domingo 11 de marzo de 2012

De una profesora....

Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 50 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña".
Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba "Semillitas", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.

En Primaria estudiábamos Lengua , Matemáticas Ciencias , no teníamos Educación Física. En 7º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.

En Bachiller, estudié Historia de España, Latín, Literatura y Filosofía.

Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...

Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y.. vamos con la Gramática.

En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante";
el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente".

¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene entidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "-nte".

Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice
"estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.

Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española ? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes
(a ellos y a sus seguidores).

Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto.
Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el
proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el
artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!

Difundamos esto, pues no es lo mismo tener UN CARGO PÚBLICO que ser UNA CARGA PÚBLICA.

BESOS...BESAS....

domingo 4 de marzo de 2012

4 DE MARZO. MITIN EN VALLADOLID

Desde el mitin de la Comedia al resonante de Valladolid transcurrieron diecisiete semanas justas. Resumía José Antonio este período diciendo en FE: "En estas diecisiete semanas, los nuestros han sabido padecer la cárcel, las heridas, las persecucíones, la muerte y, lo que es peor todavía, las taimadas maniobras de los fariseos; pero en estas diecisiete semanas es infinitamente más lo que el enemigo ha padecido, y sobre todo es infinitamente  más lo que ha ganado España.

"El 4 de marzo fue un día frío, destemplado, mesetero. Concurrieron a Valladolid nacionalsindicalistas de diversas provincias, de sus pueblos y aldeas. Hubo siempre allí, bajo la capitanía de Onésimo Redondo, un núcleo combativo y ardiente de jonsistas, ejemplo y emulación para toda España. Y su acción empecinada y valiente tenía de siempre en jaque a las poderosas organizaciones socialistas y sindicalistas del campo y la ciudad. El mitin representaba la presentación al público de Falange Española de las J. O. N. S. después de la fusión. Era en realidad el primer acto "fascista" puro. Por eso, desde las primeras horas del día la capital castellana tomó el aire desolado de las ocasiones dramáticas, de cuando el odio desata la huelga general y el motín acecha tras de las esquinas.

Gran aparato de guardias de a pie y a caballo, de policías. Y en la calle una muchedumbre proletaria rencorosa, indudablemente armada y dispuesta a la violencia, que recibía con gritos hostiles a los autobuses de falangistas o simpatizantes, decididos a entrar en el teatro Calderón para escuchar a Bedoya, Palma, Ruiz de Alda, Onésimo Redondo Ledesma Ramos  y  José Antonio, que eran los oradores anunciados. Los falangistas -esto se hizo costumbre para lo sucesivo eran cacheados al llegar a la ciudad y al entrar en el teatro. No sucedía lo mismo con los miles de extremistas que invadían amenazadoramente las calles. Pero había ya tanto temor como odio en los adversarios. Así pudieron darse casos como éste: con la bandera rojinegra al frente, un puñado de camaradas de Santander atravesó en formación la ciudad, hasta el mismo Calderón, sin que fuera       agredi do .En el teatro se mostraba ya el ritual casi de nuestros actos. Profusión de banderas nacionalsindicalistas. Miles de personas jóvenes en su mayoría-, labriegos, abarrotándolo.Todavía no se llevaba la camisa azul-decretada por José Antonio en el primer Consejo Nacional de octubre siguiente-, ni formaban las escuadras de primera línea para mantener el orden. Pero los camaradas de Valladolid, distribuidos convenientemente, hubieran impedido cualquier intromisión  perturbadora.

A las once, bajo el bosque de brazos en alto y los vítores entusiastas, José Antonio y los oradores penetraron en la sala, ardiente ya de expectación y de pasión. Hablaron los que se había dicho: Ruiz de Alda, con aquella su palabra franca de militar y de navarro; Onésimo,  con su ardor y su castellano preciso e inflamado; Ledesma Ramos, con una oratoria tajante, de hombre asordado, más hecho a la meditación y al escrito que a la tribuna, y José Antonio,con un verbo de filigrana y precisión y una elegancia intelectual que siempre le preservó del vicio del latiguillo. Y la masa humana comprendió ser testigo de la aparición inteligente y esforzada de un movimiento nuevo, revolucionario y tradicional a la vez, con jefes de valía y con una mítica que los españoles todos habían de sentir y acariciar en sus corazones y en sus mentes y que habría de empujarles al sacrificio para salvar y levantar a la Patria. Había ya en el salón las filas de butacas de "bien pensantes" -flagelados más tarde por la pluma garbosa de Sánchez Mazas-, defraudados porque, según sus jefes, la Falange no era un arrebato reaccionario, pero que no podían sustraerse a la belleza emotiva, a la calidad sentimental de un mitin tan distinto a los que celebraban los partidos políticos. Y la gran muchedumbre labriega, juvenil y obrera, se mostró en un frenesí delirante, rodeando a JoséAntonio -con tan clara confianza entusiasta, que desde aquel día hasta los más escépticos comprendieron que era el Jefe indiscutible del nuevo movimiento espiritual, militar y social elegido para reconstruir a la España víctima de los embates de las tendencias parciales. Las manos callosas de los labradores castellanos-"no os llamo agrarios, había dicho certeramente Onésimo, porque esa palabra me da asco"-estrechaban la de José Antonio, y el público iniciaba el desfile hacia la calle, cuando sonaron las primeras descargas de los pistoleros marxistas. Apenas abiertas las puertas del Calderón, el concierto de tiros disparados contra los asistentes al acto comenzó por todo Valladolid. La fuerza pública pretendió cerrar de nuevo el teatro -al que pudieron entrar cuantos quisieron, según norma que Falange observó siempre para sus reuniones de propaganda-, mientras despejaba los alrededores, sin cargar, ni mucho menos, contra la muchedumbre marxista y anarquista que lo cercaba. Pero a la puerta llegaron José Antonio y los demás camaradas caracterizados.Una breve disputa con el jefe de las fuerzas de Asalto y las puertas fueron abiertas de nuevo.José Antonio al frente -unos metros detrás, sus mismas hermanas y otras camaradas-, los falangistas salieron a la calle bajo un diluvio de balazos. Tras de cada esquina y en cada bocacalle había pistolas humeantes que agotaban el cargador. Se les respondió y se les hizo huir. No obstante los cacheos, siempre hubo ingenio en los falangistas para ocultar las pocas armas de que podían usar. Y durante más de dos horas Valladolid vivió, los balcones cerrados, en la calle dos masas contendientes que por primera vez se reconocían y una fuerza pública que atacaba más bien a los agredidos que a los agresores, un anticipo de la guerra civil. Hubo varios heridos, en su mayoría rojos. Éstos se vengaron asesinando a un estudiante,Abella, que posiblemente no había estado ni en el mitin, matándolo a golpes de porra en una calle excéntrica. Por la tarde hubo revista de la primera línea vallisoletana en un campo que la J. O. N. S. tenía cerca de la Rubia.

