jueves, 17 de julio de 2014

¿Cómo es la Guardia Civil?

Pues esto es como todo...

Sin duda, vas a pertenecer al cuerpo policial más TONTO de Europa (los que más trabajan, con menos medios y menos sueldo). Encima, mucha gente te va a tener asco ya de entrada por lo que eres. Desde el momento de vestir el uniforme serás tildado automáticamente de facha, bruto, inculto, xenófobo y perro del estado (mi favorita).Si tienes un jefe cabrón, te puede joder la vida pero bien. Los malos tienen más derechos que tú. Muchas veces tendrás tú más miedo al juez que el delincuente (aunque tu actuación sea impecable, que nunca sabes por dónde te pueden salir). Si esperas que la gente te agradezca tu trabajo o aprecie lo que vale, siéntate a esperar. Tu vida, tu salud y tu integridad física está tasado en 1.420 euros de media. Vas a presenciar miserias humanas que no salen en la tele, más te vale tener un estómago duro, una moral de hierro y ser capaz de desconectar cuando llegas a casa. Te van a mandar al quinto pino de tu casa. Eres militar cuando joden a los militares, y funcionario cuando joden a los funcionarios. Ni decir tiene que eres funcionario cuando mejoran a los militares, y militar cuando mejoran a los funcionarios. Te vas a dar cuenta de un montón enorme de mentiras que te han estado contando desde siempre en aras de la corrección y el buenrollismo.

En definitiva, vas a tener días que te vas a querer ir corriendo y hacerte sexador de pollos en Tombuctú, o alistarte a la Legion Extranjera. O hacerte yogui renunciante y quitarte de la vida normal. O de salvar a España y meterte en el Congreso de Diputados con treinta kilos de trilita pegados al cuerpo y montarte un funeral vikingo en día de pleno. O simplemente, te deprimirás de la hostia (la opción más normal).

Y luego va alguien y te da las gracias por un servicio que hiciste hace 3 meses y del que ni te acuerdas y se te hace un nudito en la garganta y te da corte y te pones coloradillo cual salmonete. O un niño te saluda con la manita al paso del coche patrulla mientras da saltitos y dice "mira, mami, la guardia siví" y te pones de un tontorrón que no lo entiendes, si esto es una mierda y una mentira y una estafa, pero que majo el niño, anda, manolo, ponle los pirulos un momentín, que se ría el pequeñajo...

Y un día se alinean los planetas y te juntas con compis majos, y haceis bromas con ese humor negro y a la vez alegre de la picolandia, y compartís la mierda, y para variar pillas al malo y lo mandas de vacaciones pagadas al chabolo y te sientes que has hecho... esto... ¿como se llama?... justicia, creo, y duermes como un niño porque, joder, a veces sale bien..

Y te toca la lotería en forma de jefe currante y justo, que no está para tonterías de zapatito sucio y baby manchado, que será duro el muy cabrón, pero más duro es si le tocan a un guardia, y te das cuenta de que entras al curre con otro ánimo y que sale el sol, aunque sea por antequera, pero leches, al menos ha salido.

Y el abuelete que se te acerca en el bar mientras intentas despertarte a base de cafeína triple, y que te quiere pagar el café, y que tú que no, y que resulta que fue guardia cuando pintaban bastos y las correrías se hacían a pié y duraban una semana y para ir al cine con la chati había que pedir permiso al comandante de puesto, y no podías jamás vestir de paisano, y que el tío lo echa de menos, con dos cojones, ahora vas y te quejas tú de horarios a éste que tiene más mili que el cabo machichaco, y que lo dice en serio, glups, de acero, el abuelte éste es de acero, y te acabas peleando con él por pagarle tú el café.

Y el tipo al que le recuperas un portátil barato que le ha robado el chori de turno por el procedimiento de destrozarle la ventanilla del coche, y que cuando se lo entregas se echa a llorar como un crio, y tú lo flipas porque es un portátil de mierda que vale menos que la luna rota, pero el te dice, entre mocos y lagrimones, que en el portátil están las únicas fotos del día del nacimiento de su hijo, y que si las perdía se pegaba un tiro o algo.

Y reniegas del trabajo porque ya estás más quemao que la moto un hippie, y dices eso de "me engañarán en el sueldo pero no en el trabajo", a la empresa no le regalo ni un minuto de más, a mi me la van a dar, la paga a fin de mes y que les den... para luego salir tres horas más tarde porque ha desaparecido un menor y que culpa va a tener la madre de que nuestros "jefes" se dejen arrancar las uñas de los pies antes que pagarte un sueldo digno, y cuando vuelves a subirte al terrano que se cae a cachos vas pensando que eres tonto, naciste tonto y morirás tonto por éste trabajo de mierda que ni te aprecian, ni te pagan, y te vas cagando en todo... pero vas. Y aparece el jodío niño. Y se lo das a la madre. Y sigues pensando que
eres tonto, pero duermes que te cagas de bien.

