miércoles, 28 de noviembre de 2007

Seguir o no


Cuando me hice el propósito de hacer público estos pensamientos, me dije que iba a ser impermeable a elogios (pocos) y críticas (a buen seguro que muchas, y de dudoso gusto).


Me creí invulnerable, dada mi edad. Sin nada que perder y sin que me importe un ápice la opinión extraña, menos si viene de determinados ambientes podridos.


Pero me engañaba.


Bastó un comentario, que por elegancia y por no romper el estilo no hice público. Uno solo. Uno que me decía que ojalá me hubiera muerto en el frente ruso con mis camaradas.


Claro que el no lo decía así.Pero no voy a orear las miseras ajenas.


He estado muchos días sin escribir, pensando.


Y he descubierto que en el fondo tiene razón. Que debería haber muerto en Rusia. Debería haber caído en la lucha por el ideal que nos enunció José Antonio. Entonces estaría en el paraíso difícil. El paraíso que el Jefe nos prometió. El paraíso donde tantos, como mi querido camarada Ernesto Giménez Caballero, quizá me esperen, llamados por el Jefe.


Un Jefe milagroso (¿Profeta, Apóstol, Soñador?) que, como Cristo sólo pedía sacrificio y prometía dificultades. Un jefe, dueño de un Paraíso difícil, al que no se sube por escaleras de alfombras suntuosas o rápidos ascensores. Un paraíso de peldaños de esfuerzo, fatiga, dolor e incomprensión. Un Paraíso duro y hermético, en el que sólo cabrán los justos. Un Paraíso incomprensible para quienes tienen del Paraíso de los Arcángeles una visión burguesa. Un Paraíso sin arpas ni alas de plumas. Un Paraíso con tambores y flechas.


Seguiremos.


martes, 20 de noviembre de 2007

EL LUCERO MÁS ALTO por Rafael C. Estremera




Ya sé, camarada, que la muerte es un acto de servicio. Tu mismo así nos lo enseñaste, no sólo con la palabra -aguda y elegante- sino con lo único que puede dar contenido a unas frases que, por sí mismas, no valdrían nada: el ejemplo.


Tu entregaste tu vida, -preciosa para la Patria— sin rebeldías ante el destino; pero también sin esa postura romántica -que tanto te desagradaba— de fanfarronada última: de quemar la vida como un castillo de fuegos artificiales en holocausto a la vanidad.



Como ves, utilizo tus mismas palabras. Nadie ha conseguido aun -ni lo logrará nunca- mejorar tus soberbias lecciones de metafísica.



Alguien creerá -cegado por la estupidez propia de nuestros días- que la metafísica es sólo una palabra hueca que no sirve mas que para llenar cabezas jóvenes de ideas absurdas. Igual que aquellos que te acusaban de hacer morir a tus muchachos por vender ideas platónicas a veinte céntimos.



Ellos, en su cerrilismo, nunca podrán comprender que nada que sea eterno y difícil se puede hacer a máquina; y que la metafísica es, precisamente, lo contrapuesto a la máquina. Nunca podrán comprender que metafísica es todo aquello que está mas allá de lo físico, y -por tanto— lo único que no ata, porque eleva. Nunca entenderán que "el corazón tiene sus razones que la razón no entiende. Pero también la inteligencia tiene su manera de amar, como acaso no sabe el corazón."



No. Ellos sólo entienden de lo próximo, lo material, lo que se puede contar y palpar. Es el triunfo de la cantidad, de la masa.



Ya no se habla de rosas, sol y primavera; sino de papeletas, votos y porcentajes. La sagrada unidad de España ha vuelto a jugarse a la lotería de las urnas, y los duendes de cada aldea -bajo sus hongos raquíticos- han vencido, momentáneamente, al destino universal de España.



Pero tampoco saben ellos que los hongos son producto pasajero y fugaz de un chaparrón, en tanto que los luceros llevan brillando en el cielo miles de años. Que los hongos nacen de la tierra y a ella vuelven, mientras que el firmamento con templa -inmutable a nuestra pequeñez- la locura de los duendes aldeanos.



Pero no te preocupes. España no ha muerto; sólo duerme, porque hemos abandonado la vigilancia tensa, fervorosa y segura. Ahora estamos pagando el precio de la confianza y la comodidad.



Pero ya se levantan las nuevas legiones que volverán a conquistar España para sí misma, y que no se dejarán arrebatar el triunfo, porque ahora sabemos que no se puede dar tregua al enemigo; que no se puede olvidar; que no se puede -por inhumano que parezca- perdonar.


La fortaleza, la grandeza de espíritu llevan al hombre a ser generoso. Pero hemos aprendido que con el enemigo no sirve mas dialéctica que la de los puños y las pistolas, porque nos jugamos -muy a nuestro pesar- la continuidad de España.



En los nuevos tiempos difíciles que se avecinan; que quizá ya han comenzado, volveremos a recobrar para la Patria su fe en un destino universal.



Sabemos que el enemigo es fuerte, poderoso y astuto. Pero no nos importa, porque tenemos confianza en que miles de estrellas -de luceros- nos guiarán con su luz en la noche tenebrosa que nos rodea.



Y sabemos que en el mas alto, aquél que mira desde el punto mas cercano a Dios nuestra debilidad e impotencia, estará el jefe de las escuadras celestiales. Estarás tu, camarada.


José Antonio, ¡Presente!


¡Arriba España!

José Antonio, 71 años después


A veces me pregunto, que pensaría si pudiera vernos, nuestro fundador, José Antonio, en el largo devenir de los tiempos. ¿Que diría de nuestro comportamiento?. ¿Que pensaría de nuestra actitud, referente a los problemas actuales de España?. ¿Sabría dar una respuesta justa equilibrada y veraz?: ¿Podría articular, otros puntos, otro articulado falangista?. ¿Volvería a fundar la Falange?. Todas estas interrogantes, y muchas más, se me agolpan en la cabeza, y en muchas ocasiones, se las he planteado a mis amigos más directos.



Pocos saben darme una contestación, lógico. Pero, necesito saber, que es lo que hubiese sucedido de nacer José Antonio en esta época.


Ayer, fallecía un chaval de 16 años, víctima de una puñalada. Propiciada a la sazón, por un joven en defensa propia. El fallecido, iba junto a varios compañeros más, a "reventar" una manifestación de signo contrario.


Antes de ayer, nos insultaban a los falangistas. Nos llaman,"extrema derecha", metiéndonos en el cajón de sastre de su ignorancia y su estulticia. Fruto de la LOGSE, se caracterizan, por ignorar el verdadero espíritu falangista. El Nacional Sindicalismo. Los puntos programáticos de nuestra doctrina.


