domingo, 29 de diciembre de 2013

miércoles, 4 de diciembre de 2013

viernes, 29 de noviembre de 2013

LA DESPEDIDA DEL SOLDADO

En la primavera de 2012, en excavaciones en lo que antaño fue el fortín español de Monte Arruit (a unos 30 km de Melilla) apareció el cuerpo momificado de un soldado español. Según cuentan los arqueólogos y antropólogos, las condiciones climáticas de la zona han hecho posible la buena conservación del cuerpo así como la de alguna de sus pertenencias ...y restos del uniforme. Entre sus pertenencias destaca una pitillera de cuero y metal con las iniciales P.G., una foto de una mujer joven, una pequeña moneda de plata con la efigie de Alfonso XIII y una extensa carta todavía legible. Todos los indicios, y sobre todo por el lugar del hallazgo y datación de la carta, apuntan a que este hombre fue una de las víctimas de la matanza de españoles acaecida el 9 de agosto de 1921 en Monte Arruit. Es uno de los episodios más lamentables ocurridos en la Guerra del África.

Los investigadores quedaron asombrados al leer la carta que portaba este soldado. El papel amarillento, compuesto por dos páginas y doblado por la mitad estaba metido en un sobre. Los datos personales no han sido revelados por las fuentes investigadoras.

En el sobre dice:

Hermano de armas, si lees esto será porque yo habré muerto. Por favor, cumple la última voluntad de este soldado español que ha caído por la Patria y haz llegar esta carta a María […] que vive en Málaga en la calle […]. Sus padres se llaman Manolo y Antonia.


 Carta

En la carta se puede leer:

Mi dulce María,

Nunca pensé escribir esta carta, pero lo preocupante de la situación me lleva a ello. Llevamos días atrincherados y defendiendo Monte Arruit, apenas tenemos agua y comida. Los moros nos cercan y nos hacen fuego, cada día tenemos nuevas bajas, ya sea por causa enemiga o por efecto del calor, y no tenemos medicamentos ni medios de asistencia sanitaria. Según dicen, el General Berenguer le ha prometido a Navarro que mandarán refuerzos desde Melilla, pero la ayuda nunca parece llegar.
 
 Hay descontento y pesar entre los hombres aquí. Hay rumores fiables de que se negociará la rendición de la plaza, pero no sabemos mucho más al respecto. No sé qué pasará, hemos pasado muchas penurias en esta maldita guerra, pero como la de Monte Arruit no la he vivido. Ya se sabe como actúan los moros y tengo mucho miedo por lo que pueda pasar, estamos prácticamente a su merced y no creo que podamos resistir mucho más el hostigamiento al que nos someten. En el campamento tratamos de animarnos los unos a los otros; por su parte, día tras día, los oficiales nos recuerdan lo que implica ser un soldado español con arengas patrióticas, pero lo que más nos reconforta, dentro de lo que se puede, es la camaradería que hacemos todos en estos difíciles momentos.
 
La verdad que no sé por qué te estoy contando esto, supongo que por egoísmo al desahogarme con este papel. No quiero robarte más líneas, ya que esta carta es para ti: la dulce niña de mis ojos, mi morena, mi malagueña, mi razón de vivir, mi anhelo, la estrella que me guía en las noches, la única persona por la cual suspiro día tras día y me reconforta pensar que pronto te veré, que pronto te abrazaré, que pronto te besaré y que pronto me casaré contigo. Dios sabe lo mucho que te quiero. Aún me acuerdo de la primera vez que te vi, con aquel vestido azul, tu pelo negro azabache recogido en un coco, esos ojos verde esmeralda que son capaces de cegar más que este sol africano y convertir a cualquier hombre en estatua de sal con sólo regalarle una mirada tuya. Me acuerdo de la canasta de mimbre llena de pescado que llevabas pues venías del mercado y como yo, apoyado en la pared de la calle de mi casa, quedé absorto ante tu belleza. Te eché un piropo cuando pasaste por delante mía, no pensé que me hicieras caso, ya que tal hermosura tiene que estar acostumbrada a que te los digan, pero giraste tu preciosa cara, me miraste y me sonreíste. Bendito piropo aquel. Te pedí acompañarte a casa para hablarte por el camino y me lo permitiste. Desde entonces fuimos inseparables, me costó que tu padre me aceptara, pero ya sabes que la insistencia siempre ha sido mi virtud. Aún me tiemblan las piernas cuando me acuerdo de aquel primer beso que te robé en la puerta de la casa de tu tía, se nos paró el mundo alrededor en ese instante. En fin, hay tantas cosas que podría contar… Seguro que mientras lees esto estás esbozando una sonrisa. En estas líneas que llevo hablando de ti se me ha olvidado momentáneamente todo lo que estoy pasando aquí. Siempre serás mi mejor medicina y el remedio de todos mis males.
 
Ya sabes que al comienzo de esta carta te dije que nunca pensé escribirla. Es de despedida, mi amor. Si recibes esta carta será porque yo ya no estaré. No quiero ser egoísta y por ello te pido que no me guardes luto, que no te apenes por mí, que rehagas tu vida lo más pronto posible y que no me eches en falta pues yo siempre estaré contigo en cada momento de tu vida. Que seas muy feliz y que hagas realidad todos tus sueños, ya que los míos se cumplieron cuando me dejaste amarte. Quiero que sepas que mis últimos pensamientos son para ti y que siempre te querré y cuidaré allá donde esté.
 