 Y, sin novedad, José Antonio y sus camaradas regresaron satisfechos a Madrid. En este viaje, según Juan Aparicio, fue donde, por iniciativa de JoséAntonio y como señal de hermandad, se decidió hablarse todos los camaradas de tú.

Historia de la Falange Española de las J.O.N.S.
Francisco Bravo Martínez

lunes 27 de febrero de 2012

NOSOTROS...

A nosotros no nos dieron una bandera prolijamente doblada. A nosotros no nos dieron ninguna pensión. A nosotros nos desprecia la izquierda y la derecha. A nosotros nos soñaron los dioses encendidos solitarios señores de la muerte y del exilio. A nosotros no nos dieron la bandera dobladita, de los marines porque nosotros... somos los abanderados de los jirones negros del último infierno un minuto antes, del Apocalipsis.
Nosotros perdimos todas las guerras y entregamos hasta la última gota de sangre sin embargo el sol conservó para nosotros sus rayos invictos, y su alegría. Nosotros somos los culpables de todo lo que dice el noticiero la suma maldad, el origen mismo de todos los males. Es curioso el temor que nos profesan si todas las guerras hemos perdido. Es curioso que quieran perseguirnos de nuevo. Ahora que sólo somos la sangre sobre la nieve la memoria de niños con uniforme las espesas cenizas de la guerra civil la luz cegadora del vacío. Ahora que somos el olvido del olvido inofensivos héroes del pasado Hoplitas desnudos, obreros Poetas, agricultores. Ahora que somos la sombra del acero el eco del silencio el azotar de las olas en los desembarcos la espada dormida del exilio la desazón de la derrota la raza extinta de los lobos el cóndor despeñado el suicidio ritual la última rosa cultivada antes de subir al tren de los fusiles. Ahora es curioso que el mundo esté como está si fueron los buenos, los vencedores los que salvaron el mundo los que doblan las banderas prolijamente cada vez que un pueblo sometido mata a un invasor.
Porque no son los nuestros los que arrasaron el mundo no son las hondas cruces en la nieve no son las ruinas de Montecassino no es Mussolini colgado de los pies ni su amante Claretta Petacci no es la División Azul ni la Falange no es la impunidad de la posguerra no son los trabajadores ni los que se mantuvieron Fieles a su bandera en la derrota. A nosotros nos perdió la lealtad y la sangre la antigua tradición de los guerreros la fe en el sol y en la semilla la honradez del trabajo y del cultivo. Por eso a nosotros nadie nos entregará una bandera de sangre y de vacío doblada de vergüenza de ser desplegada. Por eso nuestra bandera Es roja como la sangre y negra como la última noche del mundo cuando los dioses, preparan el amanecer.
  Juan Pablo Vitali

viernes 17 de febrero de 2012

Trabajo

Hace casi un siglo, Chesterton, analizando la obra de Aldous Huxley Un mundo feliz, donde se nos describe una sociedad futura sometida a un feroz proceso de alienación, escribía:

—Pero esta misma obra se está realizando en nuestro mundo. Son gente de otra clase quienes la llevan a cabo, en una conspiración de cobardes. (...) Nunca se dirá lo suficiente que lo que ha destruido a la familia en el mundo moderno ha sido el capitalismo. Sin duda podría haberlo hecho el comunismo, si hubiera tenido una oportunidad fuera de esa tierra salvaje y semimongólica en la que florece actualmente. Pero, en cuanto a lo que nos concierne, lo que ha destruido hogares, alentado divorcios y tratado las viejas virtudes domésticas cada vez con mayor deprecio, han sido la época y el poder del capitalismo. Es el capitalismo el que ha provocado una lucha moral y una competencia comercial entre los sexos; el que ha destruido la influencia de los padres a favor de la del empresario; el que ha sacado a los hombres de sus casas a la busca de trabajo; el que los ha forzado a vivir cerca de sus fábricas o de sus empresas en lugar de hacerlo cerca de sus familias; el que ha alentado por razones comerciales un desfile de publicidad y chillonas novedades que es por naturaleza la muerte de todo lo que nuestras madres y nuestros padres llamaban dignidad y modestia.