El mismo Zaplana, del PP, nos trata por que si fuésemos asesinos, y nos quiere prohibir nuestra Marcha de la Corona al Valle de los Caídos, basándose en no se qué de presumir posibles altercados.


En todas y cada una de las manifestaciones que he asistido, eso sí, súper vigiladas por los miembros de los antidisturbios, JAMÁS, JAMÁS, ha existido la mínima infracción. Es curioso: Nosotros, no nos metemos con nadie, no somos agresivos, y nos ponen como si fuésemos "de la kaleborroca".


Y mientras, los verdaderos "anti TODO", campan a sus anchas, con el beneplácito del sistema, y de todos los "demócratas" que han proliferado, como caracoles tras diluvio, en nuestro solar patrio.


¿Quién tiene la culpa?. ¿Zapatero? ¿.......?. Lo cierto es, que el clima de general frustración, invade la tierra patria, por la que entregaron sus vidas tantos hombres y mujeres.


¿Vamos encaminados a una confrontación?. ¡¡Dios no lo permita!!!.


¡¡Que el ejemplo plasmado en esa inmensa Cruz que preside el Valle de los Caídos, como símbolo de reconciliación entre todos, y monumento a lo que NÓ, DEBE REPETIRSE, sea el toque de atención, que llame al orden!!!.


José Antonio, duerme entre sus muros, al igual que Franco, y miles de hombres más. Pienso que José Antonio, no le gustaría protagonizar, en su tumba, un papel del que nunca quiso ser primer actor.


Pero, si por una casualidad milagrosa, pudiese ver lo que pasa en su amada España, yo le diría:"Jefe, te necesitamos. España, tu España, te necesita. No nos abandones otra vez más. Quédate con nosotros, y trata de arreglar este desbarajuste."


Yo creo, que 71 años después. José Antonio nos contestaría":ADELANTE."

Por Rafael Moreno.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Carta de un mártir a su novia antes de ser fusilado.



Del beato Bartolomé Blanco Márquez, cooperador salesianoNacido en Pozoblanco (Córdoba) en 1914, Bartolomé Banco fue arrestado como dirigente católico (era secretario de los Jóvenes de Acción Católica y delegado de los Sindicatos Católicos) el 18 de agosto de 1936. Fue fusilado el 2 de octubre de 1936 mientras gritaba «¡Viva Cristo Rey!». Tenía 21 años.


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Prisión Provincial. Jaén, 1 de octubre de 1936.


Maruja del alma:


Tu recuerdo me acompañará a la tumba y mientras haya un latido en mi corazón, éste palpitará en cariño hacia ti. Dios ha querido sublimar estos afectos terrenales, ennobleciéndolos cuando los amamos en Él. Por eso, aunque en mis últimos días Dios es mi lumbrera y mi anhelo, no impide que el recuerdo de la persona más querida me acompañe hasta la hora de la muerte.


Estoy asistido por muchos sacerdotes que, cual bálsamo benéfico, van derramando los tesoros de la Gracia dentro de mi alma, fortificándola; miro la muerte de cara y en verdad te digo que ni me asusta ni la temo.


Mi sentencia en el tribunal de los hombres será mi mayor defensa ante el Tribunal de Dios; ellos, al querer denigrarme, me han ennoblecido; al querer sentenciarme, me han absuelto, y al intentar perderme, me han salvado. ¿Me entiendes? ¡Claro está! Puesto que al matarme me dan la verdadera vida y al condenarme por defender siempre los altos ideales de Religión, Patria y Familia, me abren de para en par las puertas de los cielos.


Mis restos serán inhumados en un nicho de este cementerio de Jaén; cuando me quedan pocas horas para el definitivo reposo, sólo quiero pedirte una cosa: que en recuerdo del amor que nos tuvimos, y que en este instante se acrecienta, atiendas como objetivo principal a la salvación de tu alma, porque de esa manera conseguiremos reunirnos en el cielo para toda la eternidad, donde nada nos separará.





¡Hasta entonces, pues, Maruja de mi alma! No olvides que desde el cielo te miro, y procura ser modelo de mujeres cristianas, pues al final de la partida, de nada sirven los bienes y goces terrenales, si no acertamos a salvar el alma.





Un pensamiento de reconocimiento para toda tu familia, y para ti todo mi amor sublimado en las horas de la muerte. No me olvides, Maruja mía, y que mi recuerdo te sirva siempre para tener presente que existe otra vida mejor, y que el conseguirla debe ser la máxima aspiración.





Sé fuerte y rehace tu vida, eres joven y buena, y tendrás la ayuda de Dios que yo imploraré desde su Reino. Hasta la eternidad, pues, donde continuaremos amándonos por los siglos de los siglos.



http://www.generalisimofranco.com/noticias4/K091107.htm

jueves, 8 de noviembre de 2007


Es el soldado...

"Es el soldado, no el periodista,quien nos ha dado la libertad de prensa.


Es el soldado, no el poeta,quien nos ha dado la libertad de expresión.


Es el soldado, no el agitador de campus,quien nos ha dado la libertad de manifestación.


Es el soldado, no el abogado,quien nos ha dado el derecho a un juicio justo.


Es el soldado, no el político,quien nos ha dado el derecho de voto.


Es el soldado, que saluda a la bandera,que sirve bajo la bandera,y cuyo ataúd está envuelto en la bandera,quien permite al manifestante que queme la bandera."


(Charles M. Province)

El militante que nunca entraba en los foros.