Y, en resumen, a veces vas en el patrulla contento y en paz, si no con el banco, contigo mismo...

Y luego, hoy, entrevista Carlos Herrera al despreciable enchufado ganapán de tu nuevo director, el cual dice, con dos cojones, que cobramos una mierda, pero porque queremos y somos la hostia de buenos y sacrificados, que nadie se hace guardia porque le obliguen, que ellos son así de buenos y patriotas y no necesitan dinero para vivir, que ya se sabe que el honor llena la panza y ejecuta hipotecas.
 
Y así, toda la vida. Ya verás tú si te compensa.

miércoles, 5 de marzo de 2014

PROCLAMACION DE FALANGE ESPAÑOLA DE LAS J.0.N.S.

(...)
 
Por último, nos dicen que no tenemos programa. ¿Vosotros conocéis alguna cosa seria y profunda que se haya hecho alguna vez con un programa? ¿Cuándo habéis visto vosotros que esas cosas decisivas, que esas cosas eternas, como son el amor, y la vida, y la muerte, se hayan hecho con arreglo a un programa? Lo que hay que tener es un sentido total de lo que se quiere; un sentido total de la Patria, de la vida, de la Historia, y ese sentido total, claro en el alma, nos va diciendo en cada coyuntura qué es lo que debemos hacer y lo que debemos preferir. En las mejores épocas no ha habido tantos círculos de estudios, ni tantas estadísticas, ni censos electorales, ni programas.
 
Además, que si tuviéramos programa concreto, seríamos un partido más y nos pareceríamos a nuestras propias caricaturas. Todos saben que mienten cuando dicen de nosotros que somos una copia del fascismo italiano, que no somos católicos y que no somos españoles; pero los mismos que lo dicen se apresuran a ir organizando con la mano izquierda una especie de simulacro de nuestro movimiento. Así, harán un desfile en El Escorial si nosotros lo hacemos en Valladolid. Así, si nosotros hablamos de la España eterna, de la España imperial, ellos también dirán que echan de menos la España grande y el Estado corporativo. Esos movimientos pueden parecerse al nuestro tanto como pueda parecerse un plato de fiambre al plato caliente de la víspera. Porque lo que caracteriza este deseo nuestro, esta empresa nuestra, es la temperatura, es el espíritu. ¿Qué nos importa el Estado corporativo; qué nos importa que se suprima el Parlamento, si esto es para seguir produciendo con otros órganos la misma juventud cauta, pálida, escurridiza y sonriente, incapaz de encenderse por el entusiasmo de la Patria y ni siquiera, digan lo que digan, por el de la Religión?
 
Mucho cuidado con eso del Estado corporativo; mucho cuidado con todas esas cosas frías que os dirán muchos procurando que nos convirtamos en un partido más. Ya nos ha denunciado ese peligro Onésimo Redondo. Nosotros no satisfacemos nuestras aspiraciones configurando de otra manera el Estado. Lo que queremos es devolver a España un optimismo, una fe en sí mismo, una línea clara y enérgica de vida común. Por eso nuestra agrupación no es un partido: es una milicia; por eso nosotros no estamos aquí para ser diputados, subsecretarios o ministros, sino para cumplir, cada cual en su puesto, la misión que se le ordene, y lo mismo que nosotros cinco estamos ahora detrás de esta mesa, puede llegar un día en que el más humilde de los militantes sea el llamado a mandarnos y nosotros a obedecer. Nosotros no aspiramos a nada. No aspiramos si no es, acaso, a ser los primeros en el peligro. Lo que queremos es que España, otra vez, se vuelva a sí misma y, con honor, justicia social, juventud y entusiasmo patrio, diga lo que esta misma ciudad de Valladolid decía en una carta al emperador Carlos V en 1516:
 
"Vuestra alteza debe venir a tomar en la una mano aquel yugo que el católico rey vuestro abuelo os dejó, con el cual tantos bravos y soberbios se domaron, y en la otra, las flechas de aquella reina sin par, vuestra abuela doña Isabel, con que puso a los moros tan lejos."
Pues aquí tenéis, en esta misma ciudad de Valladolid, que así lo pedía, el yugo y las flechas: el yugo de la labor y las flechas del poderío. Así, nosotros, bajo el signo del yugo y de las flechas, venimos a decir aquí mismo, en Valladolid:
 
¡Castilla, otra vez por España!"
 
(Discurso pronunciado en el Teatro Calderón de Valladolid, el día 4 de marzo de 1934)

miércoles, 29 de enero de 2014

Ha muerto D. BLAS PIÑAR

Tengo un nudo en la garganta y los recuerdos de casi cuatro décadas pugnando por salir de la memoria con la misma presión con la que a veces, durante años, lejos ya de los tiempos de escuadras de camisas azules abriendo paso, tuvimos que estar a su lado para evitar, literalmente, que la gente, en su afán por saludarle, llegara a impedirle continuar.
 