Chesterton definía el capitalismo como una «conspiración de cobardes», porque tal proceso de alienación social no lo desarrolla a las bravas, al modo del gélido cientifismo comunista, sino envolviéndolo en coartadas justificativas más o menos merengosas (pero con un parejo desprecio de la dignidad humana). Lo vemos en estos días, en los que se nos trata de convencer de que una reforma laboral que limita las garantías que asisten al trabajador en caso de despido o negociación de sus condiciones laborales... ¡favorece la contratación! Es algo tan ilógico (o cínicamente perverso) como afirmar que el divorcio exprés favorece el matrimonio, o que la retirada de vallas favorece la propiedad; pero el martilleo de la propaganda y la ofuscación ideológica pueden lograr que tales insensateces sean aceptadas como dogmas económicos. Lo que tal reforma laboral favorece es la conversión del trabajador en un instrumento del que se puede prescindir fácilmente, para ser sustituido por otro que esté dispuesto a trabajar —a modo de pieza de recambio más rentable— en condiciones más indignas, a cambio de un salario más miserable. Pero toda afirmación ilógica encierra una perversión cínica: del mismo modo que de un divorcio se pueden sacar dos matrimonios, de un despido también se pueden sacar dos puestos de trabajo (y hasta tres o cuatro); basta con desnaturalizar y rebajar la dignidad de la relación laboral que se ha roto, sustituyéndola por dos (y hasta tres o cuatro) relaciones degradadas, en las que el trabajador es defraudado en su jornal. Y defraudar al trabajador en su jornal es un pecado que clama al cielo; lo recordaba todavía Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens.

Lo que subyace en esta reforma laboral es la conversión del trabajo en un mero «instrumento de producción»; en donde se quiebra el principio medular de la justicia social, que establece que «el trabajo es siempre causa eficiente primaria, mientras el capital, siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o causa instrumental» (Laborem exercens, 12). La quiebra del orden social del trabajo, la «conspiración de los cobardes» que avizorase Chesterton hace casi un siglo, prosigue implacable sus estrategias. Y llegará, más pronto que tarde, la venganza del cielo.

www.juanmanueldeprada.com

jueves 9 de febrero de 2012

9 de febrero

‎9 febrero, Palabras y gesto de Ramiro Ledesma Ramos hacia un camarada caido.

Matías Montero

El día nueve hizo justamente un año que murió asesinado por los marxistas este joven camarada. Lo recordamos aquí con especial mención porque al fundarse LA CONQUISTA DEL ESTADO, en 1931, la primera carta de adhesión que recibimos, y que conservamos ahora como documento precioso, fue la de Matías Montero ..., que entonces contaba apenas dieciocho años.

Pertenecía, pues, a los primeros grupos de jóvenes españoles que enarbolaron la bandera nacional y revolucionaria frente a la reacción y frente al marxismo. ¡Honor a su memoria, camaradas!

Siguió las peripecias de las diversas organizaciones que surgieron. Estuvo en las J.O.N. S. Estuvo en F.E., pero podemos asegurar que era un jonsista auténtico, y que en estas horas por que atravesamos, de depuración y de reencuentro de nosotros mismos, estaría aquí, en las filas de las J. O. N. S., sin vacilación alguna.

¡Tu muerte, Matías Montero, es de las que obligan! ¡Y no debía volver el sueño a los ojos ni la sonrisa a los labios de quien no sea capaz de permanecer con honor, capacidad y limpieza en las filas mismas donde tú estuviste!

(«La Patria Libre», n. 1, 16 - Febrero - 1935)

sábado 4 de febrero de 2012

sábado 28 de enero de 2012

Adiós a un héroe sencillo. Adiós al “león de Possad”.

Resulta difícil, muy difícil, acostumbrarse a pronunciar un adiós y despedirse hasta el cielo, a musitar una oración e invocar un viejo y nostálgico “¡Presente!” mientras inconscientemente, como un susurro, entonamos un “si-la-sol…re-sol-la-si” clandestino, simplemente porque nos sale del corazón y porque muchos seguimos creyendo que es la mejor despedida para aquellos que hicieron de su vida una lección de servicio y sacrificio. ¡Qué difícil resulta decir adiós a uno de nuestros héroes sencillos y olvidados en los pliegues de la historia! ¡Qué duro es saber que poco a poco, aquellos hijos de estirpe hispana a los que hemos admirado, por razón de calendario, nos abandonan para formar el pequeño rosario de cuentas que con sus nombres conformamos cuando acudimos a rezar por ellos cada diez de febrero!
 
 
En silencio, como tantos otros, sin más reseña que la dolorosa llamada del amigo que te dice con voz entrecortada “Chano se ha ido”, se ha marchado un héroe. Se llamaba y, para los que le conocimos, se llama Juan Carreras Barceló, rebautizado por nosotros como “el león de Possad”. Estoy seguro que sus viejos camaradas, entre ellos Vicente Mas, también recientemente fallecido, habrán formado para recibirle en sus filas; a buen seguro que con un ramo de flores y con una sonrisa le esperaba para con paso firme acompañarle en su nueva singladura Amelia, su esposa y compañera, fallecida hace unos meses. Siempre les había visto juntos en los actos en recuerdo de los caídos de la División Azul que cada año se realizan en Alicante. Ella se desvivía por él cuando la vista primero y la memoria después comenzaban a fallarle. Frente al Alzheimer ella era su brazo y su aliento, la que compartía con él su pasión divisionaria, y Chano, valiente hasta el final, fiel a su compromiso, se ha dejado llevar para unirse a ella en esa eternidad para la que Amelia había vuelto a bordar con hilos rojos, en una camisa azul, un yugo y unas flechas . No hubiera podido, fiel a su cita, estar sin ella este año con nosotros. Todos echaremos en falta una presencia que lo era todo. En mi archivo guardo una colección de fotos de los jóvenes que pugnaban por retratarse con el héroe y la sonrisa con la que los atendía.
 