Había una vez un militante llamado Pepe. No se llamaba ni Roger88, ni Thunderbolt, ni Montmorecy: era Pepe, y así le llamaban en casa, en el trabajo y en la Asociación Cultural donde hacían aeromodelismo y tenían su equipo de futbito, que Pepe entrenaba con ilusión.
Pepe no era rico, qué le vamos a hacer. Aunque había estudiado Filosofía y Letras con esfuerzo y había tenido que pagarse los estudios con diversos trabajos, no era docente ni nada parecido. A sus cuarenta y alguno ya tenía su tienda de fotografía, en la que también vendía las maquetas tan curiosas de aviones de otra época, o los soldaditos de plomo que alguna vez había regalado a sus camaradas como detalle simpático.
Pepe se casó, con Rosa... y con una hipoteca. Tuvo dos hijos muy guapos, de los que dan guerra y a veces tienen anginas. Pepe adquirió por herencia paterna una úlcera de duodeno a fuerza, además, de algún disgustillo que otro, y de los palos que la vida te pone entre las ruedas cuando te aferras a ella.
Lo que hace que Pepe sea distinto es que además militaba en un partido político minoritario, sin apenas representación, y que se decía patriota. Pepe llevaba más de la mitad de su vida cotizando a ese y otros grupos, unas veces efímeros, otras más duraderos.
Pepe lloró el día que mataron a José Alberto, cuyo crimen lleva veinte años sin resolver. A Pepe una vez le pusieron una placa de titanio para sujetarle las piezas que sustituyeron a sus tres dientes arrancados mediante un golpe con un bate de béisbol. A Pepe no le gustaba el béisbol, se llevó el jicarazo repartiendo propaganda en una calle del ensanche. El "bateador" dijo al juez que esa tarde estaba con su novia y que era insolvente.
Pepe se gastaba algunos extras de su dinero en financiar "la Causa", sin que se enterase Rosa, que sí se enteraba, pero que hacía como que no lo veía porque cuando se ama, todo se perdona. Rosa esperaba que los afanes de políticos de Pepe triunfasen aunque no era tan forofa, y si un día lo fue, se debe a que Pepe le contagió su entusiasmo, como también le contagió el catarro aquella noche, tras la cartelada que acabó en medio de la nieve.
Pepe sabía lo que es Internet y la utilizaba, como todo hijo de vecino, igual que leía el Marca y ponía discos de los años ochenta.
Llegó un día, uno más, en el que los de un partidito cercano al de Pepe, insultaron en la red al partido de sus amores. Pero Pepe no contestó, como sí lo había hecho aquella noche. Entonces le dijo un par de cosas a un concejal, al que luego dio la carrera del señorito por pensarse el buen edil que la calle era sólo suya y sólo él podía poner carteles electorales.
Volvamos a los insultos y a las insidias en la red de redes. ¿Acaso se había rendido Pepe? Yo creo que no. Me parece que esa tarde Pepe tenía que ir "al partido" después de cerrar la tienda. Creo que después de pintar la nueva sede iban a barrer y a limpiar, para que las cortinas que cosieron Rosa y Marga quedaran bonitas en las ventanas del local.
Espero que Pepe no lea estas líneas. Pepillo, maestro, no nos hagas caso. Si nos vemos en el Valle te daré un abrazo y a ver si voy a verte, y a Rosa, y a los niños... (Esta historia es totalmente ficticia... si Pepe existe, no nos lo merecemos).


Escrita por mi amigo falc.-

domingo, 4 de noviembre de 2007

HONRAD A LOS MUERTOS, DESPRECIAD HALLOWEEN



El Halloween a la española empezó siendo una fiesta de niños que se disfrazaban tal y como veían en la televisión. Luego se generalizó en las escuelas, con frecuencia bajo estímulo de los cuadros docentes. Inmediatamente después, las concejalías de Cultura de los municipios decidieron amparar el festival y ampliárselo al público adulto, en una enésima versión de ese “pan y circo” en que suele consistir la gestión cultural pública. Hoy la fiesta de Halloween forma parte de los hábitos de nuestros compatriotas: los que no se disfrazan, ayudan a sus hijos a hacerlo. La pregunta es: ¿Saben por qué hacen eso? La respuesta es no.

Mientras Halloween se extendía entre nosotros, iba evaporándose al mismo tiempo la fiesta tradicional de Difuntos, la fecha en que la gente honra a sus muertos recordándolos, acudiendo al cementerio, llevando flores a las tumbas. No hace mucho tiempo, los poderes públicos estimulaban, ese día, la representación pública de Don Juan Tenorio, la obra de Zorrilla. Hoy casi nadie recuerda al Burlador: se lo ha tragado Halloween.

¿De dónde viene Halloween? De Norteamérica, por supuesto, pero, ¿nació allí? No. De hecho, quienes pretenden defender el valor cultural de esta fiesta comercial suelen insistir en que, en origen, Halloween era una fiesta céltica de los difuntos, de manera que los europeos no estaríamos copiando algo ajeno, sino recuperando algo que era nuestro. Es un asunto sobre el que conviene decir un par de cosas. El antecedente inmediato del Halloween moderno es la fiesta inglesa del periodo llamado Hallowtide, que comprende desde la vigilia de Todos los Santos hasta el día de los Difuntos. Y su antecedente remoto, en efecto, es una vieja fiesta céltica, Samhain, Samain o Samuhin, que ha conseguido sobrevivir hasta una fecha relativamente reciente en Irlanda. Ahora bien, el Halloween actual ya no tiene nada que ver con aquello.

Esas fiestas de Samain tenían por objeto ritualizar el momento en que el mundo de los vivos se encontraba con el de los muertos. Fue una fiesta pagana hasta el año 835, cuando la Iglesia transfirió el día de Todos los Santos desde el 13 de mayo al 1 de noviembre; el día de Difuntos no fue transferido al 2 de noviembre hasta 988. Roma superpuso así las fiestas de la religión cristiana a las de la religión pagana, en un género de sincretismo muy frecuente y que explica por qué el catolicismo -el de antes- es más una religión europea que una fe próximo-oriental.

De lo sagrado a lo banal

El hecho es que tanto antes como después de la cristianización, las fiestas de Todos los Santos y de Difuntos tenían una función muy concreta: honrar a los muertos. Para ello era costumbre encender hogueras sobre las colinas; en esas hogueras se quemaba simbólicamente el mal (a veces, en tiempos ya lejanos, no sólo simbólicamente) y se invocaba la protección de los antepasados, que no eran imaginados como seres terroríficos que salían de sus tumbas, sino como espíritus familiares dispuestos a ayudar a los vivos. Todavía en tiempos de la reina Victoria se encendía una gran hoguera frente a Balmoral.

La superstición de los fantasmas vinculada a estas fiestas es más bien tardía y proviene de una vulgarización del sentido original del rito. Lo esencial en esta fiesta no era el miedo que da el muerto viviente, sino la fuerza que nos proporciona la comunicación con el reino de la muerte. La fiesta tradicional no conjuraba a los muertos como una potencia negativa –ni en el Samain ni, después, en el Día de Difuntos-, sino que reintroducía a los muertos en la comunidad. En ese sentido, la costumbre española de representar Don Juan es fiel al verdadero espíritu de la fiesta. Más fiel, sin duda alguna, que todas estas imitaciones del Halloween americano, donde el muerto ya no es un socio, sino un enemigo. En esa diferencia reside toda la cuestión.

