martes, 14 de octubre de 2008

RAFAEL GARCÍA SERRANO, VEINTE AÑOS. (por Rafael C. Estremera)


Porque ya son veinte años los que van desde el fallecimiento del gran maestro de las letras españolas, Rafael García Serrano.
Cuando, allá por 1979, leí La fiel infantería y el Diccionario para un macuto –las primeras obras de Rafael García Serrano que cayeron en mis manos- me convertí en un incansable seguidor del maestro.
No sólo las novelas que las editoriales –la Planeta de entonces, que supo sustraerse a la presión oficial y satisfacer a un público agradecido-, ponían a disposición del lector, sino también los artículos que, con la cabecera genérica de Dietario Personal, publicaba El Alcázar.
Aquellos artículos, bien que escritos sobre la marcha del día a día, casi sobre el tambor, seguían siendo una obra maestra, y di en coleccionarlos también.
Quedaron los Dietarios depositados en una carpeta a la que volvía con frecuencia, tanto por simple gusto como para –siguiendo el ejemplo de Sthendal con el Código Civil napoleónico- coger tono.
Llegó, a finales de los 80, un momento en que las circunstancias me pusieron en disposición de difundir aquellos recortes. Surgió una mínima edición de los mismos, fotocopiada y encuadernada artesanal y rudimentariamente, que distribuyó EJE. Aquello se detuvo por dos razones; la primera, el temor de que los herederos del maestro lo considerasen inoportuno; la segunda, que no queríamos parecer unos aprovechados del trabajo y el genio ajeno, a pesar de que el beneficio económico era nulo, y el trabajo considerable.
Sólo años después, cuando la informática se había instalado en nuestras vidas de forma irreversible y medianamente asequible, lejos de los primeros y carísimos balbuceos en que intentarlo hubiera sido una temeridad, dediqué los ratos libres a la conservación de aquellos Dietarios en el nuevo y universal formato digital.
Los guardé para mi, sin más intención que la antedicha de preservarlos de cara a la posteridad.
El mundo da muchas vueltas; tantas, que a veces parece una centrifugadora capaz de agrupar las partículas de similar entidad. Dicho más a la pata la llana y recurriendo al refranero: Dios los cría y ellos se juntan.
De modo que, navegando en ese mundo virtual del ciberespacio; en esa gigantesca maraña que nos aproxima y separa de nuestros semejantes, nos acabamos encontrando algunos que –amén de Nacionalsindicalistas, que eso se da por supuesto- guardábamos idéntica fidelidad, agradecimiento y admiración reverencial a Rafael García Serrano.
Surgió el tema, recordé aquellos Dietarios, lo comenté, y fui urgido a compartir mis tesoros con los hermanos de la cofradía rafaelista, cosa que hice pronta y gustosamente, a la vez que ellos completaban mi colección con sus aportaciones.
Aquí, a continuación, está una de esas obras de arte que Rafael García Serrano hizo cada día y que ninguna editorial pudiente se ha molestado en publicar. Dios las premie con muchos lectores tontos, de los que compran el último premio “nosecuantos” sin conocer el título; de los que compran libros al peso, o por metros, o porque en el lote incluyen una tele, un mueble para la tele y una tostadora que hace palomitas para ver la tele. Es lo suyo.
En mi colección hay casi trescientos artículos de los miles que deben estar por ahí, en viejos recortes de periódico, en desvanes, en armarios o carpetas olvidadas. Acaso, si el “Gran Hermano” -el de Orwell, no el de la tele- aún no ha hecho limpieza, en las hemerotecas.
De forma que aprovecho la ocasión para pedir su colaboración a todo el que pueda prestarla de cualquier forma, para rescatar el máximo posible de estas pequeñas obras de arte; pequeñas por extensión, monumentales por contenido. Y para ofrecerlos a las editoriales que puedan tener interés en hacer algo más que la pelota a los tontilocos papanatoides habituales.
Llegará el día en que baje el nivel de las aguas –y de la mierda-, y los supervivientes nos lo agradecerán.
Aquí, amigos, una muestra mejor que todo lo que yo pueda decir:


Diario de a bordo del Che Colón(Fragmento correspondiente a la fecha de hoy)MIÉRCOLES, 12 DE OCTUBRE (83)


