía imposible confinarlas en el enormecorral dispuesto para ello tras las jornadas de pastoreo. La primera vez, los animales encontraron un ligero desnivel en la cerca de piedra que las mantenía prisioneras y muchas escaparon, para ser encontradas al día siguiente despeñadas o víctimas de los lobos. El dueño optó después por erigir un elevado vallado de madera; pero las pezuñas del ganado no tardaron en abrirles un boquete hacia la libertad entre las juntas de las tablas. Como último recurso, el amo tendió una cerca electrificada que pareció contener la huída de sus ovejas hasta que, una noche de tormenta, un rayo interrumpió el flujo de energía y los animales no tuvieron más que aplicar de nuevo el impulso de sus patas a la ligera maya de alambre que los separaba de allí donde deseaban ir.
Desesperado, el dueño del rebaño acudió a un viejo del lugar con fama de sabio. Le explicó su problema y vio perfilarse en los labios del anciano una leve sonrisa. Éste pidió que lo condujera en presencia del ganado y, con ayuda de los operarios, abatió ostentosamente los restos de los viejos cercados. Sorprendido, el rebaño detuvo su mirada en la figura de aquel viejo que, encaramado a la rama de una encina, les espetó: “pueblo de las ovejas: se acabaron las ataduras. A partir de hoy sois libres”.
Se produjo entonces el prodigio que, desde aquel, día las ovejas dejaran de luchar por su libertad y el dueño conoció un inmenso ahorro en cercados, ya que ninguna de ellas pensónunca más enabandonar el redil. Ni siquiera cuando el filo del cuchillo se les acercaba a la yugular en los días de matanza; ni siquiera cuando las tijeras se alzaban para esquilmarles la lana; ni siquiera cuando en los tiempos de escasez se veían obligadas a compartir sus ubres entre sus crías y el insaciable afán de su dueño por los negocios… ni tan siquiera entonces huyó una sola oveja de donde su dueño tanto deseaba que permanecieran.
Los lugareños se maravillaron tanto de este prodigio que celebraron todos los años la fecha en que el anciano habló a las ovejas con una fiesta mayor que nombraron como “El día en que las ovejas obtuvieron su Libertad”.
Al viejo dicen que se lo “apioló” un falangista durante la Guerra Civil, pero es un dato que nunca se pudo constatar.


miércoles, 19 de septiembre de 2007

UN POCO DE HISTORIA.-LOS TEMPLARIOS.-


De ellos, cuyos nombres eran Hughes de Payns y Godofredo de Saint Omer, nace la idea de incorporar a los caballeros formalmente como un orden en 1119, tomaron el nombre de Orden de los pobres Caballeros de Cristo, pero fueron conocidos mas popularmente como Los Caballeros Templarios.
Desde su nacimiento tuvo un fin militar, por lo que la Orden se diferenciaba a este respecto de las otras dos grandes órdenes religiosas del siglo XII los Caballeros de San Juan de Jerusalén y los Caballeros Teutónicos, fundadas como instituciones de caridad.
La Orden fue reconocido formalmente por la Iglesia en el Concilio de Troyes en 1128, y San Bernardo de Claraval, el clérigo más influyente de la época, fue comisionado para escribir los reglamentos por la que ellos se debían regir.
San Bernardo tomó la causa del Templarios con entusiasmo, y Hughes de Payns fue el primer Gran Amo de la Orden.
La austeridad noble de los Templarios contrastó fuertemente con el lujo, vanidad, codicia y violencia de los caballeros seculares.

La idea de los monjes-caballeros militares se recibió con gran entusiasmo.
Un grupo de Templarios recorrió Francia y Inglaterra para reclutar a los miembros, y también para solicitar regalos de dinero y propiedad para que la Orden pudiera apoyar sus actividades militares en la Tierra Santa.
La Orden Templaria estaba encabezada por un gran maestre (con rango de príncipe), por debajo del cual existían tres rangos: caballeros, capellanes y sargentos.
Los primeros eran los miembros preponderantes y los únicos a los que se les permitía llevar la característica vestimenta de la Orden , formada por un manto blanco con una gran cruz latina de color rojo en su espalda.
Su servicio defendiendo el reino Cristiano de Jerusalén era distinguido, aunque un poco estropeado por sus malas relaciones con los Hospitalarios , que por el año 1240 se habían deteriorado a tal magnitud que caballeros de cada Orden estaban luchando abiertamente en las calles de Acre.