Lo que hoy celebra a nuestro alrededor toda esa gente disfrazada de monstruo cómico no tiene nada que ver ni con el Día de Difuntos cristiano ni con su precedente pagano. Es una pura parodia comercial, banalizada, frivolizada, que en el fondo oculta un enorme trastorno de nuestra cultura: ya hemos dejado de saber vivir junto a nuestros muertos.

Pero toda cultura, como recordaba Jünger, se construye sobre el culto a los muertos. Cuando estos son vistos como algo repulsivo o grotesco, es que una cultura ha llegado a su etapa terminal. ¿Queréis salvarla? Honrad a vuestros muertos, despreciad Halloween.


José Javier Esparza

www.elmanifiesto.com

martes, 30 de octubre de 2007

CIUDADANOS DEL CIELO


DIECIOCHO de los mártires beatificados ayer apenas habían inaugurado la juventud cuando el odio segó sus vidas: contaban entre dieciséis y diecinueve años. Podemos figurarnos cómo eran: muchachos ingenuos, rústicos, que no habían conocido otros paisajes que los del pueblo que los vio nacer y los que rodeaban el convento en el que habían ingresado; muy probablemente no hubiesen leído un periódico en su vida, desde luego carecían de preferencias políticas; no sería descabellado pensar que todavía añorasen los juegos de la infancia, no sería descabellado imaginarlos pegándole patadas a una pelota de trapo en el claustro del convento, lanzándose migas en el refectorio ante la mirada desaprobatoria o condescendiente de los hermanos mayores. Habrían abandonado la casa familiar a una edad muy temprana: tal vez sus propios padres los incitaran a ello, incapaces de subvenir las necesidades de una prole demasiado copiosa; tal vez fueron ellos mismos quienes lo solicitaron, después de escuchar la prédica subyugadora de un fraile que pasó por su pueblo. Sus labios todavía no habrían aprendido a besar; pero de repente se sintieron colmados de un amor que no defrauda y decidieron entregarse a él con el tozudo entusiasmo de la adolescencia.
Y un día cualquiera el aire se llenó de pólvora. Los sacaron a rastras de sus celdas, los metieron a empellones en el remolque de un camión, los condujeron a una cárcel lóbrega. Al principio, no comprenderían qué estaba sucediendo; pero pronto supieron que iban a morir. Su carne se rebelaba contra ese designio: seguramente palidecieron de horror; seguramente lloraron desconsolados, recordando a la madre de la que no podrían despedirse, a la hermana que les mandaba unas cartas casi analfabetas pero preñadas de emoción; seguramente se desmayaron, con la esperanza de que aquella pesadilla se hubiese disipado cuando volviesen a recuperar la consciencia. Pero entre los escombros de su entereza asomó entonces aquel amor al que un día decidieron entregarse; asomó como una flor aterida, como una llama exangüe, para enseguida hacerse robusta, para fortalecerlos con su fuego y con su savia. Y supieron que ese amor tampoco iba a defraudarlos en aquel trance; era un amor que tenía la frescura de la hierba recién segada, la tibieza de una lumbre en una noche de invierno: los abrazaba muy delicadamente, los envolvía como una vid que entre el jazmín se va enredando, los aureolaba y enaltecía. Miraron a los ojos a los carceleros que los custodiaban; y los hicieron depositarios de ese amor, les dejaron en herencia ese amor que no defrauda.
Conocemos por relatos de testigos las últimas horas de aquellos muchachos que apenas habían inaugurado la juventud. La proximidad de la muerte no los descomponía. Oraban con más fervor que nunca: las plegarias que en alguna ocasión habían brotado de sus labios como fórmulas rituales o somnolientas adquirían de repente el temblor recién estrenado de una promesa nupcial. Comulgaban con más unción que nunca: el pan que se deshacía en su boca exorcizaba la postrera sombra, los inundaba con la luz de un blanco día que borraba los angostos muros de su prisión. Ahora ya sabían que ese amor que los había colmado en la adolescencia los anegaría más allá de la muerte, hasta fundirlos en su seno; y esperaron la muerte como los novios de antaño esperaban la noche de bodas: con estremecimiento y una muda, deslumbrada felicidad que a veces se entreveraba de inquietud, porque temían no estar a la altura de la misión que se les había encomendado. Sabemos que en aquellas últimas horas se dedicaron a confortar a sus compañeros de prisión, sabemos que repitieron aquellas palabras que Jesús dedicó al ladrón que compartía su suplicio, sabemos que caminaron hacia el patíbulo entonando cánticos de alabanza, como si acudieran a un banquete que iba a saciar para siempre su hambre de amor. Y sabemos que murieron invocando ese amor que los iba a poseer por toda la eternidad, reclamando que ese amor reinase también entre sus verdugos, reclamando que algún día pudiesen también ellos disfrutarlo en plenitud.
Ahora son ciudadanos del cielo. Y su tozudo entusiasmo de dieciséis, diecisiete, dieciocho años viene hasta nosotros, para decirnos que no estamos solos, que hay un amor que no defrauda.


Juan Manuel de Prada


Publicado en ABC el 29-10-2007

lunes, 29 de octubre de 2007

HOY HACE 74 AÑOS....




Ya tienen de nieve el capirote los picos más altos de Guadarrama y Gredos. Y es oro maduro de hojas muertas la tierra de los parques madrileños. Ya avanzan los campeonatos de fútbol, duermen las plazas de toros soñando primaveras, y Don Juan Tenorio, calavera y gallardo, se maquilla en los escenarios, preparándose a raptar novicias y a convidar a difuntos. El 29 de octubre de 1933 tuvo Madrid una luz clara, otoñal, tamizada de nieblas y nubes blanquecinas. Hasta el mediodía no salió decidido el sol. Era un día tibio de otoño madrileño, sacudido a veces por el ramalazo gélido de la sierra cercana.






Tras largos cuchicheos, los excelentísimos señores don Diego Martínez Barrio, Presidente del Consejo de Ministros; don Manuel Rico Avello, Ministro de la Gobernación, y el Director General de Seguridad, habían anunciado la radiodifusión del “acto de afirmación nacional” que en el coliseo de la calle del Príncipe, de Madrid, tenían anunciado los señores Primo de Rivear (don José Antonio), Ruiz de Alda (don Julio) y García Valdecasas (don Alfonso).