Monte Arruit a 8 de agosto de 1921.
 
De tu soldadito, Pedro.
 
 
 
En la primavera de 2012, en excavaciones en lo que antaño fue el fortín español de Monte Arruit (a unos 30 km de Melilla) apareció el cuerpo momificado de un soldado español. Según cuentan los arqueólogos y antropólogos, las condiciones climáticas de la zona han hecho posible la buena conservación del cuerpo así como la de alguna de sus pertenencias
 


 Según narran las fuentes investigadoras, el 9 de agosto el General Navarro parlamentó la entrega de Monte Arruit con los jefes tribales marroquíes. Las condiciones fueron que los españoles entregaban las armas y saldrían del fortín sin hostigárseles y, además, se proporcionaría transporte a los heridos. Así pues, los soldados españoles desarmados comenzaron a salir de Monte Arruit en columna, pero al poco tiempo los moros, de manera inesperada, atacaron a los españoles desde distintos flancos produciéndose una enorme matanza. De un contingente de 3000 hombres, sólo 60 lograron sobrevivir.

A veces el destino y la suerte se unen. Aunque no ha sido fácil, según revelan los investigadores, se ha podido localizar a familiares de la destinataria (María) de la carta. Antonio, un nieto de ésta mujer ha contado que su abuela, aunque se casó años después de lo acontecido en Monte Arruit, siempre tuvo en su mesita de noche la foto de un joven soldado con un rosario sujeto en la esquina del marco. Durante muchos de años, incluso ya casada y con hijos, día tras día acudía al puerto de Málaga con la esperanza de que llegara el barco que habría de traerlo. Mi abuelo siempre respetó a mi abuela y supo que jamás ocuparía el puesto de aquel primer novio. No obstante, fueron un matrimonio feliz. Falleció en 1987, a la edad de 85 años. Pidió ser enterrada con la foto de su primer amor y el rosario entre las manos.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA ¡¡¡PRESENTE!!!


La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles.
 
Pero sólo es de veras libre quien forma parte de una nación fuerte y libre.
 
A nadie le será lícito usar su libertad contra la unidad, la fortaleza y la libertad de la Patria. Una disciplina rigurosa impedirá todo intento dirigido a envenenar, a desunir a los españoles o a moverlos contra el destino de la Patria.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Carta a un Magistrado

A su Seńoria Ilustrísima D. Luis López Guerra, desde mi condición de espańol y guardia civil tengo el honor de exponer:...

 Que habiendo tenido conocimiento de la sentencia del tribunal europeo de derechos humanos, del que su Seńoria forma parte, en el que se declara no acorde a derecho a la denominada " Doctrina Parrot" y a tenor deja abierta la vía de la excarcelación a una serie de asesinos, violadores, psicópatas y delincuentes varios.


 He de manifestarle mi más profunda repulsa por este hecho y ante las dudas que puedan surgirle ante esta argumentación,quiero matizarla con algunos aspectos diferenciadores entre su Señoría y mi propia persona;


 Tanto su Seńoria como Yo nacimos en España, por lo tanto a efectos legales ambos somos espańoles, pero en la década de los ańos 80, mientras su Seńoria impartía clases de derecho constitucional en la universidad, Yo vestía el uniforme de la Guardia Civil y pateaba el Pirineo sufriendo las inclemencias del tiempo y lo que es peor la pérdida de compańeros y amigos bajo la barbarie terrorista.


 Entiendo que su labor fue ardua y necesaria. La formación de nuestros jóvenes lo requería y no dejo de valorarlo. Pero quizá su Seńoria no se ha parado a pensar, cuando votó a favor de dejar en libertad a aquellos que asesinaron a mis compańeros, que mi misión también fue necesaria; bueno solo consistía en jugarme la vida para proteger a todos los espańoles, su Seńoria y sus alumnos incluidos.


 Puedo contarle muchas historias de aquella época. No de oídas, en primera persona puesto que forme parte de los entonces recién creados grupos antiterroristas (GAR)
Puedo contarle como fue la liberación de Orbegozo, del Dr. Iglesias, de Ortega Lara o como se desarrolló la angustiosa búsqueda de Miguel Ángel Blanco. Y lo que es peor, puedo contarle la sensación que se tiene al recoger los trozos de un compañero de las ramas de un árbol en Pamplona.


 Sería muy largó, pues son muchos y no quiero aburrirle con historias pasadas, sólo quisiera que si algún día lee esto, se paré a pensar si los españoles merecemos que individuos como esos vuelvan a la calle, si con su voto ha conseguido dejar en libertad a un psicópata que mate o viole a otra niña, y si eso ocurriese, que Dios no lo permita, le quede la necesaria tranquilidad moral y autoestima para seguir mirando a sus seres queridos y al resto de sus compatriotas.