 
Recuerdo con la gracia con la que Chano nos contaba sus aventuras y desventuras en el Alicante republicano tras afiliarse a la Falange. Un adolescente que supo lo que era la violencia política de quienes hacían de la “caza del fascista” un deporte. Se libró de la muerte pero decenas de sus camaradas fueron asesinados en el Alicante rojo dominado por los anarquistas. En 1941, como tantos otros, se alistó en la División Azul. Con gracia solía contar, como si tal cosa, como si no fuera con él, su particular campaña de Rusia. Aquel muchacho -caprichos del destino- acabó filiado en la 2ª Compañía de Antitanques, donde estaban la mayor parte de los falangistas más conocidos (Ridruejo, Aznar, los Vernacci, los García Noblejas, Sotomayor…): “yo estaba un poquito acomplejado entre tanta gente importante. Allí estaba yo codeándome con los jefes”. Una compañía pletórica de falangistas, de hombres que estaban allí por idealismo como el azul sargento Patiño que tenía otros cuatro hermanos en la División Azul. Todavía, hace unos años, Chano recordaba la imponente nevada que les recibió en Novaja-Mjelnitza: “mira que hacía frío”. Con la 2ª de Antitanques cruzó el Voljov para llegar hasta Sitno y Chano hizo alguna peligrosa excursión hasta el poblado de Russa. El avance paralelo al río se paralizó. Los alemanes ordenaron a Muñoz Grandes que con sus hombres acudiera a cubrir las posiciones de Otensky y Possad. Mantenerlas era vital para asegurar las comunicaciones propias e impedir el avance ruso sobre las posiciones alemanas. Allá fue la 2ª de Antitanques y allí, Chano se portó como un héroe. Era imposible frenar a los tanques rusos. Su blindaje hacía que rebotaran los proyectiles y las granadas, pero allí estaba Chano. Contaba su hazaña desde la más absoluta humildad. Descubrió que tirando las granadas con efecto conseguía acertar al tanque y a esos se dedicó Chano. Lo que, tal y como lo contaba, parece muy fácil y nada peligroso, pero… Así ganó la Cruz de Hierro que orgullosamente siempre lucía en el ojal de su chaqueta. Chano era un ejemplo de aquellos muchachos, valientes a la locura, pero ni locos ni desquiciados, que allí entre Otensky y Possad cantaban:
 
 
Los rusos creían, creían
 
 
Que con alemanes se tropezarían.
 
 
Eran españoles los que allí habían…

A su vuelta Chano no quiso la tranquilidad, y ese es el ejemplo que nos brindó a cuantos le conocimos. Siguió fiel a los ideales que le llevaron a Rusia y hasta hace muy poco ha estado al frente de la Hermandad de la División Azul alicantina, porque él quiso ser hasta el final aquel joven jabato que peleaba como nadie en las trincheras del frente ruso. Con estas sentidas líneas quiero despedirle y que, al menos, un puñado de españoles tengan noticia de la muerte de un valiente español.

Francisco Torres

sábado 21 de enero de 2012

viernes 13 de enero de 2012

Combate de Edchera


 Fue el 13 de enero de 1958, donde intervino la XIII Bandera y dentro de ella la 2ª Compañía en el ataque frontal y la 3ª en el envolvimiento que hizo por el flanco izquierdo (norte). En el mismo perdieron la vida o fueron heridos en combate varios legionarios de los que habían venido de Larache con la 3ª Cía de la VII Bandera, como es el caso, entre otros, del Tte. Gamborino de esta Compañía. Así nos describe el combate de Edchera el General Mariñas:
"El día 13 de enero de 1958, la XIII Bandera al mando del Comandante Rivas Nadal, salió de El Aaiún a las 7 de la mañana, ahora por la orilla derecha de la Saguia, en dirección a Edchera, con la misión de ejecutar un reconocimiento sobre esta zona y obtener información de contacto. En vanguardia marchaba la 2ª Compañía, al mando del Capitán Jáuregui, con la misión de alcanzar rápidamente el paso de Edchera por el este. La Compañía, mandada por el Teniente Vizcaíno, progresaba por el mismo borde de la Saguia cubriendo el flanco derecho del dispositivo. La 1ª Compañía, del Capitán Girón Mainar, en reserva, vigilaba el flanco este. La 5ª Compañía, de apoyo, mandada por el Capitán Villar, contaba con 1 pelotón de ametralladoras y 1 Sección de morteros de 81, ya que el resto de las armas habían sido asignada a las Compañías de fusiles.

La Bandera progresaba rápidamente por los llanos de Ammat Amasir y tras rebasar el pozo de Bujcheibia y encontrándose a unos 2.000 metros de Edchera, recibió los primeros disparos de un enemigo que ocupando bastante frente estaba perfectamente cubierto de vistas y fuegos aprovechando las trincheras y oquedades en el borde este de la Saguia. En la otra orilla, en la zona del Meseied había otro grupo que intervino con posterioridad. La Compañía de vanguardia avanzó para establecer contacto con el enemigo y fijarlo, por lo que la Sección del Teniente Gamborino marchaba en primer escalón y estaba dotada de vehículos ligeros, se lanzó a toda velocidad sobre el adversario, siendo detenida enseguida por el intenso fuego que recibió a resultas del cual fue muerto su Teniente.

La Bandera inició un movimiento de envolvimiento por el sur que llevó a cabo la 1ª Compañía, mientras la 2ª y 3ª fijaban al adversario. Estas, a pesar de la fortísima resistencia que encontraron, avanzaron hasta alcanzar una línea jalonada por el borde de la Saguia a unos 100 ó 300 m de las posiciones enemigas. No obstante, el Capitán Jáuregui, con la Sección del Teniente Carrillo, logró adelantarse y alcanzar el paso, llegando hasta el fondo de la Saguia en una zona en que su lecho estaba salpicado de numerosos y pequeños montículos, mientras que la otra Sección de la Compañía, mandada por el Teniente Ochoa, intentaba sin éxito el asalto sobre una de las pequeñas alturas al oeste de la entrada del paso.