Por rara casualidad —alguna vez se daban en la República— España gozaba, en aquellos días de período electoral, de la plenitud de su Constitución liberalísima de 1931. No había estado de prevención o de alarma y funcionaba completa la maravillosa y generosa maquinaria de las garantías constitucionales. Era difícil, pues, poner trabas al acto anunciado, aun cuando corriese el rumor de que algunos extramistas intentarían impedirlo por la violencia.


El señor Primo de Rivera era candidato a Diputado a Cortes “independiente” por Cádiz. El señor García Valdecasas, todavía era Diputado de aquella agrupación de intelectuales “al servicio de la República”, que —aunque ciertamente no le había prestado muchos, pues se alejó enseguida de su órgano constructor, las Cortes Constituyentes, gritando “no es esto, no es esto”, diciendo que la República tenía “perfil agrio” y que si fue y que si vino—, al fin y al cabo, sonaba como “cosa democrática”. El tercer orador, Julio Ruiz de Alda, carecía de matiz político demasiado definido, no obstante sus coqueteos fascistas y haber figurado el verano último en uno de los imaginarios “complots” en que tanto se deleitaba la fantasía republicana de Casares Quiroga. Lo que la gente podía ver en Ruiz de Alda era su fama ganada en magníficas hazañas de aviación, y en ellas había aparecido siempre junto a Ramón Franco, a la sazón uno de los más exaltados defensores de la República. Los señores Primo de Rivera, García Valdecasas y Ruiz de Alda se iban a reunir con unos cuantos amigos a lanzar un “partido político” nuevo, un “programa” más. La “cosa” carecía de importancia, y un Gobierno verdaderamente liberal y republicano no podía dar la sensación de que le asustaba el nombre del señor Primo de Rivera —¡oh, el recuerdo de la Dictadura estaba bien muerto, y nada podría hacerle resucitar en el pueblo español, “gozoso” con el régimen que se había dado en la jornada gloriosa del 14 de abril!—, aunque el señor Primo de Rivera fuese uno de los redactores de aquel periodiquito El Fascio, que hubo de recorrer y prohibier meses antes el Gobierno Azaña. ¿Qué podían representar y significar aquellos tres hombres jóvenes? Nada. El señor Primo de Rivera sería derrotado en las próximas elecciones, como lo había sido en las parciales de Madrid el año 31. Del acto de la Comedia, pasados unos días no quedaría ni el recuerdo —como no fuese en alguna nariz de “joven fascista” apuñada por un republicano—. Ni siquiera sonaría a los ocho días el eco de los graznidos de los socialistas y los redactores de periódicos rabiosamente republicanos que consideraban una “provocación” intolerable la pretensión de los “señoritos fascistas” de hacer oír su doctrina.


Así, pues, la cordura democrática del Gobierno se atrevió a autorizarlo, a permitir que se radiase y a protegerlo .En los bares madrileños, entre el ruido de las cañas, las fichas de dominó y las conversaciones de los “marchosos”, algunas gentes curiosas —muchos jóvenes ávidos de oír auténticas voces españolas de no profesionales de la política— pudieron escuchar a los tres oradores.


Ellos estaban seguros —contrariamente al Gobierno y a la opinión de otras muchas gentes sesudas del momento— de que aquel acto estaba lleno de gravedad y de augurios. El Destino nunca llama a las puertas del hombre con apremios dramáticos para una puerilidad. Los tres oradores conocían con exacta intuición que aquella mañana de domingo tendría su lugar en la Historia de España. “Sin querer hipotecar el futuro enigmático, teníamos el convencimiento —ha escrito el único superviviente de los tres, Alfonso García Valdecasas—, de que era un acto llamado a importar en la vida de España. No por lo que significaran las personas, sino por lo que significaba su actitud. Porque aquel acto quería expresar el anhelo y la inquietud de la España eterna, tal como la sentía una generación nueva, cuya conciencia española se había ido formando a través de la experiencia amarguísima de esta tensión juvenil. Pero teníamos la creencia de que las ocasiones en que anteriormente se había manifestado, a pesar de su autenticidad, no habían tenido el volumen nacional necesario. Hacía meses que planeábamos darle estado público. Llegamos a tener redactado un manifiesto, obra principalmente de José Antonio, y parte del cual pasó a su discurso de octubre; pero nos pareció que un manifiesto caería en frío. Hacía falta un acto de presencia personal. La disolución de las Cortes y el plazo de campaña electoral nos dio ocasión. Anunciamos el acto como de afirmación española. Porque lo que había que afirmar, entonces como hoy, era a España, cuya existencia estaba en peligro. El nombre de Falange no estaba aún definitivamente decidido”.

Felipe Ximénez de Sandoval.



martes, 23 de octubre de 2007

FALLECE JUAN ANTONIO CEBRIÁN.- ADIÓS MAESTRO.-



Onda Cero informa a sus oyentes de una noticia que ojalá no hubiéramos tenido que contar nunca. La noticia de la muerte de un compañero. Ha fallecido Juan Antonio Cebrián, de repente, por culpa de un infarto traicionero que llegó esta tarde sin avisar, sin darle ocasión a Juan Antonio de despedirse de ustedes, la familia de los oyentes de Onda Cero y la familia de sus oyentes de La Rosa de los Vientos. Esta noche no va a haber Rosa de los Vientos, porque se nos ha muerto el alma de este programa, el hombre que lo creó, lo inventó, lo hizo crecer y lo condujo con mano maestra hasta convetirlo en lo más hermoso que puede llegar a ser un espacio de radio: un programa de culto, una parte de la vida de cientos de miles de personas que escuchaban, admiraban y querían a Juan Antonio Cebrián. Su muerte nos ha dejado a todos perplejos, y deja a nuestra cadena huérfana de una de sus voces más genuinas, una voz que siempre tuvo el sello de esta casa, la impronta de Onda Cero. Juan Antonio ha formado parte de esta aventura desde que levantamos el telón, hace ya diecisiete años. Un buen día llegó al estudio con su música favorita en una mano y su innata capacidad de transmitir en la otra: el resultado fue "Discos Cero", el primer paso de una carrera que, para él, era una forma de ver y entender la vida. En aquella Onda Cero que empezaba, a Juan Antonio Cebrián le bautizamos entre todos como "el Cebri": inquieto, curioso, creativo; inventor de programas muy diversos -"Bienvenidos al club", "La Red", "Azul y verde"-, que compartieron siempre un denominador común: el afán por divulgar, la otra gran pasión de este Cebri que hoy se nos ha marchado sin previo aviso: la divulgación histórica. Solo él era capaz de convertir a Juana la Loca en un vivisimo personaje radiofónico. Gracias a él aprendimos, entre excursiones científicas, grandes enigmas, y criticas de cine antológicas, gracias a él aprendimos a disfrutar de aprender escuchando la radio. Un buen día Juan Antonio, hombre de radio, descubrió que a sus oyentes del "Turno de noche" les fascinaba descubrir "Pasajes de la Historia". Y así empezó una irrepetible serie radiofónica, que acabaria siendo el germen, también, de la carrera literaria de Cebrían, el escritor, el divulgador, el autor que cosechaba, libro tras libro, abrumadores éxitos de ventas. Esta noche la familia de Onda Cero, y la familia de La Rosa de los Vientos, está enlutada. Hoy la vida -siempre imprevisible- nos ha dejado sin uno de los grandes de este medio. Sólo la muerte le podía impedir acudir a la cita con la audiencia. Sólo la muerte podía apartarle de este micrófono que era suyo. Esta es la noticia que ojalá nunca hubiéramos tenido que dar. Que se nos ha ido Juan Antonio Cebrián. Uno de los grandes. Uno de los buenos. Uno de los nuestros.