Invirtieron grandes sumas de dinero en la construcción de una cadena de castillos masivamente fortificados ,algunos de los cuales nunca fue capturado por el enemigo, pero fueron abandonados cuando los caballeros se retiraron de Palestina en 1291.
Fueron famosos por la ferocidad en la lucha.
Después de la Batalla desastrosa de Hattin en 1187, Saladín tomó a prisionero aproximadamente 200 Templarios y Hospitalarios, incluyendo a ambos Grandes Amos, y dio orden de ejecutar a todos. Con Jerusalén en manos de los musulmanes su cuartel general se localizó sucesivamente, en Antioquía, Acre, Cesárea y por ultimo en Chipre.
Como los Caballeros Templarios enviaban regularmente dinero y suministros desde Europa a Palestina, desarrollaron un eficiente sistema bancario en el que los gobernantes y la nobleza de Europa acabaron por confiar.
Se convirtieron gradualmente en los banqueros de gran parte de Europa y lograron debido a esto y a la exención del pago de impuestos y diezmos (no estaban sujeto a la ley secular, y sólo respondían al Papa), amasar una considerable fortuna. En 1307, sin embargo, el Rey Felipe IV se quiso adueñar de esa inmensa riqueza. Él y su canciller, Guillermo de Nogaret, confabularon para acusar a los Templarios de herejía y abolir la Orden.
Esto fue hecho; en 1307, todos los Templarios Franceses, incluido el gran maestre francés Jaques de Molay, fueron arrestados (sólo trece escaparon) y se les "interrogó" bajo tortura o la amenaza de tortura.
La conspiración tubo éxito y todos los caballeros confesaron múltiples e increíbles crímenes que iban desde escupir u orinar en el crucifijo a sodomía.
Después muchos caballeros retractaron sus confesiones pero era demasiado tarde; el daño a su reputación era renuentemente irreversible .
En 1312 el Papa Clemente V estaba de acuerdo en emitir una bula papal que suprimiese la Orden y sus miembros fueron quemados en la hoguera.
El Papa pidió que las propiedades de los Templarios sean dadas a los Hospitalarios, pero aunque esto se hizo en Alemania, en Francia y Inglaterra la mayoría fueron a la corona.
En España y Portugal la Orden fue refundada bajo nuevos nombres.

domingo, 16 de septiembre de 2007

ENTRÁMPATE TIO


Acabo de toparme en el correo con una publicidad bancaria que me ha puesto de una mala leche espantosa. Muchos de ustedes la conocerán, supongo. Se trata de un folleto destinado a los usuarios de una de esas tarjetas de crédito jóvenes, o como se llamen, Bluecard, o Greentarjeta, o Yellowsubmarine, que ahí no me he fijado mucho. Pero la tarjeta es lo de menos. De lo que se trata es de que el banco en cuestión, que para la cosa de recaudar viruta tiene tan poca vergüenza como el resto de los bancos y bancas que en el mundo han sido, plantea a sus jóvenes clientes una oferta de crédito tan descaradamente abyecta que, si no fuera porque el tal Solitario de los huevos no es más que un miserable sin escrúpulos y un payaso, casi aplaudiría uno que siguiera reventando ventanillas a alguna de tales entidades. No sé si me explico.


«Domicilia tu nómina y vete de viaje», es el reclamo inicial que encabeza el folleto, junto a la foto de una parejita jovencísima y feliz. Nada que oponer a eso, naturalmente. Aunque no exista, desde mi punto de vista, relación directa entre el hecho de domiciliar la nómina y subirse acto seguido a un tren, barco o un avión, uno podría seguir el consejo sin grandes objeciones. El mosqueo viene líneas más abajo, cuando el folleto añade «Londres, Roma, Berlín, París... Llévate un bono de 300 euros para viajar a esa ciudad que siempre has soñado conocer». Y aquí, la verdad, el asunto se enturbia un poco. En estos tiempos de educación para la ciudadanía –permitan que me tronche– y teniendo en cuenta que los destinatarios del folleto son gente muy joven, resulta poco edificante que la primera sugerencia a quien domicilia su primera nómina, lejos de aconsejarle ahorrar para un futuro más o menos próximo, consista en cepillarse alegremente esta nómina y las siguientes, en viajes alentados por el cebo del bono de marras, aunque éste financie parte del periplo.


