viernes, 20 de junio de 2008


Hoy he tenido la suerte, privilegio me atrevería a decir, de tumbarme al Sol y poder releer, una vez más, las últimas páginas de el sentimiento trágico de la vida, del maestro Unamuno.


No he podido evitar la tentación de transcribir el final cómplice y glorioso, nunca mejor traído el término "glorioso", de uno de los más grandes hombres españoles:


Y con esto se acaban ya -¡ya era hora-, por ahora al menos, estos ensayos sobre el sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, o, por lo menos en mí -que soy hombre- y en el alma de mi pueblo tal como en la mía se refleja. Espero, lector, que mientras dure nuestra tragedia, en algún entreacto, volvamos a encontrarnos. Y nos reconoceremos. Y perdona si te he molestado más de lo debido e inevitable, más de lo que, al tomar la pluma para distraerte un poco de tus distracciones, me propuse. ¡Y Dios no te dé paz y sí gloria!


En salamanca, año de gracia de 1912.


¡Qué grandeza superlativa! ¡qué genio!

Después de un largo y brillante ensayo sobre la vida y la muerte, sobre Dios, la verdad y la moral -todo un compendio filosófico brevemente explicado y resumido- nos deleita con unas meditaciones sobre el Quijote, al cual reivindica y ensalza, para acabar haciéndonos un guiño, el supuesto escritor ateo, que intenta mantener viva la esperanza de que en algún "entreacto", ¿por qué no una resurrección?, nos encontremos y nos reconozcamos.


Creo que Savater, autor del prólogo de la edición que he leído, no ha sabido captar el sutil ateísmo de Unamuno, que no es tal, pues como el mismo Unamuno reconoce en el interior de estás sabrosonas páginas: "incluso el ateo no puede evitar creer en Dios en la medida que lo niega, se obcea con él e intenta demostrar su inexistencia por todos los medios a su alcance" (parafraseo)


Savater, desde su perspectivismo de progre relativista y abrazado al racionalismo, no ha sabido ver, en esta obra, a Unamuno convertido en San Manuel Bueno; no ha visto al individuo que, aunque dubitativo e inmerso en la incertidumbre de la existencia, se obliga al optimismo vitalista, luchador y soñador, para alcanzar la inmortalidad y la gloria eterna.


Saludos y ¡Arriba España!


2 comentarios:

Javier Ayanotna dijo...

Sin duda, la grandeza intelectual de D. Miguel de Unamuno no puede ser comprendida por los pequeños intelectualoides de la progresía. El hecho de que los progres rehúyan por sistema el debate intelectual y se limiten a la descalificación personal, es consecuencia de que son conscientes de la mediocridad intelectual de sus valedores.
http://antorchanegra.blogspot.com/

Apañó dijo...

Ahí, ahí le has dao, javier.
Y lo mejor de Unamuno, como de cualquier buen español, es que CREÓ y proyectó mirando hacia el futuro, sin el resentimiento característico de las retrógradas y revanchistas izquierdas.

Como dijera José Antonio:
"Es hora de anteponer la poesía creadora de los patriotas a la poesía destructora de las subversivas izquierdas" (parafraseo)

Saludos y ¡Arriba España!