Periodista y escritor, Juan Antonio Cebrián (Albacete, 1965) era una de las grandes voces de la radio. Ha muerto en Madrid a los 41 años El periodista Juan Antonio Cebrián realizó, entre otros, los espacios radiofónicos "La Red", "Azul y verde" y el siempre recordado "Turno de noche". Desde hace nueve temporadas, dirigía y presentaba "La rosa de los vientos" en ONDA CERO. También fue director de la revista LRV y en la actualidad era colaborador habitual del diario El Mundo y de la revista Historia de Iberia Vieja.A lo largo de su trayectoria recibió premios como el de "Mejor Locutor" (1994), concedido por la Asociación de Corresponsales Diplomáticos, y al de Mejor Programa Radiofónico, otorgado por el semanario Águeda en 1996 al espacio "Turno de noche". El Fondo Mundial de Protección a la Naturaleza le concedió también en 1998 el premio a "la Mejor Divulgación¿.Cebrián se consagró en los últimos años como un autor de éxito, con más de 300.000 ejemplares vendidos. Su nuevas obras, "Mis favoritos" y "Enigma", ocupan los primeros puestos en las listas de libros más vendidos.
ADIÓS MAESTRO
¡¡¡FUERZA Y HONOR!!!

sábado, 20 de octubre de 2007

Pastor de lobos ( por Juan V. Oltra )




Vivimos en una sociedad donde se tiende a llevarlo todo a los extremos. A crear buenos y malos; blanco y negro con ausencia de gris. La lectura de un libro de Darcy O´Brian con un pasaje estremecedor de la segunda guerra mundial me ha dado un bofetón mental, me hace ver más claro que malos, hay muchos, pero que muchos. Que vencer o perder una guerra no significa que uno de los dos bandos sea el bueno y el otro el malo, que quizá ambos sean perversos y los buenos, los que tienen como destino perder la guerra, gane quien gane. Este bofetón es el que quiero compartir con ustedes, con este pequeño resumen del texto de O´Brian.
Hacia finales del verano de 1944, en Cracovia los alemanes empezaron una redada casa por casa para apresar a todos los hombres jóvenes. El primer día, ocho mil hombres fueron a parar a los campos de concentración. Dos jóvenes obreros, que eran seminaristas clandestinos, Lolek y Mainski, se vieron obligados a esconderse.
La redada trataba de impedir un intento de rebelión como la que acababa de estallar en Varsovia, donde ciento cincuenta mil ciudadanos, de los que menos de una cuarta parte iban armados, se levantaron contra los alemanes llegando a tomar muchos edificios estratégicos de la ciudad. Casi hubiera sido posible ver una historia alternativa, pero no contaron con unos convidados que fueron de piedra en lugar de activos comensales: los miembros del clandestino ejército comunista que solo aceptaría ordenes de Moscú, enfrentado al Armia Krajowa, el Ejército Nacional Polaco. Moscú permaneció mudo, sin emitir orden alguna.
Y es que Varsovia se levantó en un momento clave: cuando el Ejército Rojo que había obligado a la Wehrmacht a retirarse a Polonia oriental había llegado al Vístula. Los rebeldes calcularon que los rusos continuarían su marcha y llegarían a Varsovia a tiempo para auxiliarles en su rebelión.
El error en que cayeron fue el pensar que a los rusos, a todos los aliados quizá, les interesaba de verdad ayudar a Polonia a recuperar su libertad. En uno de los actos más execrables de toda la guerra, los rusos se detuvieron mientras el ejército alemán arrasaba Varsovia y masacraba a los rebeldes. Churchill y Roosevelt solicitaron a Stalin que ayudara a los rebeldes, o que al menos les habilitaran pistas de aterrizaje para que los aviones americanos e ingleses pudieran arrojar armas para los rebeldes. El Zar rojo se negó, espetándole a Churchill que “Tarde o temprano la verdad sobre el grupo de criminales que se ha embarcado en la aventura por la toma del poder en Varsovia quedará a la vista de todos”. Los polacos que ahora asesinaban los alemanes hubieran supuesto obstáculos a la dominación rusa de su patria, mientras los comunistas polacos sobrevivían en la clandestinidad.
De forma inesperada e increíble, los combatientes resistieron un par de meses. Doscientos cincuenta mil muertos convirtieron a Varsovia en un cementerio, mientras otros morían al intentar escapar. Tras el cese del fuego, medio millón más de personas fueron a campos de concentración, de tal manera que cuando los rusos entraron tres meses después en la ciudad, no quedaba viva a una sola persona en los límites donde el combate se desarrolló y que antes de la guerra albergaba a un millón doscientos cincuenta mil polacos judíos y católicos. No existe, al margen de las ciudades arrasadas por las bombas atómicas, una devastación semejante en toda la segunda guerra mundial.
Lolek, el seminarista que escapó disfrazado, un bueno en un mundo de malos, quedó marcado por esta experiencia, que laceraría su corazón siempre. Una herida que marcaría su pontificado como Juan Pablo II. Un pastor que vio claro que incluso su rebaño de ovejas estaba preñado de lobos, que tenía que ponerse manos a la obra. Y lo hizo. Pero a pesar de eso, yo me pregunto… ¿Cuántos lobos siguen con mando en plaza?. Mejor, no me contesten.