La verdad es que en mis anteriores viajes (dilatados y múltiples), mis ojos lo habían visto todo del Levante al Poniente, desde la ciudad sagrada de La Habana {alabado sea el comandante Castro, profeta de Marx, que mil siglos viva) a las indómitas e infieles hordas de San Francisco, del Septentrión inexplorado y hostil hasta la tierra del Sur, donde habitan las hordas rebeldes de la Argentina y Chile; incluso, por el camino de la noche, alcanzó las mil cebollas del Kremlin, que irradian con su luz boreal la de la única y verdadera religión. Sólo Marx me ayudó, y sólo Marx fue el único que sabía de mi corazón cuando descubrí esta prometedora tierra sin nombre, seguramente a causa de que tiene más de cien, que recuerda los desiertos de Méjico, a veces el espinazo de los Andes, las altiplanicies, las sabanas, y también las orillas del Guayas, y a ratos me recuerda el aire suave como el de las noches del Caribe, y altos bosques —de los pocos que se salvan del furor de una tribu que los incendia en verano como sacrificicio sus dioses—, y hay ríos y lagos muchos, hechos, estos últimos, al parecer, en una larga y oscura noche por un demonio llamado Franco, del cual no se conservan imágenes, aunque todos sin agua, tanto ríos como lagos, si bien hay muchos adoradores de este demonio, al que toman por Dios. Ni ríos ni lagos me recuerdan a los nuestros, porque son menguados.
Otro tanto pasa con los miembros de una secta —la tele le llman lo mismo el pueblo que los caciques—, cuya tradición es recibir y entrevistar a los visitantes y sobre todo a los caciques, y hacerles preguntas y cantar sus alabanzas. Suelen ser, en general, cortos de talla y entendederas, pero muy estimados. He conocido dos o tres que son verdaderamente tarramusquitos y casi tontos, pero me dicen que aquí la tradición de los enanos y los bobos es ley y me citan a uno muy famoso, el de Coria, según cuentan. Calculo que debe de ser una especie de residuo de alguna religión antiquísima. Refieren que sus reyes se divertían con tales monstruos, bufones e idiotas y ahora hacen lo mismo, lo que aquí llaman, según sus sagrados textos, el pueblo soberano. No sé, la verdad. Esto es bueno, porque la historia de los grandes descubrimientos y conquistas de nuestra Santa Madre URSS están llenas de tontos indígenas, a quienes llamamos útiles. De eso hay aquí tanta cantidad como al Sur de nuestro continente aves guaneras y del mismo modo que los detritus de éstas son muy útiles en nuestra agricultura, los tontos útiles rinden tanto en estos pagos que la cosecha de nuestro padre el Kremlin será ubérrima.
Respecto a ganadería precisaré que bestias de ninguna manera vi, salvo papagayos y especies semejantes con distintos nombres, de plumaje gris, diputados, senadores, caciques, que no ofrecen ningún peligro al extranjero, pero que acarrean grandes daños a sus súbditos, esclavos y enemigos. Cuando tenga tiempo haré relación puntual de estas y otras bestias, a fines científicos y de posible explotación.
Marx me endereza por su piedad a que halle oro, pero lo cierto es que no se encuentra mucho, aunque el que hay me lo dan de buena gana para mayor gloria del Kremlin a cambio de bonetes colorados, collares, sortijas, cascabeles y el dulce rumor de algunas, palabras que consideran mágicas: democracia. Constitución, progreso, solidaridad con los pueblos que gimen bajo las dictaduras y otras por el estilo. Si les dices que son guapos, que el mundo les mira y que sus leyes y costumbres constituyen un ejemplo a seguir y admirar por todos, menean el rabo y te lamen las manos. Son de estatura regular y de diversos colores, rubios, morenos, casi prietos a veces, castaños de pellejo; en cierto modo, se diría que muy semejantes a nosotros, salvo que aquí se advierte menos mestizaje y se sospecha que ya no queda ni para muestra un descendiente de los primeros pobladores o de la raza aborigen, si la hubo. Tengo la impresión de que este descubrimiento va a ser lo más grande desde la creación del mundo por Marx, excepto la encarnación, muerte y conservación de Lenin por los siglos en la Plaza de la Manzana.
Hoy he plantado el estandarte rojo, con la hoz y el martillo y la estrella de cinco puntas, que les encandila sobremanera, ante los caciques y entre la curiosidad de los indígenas y he tomado posesión de estas Tierras de Bobos en el nombre de Marx, Engels y Lenin.

Rafael García Serrano.


Poco más que decir, en vista de que al cabo de un cuarto de siglo -veinticinco años día por día- lo que escribió el gran Rafael es tan actual como entonces, sin ni siquiera sustituir a la vieja y apolillada URSS, porque un tal señor Rodríguez sigue empeñado en no enterarse de la caída del Muro de Berlín, y en revivir la cipaya y guerracivilista y segundorepublicana orgía de desatinos de los cómplices de su abuelito, fieles seguidores del padrecito Stalin.
Rafael C. Estremera.
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1 comentario:

Javier Ayanotna dijo...

Siempre he creído que el "Eugenio" debería ser libro de lectura obligatoria en las escuelas. Rafael García Serrano es, sin duda, mucho mejor escritor que otros, como Cela, que supieron arrimarse al sol que calentaba en cada momento. Fue, sin duda uno de los escritores más brillantes del siglo XX. El no haberlo hecho académico de la Lengua es una de las muchas injusticias y barbaridades que han hecho los demócratas de m... Aunque viendo la fauna que al final recaló por allí, quizá sea lo mejor.