Pero ésa es sólo la introducción, o proemio. Lo bonito viene luego. «Hasta 30.000 euros –pone con letras gordas– para lo que tú quieras.» Y suena tentador, me digo al leerlo. Si yo fuera joven imberbe y domiciliara mi nómina en tan rumbosa entidad bancaria, tendría asegurado un creditillo que, bien mirado, no deja de ser una pasta. Tal como está el patio, 30.000 mortadelos dan para que una parejita tierna, necesitada y con sentido común –30.000 x 2 = 60.000– pueda organizarse un poco mejor en la línea de salida. Lo malo es que, algo más abajo, cae mi gozo en un pozo. Porque «lo que tú quieras», o sea, lo que un joven de hoy necesita con más urgencia, a juicio del departamento de créditos del banco en cuestión, es «¿Un coche nuevo, una moto, un ordernador, el viaje de tu vida?». Dicho de otra manera: lo bueno de domiciliar la nómina para un joven de veintipocos años, o para una pareja de esa edad que decida plantearse una vida en común, no reside en que así puede uno amueblar la casa, comprar un coche para el trabajo –el folleto habla de «coche nuevo», no de uno a secas– o adquirir lo necesario para encarar la perra vida. Niet. Lo verdaderamente bonito del invento es que, entregándole la nómina a un banco, puedes entramparte como un gilipollas para los próximos diez años de tu existencia, a fin de comprarte una moto o irte a beber piña colada las próximas navidades al Caribe, como Leonardo di Caprio. Guau. Pero no todo queda ahí, colega. Faltaría más. Porque encima, si domicilias tu nómina y te echas encima el pufo –el primero de muchos, qué ilusión– del crédito a diez años para el imprescindible coche nuevo, tu banco, que es generoso que te rilas, permite que además trinques nada menos que una Wii –«Con su revolucionario mando inalámbrico descubrirás una forma diferente de jugar», puntualiza el folleto– casi sin enterarte. Sólo al pequeño costo de otro pufillo adicional: un año pagando una cantidad mensual que ni siquiera llega a 20 euros, tío. Pagando sólo, fíjate, la ridícula cantidad de 19,50 euros al mes. El non plus. Y claro. A ver quién va a ser tan idiota como para no embarcarse en el chollo: vacaciones, coche nuevo, moto, ordenador, y encima poder matar zombis con la Wii casi gratis, o sea. ¿Hay quien dé más? Con eso y un bizcocho, la vida resuelta hasta mañana a las ocho. Por la cara.


Hace mucho tiempo que no llamaba hijo de puta a nadie en esta página. Se lo prometí a mi madre, a mi confesor y a una señora de Pamplona que me paró por la calle para darme la bronca. Pero hay días en que el impulso resulta más poderoso que las buenas intenciones.


Hijos de puta. Hijos de la grandísima puta.


viernes, 14 de septiembre de 2007

CARTA ABIERTA A JOSÉ ANTONIO. Carlos Batres.


CARTA ABIERTA A JOSÉ ANTONIO.
Por Carlos Batres Arnanz en Fe -digital
Presidente de la Hermandad Nacional de la Vieja Guardia

Querido Jefe, siempre a tus ordenes:

Puede parecer raro que a estas alturas me decida a escribirte estas humildes líneas, pero quizás este último 20-N lo he vivido de un modo un tanto especial, a pesar de que ya son muchos los años en que he participado en la marcha para depositar una corona de laurel sobre tú tumba. En las horas que separan Madrid del Valle de los Caídos, hay tiempo en una noche como esa a momentos de reflexión sobre la España de tú época y la actual.

Hace ya 69 años de tú vil asesinato en plena juventud, y sin embargo tú mensaje me llega ahora más claro y fresco que nunca. Yo no pude vivir por razones de edad aquella época, pero a pesar del tiempo transcurrido los problemas fundamentales de la España de entonces siguen estando presentes hoy en día: el separatismo nacionalista, la partitocracia que todo lo corrompe, anteponiendo los intereses de partido a los de la Patria, la lucha de clases, convertida ahora en un sindicalismo cipayo y corrupto al servicio de Sistema, el Capitalismo feroz y salvaje que rige la sociedad actual, el materialismo, el laicismo, el abusivo control de la Banca en la economía Nacional, etc., etc.

La critica de todos estos aspectos centra mucho los puntos doctrinales del Nacional-Sindicalismo, y todavía hoy en día siguen vigentes sus soluciones, pero realmente 69 años después de tú muerte sigues siendo “ ese desconocido “. Desconocida, tergiversada y mal interpretada tú persona en el sentido histórico y político, e incluso tú doctrina sigue siendo juzgada sin ni siquiera conocerla no ya por la España contemporánea, sino que ni siquiera los pocos españoles que nos consideramos falangistas hemos sabido valorar adecuadamente nuestra doctrina política, superadora de una seria de errores que hoy en día siguen destruyendo aquellos valores por los que tanto tú, como todos nuestros fundadores y miles de caídos dieron su vida.
José Antonio Primo de Rivera
¡PRESENTE!
En gran medida los falangistas de ahora no somos capaces de transmitir y actualizar el mensaje que lanzasteis en aquellos años 30, realmente es una tarea difícil pero esa dificultad debería servirnos de mayor estimulo, más cuando en estos momentos existe un riesgo fundado de destrucción de la unidad de la Patria. La mayoría de los españoles asiste ahora totalmente impasible a la muerte de España, no hay un sentido consciente de la gravedad de los momentos actuales, se ha llegado a revivir el episodio de las dos de Españas, aquellas de las que decía el poeta que cualquiera de ellas “ha de helarte el corazón”. Los falangistas además de ser pocos en número, luchamos sin suerte, ni acierto, anárquicamente contra el Sistema que nos silencia y nos mal interpreta, desunidos, desmoralizados frente a un enemigo externo y contra nuestros propios camaradas, seguimos con esa lucha interna y eterna, que no se que pretende demostrar, aquí un día somos más falangistas que nadie, para pasar al día siguiente a cuestionarnos la cuadratura del circulo político y lo que era ayer fundamental, hoy es accesorio y mañana un estorbo. Todo seria más fácil si centráramos nuestra lucha contra el enemigo de fuera y cerráramos de una vez nuestras luchas fratricidas, por otra parte ya existentes, desgraciadamente, en la falange fundacional.

José Antonio desde tú puesto de mando en el lucero más alto del firmamento, ilumina nuestras almas para que el sacrificio de tú vida y la de nuestros Caídos no sea estéril y consigamos unidos a tú celestial Caudillaje la España Una, Grande y Libre que vosotros deseasteis. Ayúdanos a que cada día nos sigamos afirmando en la eterna Hermandad de la Falange y así como camaradas y hermanos todos juntos logremos conseguir la Patria, el Pan y la Justicia.

Jefe a tus ordenes siempre


¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

lunes, 10 de septiembre de 2007

DEVOLVER LA ESPERANZA


Estamos equivocados; España patria de conquistadores, de Santos, de héroes, de mártires..., no puede quedar oculta por la capa de suciedad, de lodo superficial que la envuelve, hay que buscar en el interior de la madre Patria hay que volver la vista al Pueblo, no como comparsa de votantes que cada cuatro años depositan un voto, sino como pilar fundamental del Estado.
Hay que devolver la esperanza, el orgullo de pertenecer a una tierra tan noble como la nuestra, volver a izar el orgullo de ser español, hacer entender al pueblo que lo que España necesita otra vez es volver a nuestros orígenes.
Lo que no estaremos dispuestos jamás es a renunciar a la Patria, el Pan y la Juticia, volver a sentirnos hombres, a conservar a España entera, sin divisiones, a encauzar nuestras vidas al engrandecimiento de la Patria, no al revés, a nuestra idea nacionalsindicalista, a la Justicia social, en definitiva al progreso y la paz de España.
José Antonio nos dejó marcado su camino, nosotros somos los encargados de recorrerlo. El sembró la semilla de fidelidad y amor a la Patria, nosotros somos los encargados de recoger sus frutos; volvamos a levantar nuestras banderas, volvamos a ilusionar al pueblo español dejando de ser víctimas para convertirnos en protagonistas, sin miedos, sin temores, porque en el futuro nuestro está el futuro de España.

Artículo publicado en LA NACIÓN hace unos cuantos años...

jueves, 6 de septiembre de 2007

EL MILAGRO DE LA GUARDIA CIVIL


EL MILAGRO DE LA GUARDIA CIVIL

No es verdadera abnegación, de ordinario, la que elige la prueba, sino la que aguarda en todo instante, con ánimo igual, las que Dios envía. Suele ser más difícil soportar sin quejas las incomodidades cotidianas que romper aisladamente, enardecido por la ocasión, en un acto heroico. Al acto heroico no le falta nunca, mirado de lejos, una aureola atractiva; mientras que la diaria realidad es casi siempre, además de incómoda, prosaica. Así, la cima de la virtud está en el cumplimiento seguido y oscuro de eso que se llama sencillamente "el deber".
Quizá el rasgo más saliente de nuestro carácter nacional consiste en la inclinación a "esquivar el deber". No por cobardía -a veces es más duro lo que emprendemos que lo que dejamos-, sino por inquietud, por falta de "seriedad en la vocación". Apenas hay español que no se considere llamado precisamente a aquello que no le corresponde hacer. "Si yo fuese ministro de Hacienda........ Como me dejasen gobernar el Banco de España durante un mes..." Y al mismo tiempo que quien esto dice renuncia en su espíritu a maravillosas innovaciones que implantaría, se atrasa y se adocena en el cumplimiento de su verdadera misión.
Por otra parte, nos falta casi por entero el "sentido social"; ese goce de sentirse parte de un todo armónico, de comportarse como pieza puntual para que el conjunto de la máquina funcione bien. Aquí preferimos no pasar de tosca herramienta, con tal que sea independiente, mejor que entrar como rueda secundaria en un maravilloso mecanismo. La aspiración de casi todos nosotros sigue siendo, como cuando Ganivet escribía, la de regirnos por una Constitución individual, donde no haya más que un artículo: "Este español está autorizado para hacer lo que le dé la gana."
Pero entonces, si somos así, si en todos asoma aquella falta de seriedad en la vocación y esta arriscado indisciplina, ¿cómo puede existir entre nosotros la Guardia Civil?
La Guardia Civil es precisamente negación de los dos defectos. De un lado, nada más severamente adicto al cumplimiento del deber que un guardia civil. Al cumplimiento del deber sin brillo; del de todos los días; con perfección que igual se extrema en el servicio extraordinario y en la aburrida misión de recorrer durante ocho o diez horas carreteras intransitadas. Y de otro lado, nada más devotamente impregnado del espíritu del Cuerpo -disciplina, sentido social- que un guardia civil. No hay uno siquiera que acepte personal recompensa ni aun elogio. Una y otro los declinan siempre en provecho y gloria del instituto, al que pertenecen con la ufanía y el rendimiento del que profesa en una religión.
¿Cómo pueden darse entre nosotros hombres de este corte en tal abundancia? No una docena, ni un centenar, sino veintitantos millares. ¿En qué especie de metal incorruptible los transmutan cuando les invisten el uniforme, que así quedan inmunes a todo mal ejemplo? ¿Qué maravillosos fluidos, llegados de Dios sabe qué distancia, captan los picos del tricornio, que así neutralizan en quien lo lleva toda imperfecta inclinación nativa? Es un milagro: el milagro de la Guardia Civil. No es que la Guardia Civil haga milagros, sino que es un milagro en sí misma.
Así, mientras unas instituciones caducan y otras no medran por falta de perseverancia o de solidaridad, la Guardia Civil sigue como siempre: ni mejor ni peor, sino "perfecta". Cada individuo en su puesto, y todos tan iguales en el rigor, en el aseo, en la severa cortesía, en el valor a toda prueba y en la infatigable asiduidad, que se dijeran formados en el mismo molde.
Ha llegado el momento de rendir homenaje al glorioso Instituto. Nadie le regateará su aportación. Por mucho que hagamos, siempre quedaremos en deuda con él. ¿Qué son unas pesetas o unos renglones al lado de lo que le debemos? Gracias a él se recorre España sin peligro de Norte a Sur, aun las comarcas más abruptas, vivero antaño de salteadores. Los que vivimos fuera de la ciudad, sobre todo, no podemos agradecer bastante los servicios de los guardias civiles. A veces volvemos de noche por la carretera. Los cristales del automóvil se empañan; debe helar. Las casas que vamos dejando atrás tienen los balcones cerrados. Hacemos correr a nuestro coche, ganosos del hogar caliente y de la cama mullida. Todos duermen ya. ¿Todos? No; de pronto los faros iluminan, sobre el fondo oscuro, dos siluetas viriles. El haz luminoso se quiebra en los tricornios negros y en los fusiles vigilantes. Pasamos a su lado. Los saludamos. Y seguimos con emoción confortadora, en la que tal vez asoma un punto de remordimiento. Ellos quedan allí, velando por todos: austeros, severos, sencillos, como si no hicieran nada sobresaliente; con la robusta serenidad de lo duradero.

José Antonio Primo de Rivera.
La Nación, 20 de diciembre de 1930.