74 años no son nada.....

miércoles, 17 de octubre de 2007

UNA MEMORIA QUE ENVILECE (por D. José Utrera Molina)



Vivimos un tiempo en el que la estupefacción, el asombro y la sorpresa indignada reinan por doquier. Nuestra existencia, normalmente tranquilizada por los muchos años que ha vivido sin mortales sobresaltos, contempla ahora sin dar crédito a lo que ve el perfil resignado de la actual situación española, donde todo nuestro ser físico y moral se revela con la amarga angustia de la impotencia. ¿Es posible que un solo hombre, me refiero claro está, al presidente Zapatero, albergue tal caudal de odio en su alma para ser capaz de reconducir la historia de España a una situación de conflicto, de confrontación y de reverdecimiento de antiguos rencores? Por haber ejercido función política durante muchos años, me he abstenido siempre de realizar una crítica ligera y apresurada referida a los que ostentaban responsabilidades políticas, pero en esta ocasión no tengo más remedio que lanzar mi «yo acuso» a quien increíblemente, por una incomprensible nostalgia del pasado, está dispuesto a abrir de nuevo las zanjas que los años habían cubierto de hierba apacible.
La principal tarea del gobernante es tratar, sin duda, de obedecer el código de sus convicciones sin producir detrimentos insoslayables en aquellos que se sitúan en una posición adversa. La prudencia es una virtud superior a la astucia; la serenidad, la clave de cualquier género de comportamiento responsable. La demagogia temeraria deja de ser un error para convertirse en un mal incalculable. Insisto en que volver otra vez a recordar lo que el tiempo ha cubierto con su peso y con su valor es un disparate de tremendas e insospechadas consecuencias. El ejercicio de la reconciliación nacional lo llevamos a cabo hace mucho tiempo. En las filas del Frente de Juventudes, donde yo me honré en pertenecer, jamás se habló de rojos ni se lanzaron vituperios contra los que considerábamos adversarios. Yo pertenezco a una generación que no hizo la guerra, pero fui testigo con nueve años de la tragedia que asoló a nuestra tierra. En mi propia familia sentí el desgarrón que suponía esta lucha fratricida. Un hermano de mi madre, comandante de la Guardia Civil en Albacete, fue fusilado y rematado horas después a bayonetazos en el Hospital Naval de Cartagena. Mientras tanto, en otro lugar de nuestra misma tierra, un hermano suyo pertenecía al ejército republicano. Moriría después en el exilio. Nadie puede, pues, acusarme y como a mí, a centenares y a miles de españoles, de haber fomentado una moral cainita. Mejor que memoria histórica, cabría decir olvido histórico, porque aunque creemos que la situación originada por la República española demandaba una solución quirúrgica, y la verdad no puede estar en modo alguno en dos sitios, los que servimos unos ideales de justicia y de amor no nos podemos resignar ahora a refugiarnos en un silencio cómplice, ante lo que acontece actualmente en la vida española, es decir, con la ruptura de su unidad, con la suicida disgregación que esta ley supone, con la sumisa aceptación de culpabilidades no existentes y con el olvido de hechos reales que muchos de nosotros contemplamos en nuestra primera juventud atónitos y prematuramente desesperados. Esta demagogia social nos puede conducir de nuevo a un enfrentamiento que no existe, a una lucha apagada en el tiempo y, en la razón, a un conflicto señalado tan sólo por una memoria que pretendió la integración y que no suscitó nunca el ánimo de contienda entre los españoles. La responsabilidad histórica del actual presidente tiene caracteres de enormidad, es un salto mortal, una daga venenosamente afilada para que se introduzca de nuevo en el corazón de los españoles y que también produce un hecho que quizás no hayan tenido en cuenta los legisladores. Que el actual Rey de España, que lo es de todos los españoles, aceptó en su día la legitimidad histórica del 18 de julio. La condena total al Régimen no admite excepciones e incorpora a la figura del Rey a esta condenación.
De todo lo escrito, me gustaría señalar un ejemplo claro de cómo actuamos la mayoría de los hombres que ostentamos responsabilidades políticas en el Régimen anterior. En cierta ocasión, un gobernador civil de una provincia española, cuyo nombre no hace al caso recibió una carta desgarrada y patética de un miembro del Partido Comunista condenado a muerte en la prisión de Burgos. En aquella carta se dirigía al gobernador del que había tenido noticias y sabía que actuaba en su misión con generosidad y con justicia. Al recibir la carta el hombre que ostentaba la responsabilidad en de Gobierno en la provincia, se trasladó a la capital de España para lograr cumplir el deseo de quien rogaba poder asistir a su madre, gravísimamente enferma, en los últimos días de su vida. Aquel gobernador consiguió el traslado del recluso a la provincia de Ciudad Real y éste permaneció junto a su madre hasta que recibió las últimas paletadas de tierra. Este militante del Partido Comunista vive aún, se llama Benito Ruiz, y habita en la calle Ciudad Real de Miguelturra.
Él dio siempre muestras -porque quedó indultado años después- de una gratitud fervorosa y conmovida dirigiendo cartas significativas a quien había realizado aquellas gestiones por su nobleza y generosidad. No bastaría con conocer esta anécdota, a la que podríamos sumar centenares de actos que evidenciaban por parte de los vencedores o de los hijos de los vencedores un ánimo de reconciliación definitiva. Es posible que la fuerza mediática desatada a favor de la corriente que ha originado el presidente del Gobierno crean lo contrario, pero yo afirmo en este artículo que el tiempo pasará factura de este colosal error y que los españoles veremos claramente que en la angelical sonrisa del presidente Zapatero no había nada más que la turbia mirada de un rencor inabatible.


Publicado en el ABC el día 13 de Octubre de 2007.-

sábado, 13 de octubre de 2007

EN MEMORIA DEL MAESTRO RAFAEL (por Rafael C. Estremera)


El maestro Rafael es -para los españoles de bien- Rafael García Serrano. Al menos, con decir eso -el maestro- bastaba para que los españoles de mi generación -la que vio la llamada transición desde la muga, por poco más o poco menos, de la mayoría de edad- supiéramos de quien se trataba.