 Quedo a su disposición como miembro de la guardia civil y garante de la legalidad establecida, aunque no comparta votos como el que su Señoría ha emitido en el caso que nos ocupa

domingo, 27 de octubre de 2013

Un minuto de tristeza

Y pensar que a Foxá ya no lo lee casi nadie, que las modistillas se comentan por guasap las sombras de Grey como antes hablaban de la sombra huidiza de Peter Pan, sin saber que en la transición les han robado la belleza del rubor en las mejillas. Comprobar que la espiritualidad de hoy la escribe Paulo Coelho, y que Madrid no cambia demasiado, que sigue soportando los tonos grises de octubre a pesar de que está cerrado el Lady Pepa, que no hay dónde olvidarlo a copazos, y que desde la Moncloa no renuncian a convertirlo en Madridgrado, como si fueran incapaces de rechazar la herencia recibida. Y entender que la victoria de lo progre en Estrasburgo se parece a la magia de Sarumán en el universo Tolkien, algo que convierte en necedades las razones que se le opongan, como si un sortilegio protegiese al pensamiento débil para hacerlo impermeable a las verdades. Y que aunque diluvien evidencias seguirá la izquierda yihadista inasequible al documento, compañera del alma, compañera de sus aliados de antaño, y la gran masa detrás, convencidísima de pensar por ella misma mientras repite el eslogan del último lobby protegido por el poder.
 
Y todavía, sabiendo todo esto, pecar de reaccionario, que es casi como mostrarse partidario de matar a un ruiseñor, como decir que Gregory Peck era muy feo. Con lo fácil que sería dejarse querer un poco y aplaudir a Obama, que por cierto aún hay quien le compara con Kennedy, como si eso no fuese más bien un insulto para cualquiera, que si no llega a ser por Kruschev y Harry Oswald el noviete de Marilyn acaba provocando una guerra nuclear. De momento el morocho se quedó sin dinero para abrir la Estatua de la Libertad, igual que se quedó sin ganas de cerrar Guantánamo.

 Y en éstas y en otras irrelevantes disquisiciones dejar que vaya triunfando el otoño madrileño. De algún modo sacar de la cabeza los muros derrumbados de Quevedo, que se han convertido en una rima pegajosa, inevitable como las de Bécquer cuando tienes quince años y la piba te ha mirado. Soportar el chaparrón con la pose digna del hidalgo que filmó Berlanga en Bienvenido Mr. Marshall, ajeno al delirio colectivo que reza para que venga Mr. Adelson y nos haga croupieres a todos. Derecho –sólo por hoy– a estar triste. A pasear con el teléfono apagado, arrullados por las brisas del amanecer, en esos breves momentos en los que la lluvia todavía no es desagradable ni triunfa rencorosa la resaca. Joder, si hasta se ha muerto el único que cantaba viva España.
 

martes, 22 de octubre de 2013

Hijos de Puta

Siempre supe que vendrían a cobrarnos el penúltimo plazo de nuestra hipoteca. El primero fue el compromiso con una España - o unos españoles - que quizá no lo merecían; el segundo fue la sangre derramada y el dolor. Después vino la ignominia, la vergüenza, el insulto y la soledad de las víctimas; Y ahora el desprecio, la entrega, la inmolación en el falso altar de la paz y de la libertad de España. Una paz y una libertad que los políticos europeos en general y los españoles particularmente, nos han entregado como si fuera de nuestra responsabilidad conservarlos.... con silencio, compresión, renuncia y perdón. Cosas que ni debemos, ni podemos, ni queremos entregar las víctimas directas y espero que tampoco la mayor víctima de todo esto: España y el pueblo español.

 Hoy se ha consumado un acto más de traición a quienes más dieron, pero a quienes tanto cuesta reconocérselo, desde la estúpida poltrona de un falso tribunal de Derechos Humanos, que nos ha condenado a la risa perpetua que ya anunciara De Juana Chaos y hoy continuará la del Río.

 Europa, que se construyó sobre los cimientos de Nüremberg, erigido únicamente con el interés de castigar al culpable, con el sencillo argumento de que a ojos de los vencedores era evidente que lo era, pese a que no hubiera leyes contra los que juzgar los hechos; Europa, que condenó a Rudolf Hess a la cadena perpetua y lo dejó morir en Spandau, sin importarle si su autoría -real o ficticia- era intelectual o directa; Europa, que ejecutó a 13 oficiales alemanes por los crímenes de Katin, pese a saber que los causante de estos crímenes fueron los aliados rusos, con el argumento de que si no era por estos crímenes, sería por cualesquiera otros…

Esa Europa, sobre la que se edificaron Bruselas, La Haya y Estrasburgo, no ha tenido sin embargo el valor de entregar, si quiera una pírrica victoria a España y a sus víctimas, para que no quede ninguna duda de que ETA, su terror, su ponzoña, sus bastardos intereses, han sido derrotados jamás. Y que si han dejado de asesinarnos, es porque maldita la falta que les hace, obviamente.

 Porque sólo los vencedores juzgan y condenan a sus enemigos, a los enemigos de la libertad, de la civilización toda, sin más autoridad que la de saberse vencedores y de poseer la razón y la autoridad física y moral para hacerlo, al margen de lo que digan o dejen de decir tales o cuales normas pensadas para otra cosa y para otros casos.

 Desprecio profundamente a la clase política española que ha permitido esta cobarde entrega de soberanía; que ha debido desear hasta el paroxismo, que fuera Estrasburgo la que cargara con la culpa de la ignominia, para no aparecer ella como culpable de sus pactos y sus concesiones, que ya todos anunciábamos; que ha permitido que ni entonces ni ahora se haya modificado el código penal; que mantiene abierto un mandato de las Cortes para negociar con ETA; que permite su presencia en las instituciones y a la que ha entregado todo el poder que quisieron quitarnos con las balas, sin tener que hacer nada más que soplarnos en la nuca; que ha permitido que un miserable gabinete inglés, con el soporte económico de Sortu, partido legal con presencia institucional, haya sufragado los gastos de defensa de la basura humana que asesinó a mi padre, mientras jamás ha hecho frente a ninguna de sus obligaciones económicas. Una vez más nuestras lágrimas serán sus risas, y nuestros lutos serán sus botellas de champagne.