No creo que hoy sea capaz, ni de lejos, de poder expresarme con soltura; ni de, con estas líneas, poder rendirle el homenaje que se merece. Pero sé que, al igual que tantas veces intervine con él en actos públicos, en esta hora siempre difícil, siempre amarga, no pueden faltar mis palabras cuando él marcha para siempre a formar en esos luceros que a mí me gusta invocar, porque son los que, con su ejemplo, nos animan a continuar en el combate por España.
 
No me siento portavoz de nadie. Estas líneas no son más que la rememoración emocionada, con ojos vidriosos mientras escribo, de aquel muchacho que, como tantos otros, allá por el lejano 1978 pidió su alta en las filas de Fuerza Nueva emborrachado de luceros y amor a España.
 
 
Soy de esas decenas de miles de jóvenes que en la Transición siguieron a un hombre que les prometió trabajar para hacer de esta "España sucia y triste una Patria libre y hermosa". De los que aprendimos a su lado a amar a España como "unidad de destino, historia y convivencia", con vocación de perfección; de los que, en tiempos aciagos, cuando el patriotismo se proscribía e incluso se perseguía, enarbolábamos esa bandera que un día debía de triunfar: "sólo sé que un día, solo o con los que me acompañen clavaremos las banderas jamás arriadas en lo alto", nos decía en una reunión de su Fuerza Joven.
 
 
Soy de esos jóvenes que le admirábamos porque jamás traicionaba sus ideales, porque jamás cedía a la conveniencia, porque era el ejemplo vivo de la coherencia política cuando otros pensaban no en transformar la realidad -como él quería hacer pues siempre fue un auténtico revolucionario en la estela de José Antonio- sino en acomodarse al tiempo para seguir enfundados en la prebenda.
 
 
Fue perseguido por el sistema, vilipendiado por el sistema, acusado por el sistema, pero sabía como nadie sobreponerse, merced al tesoro de la Fe y a su fe ciega en la Providencia, a los muchos momentos duros que tuvo que vivir.
 
 
"Dios y yo somos mayoría absoluta", nos dijo cuando fue elegido diputado y amenazó con tocar el silbato si reglamento en mano le impedían hablar. Era para nosotros un monumento a la lealtad, a sus juramentos y a la sangre derramada, que alzaba su voz frente a los mismos que antes medraron al amparo del franquismo, de la camisa azul, de la guerrera blanca o a las faldas del catolicismo político.
 
 
Soy de esos jóvenes que lloramos de rabia e impotencia cuando los miles de aplausos y abrazos que cosechaba en sus intervenciones, cuando esas masas de españoles que acudían a escucharle eran incapaces de apoyarle en lo más sencillo, depositar el voto en la urna. Siempre les despreciaré porque fueron los causantes de la quiebra de una gran esperanza, pero en la culpa llevan la penitencia de haber contribuido a derribar el sueño de juventud al que como caducos conservadores renunciaron por las miserias de las lentejas.
 
 
Blas Piñar ha sido Blas Piñar hasta sus últimos momentos, hasta cuando hace unas semanas me escribía diciendo "ya no tengo fuerzas". Hace unos años, ya aquejado por la dolorosa enfermedad que le ha acompañado en el último tramo de su vida, en uno de sus últimos grandes actos nos dijo -escribo de memoria porque prefiero el recuerdo a la literalidad-: "no sé si éste será mi último discurso, pero sí sé que mientras me queden fuerzas estaré defendiendo a Dios, a la Patria y a la Justicia". No le importaron en esos años ni los consejos, ni las recomendaciones, ni los riesgos que asumió, ni el agotamiento personal que cada intervencion pública le suponía, porque mientras pudo siguió acudiendo, siguió estando ahí. Y cuando no pudo jamás faltaron sus palabras. Nunca se rindió y nunca pensó en su propia imagen para la posteridad: "si mi nombre puede servir para algo ahí estará, acompañándoos". Pese a lo que algunos puedan pensar su afán de servicio le hizo ser tremendamente humilde: pasó de gran lider, del aclamado "¡Caudillo Blas Piñar!", a ser militante de filas, pese a los puestos honorarios, y figurar en el último puesto de alguna candidatura. A él sólo le movía una inquebrantable Fe y un inmenso afán de servicio y, como al Cid, le pasó aquello de "qué buen vasallo si hubiera tenido buen señor".
 
 
No pocos nos sentimos hoy un poco huérfanos pues éramos su otra familia, la de los camaradas. Él ya no está, pero no se ha ido: los hombres mueren pero su espíritu permanece. Blas Piñar sólo ha cambiado su puesto de servicio. Él no marcha al descanso eterno de la Gloria sino a la Guardia Eterna. Esa que sólo dejará de formar el día en que torne la Primavera. Los ángeles del Paraíso, aquellos que en la imagen joseantoniana formaban vigilantes con espadas en las jambas de las puertas del Cielo, habrán rendido armas a su llegada; pero él, entre el descanso y la guardia, habrá escogido lo segundo para desde lo alto poder seguir combatiendo con nosotros.
 