El Capitán Jáuregui, llevado de un enorme espíritu de acometividad y tratando de impedir el posible repliegue del contrario a través del cauce hacia Tafudart, siguió avanzando con sus legionarios, teniendo que sostener un violentísimo combate a corta distancia con un núcleo que los envolvió al que se añadió otro muy numeroso que descendió del Meseied, muriendo él y todos los hombres que le seguían.

Mientras tanto la 3ª Compañía que, como dijimos anteriormente, marchaba flanqueando por el mismo borde este de la Saguia, al alcanzar un gran espolón que se adentraba sobre su cauce, recibió un fuego muy nutrido del enemigo, resultando muerto el Teniente Gómez Vizcaíno y herido el Teniente Lafuente. A continuación, el adversario intentó desbordar a la Compañía por el norte, por lo que se decidió sacar a la 1ª Compañía de la posición alcanzada al sur de Edchera, dándole la misión de reforzar a la 3ª al mismo tiempo que una de sus Secciones, la del Brigada Fadrique, fue asignada a la Compañía del Capitán Jáuregui. El enemigo, cuyos efectivos se estimaron en unos 500 hombres, rompió el contacto durante la noche debido al enorme quebranto sufrido, retirando el armamento de sus bajas.

En el reconocimiento efectuado al amanecer se evacuaron a nuestros muertos y se encontraron unos 50 cadáveres del adversario estimándose que sufrió otras 200 bajas más. Por nuestra parte hubo que lamentar las muertes del Capitán Jáuregui, Tenientes Gómez Vizcaíno y Martín Gamborino, Brigada Fadrique, Sargentos Simón González, Arroyo y Fernández Valverde, 4 Cabos primeros, 4 Cabos y 22 legionarios, en total 37 muertos. Heridos: 2 Tenientes, 2 Sargentos, 3 Cabos primeros, 6 Cabos y 37 legionarios, en total 50. A estas bajas hay que sumar las de 1 Cabo primero muerto y un Cabo herido de la 2ª Compañía de la IV Bandera que había acudido a reforzar a la XIII. Por esta acción les sería concedida la Cruz Laureada de San Fernando al Brigada Francisco Fadrique Castromonte (un veterano del 3er Tercio) y al legionario Juan Maderal Oleaga".

Por su parte, el Comandante Cruz, que entonces era Sargento y conocía personalmente a muchos de los procedentes del 3er Tercio que combatieron en Edchera, nos aporta la siguiente información de esta acción:

"El 13 de enero de 1.958 fue la 3ª Sección de la 1ª Compañía de la XIII Bandera la que padeció el mayor número de bajas. La mandaba el luego laureado Brigada Fadrique y a ella pertenecía el también laureado en la misma acción Maderal Oleaga. En ese combate murieron, además de los dos citados, mi Cabo 1º instructor Germán Hevia Vallina, el Cabo 1º Jaime, una institución de la VII Bandera, y otros 32 hombres más, amén de otros tantos heridos. Incluso también murió el perro Disciplina, cedido a la 3ª por mi Compañía (la 5ª de máquinas). El Teniente Martín Gamborino, también procedente del 3er Tercio, participó en el combate, al igual que otros muchos, como observador impotente y su muerte se produjo de forma fortuita, un rebote. En el combate de Edchera tomaron parte amigos míos con experiencia en acciones de nuestra Guerra Civil y en la División Azul".

Por último, del libro La última Guerra de Africa del General Casas de la Vega, que ha estudiado con rigor y escrito mucho sobre ésta y otras operaciones en lo que fue el África Occidental española, extraemos la siguiente síntesis:
"La operación era necesaria. La Bandera no llevaba Artillería; su base de fuego era, pues, inconsistente. La reacción de la 2ª Cía ante los primeros disparos fue atacar en una zona donde al final todas las ventajas fueron para la defensa con un enemigo más superior y preparado de lo previsto y muy difícil de descubrir, y, por tanto, de batir. La maniobra de envolvimiento fue finalmente contrarrestada y acabó prácticamente toda la Bandera empeñada en línea.

 
El repliegue ordenado ni se cumplió, probablemente debido a fallos en las transmisiones, ni tampoco podía cumplirse por la precisión del fuego enemigo. Sin embargo, el espíritu de fuego, de combatividad, de sacrificio y de muerte sí que se llevó en toda plenitud. No fue este sacrificio legionario estéril. A partir de Edchera supieron el Gobierno, las Fuerzas Armadas y las unidades allí destacadas contra qué enemigo combatíamos, su calidad y cantidad y, sobre todo, qué medios y qué articulación táctica se precisaba para su aniquilamiento. Dos laureadas individuales, en las personas del Brigada Fadrique y del legionario Maderal, enriquecieron la historia de la Legión. En total se produjeron 107 bajas, 43 muertos y 64 heridos".

martes 10 de enero de 2012

Un marino decente

Hace tiempo que no tecleo en plan abuelito Cebolleta, contando alguna peripecia histórica. Así que refrescaré una que, en realidad, es epílogo de otra que ya referí hace tres años -Un gudari de Cartagena- sobre el combate del pesquero armado republicano Nabarra con el crucero nacional Canarias durante la Guerra Civil. La acción tuvo lugar cerca del cabo Machichaco; y como señalé en su momento, es mi episodio favorito de la historia naval española del siglo XX. Lo que voy a contarles quizá contribuya a aclarar por qué.

El 5 de marzo de 1937, durante una acción contra un pequeño convoy republicano, las 13.000 toneladas y las cuatro torres dobles del Canarias, capaces de disparar proyectiles de 113 kilos, se enfrentaron a un humilde bacaladero de la Euzkadiko Gudontzidia -ikurriña en la proa y bandera española con franja morada a popa- armado con sólo dos cañones de 101.6 milímetros. El combate fue brutal y sangriento: durante una hora, maniobrando con tenacidad suicida entre una fuerte marejada, el comandante del Nabarra, Enrique Moreno Plaza, un murciano al que la Enciclopedia Auñamendi llama «marino vasco nacido en la Unión» -confirmando, como dice mi amigo el marino y escritor Luis Jar, que los vascos nacen donde les da la gana-, y los cuarenta y ocho hombres de la dotación, lograron arrimarse lo bastante al crucero enemigo para sostener un combate que sus propios adversarios, en el parte oficial, calificarían de «eficaz y admirable». Y al fin, en llamas, sin arriar bandera, el pequeño Nabarra se hundió con treinta hombres a bordo -imposible compararlos con los miserables que hoy se llaman a sí mismos gudaris-, incluido el comandante. Con ellos murió también el cocinero, Pedro Elguezábal, que mientras se iban a pique, animado por una botella de coñac, enseñaba al Canarias un cuchillo desde la borda gritando: «Venid si tenéis huevos, cabrones».

Ésa es la historia que conté hace tres años, aunque en folio y medio no me cabía el epílogo. Uno de esos adversarios que calificaron de eficaz y admirable la hazaña del humilde Nabarra fue el tercer comandante del Canarias, Manuel Calderón. Y ese marino de la escuadra nacional demostró, con su comportamiento tras el combate, una admiración por la valentía del enemigo derrotado, una compasión y una calidad humana que situaron en el mismo plano de grandeza moral, quizá por única vez en la sucia historia de nuestra Guerra Civil, a vencedores y vencidos; sobre todo en lo que se refiere al aspecto naval del conflicto, donde la saña de unos y otros desbordó la infamia, con asesinatos masivos de oficiales en la zona republicana y con una despiadada aplicación de la pena de muerte por parte de los tribunales franquistas a los marinos, mercantes o de guerra, capturados al bando enemigo. Ése fue el caso de los diecinueve supervivientes del Nabarra, que fueron condenados a muerte tras su desembarco y prisión. Y si no se cumplió la sentencia fue gracias a los esfuerzos del comandante del Canarias, capitán de navío Moreno, y sobre todo al tesón de su tercero, el capitán de corbeta Calderón, que removió cielo y tierra para salvar la vida de los vencidos. Calderón llegó al extremo de pedir una entrevista con el general Franco, en la que argumentó: «Esos hombres son unos héroes, y los héroes merecen vivir». Tanto insistió una y otra vez en alabar el valor de aquellos diecinueve marinos, que para quitárselo de encima Franco acabó concediendo el indulto y la liberación inmediata de todos ellos. «Sáquelos de la cárcel -fueron sus palabras exactas-. Y luego invítelos a comer chipirones. Pero pague usted de su bolsillo».

Hubo algo más que chipirones. Porque Manuel Calderón siguió velando el resto de su vida por los supervivientes del Nabarra. Buscó trabajo a unos, recomendó a otros y protegió a todos para que no sufrieran represalias. Al marinero Lahoz le avaló un crédito bancario, al segundo oficial Olaveaga lo ayudó a obtener el título de capitán de la marina mercante, y cuando supo que al telegrafista Cahué le negaban trabajo en Baracaldo por sus antecedentes políticos, se presentó allí de uniforme, convocó al alcalde y al comandante de la Guardia Civil, y dijo que al día siguiente quería ver a Cahué trabajando. Fue Manuel Calderón, en suma, un marino decente y un hombre de honor. Con más gente como él, la suerte de la infeliz España habría sido entonces, y aún ahora, más afortunada de lo que fue y de lo que es. La prueba de que los hombres del Nabarra le profesaron idéntica lealtad y aprecio es que cuando Calderón, soltero y sin hijos, murió en 1979 en una residencia de ancianos, sus antiguos enemigos en el combate de cabo Machichaco lo habían hecho padrino de treinta y dos hijos y nietos.

ARTURO PÉREZ REVERTE

domingo 8 de enero de 2012

viernes 6 de enero de 2012

Envío: A los que fueron a la guerra.

(Publicado en el Diario "Córdoba" el 6 de enero de 1959)

 Con el tiempo de Navidad florece la nieve y florecen los recuerdos. Con el tiempo de Navidad uno vuelve a ser niño y en el corazón se agolpan, como un torrente de dulces melancolías, las horas inmensas de nuestra lejana infancia. Y como las horas de mi lejana infancia están encuadradas en los altísimos paisajes que van desde 1936 a 1939, a mi no me queda más remedio que regresar hoy a una época floreciente y hermosa en la que, más allá de los dulces horizontes navideños, las balas cruzaban como gatos perseguidos las agudas esquinas del frente.

Con el tiempo de Navidad, en esta Navidad que se nos va de las manos, los hombres que hoy bordeamos por arriba la treintena, recordamos cosas tremendas. Yo, por ejemplo, en la Epifanía que llega, recuerdo al Benavides. Habrá quien, sin duda, recordará cualquier empingorotado cotillón que por Reyes dio el último descendiente de Prim o el quinto Marqués de la Ensaimada. A mí me parece justo que así sea. Cada cual que recuerde lo suyo. Yo, por eso, recuerdo al Benavides.

El Benavides no era ni senador, ni banquero, ni diputado. El Benavides no era ni siquiera dueño de una cafetería. El Benavides era un legionario gallego que antes de morir fue muchas cosas en su vida. Fue estudiante de cura, cazador furtivo, poeta, novillero, escultor y hasta me parece que, por tres o cuatro veces, polizón de varios barcos que hacían las Américas. El Benavides tenía cara de pirata y corazón de arcángel. Tenía, también, un dulce aire de doncel antiguo, un generoso aire soñador que encandilaba el corazón de las mujeres. Al tío se le quedaban muertas nada más mirarlas. La que resistía la prueba quedaba ya sin genio de por vida. Vamos, perita en dulce para los restos. El Benavides además de enamorar a las mujeres a salto de mata, era un fabuloso jugador de mus que salvó, en más de una ocasión, de la muerte por aburrimiento, a sus más íntimos camaradas de chabola. El Benavides era un fenómeno, uno de esos tremendos ejemplares humanos que lo mismo se ganan la Laureada que el paredón de fusilamiento. Tremendo en la vida y tremendo en la muerte. Maravilloso contando un chiste; si era verde, mejor; maravilloso inventándose la mejor trampa a la garrafiña; maravilloso logrando quebrantar la fama de todas las venteras del camino -¡y había muchas!-. El Benavides era maravilloso apuntándose para él todos los cuartos de guardia de su escuadra, era maravilloso jugándose el tipo para rescatar de las alambradas enemigas el cuerpo herido de un camarada; maravilloso haciendo un poema al primer lucero de la tarde... El Benavides era un tipo casi inmortal. Un cruzado de la héjira del 36. Que ya es decir... De haber vivido hoy no sé qué hubiera sido el Benavides. Acaso se hubiera graduado de legionario perpetuo o, tal vez, de marino mercante con olor a brea y a juramentos y a sal antigua saboreada con unción en los más novísimos puertos de la esperanza. Porque, desde luego, lo que no hubiera sido jamás el Benavides es senador, dueño de cafetería o portero de un ministerio. El Benavides estaba apuntado para ángel desde el día que nació y su destino era volar. Voló a la eternidad el 6 de enero de 1938. Sobre la dura nieve de Teruel le pegaron un tiro en el corazón, que le hizo pasar de un salto a la difícil lista de los Elegidos. Palmó como un cruzado de rompe y rasga, como un bendito franciscano: Montando un Nacimiento en su pozo de tirador. Porque el Benavides también sabía hacer el amor a Dios. Faltaría más. Más allá de su tremenda pasión por las venteras del camino, nacía de sus ojos un lejano eco místico, entrañable, abrumador. El Benavides amaba a Dios y a toda su corte celestial con un ingenuo aire de monaguillo. Si ajustaba, de vez en cuando, las cuentas a las venteras que salían a los caminos a dar pan y vino a los cruzados, lo hacía más bien por un exceso de humanidad, de temple vigoroso, por regalar algo de aquel hermoso aire de conquista que soplaba nuestras banderas. El pecado en Benavides se humanizaba hasta las más hondas raíces. Era capaz de rezar a las ánimas al tiempo que le regateaba la mujer al ventero. Eran un pozo de hermosura las entrañas del Benavides. Palabra. Era él, como si dijéramos, un ángel un poco "offside". Se salía fuera de juego en cuanto se le olvidaba que el corazón también necesita bridas. Pero poseía, sobre todo, el maravilloso don de la ingenuidad. Esto le salvó. El buen Dios lo citó con la eternidad en su propio pozo de tirador. Se había empeñado el Benavides en hacer un Nacimiento a cincuenta metros del enemigo. Con la nieve que bordeaba el pozo modelaba tiernamente las figuras del Belén. Durante su cuarto de guardia dio vida a San José y al asno. Con los cuartos restantes, que le regalaron amorosamente sus camaradas de escuadra, de sus manos nacieron la Virgen y luego la vaca, y después un pesebre de la corteza de un abedul cercano. El Niño, fue el último en salir de las manos de aquel celta bravío que se llamó Benavides. Terminándolo estaba ya, cuando una ráfaga enemiga cruzó la tarde de la Epifanía. La nieve salpicó con furia el pozo de tirador. La segunda ráfaga sorprendió el corazón de Benavides colocando a Jesús en el pesebre. Una angustia infinita quebrantó las entrañas del legionario, mientras depositaba dulcemente en su cuna al Niño de Nieve...

Cuando sus camaradas llegaron, el corazón de Benavides chorreaba sangre, chorreaba gloria bendita en aquella tremenda tarde de Reyes...

  * * *

  Luego, pasó el tiempo. Un millón de Benavides se fueron camino de los celestes espacios y las gentes de mi raza, ya en paz, volvieron a organizar cotillones en la Epifanía del Señor. Y yo, que soy algo como hermano del Benavides, me acuerdo de él, me acuerdo de los que fueron a la guerra, me acuerdo del rito del aceite y la sal que mantenía la luz amorosa de las chabolas, me acuerdo del garbo airoso de las madrinas de guerra, me acuerdo de los aguinaldos bulliciosos, me acuerdo de un cruzado con cara de pirata y corazón del arcángel que ni fue senador, ni fue diputado, ni siquiera dueño de una cafetería. Me acuerdo del Benavides. Y esto, para que su memoria nos dignifique. Y nos haga continuar en pie según el viejo rito de los caminantes. Porque recordarle es tanto como no olvidar la muerte de los mil cruzados que trajeron con su esfuerzo la paz de mi gran Patria, donde los españoles de esta hora harán el honor al último cotillón de Reyes sin excesivas preocupaciones.
Recuerdo al Benavides por ley de honor, por ley de sangre, por la imponderable razón de que con él llegó la Navidad de España.

lunes 2 de enero de 2012

jueves 29 de diciembre de 2011

OTRO HEROE EN LA FAMILIA

Era mi abuelo Don Vicente, el Don era imprescindible en aquella época, un caballero a carta cabal, vivía en la calle relatores de Madrid muy cerca de Tirso de Molina. Estudio medicina y tenia consulta en su propio domicilio, en aquella época no existía la seguridad social ni esos avances sociales que trajo años después el malvado Franco, bajo la inspiración del Nacional-Sindicalismo. Pero dejemos eso que no es el motivo de mi historia. El era un hombre católico y estaba casado en segundas nupcias con Doña Sara, Vivian en aquel turbulento Madrid de la preguerra con relativa tranquilidad, Don Vicente tenia un ayudante de 15 años de edad, llamado Gabriel, que en el año 35 se alisto en la falange, eso traía a maltraer a Don Vicente, no porque no le gustara la falange si no por el riesgo que conllevaba en aquellos años el pertenecer a una formación patriótica. (Algunas cosas no han cambiado).
Cuando estallo la guerra aquel 18 de Julio, Don Vicente no supo que hacer, su obligación como español le lanzaba a la lucha, pero su obligación para con su familia, Doña Sara y sus dos hijas y además su profesión de medico le retenían en casa. Poco le duro el desasosiego, al final decidió intervenir como medico en la lucha.
Se extendió rápidamente la noticia de que los sublevados estaban cercados en el cuartel de la montaña y que el gobierno había repartido armas entre las milicias rojas, lo segundo era obvio, las calles estaban atestadas de milicianos armados y Madrid ardía en llamas, debido a las iglesias y conventos que ardían. Don Vicente estaba muy preocupado por Gabriel. El dia 19 no se había presentado a trabajar, por lo que decidió acopiar los víveres que pudiera y partir al día siguiente hacia el cuartel de la montaña para buscar a Gabriel, que era como un hijo para él, y alistarse como medico.
El día 20 salio temprano de casa, el trayecto hasta el cuartel de la montaña andando apenas era de media hora, sin embargo tardo “siglos” en acercarse debido a los controles “incontrolados” que se establecieron en todas las esquinas. A medida que se acercaba, malos presentimientos le invadían, el ruido de cañonazos y fusilaría era evidente. Llego finalmente sobre las 12 del medio día, quedo petrificado, aquello era espantoso la turba había entrado en el cuartel a sangre y fuego, la chusma cantaba enfervorecida mientras a rastras llebaban a soldados y a civiles contra uno de los muros y eran inmediatamente fusilados, algunos no llegaban ni siquiera al paredón, por el camino eran apuñalados por milicianos que una vez caídos se ensañaban con ellos.
Quedo Don Vicente marcado por la visión de aquella matanza, pero fue, también, en ese momento cuando tomo la decisión de trabajar en el futuro para salvar al mayor numero posible de victimas de aquella chusma.
Cuando llego a casa puso manos a la obra, llamo por teléfono a algunas personas de su confianza, que le pusieron en contacto con la falange clandestina (desde hacia tiempo esta falange operaba en Madrid debido a que el partido había sido proscrito). De manos de esta falange se entero también de que su ayudante Gabriel había sido detenido y quemado vivo en una checa por miembros de la UGT.
En la finca era peligrosísimo realizar cualquier actividad contrarrevolucionaria debida principalmente a que la portera de la finca era conocida comunista y su espíritu de chivata era insaciable. Tenia, de todos modos, Don Vicente tomada su decisión y a ello se puso.
La casa daba la vuelta sobre si misma y tenia un cuarto sin ventana, esto seria de vital importancia en el futuro, Don Vicente realizo las oportunas obras dividiendo la casa en dos y dejando una puerta falsa que unía las, ahora dos casas y mando colocar un armario de forma torpe para que dejara entrever la puerta falsa y a su vez coloco un pesadísimo armario delante del cuarto sin ventana con una falsa trasera de corredera que daba directamente al “cuarto oscuro”. Una vez terminada las obras se puso en contacto con la quinta columna y comenzó su labor de salvación.
Los refugiados llegaban a la consulta, previamente avisado Don Vicente y eran conducidos al cuarto oscuro, mientras tanto Don Vicente pasaba consulta como si nada estuviera ocurriendo fuera de lo normal. La portera pronto empezó a sospechar, no le salían las cuentas, entraba más gente de la que salía, claro está, que no tardo en denunciar. Allí se presentaron las milicias y pusieron todo patas arriba pero nada encontraron por lo que se fueron con las manos vacías. La portera no quedo contenta y volvió a denunciar, esta vez tanto descaro tuvo, que ella misma participo en el registro, inmediatamente se dio cuenta de que faltaba una puerta a la calle y así lo manifestó, los milicianos aparte de robar lo que les dio la gana, hicieron un registro mas minucioso y mucho se alegraron cuando vieron la puerta detrás del armario que mi abuelo había dejado allí intencionadamente.
A Don Vicente se le hubiera saltado la risa si eso no fuera peligroso, habían caído en su trampa, cuando retiraron el armario no descubrieron si no un apartamento vacío y otra puerta a la calle pero sin gente ni huellas de que allí hubiera estado alguien. No cejaron en sus inspecciones y registros durante toda la guerra, pero al final yo creo que era mas por el hurto que porque creyeran ya a la portera que a esas alturas pasaba por loca.También le tendieron trampas, haciendo pasar a milicianos por refugiados en su consulta, pero la quinta columna funciono muy bien toda la guerra y Don Vicente no presto oídos a nadie, que no viniera de sus contactos.Se preguntaran vds. Que se hacia con los refugiados, muy sencillo como el 99,99% de los rojos son corruptos y la portera era un ejemplar con pedigrí. Basto con un pequeño soborno que consistía en productos del mercado negro a cambio de sacar de paseo a mi madre y mi tía, momento en el que aprovechaba la quinta columna para sacar a los refugiados y conducirlos a la salvación.
 
Vaya esta historia por ti abuelo Vicente, que desde hace tiempo estas en el cielo de los justos, historia, que por primera vez sale a la luz fuera de la familia, pero tu historia es la de un héroe y debe de ser contada.