El 12 de Octubre de 1988 fallecía el maestro Rafael.
El maestro Rafael es -para los españoles de bien- Rafael García Serrano. Al menos, con decir eso -el maestro- bastaba para que los españoles de mi generación -la que vio la llamada transición desde la muga, por poco más o poco menos, de la mayoría de edad- supiéramos de quien se trataba.
Aquella fue -en lo literario o, por mejor decir, en lo editorial- una buena época. La editorial Planeta de José Manuel Lara -muy lejos de lo que hoy resulta- sabía conjugar el negocio con la calidad y, como resultado, fue reeditando casi todas las obras de Rafael García Serrano. Sabía que en ello tenía negocio seguro, porque había una legión de compradores anhelantes, y no se plegó a lo políticamente correcto.
En fin: que aquella epoca turbulenta, sucia, pervertida, nos trajo por otro lado la palabra de hombres como Rafael García Serrano, a los que los tecnócratas del régimen de Franco -los mismos que luego serían demócratas de toda la vida- habían querido silenciar.
Para los camaradas -para los simples españoles bien nacidos- que no han tenido ocasión, por razones de edad, de conocer a Rafael García Serrano, he aquí un breve apunte biográfico:
Rafael García Serrano nació en Pamplona, en 1917, y falleció en Madrid, el 12 de Octubre de 1988.
Falangista de la primera hora, salió voluntario con las tropas del legendario General Mola el 19 de Julio de 1936, de la pamplonesa Plaza del Castillo que da título a una de sus obras. Permanece en el frente de Somosierra hasta que una herida le obliga a regresar a su ciudad natal, donde se incorpora al equipo de Arriba España, del que es nombrado subdirector, continuando en el cargo hasta su reincorporación a la lucha.
Alférez Provisional de Infantería, la enfermedad le aparta de los frentes de combate, y durante su larga estancia en los hospitales publica su primera novela: Eugenio o Proclamación de la Primavera, comenzada en las aulas universitarias y concluída en los frentes.
Obtuvo en 1943 el Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera con La Fiel Infantería, novela que refleja los arquetipos humanos que hicieron posible la Victoria.
A La Fiel le siguen Plaza del Castillo, Los ojos perdidos, La paz dura quince días y La ventana daba al río, que forman parte de lo que el autor denominó Ópera Carrasclás.
Otras obras suyas son Los toros de Iberia, Las vacas de Olite, El domingo por la tarde, Retrato al minuto de un cabrón contemporáneo, El Obispo de Gambo tiene el honor de invitarle a la próxima guerra civil, Madrid noche y día, Feria de restos, Los Sanfermines, El pino volador y otras historias militares e Historia de una esquina.
Mención especial merece Bailando hasta la Cruz del Sur, relato de los viajes de la Sección Femenina por las tierras hispanas de América; Cuando los dioses nacían en Extremadura, la novela de la conquista de Méjico, y el monumental Diccionario para un macuto.
Ganador del Premio Espejo de España en 1983 con La Gran Esperanza, memorias de los primeros meses de la Guerra de Liberación; premio cuya concesión obtuvo el voto en contra del señor Fraga Iribarne.
Su ultima obra, V Centenario, nos advierte un futuro posible, hoy más que nunca cercano, próximo, ocurriendo ya, y ofrece un magnífico programa de actuación para cuantos creemos que España sigue existiendo. Cuando la llamada ley de Memoria Histórica -sectaria, falaz, partidista, revanchista, necia- nos pone en camino de la profanación de tumbas, de borrar el pasado para condenarnos a repetirlo, vayan aquí unos párrafos de V Centenario, que sitúa en la Basílica del Valle de los Caídos la cabeza de la resurrección de España:
* * *
Se tenía la sensación de un gran abandono, de una enorme tristeza conforme avanzaban hacia la gran nave y el crucero, un olor a mustio y sucio, fracaso y destrucción. La humedad de la montaña había filtrado grandes manchas oscuras por todas partes. Era justamente un sepulcro, más sepulcro que nunca desde que desaparecieron los muertos y no parecía quedar allí más que el recuerdo de su podredumbre. Y sin embargo allí acampaban, se movían, trabajaban hombres llenos de esperanza, todos ellos vivos y dispuestos a morir. No quedaba en aquel sepulcro gigantesco ni rastro de la muerte, ni huesos, ni siquiera polvo enamorado, y sin embargo allí estaba enterrada España, que ya no era de este mundo. Los ángeles con espadas parecían guardarla, y servir al Cristo clavado en la cruz de madera de enebro de Río Frío, que era como una llamarada en aquella rumorosa soledad. (...)
Diez escaleras. Los diez mandamientos. Se veía antes del altar la gran losa quebrada que guardó el cuerpo muerto de José Antonio, aquel lejano joven cuyas antologías eran la lectura de muchos cercanos jóvenes dolorosos y decididos, y el agujero oscuro donde fue enterrado.(...)
Pisaban teselas y taraceas de colores desprendidas del gran mosaico de la cúpula. El humo de los cigarrillos resaltaba en la luz que iluminaba al Cristo como el aliento de un extraño incensario. El lugar, tras de su profanación en el 89, no había sido reconsagrado jamás y la comunidad fue dispersada. El 89, recalcaban muchos, no es más que el 98 al revés. El 98 no tuvo vuelta. ¿La tendría el 89?
* * *
En la novela, Rafael García Serrano sitúa el estallido de la unidad nacional en el 89, jugando con el revés del 98 novecentista. No fue entonces, pero está siendo ahora. Rafael lo previó, lo escribió y sugirió la respuesta. Nosotros lo estamos viviendo.
Rafael combatió con las armas -frente a frente, como los hombres- cuando fue el momento; y luego, durante toda su vida, con aquella vieja máquina de escribir que parió algunas de las mejores obras de la literatura universal. Nosotros combatimos, -desde nuestro blocao de La Tribuna de España- con estas nuevas máquinas de escribir que la tecnología nos facilita. Y -Dios no lo quiera, pero tampoco lo impida si es necesario- con las armas que tengamos a mano llegado el trance.
Rafael, maestro, amigo, camarada: que los ángeles con espadas que guardan el Paraíso erecto, difícil, implacable, te den pronto la buena nueva de que otra vez tenemos España.

Rafael C. Estremera.


viernes, 12 de octubre de 2007

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR







HIMNO



Virgen Santa, Madre mía.



Luz hermosa, claro día.



Que la tierra aragonesa



Te dignaste visitar,



Este pueblo que te adora,



De tu amor favor implora,Y te aclama y te bendice



Abrazada a tu Pilar.



Pilar sagrado



Faro esplendente,



Rico presente



De caridad,



Pilar bendito



Trono de gloria.



Tú a la victoria



Nos llevarás.



Cantad, cantad



Himnos de honor y alabanza



A la Virgen del Pilar.

__________
ORACIÓN



Oh Virgen del Pilar, Reina y Madre. España y todas las naciones hispanas reconocen con gratitud tu protección constante y esperan seguir contando con ella.
Obténnos de tu Hijo fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.
Queremos que en todos los instantes de nuestra vida sintamos que tu eres nuestra Madre.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.






¡FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD!