lunes, 25 de julio de 2011

LLÁMAME CAMARADA


Las palabras, como casi todo lo que el hombre usa, unas veces están de moda y otras no; el valor de una palabra sufre las mismas oscilaciones que los cotizados en la Bolsa, y sube y baja con tanta frecuencia, ligereza y capricho como la altura de la falda de las mujeres respecto del suelo. Quien esté situado ente los cuarenta y los cincuenta años ha conocido en este último terreno todo lo que hay que conocer, desde el tobillo poco menos que parcela acotada para la pura observación erótica, hasta el muslo como zona sin misterio. Ya en mi adolescencia se cantaba aquello de que la tobillera acabaría en muslera, y aún insinuaba el ingenio del autor de la copleja:
  
…al paso que tú vas
de fijo acabarás siendo muslera…
¡Muslera y algo más!
  
Con la palabra camarada pasa que no está de moda. Tampoco están de moda muchas otras vinculadas con el uso de la palabra y, en general, un clima bastante insolidario hace que ni siquiera la camaradería esté en boga.
  
Es, sin embargo, palabra antigua y hermosa, más bien de uso literario en los finales del siglo XIX, y resucitó a la vida popular —que casi siempre arranca en la milicia— allá por los tiempos de la clasificada como G.M.I. Calculo que a la gente de mi generación le llegó a través de la novela pacifista. (No hay nada que provoque tanto gusto por la guerra como una novela profesionalmente pacifista, y tengo para mí que mucha culpa de las exaltaciones belicistas de los veinte y los treinta la tuvieron los Remarque, los Barbusse, los Zweig, los Yale Harrison y gente por el estilo.)
  
Camarada era el título de un libro escolar que no nos caía demasiado en gracia a los que hicimos la primaria en tiempos del charlestón, y también encontramos el vocablo en aquel enternecido Corazón de Edmundo d'Amicis. Pero nuestro enamoramiento con el uso de la palabra camarada vino a través de Sin novedad en el frente, y me refiero no sólo a la novela, sino también a su versión cinematográfica.
  
Por entonces ya andábamos en los años mayores del Bachillerato, y nos tocó asistir en corporación a la apertura de un Hogar del Soldado en el cuartel de uno de los Regimientos que guarnecían Pamplona. Jamás supe por qué, me designaron a mí para decir unas palabras en nombre de los estudiantes a la vez que se entregaban unos pocos libros, regalo de las letras a las armas. Cumplí como pude, pero lo que sí es seguro es que causé una cierta sensación al comenzar la lectura de mi par de cuartillas así:
  
— Camaradas soldados…  
Uno de los capitanes —mandaba ametralladoras— me premió sentándome en el sillón de una máquina y haciéndome tirar un peine de fogueo. Fue la primera vez que olí la pólvora. Ese capitán, tres o cuatro años después, mandaría la primera Centuria de Navarra en Somosierra, y más de una vez fui a su puesto de mando llevando un enlace y olfateando la pólvora en serio.
  
El Diccionario de Almirante dará al curioso lector todas las necesarias precisiones —y aun imprecisiones— sobre el origen del vocablo. Parece que en el nacimiento de la artillería, o poco más, significó algo así como batería. “Por la parte de tierra —escribe Carnero, citado por Almirante— se había plantado otra camarada de otras doce piezas, que ambas a dos hicieron gran batería”.
  
De lo que no hay ni la menor duda es que el vocablo es de origen militar, lo cual atestigua, entre otros, nuestro padre Covarrubias. De cámara y de cama puede derivarse camarada, y antes de significar amigo entrañable, compañero de armas y aventura, vino a ser algo así como república o imperio, es decir, fraterna administración militar para asuntos de rancho y vida en común. Unas Ordenanzas del siglo XVII cantan “la buena y loable costumbre que solía haber de que los soldados viviesen en camaradas…, que son las que han conservado a la nación española”.
  
Ni más ni menos.
  
La palabra está en las arengas de los grandes capitanes de Flandes e Italia, que a su gente calificaban de magníficos señores, soldados y camaradas.
  
Fue una generación totalmente politizada la que volvió a usar, con un regusto entre militar e ideológico, tan hermoso vocablo. Esta generación es la que los escasos cursis que sobreviven dentro del Plan de Desarrollo llaman de “los cainitas”, es decir, la generación que aceptó la guerra con honor, tanto de una como de otra parte. Recuerdo como dos grandes impresiones de mi juventud la primera vez que me oí llamar camarada en el palacete de Riscal y la primera vez que canté —casi sin conocer la letra— el Yo tenía un camarada; fue en un entierro falangista que acabó como el rosario de la aurora, allá por el camino de las Sacramentales viejas. Esta canción sería a finales del 37, junto a las murallas de Ávila, una de las que primaban a la hora de marchar los cadetes de la primera promoción de aquella Academia de Infantería.
  
La palabra tropezó con resistencias reaccionarias, tanto en el mundo de las derechas como en el de las izquierdas, que para mí siguen siendo bastante parecidas en gustos. A los socialistas les complacía más decir compañero, y cuando los de derechas se referían a los falangistas pronunciaban la palabra camarada con el mismo “retantán” que los socialistas al hablar de los comunistas y de los rusos.
  
Gabriel de Araceli cuenta en Valencia 1936, refiriéndose a los que rusos que pilotaban la guerra desde el lado rojo: “Mangoneaban bastante. Iban vestidos de paisano, a lo más con uniforme caqui abierto, pero sin insignias ni distintivo alguno. Los intérpretes eran casi siempre muchachas, algunas guapas y casi todas judías polacas que fumaban como carreteros. Entraban y salían mucho; nadie parecía mandar en ellos, y utilizaban el teléfono durante largos minutos, gritando con el receptor al oído como demonios. Se les llamaba «los camaradas», y con ese eufemismo se les conocía.”
  
Al eufemismo se apuntaban, también con su mijita de sorna, los comunistas indígenas.
  
En zona nacional también tropezó la palabra con muchos inconvenientes, tan respetables como injustos. Fue Pedro Laín quien mejor defendió el vocablo, verdadera bandera dialéctica de mi generación, en un artículo publicado en Arriba España de Pamplona, primer diario falangista, el 18 de abril de 1937, en plena ofensiva de Vizcaya. “Viene hoy en busca de esclarecimiento esta palabra de «camarada», que —para escándalo de viejos y débiles— sale con gozo y brío nuevos de los labios nacionalsindicalistas. Todos hemos oído la objeción pacata. Acaso muchos de entre nosotros lo hayamos sentido un poco, porque venimos de una sociedad radicalmente burguesa, y nada hay que conserve huella tan honda como las blanduras.”
  
Era un artículo estupendo, preciso, riguroso. Decía que la palabra camarada tenía “solera de Tercio viejo”, lo cual es cierto, y también que la Falange “bautizó al camarada para hacerle hermano”, lo cual, al menos entonces, era verdad. Acaso nos hemos olvidado ya de lo que aquel vocablo significó para todos y también de todo aquello a que nos comprometía.
  
La palabra adquirió un aire generacional, definitorio, de tal modo que en el Frente de Madrid de Neville, en agente nacional de información que pasa las líneas hacia la capital a través de una mina, convoyado por otro agente nacional que allí trabaja, lo hace notar sobre la marcha:
  
“— Que descanséis, camaradas —les dijo al dejarles pasar.
«Siguieron unos pasos en silencio. Luego dijo Javier:
«— Resulta curioso oír decir camarada a los rojos.
«— Eso llevan aprendido para después.”

  
Hace algún tiempo asistí a una reunión de antiguos combatientes de la guerra más política del mundo, reunión ya tan despolitizada que con tal de eludir el uso de la palabra camarada —precisamente por la significación que tuvo en la guerra y en la postguerra—, muchos de los asistentes caían en el uso y abuso del “compañero”, con lo cual todo sonaba como a Saborit, Carrillo o Llopis. Menos mal que uno de los allí presentes tuvo la ocurrencia de referirse a sus camaradas de una bandera de la Legión diciendo:
  
— Como recordarán mis colegas de bandera…  
La palabra camarada aún significa para muchos españoles el hermano del 18 de Julio. Y esto, pase lo que pase, tiene fuerza y tira a peso de la cabeza y el corazón. Cosa, a mi modo de entender, que un día u otro ha de verse.
  
Rafael García Serrano
(tomado de “Diccionario para un macuto”)

  

sábado, 23 de julio de 2011

DIOS TE DICE NO RENUNCIES, SIGUE ADELANTE, YO ESTOY CONTIGO.


Tu no naciste para renunciar, sino para conquistar y avanzar, no puede ser posible que hoy estés pensando en dar un paso atrás, tu muy bien sabes que no es lo correcto, es mas esa inseguridad y ese sentimiento de incomodidad que hay en tu corazón para tomar esa decisión son la confirmación que no es lo mejor para tu vida.


¡Vamos! No renuncies, no eches a la borda algo que con tanto esfuerzo y dedicación lograste, no entregues lo que un día Dios te entrego a ti, porque una cosa debes de saber y es que ese privilegio no fue dado por un hombre, ese privilegio Dios te lo dio.

Tú debes comprender que no le sirves al hombre sino que a Dios, que todo lo que haces es para el Señor y por eso debes seguir realizando lo que un día Dios te encomendó.


Por favor no renuncies, sigue desarrollando el talento que Dios te otorgo, comentarios negativos siempre habrán, personas que estén en contra de lo que quieres hacer para Dios también, pero tu mirada y tus oídos no están en ellos, sino en el Señor que te dice en esta hora:

NO RENUNCIES, SIGUE ADELANTE, YO ESTOY CONTIGO.

domingo, 17 de julio de 2011

A LAS JEFATURAS TERRITORIALES Y PROVINCIALES




RESERVADÍSIMO
Como continuación a la circular de 24 del corriente, se previene a los jefes territoriales y provinciales las condiciones en que podrán concertar pactos para un posible alzamiento inmediato contra el Gobierno actual.
1. Cada jefe territorial o provincial se entenderá exclusivamente con el jefe superior del movimiento militar en el territorio o provincia, y no con ninguna otra persona. Este jefe superior se dará a conocer al jefe territorial o provincial con la palabra "Covadonga", que habrá de pronunciar al principio de la primera entrevista que celebren.

2. La Falange intervendrá en el movimiento formando sus unidades propias, con sus mandos naturales y sus distintivos (camisas, emblemas y banderas).

3. Si el jefe territorial o provincial y el del movimiento militar lo estimaran, de acuerdo, indispensable, parte de la fuerza de la Falange, que no podrá pasar nunca de la tercera parte de los militantes de primera línea, podrá ser puesta a disposición de los jefes militares para engrosar las unidades a sus órdenes. Las otras dos terceras partes se atendrán escrupulosamente a lo establecido en la instrucción anterior.

4. El jefe territorial o provincial concertará con el jefe militar todo lo relativo al armamento largo de la fuerza de la Falange. Para esto se señalará con precisión el lugar a que debe dirigirse cada centuria, falange y escuadra, en un momento dado, para recibir el armamento.

5. El jefe militar deberá prometer al de la Falange en el territorio o provincia que no serán entregados a persona alguna los mandos civiles del territorio o provincia hasta tres días, por lo menos, después de triunfante el movimiento, y que durante ese plazo retendrán el mando civil las autoridades militares.

6. Desde el mismo instante en que reciba estas instrucciones, cada jefe territorial o provincial dará órdenes precisas a todas las Jefaturas locales para que mantengan enlace constante, al objeto de poder disponer, en plazo de cuatro horas, de todas sus fuerzas de primera línea; también darán las órdenes necesarias para que los diferentes núcleos locales se concentren inmediatamente sobre sitios determinados, para constituir agrupaciones de una falange por lo menos (tres escuadras).

7. De no ser renovadas por nueva orden expresa, las presentes instrucciones quedarán completamente sin efecto el día 10 del próximo julio, a las doce del día.

Alicante, 29 de junio de 1936.

miércoles, 13 de julio de 2011

"Atacad como españoles", 70 aniversario de la División Azul


El 21 de junio de 1941, tres millones de soldados alemanes cayeron sobre la Unión Soviética. El ataque despertó una oleada de entusiasmo que llevó a cientos de miles de europeos a alistarse para combatir al comunismo. Es un reportaje de Fernando Paz.


España no quedó al margen de los acontecimientos, y 45.000 jóvenes formaron en las filas de una singular unidad militar que supo ganarse el reconocimiento del enemigo, por su valor, en el campo de batalla.

En diciembre de 1941, seis meses después de la invasión de la URSS, el Ejército Rojo contraatacaba en todo el frente. En el norte, setenta y cinco divisiones soviéticas cayeron sobre veintisiete germanas, con la finalidad de aflojar el cerco alemán en torno a Leningrado. La Wehrmacht resistió, si bien se vio obligada a ceder terreno para amortiguar el golpe.

Al sureste del lago Ilmen, que constituía una importante barrera en el dispositivo defensivo del Grupo de Ejércitos Norte alemán, en la pequeña localidad de Vsvad, había quedado atrapado un destacamento de unos 500 hombres pertenecientes a la 81ª división de la Wehrmacht.

Las unidades alemanas en la zona no estaban en disposición de auxiliar a sus camaradas, de modo que el general Busch solicitó a Muñoz Grandes su colaboración. Muñoz Grandes, que disponía de una compañía de esquiadores, se apresuró a dar su consentimiento.
La formación de dicha compañía era lo último en lo que había pensado el mando divisionario cuando, en los soleados días de junio, se abrieran los banderines de enganche. Así que la unidad de esquiadores, creada hacía mes y medio, tenía la peculiaridad de que ninguno de sus miembros había visto en su vida unos esquíes. Estaba constituida por unos efectivos de apenas doscientos seis soldados, a cuyo frente se hallaba el capitán Ordás, asturiano de 31 años y Medalla Militar Individual. Estos hombres debían liberar a los alemanes cercados en Vsvad.

Mantequilla petrificada

La compañía salió la madrugada del 10 de enero de 1942, pertrechada con nueve fusiles ametralladores y con municiones y vituallas para tres días.


Informan de que la radio no puede emitir mensajes y el lago se ha congelado formando unas grietas caprichosas y a menudo insuperables. Sobre su superficie apenas sale el sol a esas alturas del año, y la temperatura se desploma por debajo de los -40º C. Tiritando bajo sus uniformes, los españoles reciben la orden de combate de su general, al que idolatran: “Atacad como españoles”.

La noche del 11 de enero la compañía atraviesa seis grandes barreras de hielo. En las grietas, los caballos se ahogan en el agua y los hombres se ven obligados a sumergirse hasta la cintura. Los casos de congelación suben hasta los ciento dos, los trineos se hunden, la brújula deja de funcionar a causa del frío, la bruma cubre el cielo, el pan y la mantequilla se han petrificado. No hay nada para comer. Varios soldados sufren la amputación de ambas piernas. Pero los españoles siguen adelante.

Tras veintidós horas de marcha infernal, y a la vista de las tropas alemanas, lo que queda de la compañía cree alcanzado Vsvad, su destino. En realidad, sin brújulas, han ido a parar a Usstrika, quince kilómetros al este; la temperatura se hunde hasta los -50º C. Además de los 102 congelados, hay que prescindir de otros cuarenta y seis; en total, quedan menos de sesenta hombres. Muñoz Grandes no piensa en dar marcha atrás, y Ordás tampoco se arredra: “Seguid adelante hasta morir; o se les salva (a los alemanes de Vsvad) o hay que morir con ellos, aunque queden todos los nuestros sobre el hielo...”.

Cruz de Hierro

Entre tanto, el Ejército Rojo se lanza al ataque y la compañía debe ser empleada en la defensa de una posición de la 81ª división. Los días 13 y 14, parte de los restos de los esquiadores, con ayuda de un puñado de letones y alemanes, ocupa una serie de pequeñas localidades rusas antes de retomar su misión. Allí son aplastados por fuerzas soviéticas muy superiores; veintitrés esquiadores más caen en combate.

El cuerpo principal de la menguada tropa de Ordás se dirige al fin hacia Vsvad, cuya guarnición ha salido de la localidad para establecer una posición defensiva más al Oeste. Se establece el contacto con los estupefactos alemanes la mañana del 21 de enero.


En el camino de regreso a las posiciones de partida, los españoles solo pueden utilizar frente a los asaltos rojos las granadas de mano; ametralladoras y fusiles se han congelado. El termómetro desciende hasta los -58º C.

Tres días después, el 24, Ordás da por terminada la operación y hace balance: “Mi general, quedamos doce combatientes”. Tanto Muñoz Grandes como los alemanes no pudieron sino sentirse sobrecogidos. El tributo al heroísmo de la unidad española queda reflejado en la concesión de la Medalla Militar Colectiva a la compañía y la Individual a Ordás -concesión extensiva al teniente Otero. Ordás recibió también la Cruz de Hierro de 1ª clase y distribuyó otras treinta y una cruces de hierro a sus soldados. Muy pocos pudieron exhibirla a su regreso a España.

http://www.intereconomia.com/blog/mejores-noticias-alba/atacad-espanoles-70-aniversario-division-azul-20110706

miércoles, 6 de julio de 2011

Al final, regresar a los principios. Por Martín Ynestrillas.


Que este sea el último programa de este proyecto político de comunicación, no nos va a hacer olvidar que los compromisos están vigentes y lo seguirán estando, aun cuando apaguemos la luz y cerremos la puerta al recoger los trastos.

Nos prometimos a nosotros mismos, y por supuesto a nuestra fiel audiencia, que empezaríamos todos los programas e intervenciones públicas con la exigencia de devolución los derechos y libertades de quienes los han perdido por integridad política personal y moral, y así empezaremos una vez más este programa.

No nos hemos olvidado: Pedro Varela sigue en prisión. Injustamente, cobardemente y contra natura. Por ejercer su derecho a discrepar, a cuestionar la verdad oficial, a comunicar y difundir opiniones, a establecer debates y a facilitar información que enriquezca los mismos.

En definitiva, sigue preso por lo de siempre: por ser un hombre Libre, para el que volvemos a exigir su inmediata Libertad. Un abrazo Pedro Varela.

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Efectivamente hoy apagamos la luz. Tras 63 programas, más de un centenar de colaboraciones, 38 programas de televisión y 25 de radio, ponemos fin a esta larga travesía con la satisfacción de haber dado todo lo que teníamos y la pena de no haber podido dar más.

Desde aquel San Ricardo de 2009 en que los micrófonos de la Voz de la Falange se abrieron por primera vez, en la tristemente fallecida Radio Intercontinental (hoy grupo intereconomía y por ello fallecida) hasta hoy han pasado 29 meses.

29 meses de lucha titánica y desesperada contra el silencio, contra la mentira, contra la mendacidad, contra la injusticia, contra la cobardía. 29 meses de selección de temas, de preparación de programas, de incorporación de invitados; más de 30 libros extensamente analizados con sus autores, sus recopiladores, sus editores.

La causa de la vida, la de la justicia social, la de la indignación, la de la unidad e integridad nacionales; la de la inmigración ilegal o la discriminación positiva, la causa de los hermanos cubanos de la hispanidad en lucha por sus derechos; la lucha contra el terror; la recuperación de la verdadera memoria histórica: La división azul, el valle de los Caídos, la Legión y su fundador, nuestra guerra incivil pero real, Juan Ignacio González; la causa de las víctimas frente a la impunidad de los menores, tornados en auténticas bestias; las excarcelaciones de etarras, el análisis del 11-M, las voces de las víctimas; el 23 de febrero, la Operación Galaxia y la Tansición, la Traición del Sáhara y el asesinato de Carrero; La tutela americana… el deporte, de la mano de campeones de primera línea que se baten en el ring como sólo los falangistas saben batirse a lo largo de sus vidas; La historia de España y de Europa a lo largo de los siglos XX y XXI que tanto influyen en nuestra configuración nacional actual; decenas de temas y opiniones de actualidad rabiosa que abarcaron desde los secuestros de españoles, hasta la piratería marítima; desde las elecciones municipales, hasta la legalización de Bildu o la toma de la Puerta del Sol…

Verdaderamente es para sentirse satisfechos.

Periodistas de otros medios, que jamás habrían puesto sus pies antes, en nuestros estudios, han debatido con nosotros en auténtica libertad. Liberales, identitarios, falangistas de todas las familias azules, carlistas,

apolíticos, patriotas de toda sensibilidad; moderados izquierdistas que encontraron en nuestra casa ideas, argumentos, debates, posiciones defendidas con pasión, con lógica, con indignación, con radicalidad y siempre con respeto.

Con mucho respeto a nuestros interlocutores y no necesariamente a lo que defendían.

No quiero olvidarme de nadie, pero por esta casa han pasado Enrique de Diego, Jesús Palacios, Gonzalo Altozano, Luis Fernández-Villamea, Antonio Gibello, Alfonso Arteseros, José Javier Esparza, Gustavo Morales, José Semprún, Guillermo Rocafort, José Luis Jerez, José Luis Orella, Francisco José Alcaraz, José Utrera Molina, José María Manrique, José Sanz-Jarque, Luis Eugenio Togores, Angeles Pedraza, Manuela Lancharro, Consuelo Martínez-Sicluna, José Mª de Pablo, los padres de Sandra Palo, Carlos Vesteiro, Ernesto Gutierrez Tamargo, Santiago Milans del Bosch, Peregrina Millán Astray, Ignacio y Miguel Menéndez, Francisco Pilo, Miguel Ángel Vázquez, Luis Antequera, Esperanza Puente, Josep Anglada, Elena Sanz-Orrio, Salvador Ceprián, José María Blanco Corredoria, Ceferino Maestú, Ramón Tejero Díaz, Rafel Nieto, Casilda Primo de Rivera, Juan Antonio Llopart, Fernando Oriente Coromina, Carlos García Soler, Juan Blanco, Tomás Martín, Carlos Zarco, el coronel Navarro, Pilar Muñoz, Pilar Gutiérrez, Antonio Iglesias, Luis López Novelle, José Manuel Ezpeleta, Fernando Anaya, José Antonio Martín “Petón”, Oscar Sánchez Sandoval “Rayito”, Ramiro Ribas Narváez; Pedro Pablo Peña. Mª Cruz Jara, Fernando Santos, Jesús Landa, Pablo Segarra, Fernando Stampa, Juan Serrano Mannara, Ernst-Christoph Schkopp, Pablo Fernández Blanco, los cubanos Manuel Ubals y José Luis González Tanquero, Fernando Martínez, Fernando Trujillo, Santiago Casero, Carlos Batres, Miguel Valenciano, Jesús Muñoz, Javier Marcos, Manuel Galiana, Abelardo Pons, Manuel Andrino, Carlos Rodríguez, Marisa López Alonso, Ricardo Ynestrillas, Eduardo García Serrano, nuestro primer mentor – al que desde aquí mando un fuerte abrazo con todo nuestro agradecimiento, pese a los rumbos ideológicos que cada uno adoptamos –; …decenas de escritores, historiadores y amigos que han hecho de nuestro programa un reto cada semana, por lograr llegar a esos dificilísimos espectadores que aporta el medio – internet – peleando con las todopoderosas cadenas de difusión al uso. Me perdonaran los no mencionados, pues escribo de memoria Y también los que, como Manuel Galiana, se quedaron sin programa porque siempre nos sirvieron de comodín para ajustar la programación. Nunca se lo hemos agradecido bastante.

Grabamos en la librería Europa de Barcelona, en Guadalajara, en Santiago de Compostela; nos acompañaron los plantados cubanos, los voluntarios de la División azul…

Sí, sinceramente creo que es como para sentirse muy orgullosos y sin embargo… no lo estamos del todo.

Nacimos para ofrecer a España, a través de nuestros programas, una clara visión de los planteamientos y posiciones que La Falange tiene hoy, respecto del pasado, del presente y del futuro. Con intención de ofrecer normalidad a los demás; que se entendiera que ser falangista es perfectamente compatible con los seres humanos normales y corrientes; si acaso con una sensibilidad, una preocupación social y un compromiso mayor que la mayoría de los mortales, razón por la cual militamos, con mayor o menor éxito. Y eso también creemos haberlo logrado.

Pero dábamos muestras de agotamiento. De haber alcanzado el techo en el modelo, en el formato, en el medio, o en la transmisión de ideas y planteamientos. Somos conscientes de que son muchos los que nos escuchan en España y lejos de ella también, gracias a la conexión con la Agencia de Noticias Hispanoamérica, pero nuestro crecimiento ya se hacía lento, pesado.

Y nada peor para un proyecto exitoso, que dejarlo envejecer hasta la extenuación y perder con ello el rédito y el prestigio de lo logrado hasta entonces.

España y Europa, en los próximos meses, se enfrentará a un cambio de gobierno – y quién sabe si de Sistema – dónde los falangistas tenemos que tener posición y visibilidad. Los indignados, los desfavorecidos, los hartos, los descontentos, los parados… los hambrientos, y también los enemigos de España – ahora en las instituciones, acompañando al resto de enemigos que ya les aguardaban allí – pueden – remotamente, pero pueden – cambiar la fisonomía de los acontecimientos patrios; y tenemos dos opciones: estar preparados y dar la batalla… o morir. Desaparecer. Dejar sitio a otros que sí tengan esa capacidad e intención.

Nuestra opción es la primera. Dar la batalla. Pero una batalla acorde con estos acontecimientos cruciales.

Por eso es fundamental tomar distancia. Retirarse levemente a pensar; recapacitar, organizarse. Ver el tablero de ajedrez desde arriba; contar las piezas, ordenar la estrategia. Y desde luego, no entregar la dama.

Nuestra dama, nuestra Voz de La Falange, no puede desperdiciar ni lo logrado fuera, ni lo logrado dentro, pero tampoco podíamos dejar que se agotara.

La Gran Esperanza, estoy seguro, será vista en el futuro como hoy estudiaremos “Jerarquía”, o cualquiera de las publicaciones que conservamos como oro en paño. La nómina de invitados y testimonios vertidos ante nuestros

micrófonos serán la causa, no nosotros. Y ello merece cerrar la puerta sin dar portazos, para conservar todo dentro, intacto.

Pero que nadie dude que nos ponemos – ya – a trabajar en más proyectos, en más comunicación, en más participación. En recuperar el fuelle para volver a la carga y dejar pequeña a La Gran Esperanza, por lo que seamos

capaces de hacer después. La lucha continúa y si bien la puerta se cierra, en la habitación de al lado habrá luz hasta altas horas de la madrugada. Y dentro estaremos algunos de nosotros, trabajando.

Por eso hoy, hemos querido cerrar con un colofón de lujo. La Falange primigenia. La del sentimiento heroico de la vida, la del valor. La de aquellos sacerdotes bravos que, como Fermín Yzurdiaga, supieron ponerle la pluma a la Cruz, como los Aznar le ponían la espada.

Porque – siempre lo hemos dicho – nosotros estamos orgullosos de nuestra historia. Es allí donde aprendemos las lecciones y apoyamos nuestros talones para coger impulso y actuar en el presente y en el futuro. Y porque conviene no olvidar dónde están nuestros referentes de ayer, para construir la España de hoy y de mañana. Por última vez les pido: acomódense y escúchennos.

Martín Ynestrillas

www.ynestrillas.org