 
Yo, que he perdido a mi maestro en política, a mi Jefe Nacional, a quien ha debido ostentar en estos años los tres luceros de la Jefatura Nacional instituida por José Antonio, sólo puedo hoy rezar, acompañarle en la distancia, depositar cinco rosas simbólicas sobre su cuerpo y gritar al viento aquello de "¡Blas Piñar, Presente!", tras entonar el viejo himno de amor y de esperanza.
 
 
Francisco Torres
 

domingo, 12 de enero de 2014

La añoranza del bien

Han vuelto a ser ellos. Se repiten las imágenes en televisión. Unos uniformados, junto a los coches. Otros de paisano, encapuchados, con los petos verdes y las letras amarillas del cuerpo, entran y salen de unos portales de Bilbao. Portan cajas de cartón o escoltan, con perfecta serenidad, con suavidad cabe decir, a algún detenido. Son las últimas imágenes que tenemos de una actuación de la Guardia Civil. En el golpe contra el grupo de abogados que dirigen y controlan a los presos de ETA. Por orden de ETA, como parte de ETA. Ha vuelto a actuar la Guardia Civil con toda la eficacia que le es propia. Una vez más y pese a la torpeza de los políticos. Que habían anunciado su operación con un aviso previo a los malos. Está curtida la Guardia Civil en superar y corregir desastres de la política en España. Y los ha pagado con un altísimo precio en sangre. Muchos centenares de miembros del Cuerpo han caído en el cumplimiento del deber. Y muchos de ellos por errores, culpas y cobardías de gentes ajenas al Cuerpo. De gobernantes que siempre le han exigido el máximo sacrificio, como debe ser exigido. Pero casi nunca han tratado a la Guardia Civil como merece ser tratada. Pioneros en la austeridad desde su fundación, han sufrido siempre la pobreza de este país y sus privaciones. Hoy mismo sufren de unos salarios, prestaciones e infraestructuras que debieran avergonzarnos. Y sin embargo, nunca hemos visto una merma en su entrega y su eficacia. Divisas que la definen como hoy a ninguna otra institución española. Eficacia, honor y vocación de servicio. Y el «Todo por la Patria». ¡Cuán antiguos suenan para la mayoría estos conceptos y lemas! ¡Cuánto esfuerzo por enterrarlos en las pasadas décadas! ¡Cuán obsesivas campañas de desprestigio contra sus valores! Pues ahí la tienen. Como la institución más valorada por la sociedad española. Que solo compite en afecto popular con los otros héroes de esta nación tan desgraciadamente posheroica ya que es España, con el milagroso ejército de Cáritas.
 
 
Los que no somos ya jóvenes recordamos los momentos, después de la Transición, en los que quisieron acabar con ella, con la Guardia Civil. Querían desmilitarizarla, sindicalizarla, liquidarla. Como sospechosa reminiscencia de un pasado que todos se empeñaban en criminalizar. Como representante de una España con la que muchos querían acabar. Si miramos hoy para atrás, es un absoluto milagro que esta institución fundada por el II Duque de Ahumada en 1844 haya sobrevivido en su actual forma. Todo sugería que, tarde o temprano, los políticos españoles de la democracia, cada vez más adanistas, fóbicos a las tradiciones e ignorantes esclavos del zeitgeist, acabarían enterrando a este Cuerpo y sus virtudes, muchas militares. No ha sido así y quizá de las pocas cosas que hoy harían levantarse a esta cobardona e indolente sociedad –como se levantan los pueblos cuando les quitan la Casa Cuartel–, sería que algún insensato lo intentara. La admiración que los españoles sienten por la Guardia Civil, como también por Cáritas, es una prueba de que no todo está perdido. Que las campañas del odio y del desprestigio no han podido con una realidad cotidiana en la que responden ambas, la Guardia Civil y Cáritas –Ejército e Iglesia, qué horror, dirán algunos– como representantes y demostración viva de ideales de entrega, probidad, eficacia y honor. Demuestra que esta sociedad tiene profunda añoranza de unos valores que se han despreciado como antiguos y superados. Pero que en realidad son los valores originales y los definitivos. Los valores permanentes del bien.
 
 
Hermann Tertsch
http://www.abc.es/lasfirmasdeabc/20140111/abci-anoranza-bien-201401110648.html

miércoles, 8 de enero de 2014

domingo, 29 de diciembre de 2013

miércoles, 4 de diciembre de 2013

viernes, 29 de noviembre de 2013

LA DESPEDIDA DEL SOLDADO

En la primavera de 2012, en excavaciones en lo que antaño fue el fortín español de Monte Arruit (a unos 30 km de Melilla) apareció el cuerpo momificado de un soldado español. Según cuentan los arqueólogos y antropólogos, las condiciones climáticas de la zona han hecho posible la buena conservación del cuerpo así como la de alguna de sus pertenencias ...y restos del uniforme. Entre sus pertenencias destaca una pitillera de cuero y metal con las iniciales P.G., una foto de una mujer joven, una pequeña moneda de plata con la efigie de Alfonso XIII y una extensa carta todavía legible. Todos los indicios, y sobre todo por el lugar del hallazgo y datación de la carta, apuntan a que este hombre fue una de las víctimas de la matanza de españoles acaecida el 9 de agosto de 1921 en Monte Arruit. Es uno de los episodios más lamentables ocurridos en la Guerra del África.

Los investigadores quedaron asombrados al leer la carta que portaba este soldado. El papel amarillento, compuesto por dos páginas y doblado por la mitad estaba metido en un sobre. Los datos personales no han sido revelados por las fuentes investigadoras.

En el sobre dice:

Hermano de armas, si lees esto será porque yo habré muerto. Por favor, cumple la última voluntad de este soldado español que ha caído por la Patria y haz llegar esta carta a María […] que vive en Málaga en la calle […]. Sus padres se llaman Manolo y Antonia.


 Carta

En la carta se puede leer:

Mi dulce María,

Nunca pensé escribir esta carta, pero lo preocupante de la situación me lleva a ello. Llevamos días atrincherados y defendiendo Monte Arruit, apenas tenemos agua y comida. Los moros nos cercan y nos hacen fuego, cada día tenemos nuevas bajas, ya sea por causa enemiga o por efecto del calor, y no tenemos medicamentos ni medios de asistencia sanitaria. Según dicen, el General Berenguer le ha prometido a Navarro que mandarán refuerzos desde Melilla, pero la ayuda nunca parece llegar.
 
 Hay descontento y pesar entre los hombres aquí. Hay rumores fiables de que se negociará la rendición de la plaza, pero no sabemos mucho más al respecto. No sé qué pasará, hemos pasado muchas penurias en esta maldita guerra, pero como la de Monte Arruit no la he vivido. Ya se sabe como actúan los moros y tengo mucho miedo por lo que pueda pasar, estamos prácticamente a su merced y no creo que podamos resistir mucho más el hostigamiento al que nos someten. En el campamento tratamos de animarnos los unos a los otros; por su parte, día tras día, los oficiales nos recuerdan lo que implica ser un soldado español con arengas patrióticas, pero lo que más nos reconforta, dentro de lo que se puede, es la camaradería que hacemos todos en estos difíciles momentos.
 
La verdad que no sé por qué te estoy contando esto, supongo que por egoísmo al desahogarme con este papel. No quiero robarte más líneas, ya que esta carta es para ti: la dulce niña de mis ojos, mi morena, mi malagueña, mi razón de vivir, mi anhelo, la estrella que me guía en las noches, la única persona por la cual suspiro día tras día y me reconforta pensar que pronto te veré, que pronto te abrazaré, que pronto te besaré y que pronto me casaré contigo. Dios sabe lo mucho que te quiero. Aún me acuerdo de la primera vez que te vi, con aquel vestido azul, tu pelo negro azabache recogido en un coco, esos ojos verde esmeralda que son capaces de cegar más que este sol africano y convertir a cualquier hombre en estatua de sal con sólo regalarle una mirada tuya. Me acuerdo de la canasta de mimbre llena de pescado que llevabas pues venías del mercado y como yo, apoyado en la pared de la calle de mi casa, quedé absorto ante tu belleza. Te eché un piropo cuando pasaste por delante mía, no pensé que me hicieras caso, ya que tal hermosura tiene que estar acostumbrada a que te los digan, pero giraste tu preciosa cara, me miraste y me sonreíste. Bendito piropo aquel. Te pedí acompañarte a casa para hablarte por el camino y me lo permitiste. Desde entonces fuimos inseparables, me costó que tu padre me aceptara, pero ya sabes que la insistencia siempre ha sido mi virtud. Aún me tiemblan las piernas cuando me acuerdo de aquel primer beso que te robé en la puerta de la casa de tu tía, se nos paró el mundo alrededor en ese instante. En fin, hay tantas cosas que podría contar… Seguro que mientras lees esto estás esbozando una sonrisa. En estas líneas que llevo hablando de ti se me ha olvidado momentáneamente todo lo que estoy pasando aquí. Siempre serás mi mejor medicina y el remedio de todos mis males.
 
Ya sabes que al comienzo de esta carta te dije que nunca pensé escribirla. Es de despedida, mi amor. Si recibes esta carta será porque yo ya no estaré. No quiero ser egoísta y por ello te pido que no me guardes luto, que no te apenes por mí, que rehagas tu vida lo más pronto posible y que no me eches en falta pues yo siempre estaré contigo en cada momento de tu vida. Que seas muy feliz y que hagas realidad todos tus sueños, ya que los míos se cumplieron cuando me dejaste amarte. Quiero que sepas que mis últimos pensamientos son para ti y que siempre te querré y cuidaré allá donde esté.
 
Monte Arruit a 8 de agosto de 1921.
 
De tu soldadito, Pedro.
 
 
 
En la primavera de 2012, en excavaciones en lo que antaño fue el fortín español de Monte Arruit (a unos 30 km de Melilla) apareció el cuerpo momificado de un soldado español. Según cuentan los arqueólogos y antropólogos, las condiciones climáticas de la zona han hecho posible la buena conservación del cuerpo así como la de alguna de sus pertenencias
 


 Según narran las fuentes investigadoras, el 9 de agosto el General Navarro parlamentó la entrega de Monte Arruit con los jefes tribales marroquíes. Las condiciones fueron que los españoles entregaban las armas y saldrían del fortín sin hostigárseles y, además, se proporcionaría transporte a los heridos. Así pues, los soldados españoles desarmados comenzaron a salir de Monte Arruit en columna, pero al poco tiempo los moros, de manera inesperada, atacaron a los españoles desde distintos flancos produciéndose una enorme matanza. De un contingente de 3000 hombres, sólo 60 lograron sobrevivir.

A veces el destino y la suerte se unen. Aunque no ha sido fácil, según revelan los investigadores, se ha podido localizar a familiares de la destinataria (María) de la carta. Antonio, un nieto de ésta mujer ha contado que su abuela, aunque se casó años después de lo acontecido en Monte Arruit, siempre tuvo en su mesita de noche la foto de un joven soldado con un rosario sujeto en la esquina del marco. Durante muchos de años, incluso ya casada y con hijos, día tras día acudía al puerto de Málaga con la esperanza de que llegara el barco que habría de traerlo. Mi abuelo siempre respetó a mi abuela y supo que jamás ocuparía el puesto de aquel primer novio. No obstante, fueron un matrimonio feliz. Falleció en 1987, a la edad de 85 años. Pidió ser enterrada con la foto de su primer amor y el rosario entre las manos.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA ¡¡¡PRESENTE!!!


La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles.
 
Pero sólo es de veras libre quien forma parte de una nación fuerte y libre.
 
A nadie le será lícito usar su libertad contra la unidad, la fortaleza y la libertad de la Patria. Una disciplina rigurosa impedirá todo intento dirigido a envenenar, a desunir a los españoles o a moverlos contra el destino de la Patria.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Carta a un Magistrado

A su Seńoria Ilustrísima D. Luis López Guerra, desde mi condición de espańol y guardia civil tengo el honor de exponer:...

 Que habiendo tenido conocimiento de la sentencia del tribunal europeo de derechos humanos, del que su Seńoria forma parte, en el que se declara no acorde a derecho a la denominada " Doctrina Parrot" y a tenor deja abierta la vía de la excarcelación a una serie de asesinos, violadores, psicópatas y delincuentes varios.


 He de manifestarle mi más profunda repulsa por este hecho y ante las dudas que puedan surgirle ante esta argumentación,quiero matizarla con algunos aspectos diferenciadores entre su Señoría y mi propia persona;


 Tanto su Seńoria como Yo nacimos en España, por lo tanto a efectos legales ambos somos espańoles, pero en la década de los ańos 80, mientras su Seńoria impartía clases de derecho constitucional en la universidad, Yo vestía el uniforme de la Guardia Civil y pateaba el Pirineo sufriendo las inclemencias del tiempo y lo que es peor la pérdida de compańeros y amigos bajo la barbarie terrorista.


 Entiendo que su labor fue ardua y necesaria. La formación de nuestros jóvenes lo requería y no dejo de valorarlo. Pero quizá su Seńoria no se ha parado a pensar, cuando votó a favor de dejar en libertad a aquellos que asesinaron a mis compańeros, que mi misión también fue necesaria; bueno solo consistía en jugarme la vida para proteger a todos los espańoles, su Seńoria y sus alumnos incluidos.


 Puedo contarle muchas historias de aquella época. No de oídas, en primera persona puesto que forme parte de los entonces recién creados grupos antiterroristas (GAR)
Puedo contarle como fue la liberación de Orbegozo, del Dr. Iglesias, de Ortega Lara o como se desarrolló la angustiosa búsqueda de Miguel Ángel Blanco. Y lo que es peor, puedo contarle la sensación que se tiene al recoger los trozos de un compañero de las ramas de un árbol en Pamplona.


 Sería muy largó, pues son muchos y no quiero aburrirle con historias pasadas, sólo quisiera que si algún día lee esto, se paré a pensar si los españoles merecemos que individuos como esos vuelvan a la calle, si con su voto ha conseguido dejar en libertad a un psicópata que mate o viole a otra niña, y si eso ocurriese, que Dios no lo permita, le quede la necesaria tranquilidad moral y autoestima para seguir mirando a sus seres queridos y al resto de sus compatriotas.

 Quedo a su disposición como miembro de la guardia civil y garante de la legalidad establecida, aunque no comparta votos como el que su Señoría ha emitido en el caso que nos ocupa

martes, 29 de octubre de 2013

domingo, 27 de octubre de 2013

Un minuto de tristeza

Y pensar que a Foxá ya no lo lee casi nadie, que las modistillas se comentan por guasap las sombras de Grey como antes hablaban de la sombra huidiza de Peter Pan, sin saber que en la transición les han robado la belleza del rubor en las mejillas. Comprobar que la espiritualidad de hoy la escribe Paulo Coelho, y que Madrid no cambia demasiado, que sigue soportando los tonos grises de octubre a pesar de que está cerrado el Lady Pepa, que no hay dónde olvidarlo a copazos, y que desde la Moncloa no renuncian a convertirlo en Madridgrado, como si fueran incapaces de rechazar la herencia recibida. Y entender que la victoria de lo progre en Estrasburgo se parece a la magia de Sarumán en el universo Tolkien, algo que convierte en necedades las razones que se le opongan, como si un sortilegio protegiese al pensamiento débil para hacerlo impermeable a las verdades. Y que aunque diluvien evidencias seguirá la izquierda yihadista inasequible al documento, compañera del alma, compañera de sus aliados de antaño, y la gran masa detrás, convencidísima de pensar por ella misma mientras repite el eslogan del último lobby protegido por el poder.
 
Y todavía, sabiendo todo esto, pecar de reaccionario, que es casi como mostrarse partidario de matar a un ruiseñor, como decir que Gregory Peck era muy feo. Con lo fácil que sería dejarse querer un poco y aplaudir a Obama, que por cierto aún hay quien le compara con Kennedy, como si eso no fuese más bien un insulto para cualquiera, que si no llega a ser por Kruschev y Harry Oswald el noviete de Marilyn acaba provocando una guerra nuclear. De momento el morocho se quedó sin dinero para abrir la Estatua de la Libertad, igual que se quedó sin ganas de cerrar Guantánamo.

 Y en éstas y en otras irrelevantes disquisiciones dejar que vaya triunfando el otoño madrileño. De algún modo sacar de la cabeza los muros derrumbados de Quevedo, que se han convertido en una rima pegajosa, inevitable como las de Bécquer cuando tienes quince años y la piba te ha mirado. Soportar el chaparrón con la pose digna del hidalgo que filmó Berlanga en Bienvenido Mr. Marshall, ajeno al delirio colectivo que reza para que venga Mr. Adelson y nos haga croupieres a todos. Derecho –sólo por hoy– a estar triste. A pasear con el teléfono apagado, arrullados por las brisas del amanecer, en esos breves momentos en los que la lluvia todavía no es desagradable ni triunfa rencorosa la resaca. Joder, si hasta se ha muerto el único que cantaba viva España.
 

martes, 22 de octubre de 2013

Hijos de Puta

Siempre supe que vendrían a cobrarnos el penúltimo plazo de nuestra hipoteca. El primero fue el compromiso con una España - o unos españoles - que quizá no lo merecían; el segundo fue la sangre derramada y el dolor. Después vino la ignominia, la vergüenza, el insulto y la soledad de las víctimas; Y ahora el desprecio, la entrega, la inmolación en el falso altar de la paz y de la libertad de España. Una paz y una libertad que los políticos europeos en general y los españoles particularmente, nos han entregado como si fuera de nuestra responsabilidad conservarlos.... con silencio, compresión, renuncia y perdón. Cosas que ni debemos, ni podemos, ni queremos entregar las víctimas directas y espero que tampoco la mayor víctima de todo esto: España y el pueblo español.

 Hoy se ha consumado un acto más de traición a quienes más dieron, pero a quienes tanto cuesta reconocérselo, desde la estúpida poltrona de un falso tribunal de Derechos Humanos, que nos ha condenado a la risa perpetua que ya anunciara De Juana Chaos y hoy continuará la del Río.

 Europa, que se construyó sobre los cimientos de Nüremberg, erigido únicamente con el interés de castigar al culpable, con el sencillo argumento de que a ojos de los vencedores era evidente que lo era, pese a que no hubiera leyes contra los que juzgar los hechos; Europa, que condenó a Rudolf Hess a la cadena perpetua y lo dejó morir en Spandau, sin importarle si su autoría -real o ficticia- era intelectual o directa; Europa, que ejecutó a 13 oficiales alemanes por los crímenes de Katin, pese a saber que los causante de estos crímenes fueron los aliados rusos, con el argumento de que si no era por estos crímenes, sería por cualesquiera otros…

Esa Europa, sobre la que se edificaron Bruselas, La Haya y Estrasburgo, no ha tenido sin embargo el valor de entregar, si quiera una pírrica victoria a España y a sus víctimas, para que no quede ninguna duda de que ETA, su terror, su ponzoña, sus bastardos intereses, han sido derrotados jamás. Y que si han dejado de asesinarnos, es porque maldita la falta que les hace, obviamente.

 Porque sólo los vencedores juzgan y condenan a sus enemigos, a los enemigos de la libertad, de la civilización toda, sin más autoridad que la de saberse vencedores y de poseer la razón y la autoridad física y moral para hacerlo, al margen de lo que digan o dejen de decir tales o cuales normas pensadas para otra cosa y para otros casos.

 Desprecio profundamente a la clase política española que ha permitido esta cobarde entrega de soberanía; que ha debido desear hasta el paroxismo, que fuera Estrasburgo la que cargara con la culpa de la ignominia, para no aparecer ella como culpable de sus pactos y sus concesiones, que ya todos anunciábamos; que ha permitido que ni entonces ni ahora se haya modificado el código penal; que mantiene abierto un mandato de las Cortes para negociar con ETA; que permite su presencia en las instituciones y a la que ha entregado todo el poder que quisieron quitarnos con las balas, sin tener que hacer nada más que soplarnos en la nuca; que ha permitido que un miserable gabinete inglés, con el soporte económico de Sortu, partido legal con presencia institucional, haya sufragado los gastos de defensa de la basura humana que asesinó a mi padre, mientras jamás ha hecho frente a ninguna de sus obligaciones económicas. Una vez más nuestras lágrimas serán sus risas, y nuestros lutos serán sus botellas de champagne.

 Desprecio y un profundo asco, que sin duda retuerce a nuestros muertos en sus sepulturas y cubre de estulticia a nuestros vivos.
 

lunes, 7 de octubre de 2013

"La más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros".

La fiesta de la Santísima Virgen del Rosario fue instituida por el Papa San Pío V para conmemorar la gran victoria cristiana sobre los mahometanos en la Batalla de Lepanto. La Monarquía española y su aliada Génova, junto con Venecia, la Orden de Malta y los Estados Pontificios, barrieron de la mar a la enorme flota turca... y a sus aliados berberiscos. Mandaba la flota católica Don Juan de Austria, en nombre de su hermanastro el santo Rey Don Felipe II.
 
Mientras la batalla transcurría, en Roma el Papa Pío V recitaba el Rosario en su capilla. En eso, el Papa salió de su capilla y, por aparente inspiración, anunció a todos los presentes y con gran calma que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos. Semanas mas tarde llegó el finalmente el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quién, desde un principio, atribuyó el triunfo de cristiano a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario.
La fiesta no sólo conmemora, sino que agradece a la Santísima Virgen su mediación e intervención. Toda la Cristiandad, encabezada por el Sumo Pontífice, rezaba el Santo Rosario durante la batalla.
 

 Ilustración: Batalla de Lepanto, por El Veronés (1528-1588).

martes, 27 de agosto de 2013

Poesía para la RESISTENCIA

A nosotros no nos dieron una bandera prolijamente doblada.
 
A nosotros no nos dieron ninguna pensión.
 
A nosotros nos desprecia la izquierda y la derecha.
 
A nosotros nos soñaron los Dioses encendidos, solitarios, señores de la muerte y del exilio.
 
A nosotros no nos dieron la bandera dobladita de los marines porque nosotros somos los abanderados de los jirones negros , del último infierno un minuto antes del Apocalipsis.
 
Nosotros perdimos todas las guerras y entregamos hasta la última gota de sangre, sin embargo el sol conservó para nosotros sus rayos invictos, y su alegría.
 
Nosotros somos los culpables de todo lo que dice el noticiero, la suma maldad, el origen mismo de todos los males.
 
Es curioso el temor que nos profesan si todas las guerras hemos perdido.
 
Es curioso que quieran perseguirnos de nuevo.
 
Ahora que sólo somos la sangre sobre la nieve, la memoria de niños con uniforme, las espesas cenizas de la guerra civil, la luz cegadora del vacío.
 
Ahora que somos el olvido del olvido; inofensivos héroes del pasado. Hoplitas desnudos, obreros , poetas, agricultores.
 
Ahora que somos la sombra del acero, el eco del silencio, el azotar de las olas en los desembarcos, la espada dormida del exilio, la desazón de la derrota, la raza extinta de los lobos, el cóndor despeñado, el suicidio ritual, la última rosa cultivada antes de subir al tren de los fusiles.
 
Ahora es curioso que , el mundo esté como está si fueron los buenos, los vencedores los que salvaron el mundo , los que doblan las banderas prolijamente cada vez que un pueblo sometido mata a un invasor.
 
Porque no son los nuestros los que arrasaron el mundo, no son las hondas cruces en la nieve, no son las ruinas de Montecassino , no es Mussolini colgado de los pies ni su amante Claretta Petacci, no es la División Azul ni la Falange, no es la impunidad de la posguerra, no son los trabajadores ni los que se mantuvieron fieles a su bandera en la derrota.
 
A nosotros nos perdió la lealtad y la sangre, la antigua tradición de los guerreros, la fe en el sol y en la semilla, la honradez del trabajo y del cultivo.
Por eso a nosotros nadie nos entregará una bandera de sangre y de vacío doblada de vergüenza de ser desplegada.
 
Por eso nuestra bandera es roja como la sangre . Y negra como la última noche del mundo cuando los dioses preparan el amanecer.
 
Juan Pablo Vitali