 Desprecio y un profundo asco, que sin duda retuerce a nuestros muertos en sus sepulturas y cubre de estulticia a nuestros vivos.
 

lunes, 7 de octubre de 2013

"La más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros".

La fiesta de la Santísima Virgen del Rosario fue instituida por el Papa San Pío V para conmemorar la gran victoria cristiana sobre los mahometanos en la Batalla de Lepanto. La Monarquía española y su aliada Génova, junto con Venecia, la Orden de Malta y los Estados Pontificios, barrieron de la mar a la enorme flota turca... y a sus aliados berberiscos. Mandaba la flota católica Don Juan de Austria, en nombre de su hermanastro el santo Rey Don Felipe II.
 
Mientras la batalla transcurría, en Roma el Papa Pío V recitaba el Rosario en su capilla. En eso, el Papa salió de su capilla y, por aparente inspiración, anunció a todos los presentes y con gran calma que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos. Semanas mas tarde llegó el finalmente el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quién, desde un principio, atribuyó el triunfo de cristiano a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario.
La fiesta no sólo conmemora, sino que agradece a la Santísima Virgen su mediación e intervención. Toda la Cristiandad, encabezada por el Sumo Pontífice, rezaba el Santo Rosario durante la batalla.
 

 Ilustración: Batalla de Lepanto, por El Veronés (1528-1588).

martes, 27 de agosto de 2013

Poesía para la RESISTENCIA

A nosotros no nos dieron una bandera prolijamente doblada.
 
A nosotros no nos dieron ninguna pensión.
 
A nosotros nos desprecia la izquierda y la derecha.
 
A nosotros nos soñaron los Dioses encendidos, solitarios, señores de la muerte y del exilio.
 
A nosotros no nos dieron la bandera dobladita de los marines porque nosotros somos los abanderados de los jirones negros , del último infierno un minuto antes del Apocalipsis.
 
Nosotros perdimos todas las guerras y entregamos hasta la última gota de sangre, sin embargo el sol conservó para nosotros sus rayos invictos, y su alegría.
 
Nosotros somos los culpables de todo lo que dice el noticiero, la suma maldad, el origen mismo de todos los males.
 
Es curioso el temor que nos profesan si todas las guerras hemos perdido.
 
Es curioso que quieran perseguirnos de nuevo.
 
Ahora que sólo somos la sangre sobre la nieve, la memoria de niños con uniforme, las espesas cenizas de la guerra civil, la luz cegadora del vacío.
 
Ahora que somos el olvido del olvido; inofensivos héroes del pasado. Hoplitas desnudos, obreros , poetas, agricultores.
 
Ahora que somos la sombra del acero, el eco del silencio, el azotar de las olas en los desembarcos, la espada dormida del exilio, la desazón de la derrota, la raza extinta de los lobos, el cóndor despeñado, el suicidio ritual, la última rosa cultivada antes de subir al tren de los fusiles.
 
Ahora es curioso que , el mundo esté como está si fueron los buenos, los vencedores los que salvaron el mundo , los que doblan las banderas prolijamente cada vez que un pueblo sometido mata a un invasor.
 
Porque no son los nuestros los que arrasaron el mundo, no son las hondas cruces en la nieve, no son las ruinas de Montecassino , no es Mussolini colgado de los pies ni su amante Claretta Petacci, no es la División Azul ni la Falange, no es la impunidad de la posguerra, no son los trabajadores ni los que se mantuvieron fieles a su bandera en la derrota.
 
A nosotros nos perdió la lealtad y la sangre, la antigua tradición de los guerreros, la fe en el sol y en la semilla, la honradez del trabajo y del cultivo.
Por eso a nosotros nadie nos entregará una bandera de sangre y de vacío doblada de vergüenza de ser desplegada.
 
Por eso nuestra bandera es roja como la sangre . Y negra como la última noche del mundo cuando los dioses preparan el amanecer.
 
Juan Pablo Vitali
 

lunes, 29 de julio de 2013

“Usted es un ángel”

A continuación publicamos un artículo extraído del diario El País.
 
Un hombre entra en la sala de espera de cuidados intensivos del hospital Clínico, pero no se sienta. Camina arriba y abajo, nervioso. Se retuerce las manos. Cuando sale un médico a informar a una familia, se lanza hacia él. Pregunta por alguien, una mujer. "Está dormida", musita mientras se da la vuelta y vuelve a su paseo intermitente. Es guardia civil y por eso no quiere dar su nombre. Para la familia de Elisa Soler, una mujer venezolana de 52 años que el miércoles viajaba con su hija en el Alvia accidentado, es "un ángel". Aquella noche, tendida en la vía y con la pierna destrozada, fue él quien estuvo a su lado, cogiéndole la mano, hasta que una grúa levantó el vagón que le oprimía la pierna y pudo ser liberada. "Tengo que verla", repetía ayer el hombre.
 
Y lo consiguió. "¿Tú eres el que la salvaste? Gracias por todo, de verdad. Es mi sobrina. Que Dios te dé mucha fuerza y mucha vida". El encuentro entre la familia de Elisa y el guardia civil emocionó a quien lo presenció en la sala de espera. "He estado en muchos accidentes, en accidentes horribles, pero nada que se parezca a lo que vimos allí. Muertos encima de vivos, personas pidiendo ayuda por todas partes. Recuerdo a un chico que estaba atrapado y golpeaba su móvil contra algo metálico para que le oyéramos, porque no podía hablar. Toc, toc", recordaba ayer el hombre.
 
 "Ella estaba tendida en la vía. Me agaché y me cogió muy fuerte del brazo. Busca a mi hija, me decía. Se llama Verónica y tiene 15 años. Busca a mi hija. Estuve con ella hasta que llegó la grúa, levantaron el vagón y la evacuaron. Tengo que verla", repetía.
Haciendo algunas llamadas, recopilando datos, el hombre llegó a saber dónde estaba ingresada la hija de Elisa. El viernes por la mañana fue a visitarla al policlínico La Rosaleda. La encontró con una pierna y un brazo rotos, pero en bastante buen estado. "La niña, al saber la historia, le dijo que había sido un ángel, y él respondió que no tanto, porque había muchos a los que no habían podido salvar", contaba ayer María Antonia, una de las hermanas de Elisa, recién llegada de Colombia para estar junto a su hermana y su sobrina heridas: "Gracias a lo que él nos ha contado sabemos qué pasó. Suponemos que mi hermana salió volando, despedida del vagón. Estaba atrapada, pero en ningún momento perdió la consciencia. Y debió de aferrarse a él".
 
Elisa no puede hablar, porque está intubada; necesita ayuda para respirar. Pero ayer, según contó su hermana María Antonia, hizo que sí con la cabeza para indicar que se acordaba del guardia civil, claro que se acordaba: "Le recordó perfectamente. Antes de hacerle pasar, le dijimos que había alguien que quería verla. Se emocionó mucho al verle". A la salida, otra vez en la sala de espera, el hombre estaba emocionado. "¿Te conoció?", le preguntó Esther. "Sí, sí", decía él, al borde de las lágrimas. "Contestaba con la cabeza que sí o que no. Le dije que había visto a su hija y que estaba bien, que estuviera tranquila. En la vía me pidió que buscara a su hija, pero la niña ya había sido evacuada, aunque yo no lo sabía", contaba el hombre, aún con los patucos estériles puestos.
 
Al rato se marchó. Seguía emocionado. "Estoy segura de que volverá a visitarla. Se ha ido satisfecho por haberla visto, pero se le ve muy afectado por todo lo que ha sucedido", reflexionaba María Antonia.
 
El hospital Clínico, el que ha tratado a los heridos más graves del accidente del Alvia, tenía ayer 46 personas ingresadas, 27 de ellas en unidades de críticos. Ismael hacía guardia en la puerta de la unidad infantil de cuidados intensivos. Su hija Lucía, de 11 años, se rompió las dos piernas en el accidente. Viajaba con sus tíos, que también resultaron heridos, a Santiago a pasar unos días de vacaciones. "La operaron ayer y está recuperándose. No se acuerda de nada", decía aliviado. Lucía es uno de los tres niños que ayer aún seguían en la UCI pediátrica.

miércoles, 24 de julio de 2013

¡¡¡SIEMPRE PRESENTE!!!

"Si Castilla muere, España muere. Mientras Castilla esté dormida, dormirá España."
 

miércoles, 17 de julio de 2013

En el 77 aniversario del comienzo de la Guerra Civil Española

Se cumple el 77 aniversario del comienzo de la guerra civil española, provocada por un Frente Popular que precisamente no poseía ningún talante democrático, sólo hay que ir a los hechos históricos para esclarecer la verdad. 
 
Los falangistas participaron activamente en aquella guerra de liberación, dejando su sangre, como tantos buenos españoles, por la mejor de las causas, que no era otra que la defensa de Dios, de España y de la justicia, corrompidas por el odio rojo. Un  ejemplo de ésta inquina contra España y a todo lo que representa, por parte de ésta “gente”, fue el repugnante lema “Viva Rusia, muera España”.
Entre otros sucesos, el desencadenante de la guerra fue el asesinato por parte de los socialistas del diputado José Calvo Sotelo. A continuación os invitamos a ver el episodio sobre el hecho, incluido en una serie de 13 capítulos que analiza la Guerra Civil con motivo del 75 aniversario de la contienda, con el título “Mitos al descubierto”. El trabajo, elaborado por el Instituto de Estudios Históricos del CEU, cuenta con dirección y guión de los historiadores Alfonso Bullón de Mendoza y Luis Togores, e incluye gran cantidad de imágenes históricas, así como recreaciones fidedignas elaboradas con elementos de época.

***
José Antonio Primo de Rivera, al igual que Ramiro Ledesma, Onésimo Redondo o Julio Ruiz de Alda, sufrió la saña de aquel Frente Popular, el cuál combatió hasta el último segundo de su ejemplar vida. El 17 de julio de 1936, unos meses antes de ser asesinado por el terror rojo, dejó escrito su último manifiesto desde la cárcel de Alicante:
 
Un grupo de españoles, soldados unos y otros hombres civiles, no quieren asistir a la total disolución de la Patria. Se alza hoy contra el Gobierno traidor, inepto, cruel e injusto que la conduce a la ruina.
 
Llevamos soportando cinco meses de oprobio. Una especie de banda facciosa se ha adueñado del Poder. Desde su advenimiento no hay una hora tranquila, ni hogar respetable, ni trabajo seguro, ni vida resguardada. Mientras una colección de energúmenos vocifera –incapaz de trabajar– en el Congreso, las casas son profanadas por la Policía (cuando no incendiadas por las turbas), las iglesias entregadas al saqueo, las gentes de bien encarceladas a capricho por tiempo ilimitado; la ley usa dos pesos desiguales: uno para los del Frente Popular, otro para quienes no militan en él; el Ejército, la Armada, la Policía, son minados por agentes de Moscú, enemigos jurados de la civilización española; una Prensa indigna envenena la conciencia popular y cultiva todas las peores pasiones, desde el odio hasta el impudor; no hay pueblo ni casa que no se hallen convertidos en un infierno de rencores: se estimulan los movimientos separatistas; aumenta el hambre, y, por si algo faltara para que el espectáculo alcanzase su última calidad tenebrosa, unos agentes del Gobierno han asesinado en Madrid a un ilustre español, confiado al honor y a la función pública de quienes lo conducían. La canallesco ferocidad de esta última hazaña no halla par en la Europa moderna y admite el cotejo con las más negras páginas de la Checa rusa.
 
Este es el espectáculo de nuestra Patria en la hora justa en que las circunstancias del mundo la llaman a cumplir otra vez un gran destino. Los valores fundamentales de la civilización española recobran, tras siglos de eclipses, su autoridad antigua, mientras otros pueblos que pusieron su fe en un ficticio progreso material ven por minutos declinar su estrella; ante nuestra vieja España misionera y militar, labradora y marinera, se abren caminos esplendorosos. De nosotros, los españoles, depende que los recorramos. De que estemos unidos y en paz, con nuestras almas y nuestros cuerpos tensos en el esfuerzo común de hacer una gran Patria, Una gran Patria para todos, no para un grupo de privilegiados. Una Patria grande, unida, libre, respetada y próspera. Para luchar por ella rompemos hoy abiertamente contra las fuerzas enemigas que la tienen secuestrada. Nuestra rebeldía es un acto de servicio a la causa española.
Si aspirásemos a reemplazar un partido por otro, una tiranía por otra, nos faltaría el valor –prenda de almas limpias– para lanzarnos al riesgo de esta decisión suprema. No habría tampoco entre nosotros hombres que visten uniformes gloriosos del Ejército, de la Marina, de la Aviación, de la Guardia Civil. Ellos saben que sus armas no pueden emplearse al servicio de un bando, sino al de la permanencia de España, que es lo que está en peligro. Nuestro triunfo no será el de un grupo reaccionario, ni representará para el pueblo la pérdida de ninguna ventaja. Al contrario: nuestra obra será una obra nacional, que sabrá elevar las condiciones de vida del pueblo –verdaderamente espantosas en algunas regiones– y le hará participar en el orgullo de un gran destino recobrado.
 
¡Trabajadores, labradores, intelectuales, soldados, marinos. Guardianes de nuestra Patria: sacudid la resignación ante el cuadro de su hundimiento y venid con nosotros por España una, grande y libre. Que Dios nos ayude! ¡Arriba España!
 

miércoles, 5 de junio de 2013

Yo se lo explico, señora Aguirre

"No entiendo las furibundas reacciones a suprimir el salario mínimo para algunos trabajadores"
 
 
Carta abierta a Esperanza Aguire Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos y grande de España.
 
 
Ilustrísima condesa,
 
Tal vez para alguien como usted sea difícil de entender por qué hay tanta gente indignada ante la propuesta de abolir el salario mínimo de 641 euros mensuales. Comprendo su distancia: lleva usted más de tres décadas montada en un coche oficial, tiene disponible un puesto de trabajo vitalicio en ese Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid que usted misma creó (89.000 euros anuales por no hacer gran cosa), cobraba como presidenta de Madrid más de 9.000 euros mensuales y ahora, en el sector privado, sin duda supera con creces este salario. Comprendo que la miseria de un contrato basura le quede muy lejos a usted y a su familia, y no entienda a qué viene este revuelo. Yo se lo explico, señora condesa. Yo se lo explico encantado.
 
El salario mínimo ya está suprimido en España para muchísimos trabajadores. No existe para los becarios, esa horda de desamparados que encadenan un contrato en prácticas tras otro y a los que algunas empresas piden que se sigan dejando una asignatura sin aprobar en la carrera para así poder mantener su más que precario puesto de trabajo. No existe para los autónomos, esos autoexplotados a los que en la neolengua del PP llaman “emprendedores” y cuyo número se está disparando en las estadísticas de la Seguridad Social porque cada vez hay menos trabajo. Tampoco hay salario mínimo para la legión de personas que malvive en una economía sumergida que en España ronda el 20%. Ni para las empleadas de hogar, que legalmente pueden trabajar cobrando a partir de cinco euros a la hora. Haga las cuentas, a ver cuántas jornadas limpiando baños necesitaría para pagar la calefacción de su casa, ese palacete en el centro de Madrid que tiene unos techos tan altos que calentarlos le salía por un pico (que recuerde, este drama, y la ausencia de pagas extras en su sueldo cienmileurista, fueron sus mayores apuros económicos conocidos).
 
La “reacción furibunda”, señora Aguirre, la provoca también la ignorancia del gobernador del Banco de España, que receta para el país una medida milagro que ya existe. Claro que hay trabajadores que cobran menos del salario mínimo, y no solo por los becarios, autónomos, empleadas del hogar y sufridores de la economía sumergida. Esos minijobs, de los que tanto se habla, ya están en nuestra legislación laboral. Los contratos a tiempo parcial –eso son los minijobs en Alemania– ya existen y se pueden pagar sueldos por debajo de los 641 euros mensuales. Según explica el propio Ministerio de Empleo, el salario mínimo es para la jornada completa; si se trabaja a tiempo parcial, los 641 euros de miseria se prorratean.
 
Pero lo que más enoja, señora Aguirre, es que desde el Banco de España – antes con MAFO, ahora con Linde– se dediquen a vendernos crecepelos para la economía y opinen de todo menos de su negociado, que está para pocas bromas. En un país que ha tenido que rescatar a su sector financiero hipotecando a varias generaciones, que padece un colapso en el crédito que está ahogando a miles de empresas, que sufre un gravísimo problema con los desahucios, ¿qué hace el Banco de España dando lecciones en vez de pedir disculpas?
 

lunes, 13 de mayo de 2013

Guardia Civil, los primeros de la "clase".

Su historia, su sacrificio y su lucha contra ETA les ha convertido en la institución mejor valorada por los españoles.
 
El generalizado descrédito institucional no ha rozado siquiera a la Guardia Civil; todo lo contrario. El último barómetro del CIS (abril) avala el trabajo de este Cuerpo hasta el punto de ser la institución mejor valorada por los españoles (5,71), un dato que se fortalece, si se tiene en cuenta que solo tres instituciones aprueban: la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía y las Fuerzas Armadas.
Las claves de esta posición son varias, según las fuentes consultadas, que coinciden en algunos puntos: la profesionalidad, demostrada a lo largo de sus 169 años de historia (pese a los episodios oscuros); el doble componente policial y militar, que les confiere una diferencia respecto al resto de Cuerpos; su espíritu de sacrificio y el papel fundamental que muchos españoles le atribuyen (las cifras lo confirman) en la derrota de la banda terrorista ETA.
 
«A ETA la hemos vencido nosotros, con nuestro sudor y nuestra sangre. También la de nuestros hijos. Pese a que salgan políticos atribuyéndose el éxito, la gente sabe la verdad», reflexiona un comandante del Cuerpo.

Sin corrupción

El CIS evidencia, cada vez más, el disgusto de los ciudanos con la corrupción y los hombres de verde han logrado, de momento, mantenerse en una posición neutral. «Sobre todo en Cataluña somos el único cuerpo policial que no está implicado en casos extraños. No estamos tan politizados como los Mossos y no nos prestamos a ciertos juegos como la Policía en campaña electoral», recalca otro miembro del Cuerpo.
Muchos guardias sostienen en público y en privado que la suya es una labor callada y cercana y eso lo perciben los españoles. La proximidad geográfica, su presencia en los pueblos, es un elemento que siempre les ha favorecido. Vivir donde trabajan, acabar el turno y seguir con el vecino de al lado. «Saben que siempre pueden contar con nosotros. No hacemos menos por cobrar poco. Hay mucha y firme vocación en esta Casa».
 
Pablo González Pola, director de la Cátedra CEU de Cultura de Defensa aporta más argumentos: «Están dando un ejemplo a la democracia, pese a sus sueldos que bajan, el riesgo que asumen, no hay apenas protestas». A su juicio, el reconocimiento a toda una trayectoria se lo han ganado a pulso y la gente lo demuestra cada vez que hay un acto público o un desfile.
 
Pola señala que la Guardia Civil ha quedado al margen de la corrupción. «No es baladí ni casual que tanto este Cuerpo como la Policía y las Fuerzas Armadas encabecen esa lista de valoración. Son un ejemplo de garantes de que se cumpla la ley, en unos tiempos donde muchos la están vulnerando».

Servicios humanitarios

El escritor Lorenzo Silva, creador de una saga de novelas protagonizadas por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro y que mantiene una estrecha relación con el Cuerpo, amplía los motivos: «Son los mejor valorados porque son profesionales, sacrificados, trabajadores, serios y rigurosos. Y lo transmiten con solo verlos. También porque frente a lo que hacen otros, ellos mismos se ocupan de limpiar sus propias manzanas podridas, y lo hacen sin miramientos. Quienes los conocen saben que nada de lo anterior les impide ser humanos y tener corazón».
 
«Jueces y fiscales confían en nosotros por nuestra rigurosidad. Tenemos fama de hacer las mejores instrucciones», concluye un capitán de Policía Judicial. Otro mando añade: «No tratamos a nadie, ni siquiera a los detenidos, como si fuéramos más que ellos. Respetamos a todos y somos conscientes que somos aquella parte de la ciudadanía a la que han confiado la seguridad. Somos ciudadanos».
Esto es así, al menos sobre el papel, desde sus inicios hace 169 años. El artículo sexto de la famosa Cartilla del Guardia Civil lo resalta: «El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores, ni temible sino a los enemigos del orden. Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, y que a su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y por último, siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos».
 
La nómina de factores sigue, pero no se puede olvidar uno fundamental: su carácter humanitario. Han pasado de asistir a quienes se extraviaban en los caminos a rescatar a miles de inmigrantes. Cuando una patera está en apuros, no es infrecuente que la llamada de auxilio la reciba la propia Guardia Civil, y frente a otras imágenes no están tan lejos los años en que eran los agentes los que proporcionaban sus mantas y su comida a quienes llegaban ateridos y asustados a las costas canarias, cuando apenas había recursos para esa atención.
 
Ahora el CIS, los españoles les premian con su reconocimiento. Atrás quedaron los años de plomo y los ataúdes con los muertos de uniforme sacados de las iglesias con el único amparo de la clandestinidad.
 

viernes, 12 de abril de 2013

Es exactamente igual

Con un bebe en brazos, una mujer muy asustada llega al consultorio de su ginecólogo y le dice:

- Doctor: por favor ayúdeme, tengo un problema muy serio.
Mi bebé aún no cumple un año y ya estoy de nuevo embarazada.
No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre uno y otro.....
...
El médico le preguntó:
- Muy bien, ¿qué quiere que yo haga?

Ella respondió:
- Deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda.

El médico se quedó pensando un poco y después de algún tiempo le dice:
- Creo que tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para usted.

La mujer sonrió, pensando que el médico aceptaría ayudarla.
Él siguió hablando:
- Vea señora, para no tener que estar con dos bebés a la vez en tan corto espacio de tiempo, vamos a matar a este niño que está en sus brazos.
Así usted tendrá un periodo de descanso hasta que el otro niño nazca.
Si vamos a matar, no hay diferencia entre uno y otro de los niños.
Y hasta es más fácil sacrificar éste que usted tiene entre sus brazos puesto que usted no correrá ningún riesgo.

- La mujer se asustó y dijo: ¡No, doctor! ¡Que horror! ¡Matar a un niño es un crimen!

- También pienso lo mismo, señora, pero usted me pareció tan convencida de hacerlo, que por un momento pensé en ayudarla.

El médico sonrió y después de algunas consideraciones, vio que su lección surtía efecto.
Convenció a la madre que no hay la menor diferencia entre matar un niño que ya nació y matar a uno que está por nacer, y que está vivo en el seno materno.

¡ EL CRIMEN ES EXACTAMENTE EL MISMO !

domingo, 31 de marzo de 2013

¡Resucitó!

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.“

lunes, 11 de febrero de 2013

El Papa renuncia

«Queridísimos hermanos. Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.

Después... de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.

Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.

Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.

Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria. Vaticano, 10 de febrero 2013».

miércoles, 30 de enero de 2013

Hacen falta muchos José María



Un cartel visto en la red, donde el dueño de un bar de Mallorca ofrece un plato de caliente a familias en paro y sin ingresos, me ha hecho recordar una anécdota que viví de pequeño.
Enfrente de la tienda de mi padre, estaba el bar de José María. José María era, es, sigue vivo aunque anciano y dedicado a sus paseos y sus tertulias de jubilado, lo que comúnmente denominaríamos una “mala bestia”. Gordo, grande, cara de ogro, mal genio siempre encima, del que se revestía todas las mañanas y una fuerza descomunal... un Shrek avant la lettre.



Mi padre siempre me decía que José María era una de las mejores personas que me podría encontrar. Y lo cierto es que no le creí hasta...
Hasta que sucedió. Cuando era niño, ver mendigos era mucho más raro que ahora, pero, como con las meigas, se puede decir eso de que “haberlos haylos”. Un día, coincidiendo con uno de esos raros momentos en que mi padre dejaba el mostrador y se permitía un descanso, a punto de zamparme un curasán (y es que siempre he sido un tragaldabas) en el mostrador del bar de José María, entró uno. Un mendigo como de película: ropa raída y remendada, aseado y muy educado, eso si, que, con una humildad infinita le pidió dinero a José María para poder comer.
José María, con un vozarrón que haría temblar a los apóstoles de la Catedral de Valencia, y una cara de mala leche que merecía un oscar al mejor actor malvado, le espetó que dinero, ni un duro (amigos que no conocisteis la peseta, que alguien os cuente lo que era eso), pero que se sentara. Le preparó un bocata de jamón, de ese jamón que recibía de Teruel y que jamás he probado igual, le puso una frasca de vino y le dijo: “Cómetelo aquí”.
El mendigo, con unos ojos como platos, le dijo: “Vuelvo enseguida”.

Yo creo que nadie entre los presentes hubiera apostado lo más mínimo por la vuelta del mendigo. Bueno, José María si, porque algo debió ver en sus ojos que le hizo mantener bocata y frasca en su sitio.

Ya en la tienda de mi padre, vi al mendigo entrar de nuevo. Iba con un niño más pequeño que yo lo era entonces. Como en aquellos momentos los coches no eran un excesivo problema para la seguridad vial de los peatones, me escapé de la tienda y fuí de nuevo al bar.

El mendigo estaba sentado, viendo a su hijo comer el bocata que José María le había preparado para él. José María, mientras, había preparado otro bocata, y abierto una pepsicola para el chaval.

El mendigo se deshizo en gracias cuando terminaron de comer, y aun antes. José María, mudo como una esfinge, solo habló al final, cuando se fueron. Le dijo: “toma”. Y le arreó un verde. Un billete de mil pelas, si señor, de los Reyes Católicos. (Creo recordar que una barra de pan costaba unas tres o cuatro pesetas por aquel entonces).

Cuando vi salir al mendigo, lívido, agradecidisimo y a punto de pillar un botón de lágrimas infinito, entendí lo que mi padre me decía: José María era una de las mejores personas que me podría encontrar.